Categoría: Lengua y Literatura

  • Tirón, padre de la taquigrafía

    Nos resulta llamativa la imagen frecuente de unas funcionarias (la mayoría son mujeres) del Congreso de los Diputados, afanadas en transcribir en una cinta de papel la intervención oral de los señores diputados. Son las taquígrafas o veloces escribientes (en realidad son estenotipistas, como aclararemos más adelante).

    La imagen nos parece un anacronismo (del gr. ἀναχρονισμός, de ανα- , ana– = sobre, contra, y Χρονος, Chronos, tiempo), una situación impropia de nuestra época en que la técnica digital graba con toda facilidad imagen y sonido y hasta convierte en escritura los sonidos de una lengua; las modernas máquinas de taquigrafía superan las doscientas palabras por minuto, que no es poco. En realidad, nos choca el espectáculo del Congreso de los Diputados, porque la taquigrafía prácticamente ha desparecido.

    Llamamos taquigrafía al arte, técnica o habilidad de escribir con tal rapidez que se transcriben fielmente las palabras sonoras de una persona hablante. La palabra taquigrafía, como tantas otras técnicas, es griega, de ταχύς, tachis (léase “tajís”, pronto, rápido) y γραφία (grafía, escritura). No es una mera abreviatura o braquigrafía * (del gr. βραχύς, brachis, “breve” y γραφία,  grafía,  “escritura”) porque en la taquigrafía el objetivo no es ganar tiempo o espacio, sino reproducir el lenguaje hablado.* La braquigrafía  es la ciencia que estudia las abreviaturas, que son representaciones reducidas de palabras.

    En cambio la estenografía (del griego στενος, stenos, estrecho), γραφειν (grafein,  = escribir) es una palabra con un significado equivalente o muy parecido. En realidad la estenografía transcribe signos y no palabras completas. Pero no debemos confundirla  con la estenotipia (del griego στενος, stenosestrecho y  τύπος, typos, sello, marchamo, molde) que, si bien es muy parecida,  se basa en el uso de una máquina con un reducido número de teclas que pueden ser pulsadas simultáneamente y permite transcribir sílabas y palabras completas con el objetivo también de reproducir el discurso oral de un orador.  Las modernas máquinas de estenotipia son máquinas informáticas que permiten la grabación digital.

    No sabemos si el arte de escribir rápido lo utilizaron los griegos los primeros. Se atribuye a Jenofonte un sistema de alguna manera taquigráfico para tomar las notas que luego utilizó en sus Memorabilia, Recuerdos de Sócrates (Απομνημονεύματα; en latín, Memorabilia) para escribir la biografía del filósofo griego. Esto daría un gran valor a esas notas, dado que Sócrates no escribió texto alguno.  

    En todo caso los romanos lo utilizaron en la vida forense, en los juicios y discursos, y en la administración, desde el año 63 a.C. según información de Plutarco.

    Plut. Cato. Minor. 23.3:

    Se dice que éste es el único discurso de Catón que se ha conservado, y su conservación se debe al cónsul Cicerón, que había dado previamente a los empleados que se destacaron en escritura rápida, enseñanza en el uso de signos que, con  figuras pequeñas y cortas comprimía el contenido de muchas letras. Estos empleados se habían  distribuido después en varias partes de la sede del senado. Hasta  ese momento los romanos no habían empleado, ni siquiera poseían, lo que se llama taquígrafos, pero entonces, por primera vez, se nos dice, se dieron los primeros pasos hacia esta  práctica.

    Se trata de la famosa conjuración de Catalina, que Cicerón cónsul desbarata.

    Precisamente en la Antigüedad son famosas las llamadas “notas tironianas” (notae tironianae) con las que el secretario de Cicerón,  Marco Tulio Tirón, primero esclavo y luego liberto manumitido, transcribía los discursos del orador. Naturalmente, de él  reciben el nombre.  Tirón probablemente era un esclavo de la familia de Cicerón, que le sirvió de secretario, al que manumitió y trató como si de un miembro de la familia se tratase. Este Tirón fue también quien editó numerosos discursos del gran orador. Sus notas, que comento a continuación, se siguieron empleando, con diversas modificaciones, durante toda la Edad Media,  especialmente por los monjes copistas de manuscritos y documentos. De hecho sólo las conocemos por códices y textos medievales, puesto que no tenemos ningún documento original de época romana al respecto.

    Dion Casio en su Historia de Roma, 55.7.6 dice a propósito de Mecenas:

    El fue el primero que estableció en Roma un lugar para nadar en agua caliente y el primero también que imaginó las “notas” para escribir rápidamente e hizo que su liberto Aquila se las enseñase a otros.

    πρῶτός τε κολυμβήθραν θερμοῦ ὕδατος ἐν τῇ πόλει κατεσκεύασε, καὶ πρῶτος σημεῖά τινα γραμμάτων πρὸς τάχος ἐξεῦρε, καὶ αὐτὰ διὰ Ἀκύλου ἀπελευθέρου συχνοὺς ἐξεδίδαξε.

    Las notas tironianas  están  formadas de las letras del alfabeto, simplificadas y modificadas  para conseguir una mayor rapidez en su trazado. Tienen dos elementos: un radical o signo principal y una terminación o signo auxiliar que indicaba el tiempo verbal o el caso de los sustantivos y adjetivos.

    San Isidoro de Sevilla (Etimologías I, 22 y 23) se refiere a ellas:

    (22) Ennio fue el primero que creó mil cien notas vulgares. Se usaban las notas para que los copistas escribieran todo lo que se dijera en la asamblea o en los juicios, asistiendo varios al mismo tiempo, dividiéndose las partes entre sí, y cuantas palabras cada uno y en qué orden debían recogerlas. Tulio Tirón, liberto de Cicerón, fue el primero que en Roma comentó estas notas, pero solamente las de las preposiciones. Después de él, Vipsanio, Filargio y Aquila, liberto de Mecenas, agregaron otras cada uno. Después, Séneca, con el acuerdo de todos, las clasificó y aumentó su número llegando su obra a las cinco mil. Se llaman “notas”  porque anotaban las palabras y las sílabas con caracteres prefijados y las rehacían para conocimiento de los lectores. Quienes las aprendieron fueron llamados ya con toda propiedad “notarios”.

    XXII. DE NOTIS VVLGARIBVS. [1] Vulgares notas Ennius primus mille et centum invenit. Notarum usus erat ut, quidquid pro con[ten]tione aut [in] iudiciis diceretur, librarii scriberent conplures simul astantes, divisis inter se partibus, quot quisque verba et quo ordine exciperet. Romae primus Tullius Tiro Ciceronis libertus commentus est notas, sed tantum praepositionum. [2] Post eum Vipsanius, Philargius, et Aquila libertus Maecenatis alius alias addiderunt. Deinde Seneca, contractu omnium digestoque et aucto numero, opus efficit in quinque milia. Notae autem dictae eo, quod verba vel syllabas praefixis characteribus notent et ad notitiam legentium revocent; quas qui didicerunt proprie iam notarii appellantur.

    (23)En cambio en los libros de derecho ciertas letras son “notas” de sus palabras para hacer la escritura más rápida y más corta. Por ejemplo, se escribía B y F por “bonum factum”, S y C por “senatus  consultum”,  R y P por “republica”, P y R por “populus romanus”, D y T por “dumtaxat”,  la letra W hacia arriba por “mulier”, la P en su forma por “pupillus” y la P cabeza abajo por “pupilla”, una K por “caput”, dos KK juntas “calumniae causae”, I y E por “iudex esto”, D y M por “dolum malum”. En los libros antiguos encontramos muchísimas notas semejantes de este tipo. Los nuevos emperadores ordenaron abolir en los códices de leyes estas notas de derecho porque con ellas los de mente maliciosa engañaban a los ignorantes y por eso ordenaron que en las leyes se escribieran las letras para que no se origine ningún error, ninguna ambigüedad, y se muestre claramente lo que hay que cumplir y lo que hay que evitar.

    XXIII. DE NOTIS IVRIDICIS. [1] Quaedam autem litterae in libris iuris verborum suorum notae sunt, quo scriptio celeris breviorque fiat. Scribebatur enim verbi gratia per B et F "bonum factum" per S et C "senatus consultum" per R et P "respublica" per P et R "populus Romanus" per D et T "dumtaxat" per supinam W litteram "mulier" per P secundum naturam "pupillus" per P verso capite "pupilla" per unum K "caput" per duo KK iuncta "calumniae causa" per I et E "iudex esto" per D et M "dolum malum" [2] Cuius generis plurimas consimiles notas in libris antiquis invenimus. Has iuris notas novicii imperatores a codicibus legum abolendas sanxerunt, quia multos per haec callidi ingenio ignorantes decipiebant, atque ita iusserunt scribendas in legibus litteras, ut nullos errores, nullas ambages afferant, sed sequenda et vitanda aperte demonstrarent.

    Las notas tironianas, de las que tenemos el llamado Lexicon Tironianum, de época romana, pero del que sólo tenemos copias a partir de los siglos X,XI, eran unas cuatro mil, pero llegaron a ser más de 14.000 aproximadamente en época medieval.

      

    Imagen del comienzo de una edición de las “Notae Senecae”

    Forma y figura de algunas notas tironianas

    El comentario del signo &, cuyo origen está sin duda en las uniones de letras de las notas tironianas, nos ayuda a comprender  y acercarnos un poco a lo que estas notas han sido. El nombre de este signo en castellano es “et” porque es una forma gráfica alternativa a esta conjunción, de la que deriva nuestra copulativa “y”.  En inglés se llama “ampersand”, de la expresión “and per se and”, que significa “y por sí mismo, y”.

    Éstas son diversas formas que van de los siglos II-IV, cursiva romana,  a la minúscula carolingia del IX, y que evidencian el origen de la ligadura “et”:

    Otro ejemplo que evidencia cómo la forma enlazada deriva de la itálica “et”:

    En textos en español no se utiliza porque no supone ninguna economía respecto de “et”, pero en textos antiguos puede encontrarse la expresión &c. o &cetera como abreviación de &c. o &cetera, et caetera (y lo restante), de donde deriva nuestro etcétera.

    No comentamos el amplio uso que en los modernos lenguajes informáticos se hace del signo & = ampersand.

     

     

  • Las ciudades antiguas eran muy ruidosas.

    Con frecuencia desarrollamos nuestra ajetreada vida en un ambiente urbano excesivamente ruidoso. La propia vida en sociedad y urbana, la actividad laboral y algunos usos y costumbres sociales como la afición a grandes conciertos al aire libre, suelen producir un ruido excesivo nada acorde con la salud y tranquilidad de espíritu.

    El ruido se considera incluso como otra más de las contaminaciones que ensucian el medio ambiente natural. Desde hace unos pocos años se celebra en abril de cada año el “Día internacional de concienciación sobre el ruido”. Comenzó a celebrarse en Nueva York el 24 de abril de 1996.

    España tiene un triste segundo puesto, detrás de Japón, en el ranking de los países más ruidosos. 

    El ruido se mide en decibelios (dB). La OMS (Organización Mundial de la Salud) sugiere como adecuado un máximo de 50 dB al aire libre, 70 dB para el tráfico o 100 dB para un concierto.

    Podríamos pensar que este es un mal exclusivo de los tiempos modernos, pero recordemos los famosos versos de nuestro inmortal poeta Fray Luis de León (1527-1591)  de su Oda a la vida retirada:

    Que descansada vida
    La del que huye del mundanal ruido….

    El mundo antiguo estaba mucho menos habitado que el nuestro, el transporte de personas y mercancías era mucho menor, su vida menos ajetreada y la actividad laboral e industrial se producía con unas magnitudes sin comparación posible con los momentos actuales. Pero las ciudades antiguas, desde luego Roma, eran también muy ruidosas.

    La palabra “ruido” deriva de la latina “rugitus” de la que también procede la palabra culta “rugido”.  Estos dobletes léxicos son muy frecuentes en español (frío y frígido de lat. frigidus, caldo y cálido de lat. calidus…). El ruido es un sonido desagradable al oído y molesto para el espíritu.

    Los testimonios antiguos sobre los “rugitus” o ruidos  y su incomodidad son numerosos. Quizás dos de los más conocidos son un epigrama del poeta de origen hispano (nacido Bilbilis junto a Calatayud) Marcial (40-104)  y una carta del también hispano  Séneca (4 a.C.-65 d.C.) a su amigo Lucilio.

    Marcial nos dice que cuando se siente harto y cansado del ruido de la ciudad (Roma) se marcha a su pequeña finca en el campo. Séneca se queja también de los numerosos ruidos que ha de sufrir porque vive justamente encima de unos baños, pero su autocontrol y dominio interior le permiten ignorar el alboroto exterior. Transcribimos ambos documentos más abajo, en latín y en español, a pesar de que el de Séneca pueda resultar un poco largo, por no interrumpir ahora el relato.

    También otro satírico, Juvenal, en su Saturae, III, 236-237  se queja del ruido que los carros producen en las encrucijadas de las calles de Roma:

    ¿Qué pensión permite el sueño? En la ciudad (Roma) hay descanso para las grandes fortunas. Ahí está la causa de la enfermedad: el trasiego de las ruedas en la estrechez y cruce de las calles y el encuentro de las cuadrillas de carreteros arrebatará el sueño a Druso y a las vacas marinas (focas).

    Nota: Druso es el emperador famoso por su sueño profundo; algunos leen en el texto “urso” en vez de “Druso”, con lo que el sueño se arrebataría al oso, que tiene fama de dormir larga y profundamente.

    Nam quae meritoria somnum admittunt? Magnis opibus formitur in urbe. Inde caput morbi, raedarum transitus arto vicorum in flexu et stantis convicia mandrae eripient somnum Druso vitulisque marinis.

    Hubo incluso una incipiente legislación en alguna ocasión, que con término más técnico algún historiador llama protolegislación. Es muy temprano y curioso el caso de la ciudad de Síbaris, colonia griega en Italia, en el golfo de Tarento, fundada hacia el año 720 a.C.

    La realidad histórica y la fantasía popular han hecho de Síbaris una ciudad sumida en el lujo y el placer; sibarita es el adjetivo que designa a sus habitantes, pero el término pasó a referirse a las personas exquisitas de gustos refinados. 

    Los propios antiguos y luego algunos renacentistas ponían alguna reserva a las cosas que se contaban de los “sibaritas”, los habitantes de Síbaris; nosotros debemos ponerla también.

    En cualquier caso se cuenta de ellos cómo prohibieron hacia el año 600 antes de Cristo realizar  en el interior de la ciudad oficios de herreros, caldereros y otros que producían ruido para no perturbar el descanso de sus habitantes; incluso no permitieron en la ciudad la cría de los gallos, que tienen la extraña costumbre de anunciar muy temprano  la llegada del nuevo día.

    Nos lo cuenta, por ejemplo,   Ateneo de Náucratis (siglo II-III d. J.C.), en su libro Los Deipnosofistas o El Banquete de los sofistas, o El Banquete de los eruditos (que con estos títulos se conoce y cita).  Nos lo cuenta en XII 518 C-D:

    "Los primeros habitantes de Síbaris no permitieron sobre todo que se establecieran en la ciudad oficios productores de ruido, como los herreros, constructores  y similares, para que no se les molestara el sueño de ninguna manera; ni siquiera estaba permitido  criar  gallos en la ciudad. Cuenta Timeo sobre ellos que un sibarita contaba que había  marchado una vez  al campo y había visto personalmente cómo unos  trabajadores cavaban una zanja, y que uno de los que le escuchaban contestó al que lo contaba: «Sólo de oirlo contar me ha entrado dolor de costillas».

    No es, pues, de extrañar que en este contexto los “sibaritas” pasen por ser personas entregadas al lujo y al placer. Sería este el primer caso del que tenemos noticias de protolegislación que limita el ruido en las ciudades. Pero a estos comodones parece no importarles demasiado el efecto que el ruido del martillo produciría en los oídos de los artesanos herreros o caldereros.

    En este sentido,  se dice que Plinio el Viejo (23-79), el científico que murió precisamente como consecuencia de la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya, en su Historia Natural (Naturalis Historia), hace referencia a los problemas  acústicos que aquejaban a quienes viven en las proximidades de las cataratas del Nilo. Esta sería  la primera referencia que tenemos a los efectos perniciosos del ruido sobre la audición.

    Lo dicen centenares, millares de libros, artículos, blogs, instituciones,etc. que actualmente se refieren a los problemas auditivos o a la contaminación ambiental. Todos citan a Plinio, pero ninguno da la referencia exacta, el libro y párrafo de la Historia Natural de Plinio en la que se hace esta afirmación.

    Sí he encontrado lo que el naturalista dice de las cataratas del Nilo en  Naturalis Historia, 5,9,54, pero en este pasaje no hace referencia   en absoluto a la presunta sordera generalizada.

    Luego tras chocar con  unas islas, e interrumpido por tantos obstáculos, finalmente encerrado por los montes, empujado como un torrente, con las aguas aceleradas hasta el lugar de los Etíopes, que se llaman Catadupas (cataratas), de nuevo por un canal encerrado entre peñascos, se cree que no fluye sino que se despeña con inmenso fragor. Luego, tranquilo y controlada la violencia, esparcidas sus aguas, un tanto cansado por el recorrido, desemboca por numerosas bocas en el mar egipcio; desparramado en ciertos días con una gran crecida por todo todo Egipto, lo anega fecundando la tierra.

    “subinde insulis impactus, totidem incitatus inritamentis, postremo inclusus montibus, nec aliunde torrentior, vectus aquis properantibus ad locum Aethiopum, qui Catadupi vocantur, novissimo catarracte inter occursantes scopulos non fluere inmenso fragore creditur, sed ruere. postea lenis et confractis aquis domitaque violentia, aliquid et spatio fessus, multis quamvis faucibus in Aegyptium mare se evomat, certis tamen diebus auctu magno per totam spatiatus Aegyptum fecundus innatat terrae”.

    Tengo la sospecha de que Plinio no afirmó que los habitantes de la zona eran sordos y que esta es una de las citas erróneas tan  frecuentes.  Afianza mi sospecha el hecho de que en el año 1637 se publicaba en Venecia el libro de abate Don Secondo LancellottiFarfalloni de gli antichi historici”  (Despropósitos de los historiadores antiguos).

    En él anota como segundo error a erradicar  precisamente la afirmación de que “todos los habitantes junto a las cataratas del Nilo estaban aquejados de sordera por el ruido de las cataratas”. Dice textualmente :

    Despropósito II  Que los pueblos que habitan junto a las cataratas del Nilo son todos sordos.

    Los antiguos historiadores han conseguido tanta reputación entre los posteriores que no solamente de Pitágoras, sino de la mayor parte de ellos, casi es suficiente el “ipse dixit”. Ha dicho esta o aquella cosa éste o aquel autor, por tanto es verdad y no se mire ninguno más. Y así sus despropósitos son admirados, citados y transcritos como grandes maravillas.

    Farfallone II  Che que’ popoli, c’habitano appresso le Catadupe del Nilo sieno tutti sordi
    Acquistano gli Scrittori Antichi tanta riputatione appresso i posteri, e persevera in modo, che non solamente di Pittagora, ma della maggior parte d’essi, par quasi che basti l’ Ipse dixit.  Ha detto questa o quella cosa questo o quell’Autore, dunque vera, non si cerchi più oltre.  E cosí i loro FARFALLONI sono ammirati, citati, trascritti per marauiglie grandi.

    Lancellotti  no hace referencia a esta cita de Plinio sino a la conocida de Cicerón en el famoso “Somnium Scipionis” (Sueño de Escipión) que aparece al final de la obra de “De Republica”. Cicerón  vivió del 106 a.C. al 43 a.C., y por tanto es anterior al Plinio.

    Hablando Cicerón del sonido que produce el movimiento de las esferas del cielo, dice que no podemos oírlo nosotros, porque, debido a su frecuencia,  nuestros oídos  se han vuelto sordos y que de todos los sentidos el del oído es el más grosero y obtuso. Y pone como ejemplo para confirmarlo el de las gentes que viven junto a las cataratas del Nilo, que se han quedado sin oído debido al estrépito de la caída del río. Dice textualmente:

    Saturados los oídos de los hombres con este sonido, ensordecieron; pues no hay en  vosotros sentido más torpe, como allí donde el Nilo, se precipita desde las altas montañas en las que se llaman cataratas, la gente que habita aquel lugar, carece del sentido de la audición por el fragor del ruido.

    Hoc sonitu oppletae aures hominum obsurduerunt; nec est ullus hebetior sensus in vobis, sicut, ubi Nilus ad illa, quae Catadupa nominantur, praecipitat ex altissimis montibus, ea gens, quae illum locum adcolit, propter magnitudinem sonitus sensu audiendi caret.  (De Republica, 6, 19 (Somnium  Scipionis))

    Lo curioso es que esta presunta afirmación de Plinio sobre la sordera de los habitantes del entorno de las cataratas del Nilo es citada en decenas, centenas, millares de artículos, blogs, páginas web y hasta en algunas Tesis doctorales sobre el ruido o los problemas auditivos.

    También Seneca  (4 a.C.-65 d. C.), filósofo y naturalista nos describe las cataratas del Nilo e insiste en el ruido ensordecedor que obligó a una guarnición a buscar otro emplazamiento, en Quaestiones Naturales,. 4,2,5:

    … finalmente, superados los obstáculos, sin terreno, cae en una enorme profundidad con enorme estrépito del lugar. Unas gentes, colocadas allí por los Persas, no pudieron soportar el ruido ni con sus oídos taponados, por lo que hubieron de ser traslados a otro lugar más tranquilo.”

    …tandemque eluctatus obstantia in uastam altitudinem subito destitutus cadit cum ingenti circumiacentium regionum strepitu. Quem perferre gens ibi a Persis collocata non potuit obtusis assiduo fragore auribus et ob hoc sedibus ad quietiora translatis.

    El mismo Plinio, en  Natualis Historia, lib. VI, 35, 181 hace referenica al fragor del Nilo al caer por las cataratas, que priva de la audición a los habitantes, pero de ninguna manera lo hace en los términos en los que se expresa la cita que estoy comentando. Dice exactamente:

    Este conquistó ciudades …..Attena, Stadisse, en donde el Nilo, precipitándose, quita con su fragor a sus habitantes la audición. También conquistó Napata.

    is oppida expugnavit … Attenam, Stadissim, ubi Nilus praecipitans se fragore auditum accolis aufert. Diripuit et Napata.

    Concluiremos que, ciertamente, en el mundo antiguo, al menos entre los cultos del mundo antiguo, existe la creencia, o al menos la cita, de que los habitantes de las regiones de las cataratas del Nilo son sordos. Esta referencia, repetida en múltiples ocasiones, es la prueba de la importancia que para los antigus tenía el exceso de molesto ruido; la propia exageración de la creencia, lejos de toda lógica, avala esa preocupación. Pero esto es una cosa y otra bien distinta, repetir y dar por supuesta una cita textual que no se corresponde con la realidad.

     

    Marcial, Libro 12, Epigrama 57

    ¿Quieres saber por qué con frecuencia me marcho a mi pequeña finca y a mi pobre casa de la seca Nomento? En esta ciudad (Roma), Esparso, el pobre ni puede pensar ni pude descansar.

    Por la mañana no te dejan vivir los maestros de escuela, por la tarde los panaderos y durante todo el día los caldereros. Por aquí el ocioso cambista golpea su sucia mesa con las monedas con la efigie de Nerón; por allí el batihoja de polvo de oro hispano golpea la roca machacada con su brillante martillo.

    Ni para la turba frenética de Bellona (los soldados), ni el charlatán náufrago con su cuerpo vendado; ni el judío enseñado por su madre a mendigar, ni el legañoso vendedor de fósforos.

    ¿Quién puede contar los perjuicios de un pobre sueño? Podrá decir cuántas manos en la ciudad golpean los vasos de bronce, cuando amenaza la luna recortada por la varita mágica de la Cólquida. (ahuyentar los hechizos de la luna golpeando con bronce)

    Tú, Esparso, ni conoces ni puedes conocer estas cosas, protegido en tu reino de Petilio, y a quien tu alta casa ofrece la vista de los altos montes. Tú que tienes un campo en la ciudad y produces vino en Roma, para quien no es mejor el otoño de Falerno y recorres los límites de tu finca en tu carro.

    Para ti sí hay un sueño profundo, y ningún descanso es molestado por los gritos ni el día entra en tu casa hasta que tú quieras. A mí me despiertan las risas de la multitud que pasa y Roma está junto a mi tugurio. Agotado de tedio, cuando quiero dormir, me voy a mi finca.   

       Liber XII, Epigrammaton LVII

    Cur saepe sicci parva rura Nomenti
    Laremque villae sordidum petam, quaeris?
    Nec cogitandi, Sparse, nec quiescendi
    In urbe locus est pauperi. Negant vitam
    Ludi magistri mane, nocte pistores,
    Aerariorum marculi die toto;
    Hinc otiosus sordidam quatit mensam
    Neroniana nummularius massa,
    Illinc balucis malleator Hispanae
    Tritum nitenti fuste verberat saxum;
    Nec turba cessat entheata Bellonae,
    Nec fasciato naufragus loquax trunco,
    A matre doctus nec rogare Iudaeus,
    Nec sulphuratae lippus institor mercis.
    Numerare pigri damna quis potest somni?
    Dicet quot aera verberent manus urbis,
    Cum secta Colcho Luna vapulat rhombo.
    Sparse, nescis ista, nec potes scire,
    Petilianis delicatus in regnis,
    Cui plana summos despicit domus montis,
    Et rus in urbe est vinitorque Romanus
    Nec in Falerno colle maior autumnus,
    Intraque limen latus essedo cursus,
    Et in profundo somnus, et quies nullis
    Offensa linguis, nec dies nisi admissus. 
    Nos transeuntis risus excitat turbae,
    Et ad cubile est Roma. Taedio fessis
    Dormire quotiens libuit, imus ad villam.


    Epístola LVI de Seneca a Lucilio

    Séneca a su querido Lucilio: salud
    Que me muera, si el silencio es tan necesario como parece para el que se retira  al estudio.
    Mira por dónde el más variado griterío suena a mi alrededor por todas partes.  Vivo justamente encima de unos baños. Figúrate todos los tipos de voces que te pueden hacer odiar los oídos:  cuando los  más fuertes ejercitan sus manos cargadas de plomo, cuando se esfuerzan o aparentan que se esfuerzan , oigo sus  gemidos; y cada vez que expiran  el aire  contenido,  y sus silbidos y sus dificilísimas respiraciones;  cuando me encuentro con algún desmadejado contento con el aceitado  plebeyo, oigo el chasquido de la mano que golpea en sus  espaldas, que cambia de sonido según  caiga plana o cóncava.  Si llega un jugador de pelota y se pone a contar los puntos, se acabó.  Añade todavía al camorrista, y al ladrón pillado, y al que le agrada su voz en el baño; añade a estos a los que saltan a la piscina con gran ruido  del agua golpeada. Además de estos, cuyas voces, al menos, son naturales, imagínate al depilador, que saca  de vez en cuando una voz aguda y chillona, para hacerse más de notar y que no calla nunca, salvo cuando depila unas axilas, y hace gritar a otro en lugar de él; y los diversos gritos del cantinero, y al  salchicero y al pastelero y a todos los proveedores de las tabernas que venden su  mercancía con su propia y característica cantinela.

    Me dirás “o tú eres de hierro o eres sordo, tú que mantienes tu cabeza entre tantos gritos tan diversos y tan disonantes, cuando en cambio los acostumbrados saludos (de sus clientes) llevan a nuestro querido Crisipo a la muerte”.  Pero por Hércules, todo este estruendo no me molesta más que una ola o la caída del agua, aunque he oído que para cierto pueblo esta fue la causa de trasladar su ciudad, porque no pudo soportar el ruido de la caída del Nilo.  Me parece  que la voz humana nos atrae más que el ruido, porque aquella  se dirige al espíritu, mientras que éste tan sólo llena y golpea los oídos. Entre los ruidos que suenan a mi alrededor sin llamar mi atención, pongo los carros que pasan por la calle, y el artesano que vive en  mi casa como inquilino, y mi vecino el serrador, y este  que  al lado de Meta Sudans (una fuente monumental junto al Coliseo)  ensaya sus  trompetas y flautas, y que no  canta, sino que grita. Ahora también es más molesto para mí el sonido que se interrumpe de vez en cuando que el continuo. Pero ya me he acostumbrado a todo esto de tal manera que podría oir hasta a un capataz de galeras marcando el ritmo a los remeros con su voz ronca.

    Así pues obligo a mi espíritu a que se concentre en sí mismo y no atienda a las llamadas externas; nada importa que fuera todo resuene con tal de que  dentro no haya ningún tumulto, con tal de que  de ninguna manera riñan entre sí el deseo y el temor, con tal de que la avaricia y la lujuria no disientan  ni la una moleste a la otra. Pues, ¿de qué sirve el silencio de toda una región si mis pasiones se agitan?

    "Durante la noche todo estaba en calma y en profundo reposo"

    Es falso: no hay ningún plácido descanso sino el que la razón proporciona; la noche callada nos trae molestias, no nos las quita, y preocupaciones. Pues los insomnios de los que duermen son también tan turbulentos como el día: la verdadera tranquilidad es aquella en la que se despliega una buena conciencia. Mira aquel que busca el sueño en el silencio de su amplia casa; para que ningún sonido moleste sus oídos, toda la legión de sus esclavos guarda silencio, y el pie de los que se acercan se pone de puntillas; acaso se dé la vuelta a un lado y a otro, agarrando el sueño ligero entre sus dolencias; y se queja de haber oído lo que no ha oído.  ¿Qué crees que es la causa? Su espíritu es el que le hace ruido. Este es el que ha de ser tranquilizado y su agitación la que ha de ser reprimida; no consideres que alguien está tranquilo porque su cuerpo esté acostado; Muchas veces la tranquilidad es intranquila; y por eso nos hemos de lanzar a la acción de las cosas y nos hemos de ocupar en la realización de las buenas artes cuantas veces se apodera de nosotros  la inercia y la impaciencia. Los grandes generales, cuando ven que el soldado mal obedece, los contienen con algún tra bajo y los entretienen con alguna expedición: el divertirse nunca viene mal a los que están molestos y nada es tan cierto como corregir  los vicios del ocio con la ocupación. Muchas veces puede parecer que nos retiramos por el aburrimiento de los asuntos civiles y por la molestia de una posición desgraciada y desagradable; sin embargo a veces  en ese refugio al que nos empujó el temor y el cansancio se reaviva la ambición  pues no quedó  arrancada, sino cansada y también irritada por las cosas poco favorables.  Y lo mismo digo de la molicie, que alguna  vez parece que ha desaparecido, pero que luego nos tienta de nuevo aun habiendo prometidod frugalidad y en medio de la moderación  nos empuja a los placeres, no condenados sino simplemente abandonados, y esto ciertamente con  más vehemencia cuanto más ocultos. Pues todos los vicios son más ligeros si están a la vista; también las enfermedades avanzan hacia la salud una vez que rompen desde el interior oculto y manifiestan su fuerza. Debes saber que la avaricia y la ambición y los restantes males de la mente humana son especialmente peligrosas cuando se esconden en una salud simulada. Parecemos tranquilos, pero no lo estamos. Si estamos, pues, de buena fe, si hemos tocado a retirada, si hemos despreciado las falsas apariencias, como poco antes he dicho, ningún asunto nos llamará la atención, ninguna melodía ni de hombres ni de pájaros interrumpirá nuestros buenos pensamientos, ya firmes y ciertos. Pobre es el espíritu e incapaz de recogerse en su interior si se preocupa por una voz o por cosas imprevistas; tiene dentro algo de inquietud y tiene algo de miedo adquirido que le vuelve receloso, como dijo nuestro gran Virgilio:

    “y yo, a quien antes no le movían ni los dardos que me arrojaban ni los griegos formados en escuadrón hostil, ahora me asusta cualquier movimiento del viento y cualquier ruido me deja paralizado y temeroso de lo que llevo y de quien me acompaña”.

    El primer sabio es aquel a quien no asustan ni los dardos vibrantes, ni las armas del compacto escuadrón que chocan entre si, ni el fragor de una ciudad golpeada: en cambio  este otro es un desorientado, que asustado por cualquier ruido teme por sus bienes, a quien cualquier voz interpretada como estruendo le derriba, a quien el más ligero movimiento lo deja sin aliento, su equipaje le hace asustadizo. A cualquiera que veas de esos  felices, que arrastran tantas cosas, que llevan consigo tantas cosas, lo verás  “temeroso de lo que llevo y de quien me acompaña”.  En consecuencia debes saber que sólo serás una persona que se controla cuando ningún grito te afecte, cuando ninguna voz te agite, ni si te acaricia, ni si te amenza ni te grita en vano por todas partes con su sonido inútil. ¿Qué pues?  ¿no es más cómodo algunas veces estar libre de alborotos? Confieso que sí y por eso me marcharé de este lugar. Lo he querido experimentar y realizar; ¿qué necesidad hay de atormentarme por más tiempo, cuando Ulises encontró un remedio tan fácil contra las Sirenas para sus compañeros. Que te vaya bien.

    Peream si est tam necessarium quam videtur silentium in studia seposito. Ecce undique me varius clamor circumsonat: supra ipsum balneum habito. Propone nunc tibi omnia genera vocum quae in odium possunt aures adducere: cum fortiores exercentur et manus plumbo graves iactant, cum aut laborant aut laborantem imitantur, gemitus audio, quotiens retentum spiritum remiserunt, sibilos et acerbissimas respirationes; cum in aliquem inertem et hac plebeia unctione contentum incidi, audio crepitum illisae manus umeris, quae prout plana pervenit aut concava, ita sonum mutat. Si vero pilicrepus supervenit et numerare coepit pilas, actum est.  Adice nunc scordalum et furem deprensum et illum cui vox sua in balineo placet, adice nunc eos qui in piscinam cum ingenti impulsae aquae sono saliunt. Praeter istos quorum, si nihil aliud, rectae voces sunt, alipilum cogita tenuem et stridulam vocem quo sit notabilior subinde exprimentem nec umquam tacentem nisi dum vellit alas et alium pro se clamare cogit; iam biberari varias exclamationes et botularium et crustularium et omnes popinarum institores mercem sua quadam et insignita modulatione vendentis.
    'O te' inquis 'ferreum aut surdum, cui mens inter tot clamores tam varios, tam dissonos constat, cum Chrysippum nostrum assidua salutatio perducat ad mortem.' At mehercules ego istum fremitum non magis curo quam fluctum aut deiectum aquae, quamvis audiam cuidam genti hanc unam fuisse causam urbem suam transferendi, quod fragorem Nili cadentis ferre non potuit.  Magis mihi videtur vox avocare quam crepitus; illa enim animum adducit, hic tantum aures implet ac verberat. In his quae me sine avocatione circumstrepunt essedas transcurrentes pono et fabrum inquilinum et serrarium vicinum, aut hunc qui ad Metam Sudantem tubulas experitur et tibias, nec cantat sed exclamat:  etiam nunc molestior est mihi sonus qui intermittitur subinde quam qui continuatur. Sed iam me sic ad omnia ista duravi ut audire vel pausarium possim voce acerbissima remigibus modos dantem. Animum enim cogo sibi intentum esse nec avocari ad externa; omnia licet foris resonent, dum intus nihil tumultus sit, dum inter se non rixentur cupiditas et timor, dum avaritia luxuriaque non dissideant nec altera alteram vexet. Nam quid prodest totius regionis silentium, si affectus fremunt?
    Omnia noctis erant placida composta quiete.
    Falsum est: nulla placida est quies nisi quam ratio composuit; nox exhibet molestiam, non tollit, et sollicitudines muta. Nam dormientium quoque insomnia tam turbulenta sunt quam dies: illa tranquillitas vera est in quam bona mens explicatur.  Aspice illum cui somnus laxae domus silentio quaeritur, cuius aures ne quis agitet sonus, omnis servorum turba conticuit et suspensum accedentium propius vestigium ponitur: huc nempe versatur atque illuc, somnum inter aegritudines levem captans; quae non audit audisse se queritur.  Quid in causa putas esse? Animus illi obstrepit. Hic placandus est, huius compescenda seditio est, quem non est quod existimes placidum, si iacet corpus: interdum quies inquieta est; et ideo ad rerum actus excitandi ac tractatione bonarum artium occupandi sumus, quotiens nos male habet inertia sui impatiens.  Magni imperatores, cum male parere militem vident, aliquo labore compescunt et expeditionibus detinent: numquam vacat lascivire districtis, nihilque tam certum est quam otii vitia negotio discuti. Saepe videmur taedio rerum civilium et infelicis atque ingratae stationis paenitentia secessisse; tamen in illa latebra in quam nos timor ac lassitudo coniecit interdum recrudescit ambitio. Non enim excisa desit, sed fatigata aut etiam obirata rebus parum sibi cedentibus.  Idem de luxuria dico, quae videtur aliquando cessisse, deinde frugalitatem professos sollicitat atque in media parsimonia voluptates non damnatas sed relictas petit, et quidem eo vehementius quo occultius. Omnia enim vitia in aperto leniora sunt; morbi quoque tunc ad sanitatem inclinant cum ex abdito erumpunt ac vim sui proferunt. Et avaritiam itaque et ambitionem et cetera mala mentis humanae tunc perniciosissima scias esse cum simulata sanitate subsidunt. Otiosi videmur, et non sumus. Nam si bona fide sumus, si receptui cecinimus, si speciosa contempsimus, ut paulo ante dicebam, nulla res nos avocabit, nullus hominum aviumque concentus interrumpet cogitationes bonas, solidasque iam et certas.  Leve illud ingenium est nec sese adhuc reduxit introsus quod ad vocem et accidentia erigitur; habet intus aliquid sollicitudinis et habet aliquid concepti pavoris quod illum curiosum facit, ut ait Vergilius noster:
    Et me, quem dudum non ulla iniecta movebant
    tela neque adverso glomerati e agmine Grai,
    nunc omnes terrent aurae, sonus excitat omnis
    suspensum et pariter comitique onerique timentem.
    Prior ille sapiens est, quem non tela vibrantia, non arietata inter arma agminis densi, non urbis impulsae fragor territat: hic alter imperitus est, rebus suis timet ad omnem crepitum expavescens, quem una quaelibet vox pro fremitu accepta deiecit, quem motus levissimi exanimant; timidum illum sarcinae faciunt.  Quemcumque ex istis felicibus elegeris, multa trahentibus, multa portantibus, videbis illum 'comitique onerique timentem'. Tunc ergo te scito esse compositum cum ad te nullus clamor pertinebit, cum te nulla vox tibi excutiet, non si blandietur, non si minabitur, non si inani sono vana circumstrepet. 'Quid ergo? non aliquando commodius est et carere convicio?' Fateor; itaque ego ex hoc loco migrabo. Experiri et exercere me volui: quid necesse est diutius torqueri, cum tam facile remedium Ulixes sociis etiam adversus Sirenas invenerit Vale.

     

  • Gabriel García Márquez y los clásicos griegos y latinos

    Muchos elementos de la cultura grecolatina siguen vigentes en nuestro tiempo, entre muchos otros, los mitos y tópicos literarios. Los escritores y artistas actuales unas veces recurren a ellos directa y conscientemente citándolos incluso textualmente, otras desarrollan los mismos temas adaptándolos a los nuevos tiempos y otras los integran en su obra de manera natural no consciente.

    Este es el caso también de Gabriel García Márquez, premio nobel colombiano, recientemente fallecido, que nos abrió, junto a otros grandes autores hispanoamericanos,  los ojos y los horizontes en una explosión de imaginación y color tropical a quienes allá por los años sesenta del siglo pasado éramos jóvenes ávidos de letras.

    Llevando el agua al molino de este blog, hago alguna referencia a la importancia de los clásicos en Gabriel García Márquez, que no es poca, tanto directa y textualmente como naturalmente asimilados.
    En su obra autobiográfica “Vivir para contarla” hace nítidas referencias a la importancia del conocimiento de los clásicos. Así en el capítulo 6, pág, 393 y ss. de la edición de Mondadori, Barcelona 2002, recuerda:

    Yo mismo no sospechaba entonces que muy pronto sería mejor estudiante que nunca en la biblioteca de Gustavo Ibarra Merlano, un amigo nuevo que Zabala y Rojas Herazo me presentaron con gran entusiasmo. Acababa de regresar de Bogotá con un grado de la Normal Superior y se incorporó de inmediato a las tertulias de El Universal y a las discusiones del amanecer en el paseo de los Mártires. Entre la labia volcánica de Héctor y el escepticismo creador de Zabala, Gustavo me aportó el rigor sistemático que buena falta les hacía a mis ideas improvisadas y dispersas, y a la ligereza de mi corazón. Y todo eso entre una gran ternura y un carácter de hierro.
    Desde el día que me invitó a la casa de sus padres en la playa de Marbella, con el mar inmenso como traspatio, y una biblioteca en un muro de doce metros, nueva y ordenada, donde sólo conservaba los libros que debían leerse para vivir sin remordimientos. Tenía ediciones de los clásicos griegos, latinos y españoles tan bien tratadas que no parecían leídas, pero los márgenes de las páginas estaban garrapateados de notas sabias, algunas en latín. Gustavo las decía también de viva voz, y al decirlas se ruborizaba hasta las raíces del cabello y él mismo trataba de sortearlas con un humor corrosivo. Un amigo me había dicho de él antes de que lo conociera: “Ese tipo es un cura”. Pronto entendí por qué era fácil creerlo, aunque después de conocerlo bien era casi imposible creer que no lo era.
    Aquella primera vez hablamos sin parar hasta la madrugada y aprendí que sus lecturas eran largas y variadas, pero sustentadas por el conocimiento a fondo de los intelectuales católicos del momento, de quienes yo no había oído hablar jamás. Sabía todo lo que debía saberse de la poesía, pero en especial de los clásicos griegos y latinos que leía en sus ediciones originales. Tenía juicios bien informados de los amigos comunes y me dio datos valiosos para quererlos más. Me confirmó también la importancia de que conociera a los tres periodistas de Barranquilla –Cepeda, Vargas y Fuenmayor-, de quienes tanto me habían hablado Rojas Herazo y el maestro Zabala. Me llamó la atención que además de tantas virtudes intelectuales y cívicas nadara como un campeón olímpico con un cuerpo hecho y entrenado para serlo. Lo que más le preocupó de mí fue mi peligroso desdén por los clásicos griegos y latinos, que me parecían aburridos e inútiles, a excepción de la Odisea, que había leído y releído a pedazos varias veces en el liceo. Así que antes de despedirme escogió en la biblioteca un libro empastado en piel y me lo dio con una cierta solemnidad. “Podrás llegar a ser un buen escritor –me dijo-, pero nunca serás muy bueno si no conoces bien a los clásicos griegos.” El libro eran las obras completas de Sófocles. Gustavo fue desde ese instante uno de los seres decisivos en mi vida, porque Edipo rey se me reveló en la primera lectura como la obra perfecta.Fue una noche histórica para mí, por haber descubierto a Gustavo Ibarra y a Sófocles al mismo tiempo, y porque horas después pude haber muerto de mala muerte en el cuarto de mi novia secreta en El Cisne.

    El propio autor reconoce una y otra vez este  impacto del Edipo de Sófocles, por ejemplo en uno de los talleres de guión que ha impartido, Según cita el profesor de la Universidad de Huelva Manuel Cabello Pino en su artículo “Edipo alcalde: Sófocles a través de los ojos de Gabriel García Márquez:

    Casi me atrevería a decir que Edipo rey fue la primera gran conmoción intelectual de mi vida. Ya yo sabía que iba a ser escritor y cuando leí aquello, me dije: “Éste es el tipo de cosas que quiero escribir”. Yo había publicado algunos cuentos y, mientras trabajaba en Cartagena como periodista, estaba tratando de ver si terminaba una novela. Recuerdo que una noche hablaba de literatura con un amigo -Gustabo Ibarra Merlano, que además de poeta es el hombre que más sabe en Colombia sobre derechos de aduana–, y viene y me dice: “Nunca llegarás a nada mientras no leas a los clásicos griegos”. Yo me quedé muy impresionado, así que esa misma noche lo acompañé a su casa y me puso en las manos un tomo de tragedias griegas. Me fui a mi cuarto, me acosté, empecé a leer el libro por la primera página -era Edipo Rey precisamente-y no lo podía creer. Leía, y leía, y leía -empecé como a las dos de la madrugada y ya estaba amaneciendo–, y cuanto más leía, más quería leer. Yo creo que desde entonces no he dejado de leer esa bendita obra. Me la sé de memoria. (Gabriel García Márquez, 2003: 106)

    Como a tantos otros, el descubrimiento de la tragedia griega impactó a García Márquez y comprendió la importancia de conocer a los clásicos. De Edipo Rey y la fuerza inexorable del destino, del fatum, se han encontrado diversas influencias en sus novelas El otoño del patriarca  y Crónica de una muerte anunciada.

    Poco después, en la página 406 y s. de la edición citada nos informa García Márquez de su progreso en el conocimiento de los clásicos:

    Regresé a Cartagena con el aire de alguien que hubiera descubierto el mundo. Las sobremesas en casa de los Franco Múnera no fueron entonces con poemas del Siglo de Oro y los Veinte poemas de amor de Neruda, sino con párrafos de La señora Dolloway y los delirios de su personaje desgarrado, Septimus Warren Smith. Me volví otro, ansioso y difícil, hasta el extremo de que a Héctor y al maestro Zabala les parecía un imitador consciente de Álvaro Cepeda. Gustavo Ibarra, con su visión compasiva del corazón Caribe se divirtió con mi relato de la noche en Barranquilla, mientras medaba cucharadas cada vez más cuerdas de poetas griegos, con la expresa y nunca explicada excepción de Eurípides. Me descubrió a Melville: la proeza literaria de Moby Dick, el grandioso sermón sobre Jonás para los balleneros curtidos en todos los mares del mundo bajo la inmensa bóveda construida con costillares de ballenas. Me prestó La casa de los siete tejados, de Nathaniel Hawthorne, que me marcó de por vida. Intentamos juntos una teoría sobre la fatalidad de la nostalgia en la errancia de Ulises Odiseo, en la que nos perdimos sin salida. Medio siglo después la encontré resuelta en un texto magistral de Milan Kundera.

    Que las lecturas y conversaciones sobre los clásicos produjeron sus frutos, aun sin ser consciente de ello,  nos lo confirma después en la pág. 473 y s. de la misma edición a propósito de su primera novela “La hojarasca” en la que nos narra la tragedia de una tierra arrasada por la omnipotente compañía United Fruit Company:

    En cambio, desoyendo otra vez a don Ramón Vinyes, le hice llegar a Gustavo Ibarra el borrador completo, aunque todavía sin título, cuando lo di por terminado. Dos días después me invitó a su casa. Lo encontré en un mecedor de bejuco en la terraza del mar, bronceado al sol y relajado en ropa de playa, y me conmovió la ternura con que acariciaba mis páginas mientras me hablaba. Un verdadero maestro, que no me dictó una cátedra sobre el libro ni me dijo si le parecía bien o mal, sino que me hizo tomar conciencia de sus valores éticos. Al terminar me observó complacido y concluyó con su sencillez cotidiana:
    -Esto es el mito de Antígona
    Por mi expresión se dio cuenta de que se me habían ido las luces, y cogió de sus estantes el libro de Sófocles y me leyó lo que quería decir. La situación dramática de mi novela, en efecto, era en esencia la misma de Antígona,condenada a dejar insepulto el cadáver de su hermana Polinices por orden del rey Creonte, tío de ambos. Yo había leído Edipo en Colona en el volumen que el mismo Gustavo me había regalado por los días en que nos conocimos, pero recordaba muy mal el mito de Antígona para reconstruirlo de memoria dentro del drama de la zona bananera, cuyas afinidades emocionales no había advertido hasta entonces. Sentí el alma revuelta por la felicidad y la desilusión. Aquella noche volví a leer la obra, con una rara mezcla de orgullo por haber coincidido de buena fe con un escritor tan grande y de dolor por la vergüenza pública del plagio. Después de una semana de crisis turbia decidí hacer algunos cambios de fondo que dejaran a salvo mi buena fe, todavía sin darme cuenta de la vanidad sobrehumana de modificar un libro mío para que no pareciera de Sófocles. Al final –resignado- me sentí con el derecho moral de usar una frase suya como un epígrafe reverencial, y así lo hice.

    Y ciertamente, como prefacio “reverencial” coloca el siguiente texto de Antígona, en el que comunica a Ismena la decisión de Creonte sobre los funerales de sus hermanos Eteocles y Polinices. Queda así evidenciada para siempre la relación establecida con Sófocles:

    Y respecto del cadáver de Polinices, que miserablemente ha muerto, dicen que ha publicado un bando para que ningún ciudadano lo entierre ni lo llore, sino que insepulto y sin los honores del llanto, lo dejen para sabrosa presa de las aves que se abalancen a devorarlo. Ese bando dicen que el bueno de Creonte ha hecho pregonar por ti y por mí, quiere decir que por mí; y que vendrá aquí para anunciar esa orden a los que no la conocen; y que la cosa se ha de tomar no de cualquier manera, porque quien se atreva a hacer algo de lo que prohíbe será lapidado por el pueblo.” (Sófocles: Antígona, v.26 y ss.)

    En la novela de  García Márquez, el médico, del que no da el nombre, es condenado por el alcalde, el cura y el pueblo de Macondo a no recibir sepultura por no haber recibido y haber negado su atención a los heridos en la guerra civil.

    Así que con las amistades citadas y sus lecturas recomendadas (Homero, Sófocles, los clásicos del Siglo de Oro, Hermann Melville, Nathaniel Hawthorne, William Faulkner,  Virginia Woolf…) escribió La hojarasca y luego como ramas de un mismo árbol El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora, Los funerales de la Mamá Grande y Cien años de soledad.

    En todas las obras de García  Márquez  se perciben de una u otra manera los ecos de los clásicos.
    En Cien años de Soledad recrea el mito de Prometeo encadenado como castigo de los dioses por haber entregado el fuego a los hombres para su progreso. También José Arcadio Buendía intentó crear una nueva sociedad y así nació Macondo.

    También en Cien años de soledad recrea el mito de Platón de Teuth sobre el valor de la escritura, personaje al que nos recuerda  el Melquiades de Cien años de Soledad; al tema del invento de la escritura precisamente esta dedicado el artículo anterior de este blog. https://www.antiquitatem.com/origen-de-la-escritura-platon-memoria

    Es muy frecuente la inserción de textos y referencias latinas en  obras de literatura moderna fantástica aprovechando el carácter de misterio y arcaísmo del latín, que en esos contextos puede adquirir un valor mágico. Lo hace García Márquez así en Cien Años de Soledad, haciendo hablar latín a José Arcadio Buendia:

    “-Hoc est simplicissimum- dijo José Arcadio Buendía-; homo iste statum quartum materiae invenit.
        El padre Nicanor levantó la mano y las cuatro patas de la silla se posaron en tierra al mismo tiempo.
       -Nego- dijo-. Factum hoc existentiam Dei probat sine dubio.
      Fue así como se supo que era latín la endiablada jerga de José Arcadio Buendía”

          Se aprecia también relación evidente entre La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, uno de cuyos personajes se llama precisamente Ulises,  y la Odisea. Este Ulises de García Márquez, aventurero, viajero, enamoradizo, le aclara a cándida Eréndira que Ulises no es un nombre Gringo sino nombre de navegante, en lo que es una evocación directa del héroe homérico.

    En El amor en los tiempos del cólera los motivos y tipo de amor coinciden con los tópicos eróticos clásicos, desde la enfermedad de amor (morbus amoris) a los remedios del amor (remedia amoris). El amor en sus diversas versiones es precisamente uno de los temas preferidos por García Márquez, quien acredita conocer muy bien el tratamiento que del amor han hecho los clásicos grecolatinos.

    Otro hecho que demuestra el  impacto que en él causó Sófocles, es que García Márquez es el guionista de la película colombiana Edipo Alcalde (1996), trasposición de la tragedia clásica Edipo Rey a la situación de su país, Colombia. García Márquez naturalmente, no se limita a escribir un mero guión de adaptación, sino que en realidad es el autor de la película en la que una vez más mezcla el tema de la peste con la violencia imperante en Colombia y la impresión de Sófocles, de cuyo Edipo rey dijo ser la obra perfecta, según hemos leído en las citas anteriores. Fue dirigida por Jorge Alí Triana y protagonizada por Jorge Perugorria. Ángela Molina, Francisco Rabal. Jairo Camargo.

    En fin, no seremos tan exigentes como Juan de Salisbury, que muchos siglos antes, en el siglo XII,  afirmó en su Policraticus (El Gobernante), Lib. VII, cap..9, (ed. C.C. J.Webb(1909),II,p.126:

    Todos estos que son ignorantes de los poetas, historiadores, oradores y matemáticos latinos podrían ser llamados “iletrados (illiterati) aunque conozcan las letras”.

    Pero reconoceremos en cambio la necesidad de conocer a los autores clásicos si se quiere ser un buen autor de literatura y también un buen lector. Nos lo dice y nos lo prueba Gabriel García Márquez, Gabo para los amigos.

    Nota: Juan de Salisbury es uno de los mejores latinistas de su época, pero  desgraciadamente yo no he podido disponer de la cita de su Policraticus en latín.

  • Platón rechaza la escritura por boca de Sócrates

    Con alguna frecuencia oigo a alguna persona rechazar el ordenador como instrumento educativo para los niños y jóvenes con el argumento de que perjudica el desarrollo de la memoria o de cierta capacidad de razonamiento. Con anterioridad oímos argumentos similares en el rechazo de las calculadoras electrónicas que impedirían la capacidad de pensamiento matemático. Todo ello me recuerda un famoso pasaje de Platón en su diálogo Fedro 274c-277a y 279b- 279c en el que en boca de Sócrates rechaza el invento de la escritura por la misma razón de que acabará con la memoria, facultad indispensable del ser humano.

    El pasaje encierra en sí la mayor de las contradicciones por cuanto Platón es un filósofo que escribió mucho (a diferencia de Sócrates) y gracias a esa escritura conocemos las obras y el pensamiento de Platón, entre otros el  pasaje al que me refiero, aunque afirme que la verdadera filosofía no puede expresarse por escrito. 

    Pero al margen de la contradicción expuesta, el mito plantea una serie de cuestiones de gran interés que merecen algún comentario. En todo lo caso, el paso previo es el de leer y conocer en sí mismo el texto señalado, que transcribo a pesar de su extensión, en la traducción que de él hizo Emilio Lledó en el volumen III de los Diálogos editados por Gredos en 1988 y que reproduce en su librito  “El silencio de la escritura”:

    274a y ss.

    SOCRATES:  Tengo que contarte algo que oí de los antiguos, aunque su verdad sólo ellos la saben.Por cierto que, si nosotros mismos pudiéramos descubrirla, ¿nos seguiríamos ocupando todavía de las opiniones humanas?
    FEDRO:  Preguntas algo ridículo. Pero cuenta lo que dices haber oído.
    SOC. – Pues bien,oí que había por Náucratis, en Egipto, uno de los antiguos dioses del lugar al que, por cierto, está consagrado el pájaro que llaman Ibis. El nombre de aquella deidad era el de Theuth. Fue éste quien, primero descubrió el número y el cálculo y, también, la geometría y la astronomíay,además, el juego de damas y el de dados, y, sobre todo, las letras. Por aquel entonces,era rey de todo Egipto Thamus,que vivía en la gran ciudad de la parte alta del país,que los griegos llaman la Tebas egipcia, así como a Thamus llaman Ammón. A él vino Theuth, y mostrándole sus artes, le decía que debían ser entregadas al resto de los egipcios. Pero Thamus le preguntó cuál era la utilidad que cada una tenía, y, conforme se la iba minuciosamente exponiendo, lo aprobaba o desaprobaba, según le pareciese bien o mal lo que decía. Muchas, según se cuenta, son las observaciones que, a favor o en contra de cada arte, hizo Thamus a Theuth, y tendríamos que disponer de muchas palabras para tratarlas todas.
    Pero cuando llegaron a lo de las letrar,dijo Theuth: “Este conocimiento,oh rey, hará mássabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría”. Pero él le dijo: “¡Oh artificiosísimo Theuth! A unos les es dado crear arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta a los que pretenden hacer uso de él.Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es obvio lo que producirán en las almas de quienes las aprendan,al descuidar la memoria,ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos,no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos.No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado,sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas  a tus alumnos, que no verdad.Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos,siendo, al contario, en la mayoría de los casos,totalmente ignorantes,y difíciles,además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad”.
    FED.-¡Qué bien se te da, Sócrates,hacer discursos de Egipto,o de cualquier otro país que se te antoje!
    SOC.- El caso es,amigo mío, que, según se dice que se decía en el templo de Zeus en Dodona, las primeras palabras proféticas habían salido de una encina. Pues a los hombres de entonces,como no eran sabios como vosotros los jóvenes, tal ingenuidad tenían que se conformaban con oir a una encina o a una roca, sólo con que dijesen  la verdad. Sin embargo, para ti tal vez hay diferencia según quién sea el que hable y de dónde. Pues no te fijas únicamente en si lo que dicen es así o de otra manera.
    FED.- Tienes razón al reprenderme, y creo que con lo de las letras pasa lo que el tebano dice.
    SOC.- Así pues, el que piensa que ha dejado un arte por escrito, y, de la misma manera,el  que lo recibe como algo que será claro y firme por el hecho de estar en letras,rebosa ingenuidad y, en realidad,desconoce la predicción de Ammón, creyendo que las palabras escritas son algo más,para el que las sabe, que un recordatorio de aquellas cosas sobre las que versa la escritura.
    FED.- Exactamente
    SOC.- Porque es que es impresionante, Fedro, lo que pasa con la escritura,y por lo que tanto se parece a la pintura. En efecto, sus vástagos están ante nosotros  comosi tuvieran vida; pero,si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios. Lo mismo pasa con las palabras  escritas . Podrías llegar a creer que lo que dicen fueran como pensándolo; pero si alguien pregunta, queriendo aprender de lo dicho, apuntan siempre y únicamente a una y la misma cosa. Pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier,igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quiénes conviene hablar a a quiénes no. Y si son maltratadas o vituperadas injustamente, necesitan siempre la ayuda del padre,ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a sí mismas.
    FED.-  Muy exacto es todo lo que has dicho.
    SOC.- Entonces, ¿qué? ¿Podemos dirigir los ojos hacia otro tipo de discurso, hermano legítimo de éste, y ver cómo nace y cuánto mejor y más fuertemente se desarrolla?
    FED.- ¿A cuál te refieres y cómo dices que nace?
    SOC.- Es ese que se escribe con fundamento en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo, y sabiendo con quiénes hablar y ante quiénes callarse.
    FED.- ¿Te refieres al discurso lleno de vida y de alma,que tiene el que sabe y del que el escrito se podría justamente decir que es el reflejo?
    SOC.- Sin duda. Pero dime ahora esto. ¿Un labrador sensato que cuidase de sus semillas y quisiera que fructificasen, las llevaría, en serio, a plantar en verano, a un jardín de Adonis, y gozaría al verlas ponerse hermosas en ocho días,o solamente haría una cosa así por juego o por una fiesta, si es que lo hacía? ¿No sembraría, más bien, aquellas que le interesasen en el lugar adecuado de acuerdo con lo que manda el arte de la agricultra, y no se pondría contento cuando, en el octavo mes, llegue a su plenitud todo lo que sembró?
    FED.- Así es,Sócrates.Tal como acabas de expresarte;en un caso obraría enserio,en otro de manera muy diferente.
    SOC.- ¿Y el que posee el conocimiento de las cosas justas, bellas y buenas,diremos que tiene menos inteligencia que el labrador con respecto a sus propias simientes?
    FED.- De ningún modo.
    SOC.- Por consiguiente, no se tomará en serio el escribirlas en agua, negra por cierto, sembrándolas por medio del cálamo,con discursos que no pueden prestarse ayuda a sí mismos, a través de las palabras que los constituyen, e incapaces también de enseñar adecuadamente la verdad.
    FED.- A menos, no es probable.
    SOC.- No lo es, en efecto. Más bien, los jardines de las letras, según parece, los sembrará y escribirá como por entretenimiento; atesorando, al escribirlos, recordatorios para cuando llegue la edad del olvido, que les servirán a él y a cuantos hayan seguido sus mismas huellas. Y disfrutará viendo madurar tan tiernas plantas, y cuando otros se dan a otras diversiones y se hartan de comer y beber y todo cuanto con esto se hermana, él, en cambio, pasará, como es de esperar,su tiempo distrayéndose con las cosas que te estoy diciendo.
    FED.- Uno extraordinariamente hermoso, al lado de tanto entretenimiento baladí, es el que dices, Sócrates, y que permite entretenerse con las palabras,componiento historias sobre la justicia y todas las otras cosas a las que te refieres,
    SOC.- Así es, en efecto, querido Fedro. Pero mucho más hermoso,pienso yo, es ocuparse con seriedad de esas cosas, cuando alguien, haciendo uso de la dialéctica y eligiendo un alma adecuada, planta y siembra palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí mismas y a quienes las planta,y que no son estériles, sino portadoras de siemientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre.
                       ………….

    279b
    FED.- Así será. Pero vámonos yendo,ya que el calor se ha mitigado.
    SOC.- ¿Y no es propio que los que se van a poner en camino hagan una plegaria?
    FED.- ¿Por qué no?
    SOC.- Oh querido Pan, y todos los otros dioses que aquí habitéis, concededme que llegue a ser bello por dentro,y todo  lo que tengo por fuera se enlace en amistad con lo de dentro; que considere rico al sabio; que todo el dinero que tenga sólo sea el que puede llevar y transportar consigo un hombre sensato, y no otro. ¿Necesitamos de alguna otra cosa, Fedro?  A mí mebasta  con lo que he pedido.
    FED.- Pide todo esto también para mí, ya que son comunes las cosas de los amigos.
    SOC.-Vayámonos.

    Nota: Theuth es el equivalente egipcio de Prometeo. Los “jardines de Adonis” se refiere a las macetas o tiestos plantados con cereales y flores aromáticas para embellecer y aromatizar las calles y plazas en las fiestas de Adonis (las Adonías) que se celebraban en verano. Las altas temperaturas las hacían crecer rápidamente, pero con la misma rapidez se marchitaban.
                 ——————-
    Las mismas ideas las expresa Platón en su Séptima Carta dirigida a los parientes y amigos de Dión, aunque es necesario advertir que la autoría  de la Carta VII por parte de Platón ha sido cuestionada. En todo caso la carta es congruente con los otros escritos de Platón. 

    El texto es un lugar ya tópico al hablar de la “escritura”, pero su lectura plantea algunas cuestiones  actuales e importantes que aquí sólo puedo esbozar.

    Por supuesto, fracasa Platón en cuanto premonición de la ruina de la inteligencia y del conocimiento, como fracasan sin duda quienes actualmente rechazan el uso de los instrumentos electrónicos desde los primeros momentos de la educación.

    El texto plantea la utilidad de la escritura frente al mundo oral todavía muy importante en tiempos de Platón. Como decía,  Sócrates, su maestro, no escribió sus pensamientos.

    Para Platón, la escritura, como la pintura, no es sino una representación inmóvil, pasiva,  del pensamiento, una aproximación al objeto.

    Para Platón, la expresión oral es algo interno y constitutivo del  propio hombre que en el diálogo y relación con el otro admite la pregunta, la estimulación  del oyente y constituye la sabiduría y el conocimiento.

    La escritura, en cambio,  es algo externo que a lo sumo puede servir de recordatorio, pero no es parte constitutiva del hombre ni reacciona a pregunta o cuestión alguna ni puede defenderse si la contradices; no es sabiduría, a lo sumo es información, pero no conocimiento. La verdadera escritura es la que se graba en el alma del que aprende; el aprendizaje se realiza cuando la palabra se graba en el alma, de la que la esritura es sólo una imagen. La escritura no es sino el “fármacon”, el remedio, para recordar lo aprendido antes mediante el coloquio dialéctico.

    Lo escrito no se debe a la experiencia vital del lector sino de otro. Ese texto escrito cae en manos de cualquiera, esté preparado para darle sentido o no lo esté.

    Esta es la principal objeción de Platón. La segunda es que la escritura debilita y destruye la memoria y los hombres se harán olvidadizos porque lo escrito no está integrado en su propio ser.

    Naturalmente, si Platón tuviera razón en un momento en que la escritura y lectura no es generalizada sino que en buena medida coexiste con la oralidad, ¿qué decir de la imprenta y su ingente producción desde que fue inventada? 

    De hecho hubo voces críticas sobrela imprenta, como la del humanista, editor e impresor veneciano Hieronimo Squarciafico, que trabajaba para el famoso impresor Aldo Manuzio. En su libro Memoria y libros, 1477, decía:

    “la abundancia de libros hace a los hombres menos estudiosos, destruye la memoria y debilita el pensamiento porque le releva del trabajo excesivo”. (Citado por Lowry, Martin J.C. (1979), The World of Aldus Manutius: Business and Scholarship in Renaissance Venice, Ithaca, N.Y, pág. 31
    Hieronimo Squarciafico, Memory and Books, 1477)

    Y sin embargo Squarciafico promovió la impresión de los clásicos latinos, pero en 1481 se muestra escéptico  con tanta publicación de libros.  Se imagina que recibe una carta del humanista Francesco Filelfo, que había muerto poco antes, en la que le da cuenta de  una discusión en los Campos Elíseos entre autores famosos del pasado . Algunos se muestran partidarios de la imprenta ya que sin ella las obras perecerían, pero otros se quejan porque la impresión “ahora es obra de hombres ignorantes que corrompen todo”.

    Conocida es también la opinión de Rousseau en su Emilio o Sobre la Educación:

    Yo odio los libros, porque enseñan a hablar de lo que no se sabe” (III, 145).

    Ningún otro libro que el mundo, ninguna otra instrucción que los hechos. El muchacho que lee no piensa, no hace más que leer: y no se instruye porque no aprende más que palabras” (III, 130),

    Todo lo dicho anteriormente se aplica a fortiori (con más motivo) al mundo de los ordenadores o computadoras, soporte no sólo externo al hombre sino que lo supera ampliamente por cuanto su información es ingente. En cierta manera, estamos tan acostumbrados hoy a la escritura desde la infancia que en algún sentido la sentimos como algo interno. No ocurre lo mismo con los ordenadores, con las computadoras, que por su complejidad y todavía novedad, nos parecen máquinas externas, técnicas ajenas no integradas en el conocimiento o sabiduría propia.

    Pero volviendo a Platón, éste  no cayó en la cuenta de que la escritura personal, propia de cada individuo, también es un elemento de identificación. Una nota manuscrita o firmada por un individuo es un documento que da fe incluso aun no estando presente el interesado, por lo que la escritura transciende el presente y se proyecta en el futuro.

    Tampoco cayó en la cuenta de la importancia que tendría el documento escrito. Si algo existe en el documento, más si el documento es oficial, ese algo existe en la realidad. En ello se basa toda la enorme burocracia que sostiene el aparato administrativo de los Estados. Quien figura, por ejemplo, en un libro registro de nacimientos, vivió realmente; aquel de quien no hay relación escrita, no existió, aunque realmente viviera.

    Durante mucho tiempo, la lectura se hacía vocalizando y en voz alta y de ello hay pruebas suficientes en el mundo antiguo; sólo muy tarde, la lectura se hace sin emitir sonido alguno, alejándose aún más del mundo oral. Y en cambio debería desarrollarse más en la escuela la “lectura bella”, la lectura en voz alta, la lectura sonora.

    Es cierto que los oradores podían escribir sus discursos, pero era para aprenderlos de memoria y exponerlos con la fuerza expresiva de la palabra oral.

    Es verdad que en la educación tardó más en disminuir la oralidad en beneficio del libro de texto, que parece haberse convertido ahora en instrumento único de educación desde la aparición de la imprenta y la generalización del libro impreso. La presencia del libro de texto en la educación en todos los niveles es, desde luego, excesiva y genera problemas serios o no atiende aspectos del desarrollo humano esenciales.

    Podemos concluir que la oralidad ha ido perdiendo importancia social y la escritura la ha ido aumentando en la propia vida social, cultural, jurídica, administrativa…

    Por lo demás, la escritura, que nunca queda descontextualizada, permite almacenar el saber, recuperarlo y transmitirlo también en un contexto, generalmente distinto de aquel en el que fue escrito, pero no por eso falso o inútil.

    Cuando hoy hablamos de escritura y de almacenamiento del saber debemos incluir también en el concepto los modernos sistemas digitales de conservación del saber, que preservan cantidades ingentes de información y facilitan su rápido acceso y utilización. Lo que el hombre necesita, pues, son los instrumentos y la capacidad para encontrar y utilizar esa ingente información para integrarla en el conocimiento.

    En cualquier caso, a la vista de lo que está ocurriendo, podemos preguntarnos con toda lógica, sobre los efectos de la buena o mala utilización de las nuevas tecnologías.

      Es lo que se pregunta Nicholas Carr en un sugerente artículo en la Revista The Atlantic, Julio-Agosto de 2008: Is Google Making Us Stupid? What the Internet is doing to our brains.

    O José Manuel Trabado Cabado, desde la Universidad de León, que afirma en su estudio "Saturación informativa y los nuevos cronotopos de lectura" que el sistema de hipertextos -los enlaces de la web- "amenaza con no dejarnos regresar nunca, prometiéndonos maravillas aquí y allá y tesoros camuflados en selvas demasiado grandes para los mapas del hombre".

    El asunto sobrepasa el objetivo de este blog, pero será de justicia reconocer que el fondo de la cuestión es el que hace 2.400 años planteó Platón.

    Y podemos aprovechar también la ocasión para enfatizar la importancia del diálogo y de la palabra, que llama “pequeño soplo”,  y su poder de persuasión, recogiendo las famosas  palabas del sofista  Gorgias de Leontinos en su Elogio a Helena, 8

    la palabra es un gran soberano que, con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo, consigue efectos absolutamente divinos; pues en efecto, puede  eliminar el miedo, y suprimir el dolor, e infundir alegría, y aumentar la compasión.

  • No hay libro tan malo que no aproveche en alguna parte. (Nullum esse librum tam malum, ut non in aliqua parte prodesset) Plinio el Joven, Epist.3,5,10

    Puede ser esta una buena frase para celebrar el Día Mundial del Libro, que de acuerdo con la UNESCO se celebra cada 23 de abril de cada año desde 1995. En ese día, en 1616, murieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el poeta Garcilaso de la Vega, El Inca.

    La frase aparece por primera vez en una carta de Plinio el Joven a Bebio Macro. En la carta  se la adjudica a su tío, el famoso naturalista Plinio el Viejo, que murió en la erupción del Vesubio en aras de la ciencia.

    Plinio Epistolas,3,5,10:

    Solía decir que no hay libro tan malo que no aproveche en alguna parte

    Dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset”.

    Luego puede aparecer con alguna ligera variante, como por ejemplo:

    Nullus est liber tam malus, ut non aliqua parte prosit

    Reproduzco un pequeño fragmento de la carta, para contextualizar la frase :

    C. Plinio saluda a su estimado Bebio Macro

    Me resulta muy agradable que leas con tanta atención los libros de mi tío, y que quieras tenerlos todos  y que me preguntes cuáles son todos. Desempeñaré la función de un índice e incluso te haré sabedor de en qué orden fueron escritos: pues para los estudiosos es también agradable el conocimiento de estas cosas.
    …..

    Una vez que había regresado a casa, dedicaba el tiempo que le quedaba a los  estudios. Muchas veces, después de la comida (que tomaba ligera  y sencilla según costumbre de los antiguos), en verano, si tenía algún momento de ocio, se tumbaba al sol, se le leía un libro y lo anotaba y extractaba. Pues no leyó nada que no extractara. También solía decir que no había libro tan malo que no aprovechara en alguna parte. Después del sol, muchas veces se lavaba con agua fría. Luego comía y dormía muy poco: inmediatamente trabajaba como si de otro día se tratase hasta la hora de la cena. Después de esta, se le leía un libro y  lo anotaba a toda velocidad. Recuerdo que  en una ocasión, como quiera que un lector había pronunciado mal alguna parte,   uno de sus amigos le llamó la atención y le obligó a repetirlo; mi tío le dijo a éste: “¿lo habías entendido ya?; como le dijera que sí, le contestó: “entonces ¿por qué le has llamado la atención?. Con tu interrupción hemos perdido más de diez líneas”.  Tanto era el aprovechamiento del tiempo.

    C.Plinius Baebio Macro Suo S(alutem)

    Pergratum est mihi quod tam diligenter libros avunculi mei lectitas, ut habere omnes velis quaerareque qui sint omnes. Fungar indicis partibus, atque  etiam quo sint ordine scripti notum tibi faciam: est enim haec quoque studiosis non iniucunda cogniti.
    ….
    Reversus domum, quod reliquum temporis, studiis reddebat. Post cibum saepe, quem interdiu levem et facile veterum more sumebat, aestate,si quid otii, iacebat in sole, liber legebatur, adnotabat excerpebatque. Nihil enim legit quod non excerperet. Dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum, ut non aliqua parte prodesset. Post solem plerumque frigida lavabatur: deinde gustabat dormiebatque minimum:mox quasi alio die studebat in cenae tempus. Super hanc liber legebatur, adnotabatur, et quidem cursim.
    Memini quondam ex amicis cum lector quaedam perperam pronuntiasset, revocasse et repeti coegisse; huic avunculum meum dixisse “intellexeras nempe?” cum ille adnuisset, “cur ergo revocabas? Decem amplius versus hac tua interpellatione perdidimus.”  Tanta erat parsimonia temporis.


    La frase se convirtió en un tópico o lugar común en el Renacimiento y no hay autor que no la utilice en alguna ocasión. Es frecuente su uso en los prólogos o prefacios para, curándose en salud, justificar los presuntos escasos méritos de una obra.

    Como no podía ser de otra manera la utiliza Erasmo en sus Adagios, pero no como uno de ellos, sino con ocasión de una curiosa polémica con Luigi Ricchieri 1453 o 1469 – 1525, Celio Rodigino en castellano y    Caelius Rhodiginus en latín. profesor de Latín y griego y autor de una gran enciclopedia titulada “Antiquae Lectiones” en la que pretendía recoger todo el saber antiguo a la manera de las Noctes Atticae de Aulo  Gelio.

    Parece ser que Caelius Rhodiginius estaba componiendo también una colección de adagios o sentencias latinas pero salió antes la obra de Erasmo así que suspendió la suya, si bien utilizó el material acumulado en su enciclopedia y en otras obras. Pues bien, Rodigino  bebió en la obra de Erasmo y Erasmo también bebió en la obra de Rodigino, aunque ninguno de los dos lo econozca. En los casos en que uno se servía del otro no citaban la fuente. Erasmo se queja de plagio (furtum, hurto, robo)en la carta dirigida a todos los filólogos, prólogo a la edición de los Adagia de Basilea de 1533 y es en esa carta en donde utiliza la frasecita en cuestión:

    Desiderio Erasmo de  Roterdam saluda a todos los filólogos

    Consideraría estas cosas indignas de ser recordadas si no hubiera visto que se trataban en serio por parte de algunos, que querían parecer a los otros que eran los primeros en haber considerado este ejemplo, sin  que pareciera que habían tomado algo de mis “quiliadas” sino que habían realizado toda la obra  con sus solos medios y con su Marte (su trabajo). Pero si  recogen lo que publican de los autores antiguos,  como quiera que en ellos se encuentra cantidad infinita de proverbios, que yo paso por alto, ¿por qué  pasadas por alto estos cogen tantos publicados por mí y añaden tan pocos no tratados por mi? ¿Por qué citan tan raramente autores no citados por mí?  Y si añaden algo nuevo, ¿acaso creen  que con ello disimulan bien el robo, si a las ollas viejas les ponen asas nuevas? Si no han leído mi selección, ¿con qué cara confiesan que nada tienen en común conmigo? Si la han leído pero quieren disimular, ciertamente lo deberían haber llevado a cabo con más diligencia y destreza de ejecución para que no hubiese sospecha. Yo ciertamente, aunque parezco versado en los buenos autores, que no necesito robar a escondidas en las  mezclas de los más recientes, sin embargo no considero que haya hoy un autor tan trivial que no sea digno de leerse, si publica un libro de adagios, porque es verdad el dicho de que no hay libro tan malo de donde no puedas sacar algo de bueno. Que yo no quiera leer los que tratan un argumento común con el tuyo, es propio de una vergonzosa arrogancia; disimular tú que los has leído, es propio de una vergonzosa ambición; negar el beneficio es propio de la más vergonzosa ingratitud.

    Desiderius Erasmus Roterodamus philologis ómnibus S.D.
    Haec indigna ducerem quae commemorentur, nisi uiderem hoc a quibusdam agi
    serio, ut primi hoc exemplum induxisse uideantur, ab aliis, ne quid ex meis
    Chiliadibus uideantur sumpsisse mutuo, sed rem totam suis auspiciis suoque
    Marte confecisse. Atqui si decerpunt ex uetustis autoribus quae produnt, quum in
    his resideat infinita prouerbiorum copia quae nos praetermisimus, quur his
    praeteritis tam multa congerunt a nobis prodita, tam pauca adferunt nobis
    intacta? Quur tam raro citant autores a nobis non citatos? Et si quid paululum
    nouent, an credunt ilico bene dissimulatum furtum, si ueteribus ollis nouas
    affigant ansas? Si nostra non legerunt, qua fronte profitentur se nihil habere
    mecum commune? Si legerunt ac dissimulandum putant, certe diligentia et
    dexteritate tractandi perficiendum erat, ne cui suboleret fucus. Ego sane
    quanquam ita uersatus uideor in bonis autoribus, ut non magnopere sit opus ex
    recentiorum miscellaneis suffurari, tamen nullus est hodie literator tam triuialis
    quin, si libellum aederet adagia pollicentem, dignaturus sim eum lectione, quod
    uere dictum sit nullum esse librum tam malum unde non aliquid boni possis
    decerpere. Nollem legere eos qui tractant argumentum commune tecum, turpis est
    arrogantiae: dissimulare quum legeris, turpioris est ambitionis: inficiari
    beneficium, turpissimae ingratitudinis.

    Otro ejemplo es el uso que de ella hace Gabriel Alonso de Herrera, que  escribió a instancias de Cisneros un libro para mejora la práctica agrícola de su tiempo titulado “Agricultura General que trata de la labranza del campo y sus particularidades” (1513). Curándose en salud, afronta la crítica que alguien pueda hacerle de qué utilidad puede tener tal libro para agricultores generalmente iletrados, responde con Plinio la famosa frase:

    “No hay libro tan malo que en alguna parte no sea provechoso, siquiera para ocupar los ociosos algún poco de tiempo, para que no ejerciten vicios dedonde suelen resultar muchos escándalos y pecados”

    Pero probablemente las citas más famosas que se hacen en castellano son la del Lazarillo de Tormes, la de Mateo Alemán en el Guzmán de Alfarache y las dos que hace Cervantes en la II parte del Quijote.

    En el prólogo del Lazarillo la utiliza Diego de Mendoza usando la autoridad de Plinio en el sentido indicado de prudente presentación justificándose ante quien pueda sentir algún recelo:

    “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos, y no se entierren en la sepultura del olvido; pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite; y a este propósito dice Plinio “que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena” mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello.”

    En Guzmán de Alfarache I,33:

    Bien veo de mi rudo ingenio y cortos estudios fuera muy justo temer la carrera y haber sido esta libertad y licencia demasiada; mas considerando no haber libro tan malo donde no se halle algo bueno, será posible que en lo que faltó el ingenio supla el celo de aprovechar que tuve, haciendo algún virtuoso efecto, que sería bastante premio de mayores trabajos y digno del perdón de tal atrevimiento.

    Cervantes en el capítulo 3 de la II parte:

    La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos

    —No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno.

    —No hay duda en eso —replicó don Quijote—, pero muchas veces acontece que los que tenían méritamente granjeada y alcanzada gran fama por sus escritos, en dándolos a la estampa la perdieron del todo o la menoscabaron en algo.

    Y de nuevo en el capítulo 59 de la misma II parte:

    —Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.

    Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió:

    —¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?

    —Con todo eso —dijo el don Juan—, será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso

    Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho alzó la voz y dijo:

    —Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado ni puede olvidar a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna.


    Los ejemplos modernos son infinitos. Sirva como muestra de su uso internacional la cita que hace el famoso historiador Edward Emily Gibbon (1737-1794), autor de la gran obra The History of the Decline and Fall of the Roman Empire ( Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano). Dice Gibbon en sus  Memoirs of My Life and writings

    …and that I soon adopted the tolerating maxim of the elder Pliny, “nullum esse librum tam malum ut no ex aliqua parte  prodesset”.
       
    Oscar Wilde, modificó la frase, pero dándole un sentido moral desplazando la posible maldad  del contenido moral al lector, en el Prefacio de "El retrato de Dorian Gray".: 

    "No hay libros morales ni inmorales. Los libros están bien escritos o no lo están."

      La frase siempre me ha generado pensamientos enfrentados: por una parte cierto atractivo, casi fetichista, por el libro, por la letra impresa me impide despreciar y mucho más destruir cualquier texto; por otra encuentro que son muchos los libros verdaderamente deleznables, esencialmente malos, entre los cuales se cuentan la mayor parte de los modernos bestsellers. Encuentro libros de historia absolutamente falsos y faltos de rigor, encuentro publicitados bestsellers dignos de todo rechazo, encuentro libros moralmente (y no me refiero a la temática sexual) negativos.  Recuerdo con simpatía una vieja columna de una vieja revista de humor en los años duros de la dictadura, La Codorniz; en ella había una sección llamada “La cárcel de papel”  en la que eran recluidos los autores y escritos especialmente disparatados o falsos o malos de solemnidad. La verdad es que mucha de la letra impresa en forma de libro merecen si no la pena de muerte, contra la que me manifiesto contrario, sí una cadena perpetua en esa “cárcel, naturalmente de papel”.

    Al margen de todo ello el mismo Plinio nos dejó un buen consejo para lectores compulsivos:

    “Hay que leer mucho, no muchas cosas”  Plinio, Epistolas, 7,9,16 que viene a querer decir "hay que leer muchas veces un libro, no muchos libros"

    Multum legendum esse,  non multa

  • Un chiste actual de hace 2.000 años

    Hace unos días, en una charla de café o de cervecería, y a propósito de una conversación informal sobre el parecido físico entre algunas personas, un buen amigo, que ha vivido muchos años en Hispanoamérica, contó un chiste localizado en Venezuela:

    Un acaudalado terrateniente visitaba a caballo su enorme finca. Se encontró con un humilde operario, con la vista baja. Levantó el obrero su cabeza y quedaron ambos, patrón y operario, sorprendidos por el extraordinario parecido físico entre ellos. Curioso,  preguntó el patrón:
    – ¿ha estado su madre alguna vez en Caracas?
    Le contestó el  obrero:
    – Mi  mamá nunca, pero mi papá ha estado muchas veces.

    Respondió con toda sencillez y picardía el obrero, dándole al patrón una adecuada dosis de su propia medicina a quien pretendía poner en entredicho la honra de su madre.

    Pues bien, este chiste de hoy sólo tiene, al menos, 2.100 años.  Este es uno de los chistes, facetiae,  graciosidades, ocurrencias, agudezas  apophtegmatha antiguas que más éxito han tenido y que han perdurado hasta nuestros días.

    véase.:  https://www.antiquitatem.com/apotegma-aforismo-axioma-dicta-aurea

    Macrobio nos  cuenta esta “facetia” referida al emperador Augusto en su libro Saturnales, II  4, 19-20:

    Normalmente, en el caso de Augusto, admiro más las chanzas que soportó que las que él mismo profirió, porque mayor timbre de gloria hay en la paciencia que en la elocuencia, sobre todo cada vez que sobrellevó con ánimo sereno hasta sarcasmos que rebasaban la simple broma. Se hizo célebre la chanza mordaz de un fulano de provincia. Este hombrfe, de un parecido sorprendente con el César, había venido a Roma y todas las miradas se habían vuelto hacia él. Augusto ordenó que fuera conducido a su presencia y, tras verlo, le preguntó lo siguiente: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?”. Respondió que no,y sin contenerse, añadió: “Pero mi padre muchas veces”.

    Soleo in Augusto magis mirari quos pertulit iocos quam ipse quos protulit, qui maior est patientiae quam facundiae laus, maxime cum aequanimiter aliqua etiam iocis mordaciora pertulerit. 20 Cuiusdam provincialis iocus asper innotuit. Intraverat Romam simillimus Caesari et in se omnium ora converterat. Augustus perduci ad se hominem iussit, visumque hoc modo interrogavit: Dic mihi, adolescens, fuit aliquando mater tua Romae? Negavit ille, nec contentus adiecit: Sed pater meus saepe.

    Pero este chiste ya lo había contado antes el historiador del s. I a.C. Valerio Máximo en sus Hechos y dichos memorables IX  14,3:

    Aquel hombre, en cambio, que todo el mundo en Sicilia estaba de acuerdo en que era sumamente parecido al gobernador de la provincia, era de espíritu insolente. En efecto,como el procónsul le dijera que le asombraba que fuera tan parecido a él, dado que su padre nunca había venido a Sicilia, aquél replicó: “Pero el mío sí que fue a Roma”. Con esta broma vengó la castidad ultrajada de su madre arrojando, a su vez, la sospecha sobre la madre de aquel, con más audacia de la que convenía en alguien sometido a las varas y segures.

     Ille uero, quem in Sicilia prouinciae <rect>oris admodum similem fuisse constat, petulantis animi: pro consule enim dicente mirari se quapropter sui tam similis esset, cum pater suus in eam prouinciam numquam accessisset, "at meus" inquit "Romam accessit:" ioco namque lacessitam matris suae pudicitiam inuicem suspicione in matrem eius reiecta audacius quam uirgis et securibus subiecto conueniebat ultus est.

    Así que hemos de suponer que la historia corría por la Antigúedad, tal vez procedente de Oriente.  Se repitió una y otra vez en la Edad Media, en el Renacimiento siguiendo la versión de Macrobio, y aún después, llegando hasta nosotros y atravesando sin dificultad alguna el océano Atlántico, como hemos visto.

    La anécdota   la recoge de Macrobio en el siglo XII Juan de Salisbury en su  Policraticus. Petrarca recoge también las dos versiones, (la de Valerio Máximo y la de Macrobio)  en su Rerum memorandarum libri III (Los Cuatro Libros de las cosas dignas de ser recordadas), Lib. III, 3, 2

    Sobre la agudeza o las graciosidades. (Ejemplos) de fuera (de Roma)
    Un cierto joven
    Vino a Roma un joven extranjero, tan parecido en la forma de su cuerpo a Augusto, que todo el mundo quedaba sorprendido:  cuando Augusto se enteró de esto, viendo al joven que había llamado y reconociendo su imagen en el rostro de él, le hizo la siguiente pregunta: “Joven, ¿no ha estado tu madre alguna vez en Roma?  El joven se percató de lo pretendía y le dijo: “mi madre nunca, pero mi padre muchas veces”.  Rechazó con su agudeza la sospecha lanzada y motivó otra nueva. Esta historia se cuenta en los “Saturnalia”.  Ahora bien, Valerio Máximolo cuenta no de Augusto sino de un pretor anónimo y no de la madre, sino de los dos padres, y además recuerda dice que se le preguntó y respondió no en Roma sino en Sicilia, cuando un magistrado romano le preguntó a una persona de aquella provincia, muy parecido en la forma del cuerpo, diciéndole que estaba maravillado, de dónde venía tanta semejanza cuando su padre nunca había estado en Sicilia. Pero el joven le respondió: mi padre fue a Roma muchas veces.  ¿Cuál es  la versión más veraz y más fiel?  ¿Qué la fe, como se dice, quede en manos de cada autor!

    De dicacitate sive  facetiis, Externi
    Quidam iuvenis
    Iuvenis alienígena Romam venit, forma corporis tam similis Augusto, ut omnem populum spectaculi admiratione suspenderet: Augustus re audita, ad se iuvenem evocatum cernens, effigiemque suam in illius facie recognoscens, in hanc sententiam interrogavit: Fuit ne unquam o adoescens mater tua Romae?. Sensit ille quo pergeret. Et minime (inquit) mater, at pater meus saepe. Facete et illatam suspitionem repulit, et novam peperit: et haec quidem historia sic in Saturnalibus tradita est. Valerius autem Maximus: non Augusti, sed innominati praetoris,neque matris, sed duorum patrum mentionem facit, praeterea non Romae, sed in Sicilia interrogatum, responsumve commemorat. Percunctante enim magistratu  Romano quendam eius provinciae, sibi forma corporis simillimum, et mirari se dicente, unde haec tanta similitudo cum pater suus numquam in Sicilia fuisset. At ille respondit: Pater meus saepe Romam venit, quaenam sane verior, fideliorque narratio , fides (ut aiunt) apud autores maneat.

    En el siglo XV lo recoge la Mensa Philosophica. Mensa philosophica es una obra anónima publicada por primera vez en 1470, que fue un bestseller . El libro IV es una antología de 241 breves facetiae ofrecidas como tema de conversación para el  banquete. Es una mezcla de chistes antiguos y exempla (ejemplos). El mismo compilador reconoce la deuda con Macrobio y establece que la broma es necesaria para el relax de la mente y que los buenos chistes son necesarios para la mesa tanto como el buen vino.

    En la sección 5, De los emperadores, recoge la anécdota que estamos considerando:

    Vino a Roma cierto joven muy parecido a César  y cuando lo vio le pregunto: ¿estuvo tu madre alguna vez en Roma? El adolescente le respondió: “No, pero mi padre frecuentemente”.

    Intravit quídam Romam simillimus Cesari quem cum vidisset quaesivit a iuvene. Fuit ne mater tua quandoque Romae. Cui adolescens ille.Non sed pater frequenter.

    También lo recoge Johannes Pauli de Macrobio en  su colección de anécdotas que llama en alemán "Schimpf (Scherz) und Ernst"  (Bromas y veras) de inicios del XVI,

    Por supuesto lo recoge Erasmo de Rotterdam, sin reconocer ninguna fuente, en sus Apophthegmata (IV Augusto, 33):

    Tal como Augusto disfrutaba bromeando con chanzas amables a costa de otros, de igual modo soportó con suma paciencia que las lanzaran contra él o se las devolvieran, a veces harto pesadas. Un joven de provincia había venido a Roma, con un rostro tan maravillosamente parecido a Augusto, que atraía hacia sí la mirada de todo el pueblo. Oído esto, el César ordenó traerlo ante sí, y tras contemplarlo, le preguntó de este tenor: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?” Respondió que no, y percatándose de la chanza, la devolvió, añadiendo: “Pero mi padre muchas veces”. Augusto bromeando proyectaba cierta sospecha hacia la madre del joven,  dando a entender que había sido deshonrada por él; pero  el joven desvió raudo la sospecha hacia la madre del César, o hacia su hermana. Pues el parecido lo mismo probaba que él era hijo del César, como que era su hermano o sobrino.

    Quemadmodum Augustus gaudebat iocis liberalibus in alios ludere, ita in se iactos aut retortos  interdum liberius, patientissime tulit.  Adolescens quídam provincialis Romam venerat,oris similitudine tam mirifice referens Augustum,  ut in se populi totius oculos converteret. Caesar hoc audito iussit ad se perduci, eumque contemplatus, hunc in modum percontatus est;  Dic mihi, adolescens, fuit ne aliquando mater tua Romae? Negavit ille, ac sentiens iocum retorsit, adiiciens; sed patermeus saepe. Augustus ludens suspicionem intendebat in matrem adolescentis, velut ab ipso stupratam: at adolescens protinus eam suspicionem retorsit in matrem Caesaris, aut in sororem. Nam oris similitude non magis arguebat, illum esse Caesaris filium quam fratrem aut nepotem

    En castellano son varios los autores de la época que lo recogen, como  el humanista y cronista de Carlos V Pedro Mexía (1497-15519) en su Silva de varia lección (1540), Parte 1, capítulo XLI:

    También le pasó a Octaviano César otra graciosa cosa con un mancebo que vino a Roma en el tiempo en que él imperaba en ella. Fue ésta: que vino a Roma un mancebo que parecía tanto al mismo Octaviano en el gesto, que a maravilla era mirado por todos; y siendo avisado de esto Octaviano, luego lo hizo traer ante sí, donde se notó y certificó más la grande similitud que había entre ellos. El emperador, como era de dulce conversación y se preciaba de decir algunas veces cosas agudas y graciosas, viendo que todos decían que le parecía mucho, le dijo al mancebo: “Dime, hermano, ¿vino tu madre alguna vez a Roma?” El mozo entendió la malicia y respondióle: “Mi madre, señor, nunca vino a Roma; pero mi padre vino muchas veces”, motejándole a él de lo que él había sido tocado.

    También Timoneda lo recoge con alguna ligera variación en su Sobremesa, Parte 2, cuento XLII:

    Fue avisado un rey que un mancebo  de su mesma estatura y edad le parescía en grandíssima manera. Deseoso el Rey de ver si era así, mandóle llamar, y conociendo ser verdad, preguntóle: “Dime, mancebo: ¿acuérdaste si por dicha tu madre por algún tiempo estuvo en esta mi casa?” Respondió: “Señor, mi madre no; pero mi padre sí”.

    El cuento, anécdota o chiste se encuentra, como es lógico en las colecciones de cuentos  y chistes clásicos de cualquier otro país. Así en Nouvelles récréations et joyeux devis  de Bonaventure des Périers (circa 1510-circa 1544);  en los Dreihundert gemeyner  Sprichwörter  (Trescientos refranes frecuentes)  de Johan Agrícola. Ludovico Domenichi, en su Historia varia, se lo aplica al papa Bonifacio VIII y a un peregrino.

    Así que el chiste se ha repetido durante todos los siglos desde el primero al vigésimo, como hace, por ejemplo Freud, que lo recuerda en su Jokes and their Relation to the Unconscious, que en la versión inglesa de James Strachev, Nueva York, 1963, pág. 68-69 dice:

    “Serenissimus” is touring the provinces. Seeing in the crowd a man who bears a close resemblance to himself, he inquires, “Was your mother at one time in service at the palace?” “No, your Highness”, was the reply, “but my father was”.

    "Su serenísma" estba de gira por las provincias. Al ver entre la multitud a un hombre que tenía  un gran parecido con él  mismo, le preguntó: "¿Estuvo  tu madre alguna vez en el servicio de  palacio?" "No, su Alteza", fue la respuesta, "pero mi padre sí estuvo".

    Nota: “Serenissimus” es un nombre convencional  para los personajes reales en los cuentos en Alemania.

    Incluso la historia también se conocía en la literatura oriental árabe o persa; podemos preguntarnos por ello si el origen no estará precisamente en Oriente. La referencia se encuentra en  el cuento muy similar que  Jonathan Scott  nos ofrece en la pág. 300 de su obra “Tales, anecdotes and letters translated from the Arabis and Persian”,(Cuentos, anécdotas y cartas traducidas del árabe y del persa) editado en 1800 en Londres.

    Las siguientes anécdotas son traducción de un manuscrito titulado UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, mencionado en la introducción.
    Habiendo oído un sultán que un hombre  de ingenio era reconocido como una persona muy parecida a él mismo, se mostró curioso por verlo y envió para que lo llevaran a la corte.  Una vez introducido a su presencia, le dijo: “Recuerdo bien a tu madre. Era una hermosa mujer que acostumbraba a atender  a los  harams (¿malos deseos, prohibidos, ?) del sultán  y a los miembros de la nobleza con sus riquezas y joyas, como una dullalla (¿vendedora?) sacando gran beneficio  de su honrosa  visita. El hombre ingenioso, comprendiendo la alusión del sultán, le contestó:  “No es así; mi madre era una mujer solitaria, que nunca dejó su casa, y nada sabía de comerciar; pero mi padre fue un extraordinario diseñador, que era llamado frecuentemente  a los jardines de palacio real y al noble harams, para diseñar, sembrar flores y plantar árboles.”  El sultán admiró su ingenio y le hizo uno de sus más íntimos cortesanos.

    THE FOLLOWING ANECDOTES ARE TRANSLATED FROM A MANUSCRIPT INTITLED  UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, MENTIONED IN THE ADVERTISEMENT
    A CERTAIN sultaun hearing that a man of wit was reckoned in person very like himself, was curious to see him, and sent for him to court. Upon his introduction, he said, “I remernber your mother well. She  was a handsome woman, and used to  attend the harams of the sultaun and
    nobility with rich goods and jewellery, as a dullalla,  reaping much profit from her honourable calling." The wit, understanding the sultaun's allusion, replied, " Not so; my mother was a secluded woman, who never left her house,   and knew nothing of trade; but my father was an eminent designer,  who was frequently called to  the gardens of the royal and noble  harams, to lay out, sow flowers, and plant trees." The sultaun admired his wit, and made him one of his intimate courtiers.

    Nota: dullalla  =  comerciante

    En resumen, un chiste con notable éxito temporal y geográfico.  Lo que no me aclaró el amigo, cuyo relato ha dado origen a este artículo, es si el terrateniente venezolano se tomó la respuesta del obrero con la misma deportividad que el emperador Augusto.
     

  • Biblioteca de Alejandría (y 6): La Biblia en griego de los Setenta

    En la populosa ciudad de Alejandría existió una comunidad hebrea muy numerosa. Los judíos formaban ya numerosos grupos en todo el mundo griego, hasta el punto de que muchos de ellos apenas si entendían el arameo o el hebreo.

    Los reyes grecomacedonios de Egipto, los Ptolomeos, que gobernaban desde Alejandría, mantuvieron buenas relaciones con la comunidad judía, muy influyente. Tuvieron mucha menos consideración con los egipcios autóctonos, que por cierto tampoco tenían buenas relaciones con los judíos.

    Como decía, eran muchos los judíos grecoparlantes que cada vez entendían menos el hebreo, lengua religiosa por excelencia de los judíos y el arameo que era lo que se hablaba en Judea. Esto obligó a que se fueran traduciendo los libros religiosos judíos al griego.

    Por otra parte es bien conocido el objetivo de la famosa biblioteca de Alejandría de coleccionar “todos” los libros de todas las lenguas existentes en el mundo. Así que al interés de los griegos por todos los libros del mundo, incluidos los hebreos, se unía el interés de los judíos por hacer  ver que sus leyes no eran incompatibles con el mundo helenístico.

    Estas dos circunstancias conformaron el ambiente adecuado para que un judío interesado creara siglo y medio o dos siglos después de la creación de Alejandría una versión fantástica de la traducción del Pentateuco al griego.

    Piénsese que el texto de un libro sagrado, transmitido de manera maravillosa por la divinidad, tiene un valor ritual en sí mismo y por lo tanto es reacio a ser traducido a cualquier otro idioma. Pues bien, en esta época aparece la famosa “Carta de Aristeas” que narra el proceso por el que se llevó a cabo esta traducción. Se trata de un documento muy probablemente del siglo II a.C., atribuido a un tal Aristeas, judío que se presenta como griego.

    El objetivo es sin duda enaltecer la importancia de la comunidad judía en el mundo griego y  explicar por qué fue necesario traducir los libros sagrados judíos al griego. El documento, falso evidentemente, tuvo notable fortuna en su trasmisión en el mundo antiguo y medieval.

    En síntesis nos cuenta cómo Ptolomeo II, por consejo de Demetrios de Falera, encarga a 72 hombres sabios,6 por cada una de las 12 tribus de Israel, ofrecido por el  Sumo Sacerdote de Jerusalén, Eleazar (en realidad parece empresa casi imposible encontrar 6 expertos por tribu para una traducción correcta al griego),   la primera traducción del Pentateuco al griego (probablemente existieron algunas traducciones anteriores de algunos textos judíos).  Los traductores fueron encerrados por parejas en 36 celdas aisladas. Emplearon exactamente 72 días y coincidieron absolutamente en los términos. Obsérvese cómo los 72 expertos se redondean y reducen a 70,cifra más acorde con la importancia del número 7 en la tradición semítica en general.

    Nota: sin duda la importancia del número siete está en relación con el ciclo lunar y sus fases de siete días cada una precisamente.

    Luego, esta traducción de los Setenta  (la Septuaginta) fue prontamente adoptad por los cristianos como propia.

    Leamos alguno de los fragmentos más significativos de este relato fantástico del que un somero análisis de las propias contradicciones y anacronismos revela su falsedad, asunto que no analizo en esta ocasión:

    [9] Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Fáleron, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. [10] Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». [11] «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres; tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;(8) pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto.
    …..
    He aquí la copia del informe: [29] «Al gran Rey, de parte de Demetrio. Según tu encargo, oh Rey, con respecto a los libros que faltan para completar la biblioteca, de qué modo han de ser reunidos y de la conveniente restauración de los que fueron maltratados por azares de fortuna, tras ocuparme, y no a la ligera, de tales asuntos, vengo en someter a tu consideración el informe siguiente. [30] Faltan, junto con otros pocos, los libros de la Ley de los judíos. Se hallan escritos en letras y lengua  hebreas, traducidos  a descuido y no como conviene, al parecer de los competentes; pues no han gozado del cuidado real. [31] Preciso es que también éstos se hallen junto a ti, en una versión cuidada, por ser Ley henchida de sabiduría y muy pura, como que es divina. Por ello se han abstenido escritores, poetas y la pléyade de historiadores de hacer memoria de los antedichos libros y de los hombres que por ellos se han regido: porque su doctrina es augusta y sagrada, como sostiene Hecateo de Abdera. [32] Si te parece bien, oh Rey, se escribirá al sumo sacerdote de Jerusalén para que nos envíe hombres de vida irreprochable, Ancianos avanzados en años, expertos en la materia de sus leyes, seis por cada tribu, a fin de que, examinando el acuerdo de la mayoría y adoptando una interpretación precisa, constituyamos con evidencia una versión digna del argumento y de tus intenciones. Que seas feliz en todo».

    [35] «El Rey Ptolomeo al Sumo Sacerdote Eleazar, salud y alegría.
    ….
    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales. [39] Obrarías magnánimamente y de un modo digno de nuestra solicitud si eliges hombres de vida irreprochable, Ancianos expertos en la Ley, capaces de traducirla, seis por cada tribu, de modo que se descubra el acuerdo de la mayoría, visto que la investigación versa sobre algo de altísima importancia. Pues pensamos que, cumplida esta tarea, nos reportará gran gloria.

    [41] A esta carta respondió dignamente Eleazar lo siguiente: «Eleazar, Sumo Sacerdote, saluda al Rey Ptolomeo, su amigo de corazón. Salud a ti, a la reina Arsínoe, tu hermana, y a vuestros hijos.
    ….
    [46] En presencia de todos escogimos hombres nobles, Ancianos, seis por cada tribu, a los que despachamos custodiando la Ley. Bien obrarás, oh Rey justo, tomando previsiones para que, una vez ejecutada la traducción de los libros, estos varones regresen a nosotros con seguridad. Salud».
    …..
    [121] Eleazar eligió a los mejores varones, y por su cultura excelentes, como nacidos de padres prestigiosos, en posesión no sólo de las letras judías; antes bien, se habían dedicado, asimismo, y no a la ligera, a la instrucción helénica;
    ….
    [301] Después de tres días, Demetrio los tomó consigo, y tras recorrer el dique de mar de siete estadios hasta la isla [de Faros], cruzó el puente y, avanzando hacia la parte norte, les congregó en una mansión bien dispuesta junto a la playa, de gran belleza, e inmersa en una paz profunda; y les exhortó a llevar a término la traducción, pues que estaban bien provistos de todo lo que precisaran. [302] Y la ejecutaron, poniéndose de acuerdo mediante confrontaciones entre ellos acerca de cada punto; el resultado quedaba fijado oportunamente por escrito, a cargo de Demetrio. [303] Hasta la hora nona se prolongaba la sesión; después se separaban para dedicarse a los cuidados del cuerpo, facilitándoseles con espléndida provisión cuanto pudieran desear.
    ……
    [307] Tal como lo he dicho, cada día, congregados en este lugar, que hacían tan deleitoso la calma y luminosidad, llevaban a cabo la tarea fijada. Y acaeció que la traducción fue completada en setenta y dos días, como si hubiese sucedido por una suerte de premeditación. [308] Cuando se llegó al cumplimiento, reunió Demetrio a la comunidad de los judíos  en aquel lugar donde la traducción había sido realizada, y se la leyó a todos, en presencia de los Traductores, que se granjearon una recepción magnífica también por parte del pueblo, como responsables de magníficos bienes. [309] Tal acogieron a Demetrio también, exhortándole a entregar a los rectores de su comunidad una copia de toda la Ley. [310] Después de leídos los rollos, en pie los sacerdotes y los Ancianos de los Traductores y los rectores del común proclamaron: «Puesto que ha sido traducida hermosamente y con piedad, y con exactitud plena, bien está que permanezca como ella es y que no se produzca la menor alteración». [311] Todos aclamaron tales dichos y les exhortaron a lanzar una maldición, según es usanza entre ellos, contra cualquiera que alterase, añadiendo, modificando o suprimiendo, el tenor de lo escrito; bien obraron, a fin de que fuera preservado incólume perpetuamente.
    [312] Comunicadas al Rey estas nuevas, se alegró grandemente; pues reputó que la intención que había tenido se había realizado a satisfacción. Una vez que todo le fue leído, admiró en extremo la sabiduría del legislador y preguntó a Demetrio: «¿Cómo es que, con una perfección semejante, acaeció que jamás ningún historiador o poeta hiciera de ella memoria?». [313] Aquél le dijo: «Porque la Ley es sagrada y de Dios procede; algunos que lo intentaron, heridos por la mano de Dios, renunciaron al intento». [314] Y le dijo haber oído contar a Teopompo  que cuando estaba a punto de insertar en sus Historias ciertos pasajes traducidos de la Ley de un modo asaz imprudente, sufrió una perturbación de la mente durante más de treinta días; en una tregua imploró a Dios que le revelara cuál era la causa de su infortunio. [315] Habiéndosele manifestado en sueños que el haber querido insensatamente comunicar las cosas divinas a los profanos, renunció a ello y recobró la salud. [316] «Y del propio Teodecto, el poeta trágico, he escuchado yo mismo que, en el punto de introducir algo de la Biblia  en un drama suyo, sus ojos sufrieron un glaucoma; como sospechase que por esta razón le sobrevino la desgracia, invocando a Dios se curó, al cabo de muchos días».

    Es muy interesante la versión del obispo Epifanio(circa 310-403), básicamente coincidente, con alguna aportación, que evito reproducir en su integridad. Quien tenga interés puede localizar el texto de Epifanio en la red, si bien en inglés; no conozco versión al castellano. Puede encontrarlo por ejemplo en http://www.tertullian.org/fathers/epiphanius_weights_03_text.htm#C2

    Epifanio de Salamis o de Salamina:  De mensuris et ponderibus, 9:

      …Y los primeros traductores  de 80 de las divinas Escrituras del hebreo al griego eran setenta y dos hombres en número , los que hicieron la primera traducción en los días de Ptolomeo Filadelfo . Ellos fueron escogidos de las doce tribus de Israel, seis hombres de cada tribu , como Aristeas ha transmitido en su work.81 Y sus nombres son los siguientes: 82 en primer lugar, de la tribu de Rubén, Josefo , Ezequías , Zacarías , Johanán , …
    Estos son los nombres , como ya hemos dicho, de las setenta y dos traductores .

    Y sigue con el relato…

    Tambén Flavio Josefo, el historiador judío que escribió en griego, cuya obra conservaron los romanos, también cuenta tan interesante cuestión en sus Antiguedades Judias, Lib. 12, 2, 1 ss:

    “Alejandro reinó durante doce años, y después de  él Ptolomeo Sóter durante  cuarenta. Después  subió  al trono de Egipto Filadelfo, que reinó durante treinta y nueve años; éste mandó  traducir la ley judía y liberó  de la esclavitud a ciento veinte mil  judíos.
    Demetrio de Faleras, director  de la biblioteca del rey, pretendía  reunir todos los libros del mundo si era posible, comprando todos los escritos que fueran famosos o fueran dignos de estudio o de interés; imitaba  en esto  al propio rey que era también muy aficionado a los libros.
    Un día le preguntó Ptolomeo cuántos miles de libros había reunido ya; le respondió que tenía ya cerca de doscientos mil, y  que dentro de poco llegaría a los quinientos mil. Añadió que se le había informado que  los judíos tenían  varios libros con sus leyes dignos de estudio y de la biblioteca regia; pero que  estaban  escritos con unas letras e idioma propios de ellos y que supondría un gran esfuerzo su traducción al griego”.

    Y sigue relatándonos el episodio de Aristeas, que evito al lector por estar básicamente narrado ya.

    Esta apología y encomio de la milagrosa y fantástica traducción  fue compartida por los primeros padres cristianos que la encontraron compatible con la tradición cristiana y es el asunto central cuando hablan de la Biblioteca de Alejandría y de los libros en general..

    Así además de los citados, Tertuliano en Apologético, 18,5:

    “El más erudito de los Ptolomeos, a quien llaman Filadelfo, expertísimo en todo tipo de literatura, creo que competía  con Pisístrato en la afición a las bibliotecas, entre otros  documentos históricos, cuya antigüedad o algún interés curioso  exigía su conservación,  por consejo de Demetrio de Falero,  el más considerado de los gramáticos de entonces,  al que había encargado la dirección (de la biblioteca), solicitó libros también a los judíos, que ellos solos tenían en sus propias y antiguas letras”.

    (y sigue comentando el párrafo de la Carta de Aristeas).

    [5] Ptolemaeorum eruditissimus, quem Philadelphum supernominant, et omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum, opinor, aemularetur, inter cetera memoriarum, quibus aut vetustas aut curiositas aliqua ad famam patrocinabatur, ex suggestu Demetri<i> Phalerei, grammaticorum tunc probatissimi, cui praefecturam mandaverat, libros a Iudaeis quoque postulavit, proprias atque vernaculas litteras, quas soli habebant

    Pero San Jerónimo, que traduce directamente del hebreo que conoce,  es crítico con la versión de los LXX y así, por ejemplo, en la carta XXXIV (a Marcela) rechaza la traducción que los LXX hacen de "Pan de aflicción"  por l "Pan de los ídolos", así como otros casos.

    Naturalmente, la científica Filología choca con la intransigente permanencia de los “textos sagrados”, a fin de cuentas obra de hombres.

    Un resumen tardío de todo ello lo encontramos en San Isidoro en sus Etimologías, VI, 3 y 4:, capítulos titulados  De bibliothecisDe interpretibus respectivamente:

    Libro VI. Sobre las bibliotecas, 3, 5

    Luego Alejandro Magno y sus sucesores se aplicaron  con toda  su alma  en dotar a las bibliotecas de todos los libros. Sobre todo  Ptolomeo, de sobrenombre Filadelfo, el mejor conocedor de toda la literatura, tratando de emular a Pisístrato en su afición por las bibliotecas, dotó a su biblioteca no sólo de los escritos de los gentiles, sino también de las Sagradas Escrituras. Así pues, en su época se encontraban en Alejandría setenta mil libros.

    Lib. VI, cap. 3, 5: (De bibliothecis)
    Dehinc magnus Alexander, vel succesores eius instruendis ómnium librorum bibliothecis animam intenderunt, maxime Ptolomeus cognomento Philadelphus omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum aemularetur, non solum gentium scripturas, sed etiam et divinas literas in bibliothecam suam contulit. Nam septuaginta milia librorum huius temproibus Alexandriae inventa sunt.

    Libro VI, cap. 4, 1-5  Sobre los intérpretes

    1. Este (Ptolomeo Filadelfo) pidió también al sagrado pontífice Eleazar las escrituras del Antiguo Testamento y se ocupó de que se tradujeran de la lengua hebrea a la griega por obra de setenta intérpretes, y las guardó en la biblioteca alejandrina.
    2. Pues bien, separados de uno en uno en celdas individuales, interpretaron por obra del Espíritu Santo todos los textos de tal manera que no se encontró en el cuaderno de ninguno de ellos algo que no estuviera en los otros o discrepara incluso en el orden de las palabras.
    3. Hubo también otros intérpretes que tradujeron de lalengua Hebrea a la griega las Sagradas Escrituras , como  Aquila, Símmaco y Teodoción; asi como también  existe aquella  traducción Vulgar (en lengua vulgar, en latín), cuyo autor no se conoce, y que por esto, se le llama Quinta Edición, sin nombre  de intérprete.
    4. Además, Orígenes, en un trabajo admirable, realizó una sexta y una séptima edición, que comparó  con las otras ediciones.
    5. También el presbítero Jerónimo, experto en las tres lenguas, tradujo del hebreo a la lengua latina  esas mismas Escrituras y las trasladó con gran perfección. Con todo merecimiento se antepone la  traducción de este intérprete a las demás, porque es no sólo la  más precisa  en las palabras, sino también la más clara en la comprensión de  las frases.

    Cap. 4 (De interpretibus).:

    1. Hic etiam ab Eleazaro sacro pontífice petens scripturas veteris testamenti, in Graecam vocem ex Hebraica lingua per septuaginta interpretes transferre curavit, quas in Alexandrina biblioteca habuit.
    2. Siquidem singuli in singulis cellis separati ita omnia per Spiritum sanctum interpretati sunt, ut nihil in alicuius eorum codice inventum esset, quod in ceteris vel in verborum ordine discreparet.
    3. Fuerunt et alii interpretes, qui ex Hebraica lingua in Graecam sacra eloquia transtulerunt, sicut Aquila, Symmachus et Theodotion, sicut etiam Vulgaris illa interpretation, cuius auctor non apparet et ob hoc sine nomine interpretis Quinta edition nuncupatur.
    4. Praeterea sextam et septimam editionem Origenes miro labore reperit, et cum caeteris editionibus comparavit.
    5.  Presbyter quoque Hieronymus trium linguarum peritus ex Hebraeo in Latinum eloquium easdem scrpturas convertit, eloquenterque transfudit. Cuis interpretati merito caeteris antgefertur. Nam est et verborum tenacior, et perspicuitate sententiae clarior.

    En todo caso no todos los judíos celebraron la traducción del Pentateuco al griego. Algunos  consideraron poco adecuado, cuando no sacrílego, compartir el mensaje sagrado de una lengua sagrada con todos cuantos gentiles o judíos hablasen griego.

    Filón de Alejandría (vivió aproximadamente del 15 a.C. al 50 d.C.),  cuenta cómo en su época se celebraba cada año en la isla de Faros una fiesta para conmemorar esta traducción. Pero no todos recordaban el hecho con la misma alegría; el Talmud lo recuerda como «día de ayuno y duelo, para expiar el pecado cometido al divulgar la Torah en la lengua de los Goyim (naciones extranjeras)»

    Y en la crónica  “Megillat Ta'anit”  escrita en arameo, podemos leer:

    “En el octavo (V), el siete de Tebet (diciembre-enero) se escribió la ley en griego en los días del rey Ptolomeo, y las tinieblas cayeron sobre el mundo durante tres días”.

    Así que no deja de ser curioso que los judíos rechacen la traducción y sean los cristianos posteriores los que la acojan sin reservas.

    Es evidente que la traducción expropiaba al Antiguo Testamento como propiedad exclusiva de los judíos a la vez que era la prueba evidente de la división de los judíos entre los que hablaban hebreo o arameo y los que sólo hablaban griego.

    Los santos padres y escritores cristianos Justino, Ireneo de Lión, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Julio el Africano, Eusebio, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Ambrosio van preparando la leyenda que Epifanio, obispo de Salamina en Chipre  (310-403) construye por completo: la traducción es obra de la inspiración divina.

    Luego, cuando Roma es omnipresente y casi omnipotente, la biblia hubo de ser traducida al latín y así lo hace San Jerónimo con la llamada “La Vulgata”  porque el latín es la lengua del vulgo, del pueblo, frente al griego, lengua erudita.

    A su vez, de la Vulgata proceden otras muchas traducciones a lenguas europeas modernas, que tardaron en producirse por la razón antes aducida de la tendencia de los textos sagrados a su permanencia e inalterabilidad y a mantenerse como textos rituales que no han de estar al alcance de todos los mortales. Este es otro tema, pero recordemos el episodio referente a San Luis de León que sufrió persecución por traducir libros de la biblia o a Lutero, que la tradujo por primera vez al alemán para ponerla a disposición de los fieles y de paso reafirmar con un importante documento escrito la lengua alemana.
     

  • La Biblioteca de Alejandría (3): La biblioteca de Alejandría adquirió libros de manera harto curiosa

    La pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera. Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    La  pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera.   Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    El procedimiento más frecuente de adquisición sería sin duda la compra de originales o de copias. En otro artículo  ya hemos citado a Ateneo a propósito de la compra de la biblioteca de Aristóteles y Neleo. https://www.antiquitatem.com/biblioteca-de-alejandria-ptolomeo-serape

    Según una versión,  Ptolomeo II había comprado la biblioteca de Aristóles, que según otras fuentes  acabó en Roma. Naturalmente es imposible que la  biblioteca de Aristóteles estuviera en dos lugares al mismo tiempo, en Alejandría y en Roma, pero la discrepancia en el destino final de la biblioteca de Aristóteles lo que indica es el interés de los romanos por atestiguar su participación en la génesis de la cultura occidental, de la que la tradición aristotélica es parte esencial: Alejandría sigue siendo el centro cultural, pero el poder político ahora está en Roma.

    Además de la compra de originales, el método más frecuente, como decía sería la copia  de textos.
    En realidad, en su pretensión de coleccionar todos los libros del mundo, lo que intentan también es traducirlos al griego, porque no aprendieron todas las lenguas pero los Ptolomeos sí pretendían conocer a los pueblos que conquistaban (Alejandro conquistó un enorme imperio) como un instrumento más de dominio.  Así que naturalmente les interesaron los libros sagrados de otros pueblo (judíos, Zoroastro…, egipcios…)

    El médico Galeno, que vivió en el siglo II de Cristo, nos da alguna información curiosa sobre la adquisición de libros. Galeno nos comenta cómo, en el afán por conseguir los volúmenes,  se requisaban las obras que hubiera en  las naves que llegaban a Alejandría, se copiaban y se entregaban las copias a sus dueños, no los originales requisados.

    Nos lo cuenta en su obra “Hippocratis  Epidemiorum  et Galeni in illum commentarius I (Libro de Hipocrates  sobre las epidemias y comentario de Galeno sobre él, en el Tomo XVII, Libro II (239) (página 606) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino, que es más asequible para más lectores que el texto griego:

    Dicen algunos que el mismo  rey de Egipto Tolomeo los trajo de Panfilia (Pérgamo) y que era tal su ambición por los libros, que ordenó que se le llevaran los libros de todos los nombres y que se copiaran en nuevos papiros y se entregasen los escritos a sus dueños, que se le llevasen los libros de las naves que arribaban y se colocasen en las estanterías los transportados en las naves y se les pusiese  el título “Libros de (procedentes) de barcos”.

    Nonnuli vero et ipsum ex Pamphylia asportasse et regem Aegypti Ptolemaeum ita libroum ambitionem fuisse, ut appellantium ómnium libros ad se deferre iuberet et hos in novas chartas scriberet daretque scriptos dominis, a quibus appulsis libri ad ipsum asportati essent et naves advectos libros in bibliothecis reponeret, essentque ipsis inscriptiones  “Libri ex navibus”.

    El caso más llamativo de este procedimiento abusivo fue sin duda cómo Atenas prestó las copias oficiales  de las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides contra la garantía de 15 talentos; la biblioteca entregó las copias de las copias, es decir, se quedó con los originales y perdió los talentos, que equivalían a 90.000 dracmas o  540.000 óbolos (un jornalero ganaba unos dos óbolos diarios).

    Nos lo cuenta el mismo Galeno en la misma obra una página después, en la 607 de la edición de Kühn:

    De hasta qué punto se interesaba en la compra de libros antiguos el famoso Ptolomeo no es pequeña prueba lo que dicen que hizo con los Atenienses. Recibió las obras de Sófocles, Eurípides y Esquilo para copiarlas simplemente y devolveros inmediatamente después íntegros contra la fianza de quince talentos de plata. Sin embargo, una vez que los copió magníficamente en el mejor papiro, se quedó con los que había recibido de los Atenienses, y les envió a ellos los que él había copiado, rogándoles que se quedasen con los quince talentos y recibiesen los  libros nuevos en lugar de los viejos que ellos habían entregado. Y así si no hubiese enviado también a los Atenienses los libros nuevos pero hubiese retenido los antiguos, nada podían hacer ellos, que en todo caso habían recibido la plata con esa condición, que ellos se quedarían con la plata si él se quedaba con los libros; y así recibieron los libros nuevos y se quedaron con la plata.

       Quod autem Ptolommaeus ille ad antiquorum librorum comparationem ita sollicitus esset non parvum esse testimonium aiunt quod cum Atheniensibus fecit. Dato namque ipsis pignore quindecim talentorum argenti accepit Sophoclis, Euripidis et Aeschyli libros, ut solum scriberet, deinde statim salvos redderet. Ubi autem magnifice in chartis optimis paravit,quos ab Atheniensibus acceperat, retinuit; quos vero ipse paraverat, ad ipsos misit, rogans ut quindecim talenta tenerent, acciperentque novos pro veteribus quos dedissent libris. Atheniensibus itaque si quoque non novos libros misisset, antiquos vero retinuisset, nihil aliud faciendum erat istis, qui utique argentums ex tali conditione acceperant, ut hoc ipsi detinerent, si ille quoque libros detineret; proptereaque novos libros acceperunt et argentum  detinuerunt.

    La demanda de tantos libros aguzó el ingenio de algunos. Galeno comenta cómo algunos desaprensivos se aprovechan del interés de las bibliotecas de Pérgamo y Alejandría y de los precios que pagan para cometer algunos abusos y falsificaciones, algunas con gran habilidad en la mezcla de lo auténtico y lo espurio o  como por ejemplo mezclar varias obras en una para hacerla de mayor extensión. 

    Nos lo cuenta en su obra “Hioppocartis de natura hominis liber et Galeni in eum commentarius” (Comentario de Galeno al libro Sobre la naturaleza del hombre de Hipócrates), en el Tomo XV, Libro II (128) (página 109) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino.

    En el  tiempo en que los reyes Atalo y Ptolomeo rivalizaban entre sí a porfía para comprarse libros,  se comenzó a falsificar los títulos y clasificación de los libros por parte de aquellos que obtenían dinero de los reyes por escritos de los autores más célebres ofrecidos por ellos. Así como dos libros, uno de ellos sobre la naturaleza del hombre y otro sobre la condición del alimento saludable, fueran pequeños, pensando alguien que por su pequeñez ninguno de los dos serían valorados en mucho, los fundieron los dos en uno solo.

    Quo enim tempore Attalus et Ptolemaeus reges certatim inter se de comparandis sibi libris contendebant: ab his qui ex oblatis celebriorum virorum scriptis pecuniam a regibus reportabant, coepere inscriptiones et digestiones librorum vitiari. Quum itaque uterque liber tum de natura hominis tum de salubri victus ratione parvus extiterit, arbitratus aliquis ob parvitatem neutrum ipsorum multi ducendum ambos in unum et eundem simul contulit.

    Es especialmente llamativa la adquisición por parte de la biblioteca de Pérgamo de una nueva Filípica de Demóstenes que la de Alejandría se encargó de demostrar que existía en sus estanterías pero como parte del libro séptimo de Anaxímenes de Lampsaco; a pesar de ello se siguió comentando  la pseudo-Filípica aunque advirtiendo que no era auténtica. Dídimo de Alejandría (;  Δίδυμος χαλκέντερος,  Didymos chalkenteros,  en latín Didymus Chalcenterus, que significa «Dídimo tripas de bronce», conocido también como Bibliolathas ,"Olvidalibros", h. 63 a.C.-10 d.C., llega a decir rizando el rizo, según indica Cánfora en su obra “La  biblioteca desaparecida”:

    algunos sostienen que el discurso no es auténtico porque se encuentra tal y como está en las Filípicas de Anaxímenes”.

    Ptolomeo II escribió también a otros colegas reyes pidiendo obras para su biblioteca. Incluso se tradujeron al griego obras de otras lenguas, persas, babilónicos, caldeos y egipcios, judíos. El ejemplo más relevante fue la traducción  del Pentateuco en la llamada versión de Los Setenta, como cuenta la famosa Carta de Aristeas, asunto al que dedicaremos otro articulillo.

    Se cuenta cómo Ptolomeo escribió una carta a todos sus colegas reyes y gobernantes de la tierra en la que les rogaba que le enviasen cualquier obra de cualquier autor. El siguiente texto de  Epifanio de Salamis o de Salamina (ca 310–20 – 403) , obispo….en su obra de De mensuris et ponderibus, 9 (Sobre las pesas y medidas)  Nos lo cuenta y también nos informa de la tarea enorme de la traducción al griego:

    Περί μέτρων και σταθμών
    Texto de Epianio: De mensuribus et ponderibus, 9

    Después del primer Ptolomeo, el segundo que reinó en Alejandría, el llamado Ptolomeo Filadelfo, era, como ya se ha dicho, un amante de la belleza y del conocimiento. Fundó una biblioteca en la propia ciudad de Alejandría,  en la parte  llamada el Bruchion, que es un barrio de la ciudad que todavía está arrasado en ruinas. Puso al frente de la biblioteca  a un tal Demetrio, de Faleras, con el encargo de que recopilara todos los libros existentes en cualquier parte del mundo. Escribió cartas y solicitó a todos los reyes y príncipes de la tierra que se tomasen la molestia de enviarle los que hubiera en su reino o principado. .. Me refiero a los libros escritos por los poetas y escritores en prosa y por los  oradores y los filósofos y los físicos y los profesores de medicina y por los historiadores y por cualquier otro autor. Y una vez que el trabajo hubo avanzado y se habían recogido libros de todas partes, un día el rey preguntó al hombre que había sido puesto al frente de la biblioteca ¿cuántos libros habían sido recogidos ya en la biblioteca? Le respondió al rey diciendo: “Ya hay aproximadamente 54.800 libros más o menos; pero hemos oído que hay una gran cantidad en el mundo, entre los cusitas, los indios, los persas, los elamitas, los babilonios, los asirios y los caldeos, y entre los romanos, los fenicios, los sirios, y los romanos de Grecia”— en aquel tiempo llamados no romanos sino latinos. “Además con éstos están en Jerusalén yJudea las divinas escrituras de los profetas, que hablan sobre dios y la creación del mundo y todas las demás doctrinas de valor general.  Por eso, si le parece bien a su majestad, oh rey, que enviemos por ellos también, escriba a los doctores de Jerusalén y ellos se los enviarán a su gracia (su graciosa majestad) para que los coloque esos libros en esta biblioteca”. Entonces el rey escribió la carta en estos términos:

    Nota:  Esta obra “De mensuris et ponderibus (Περί μέτρων και σταθμών), Sobre pesos y medidas,  que se escribió en Constantinopla el año 392, es en realidad una especie de “diccionario de la Biblia” que trata de las traducciones del Antiguo Testamento, de los pesos y medidas que aparecen en esos libros y de la geografía de Palestina. Se ha conservado entero en lengua siria y fragmentariamente en griego y armenio.

    Es evidente que los coleccionistas, movidos frecuentemente de un deseo compulsivo, no reparan  ni en gastos ni en medios, sobre todo si disponen de los recursos necesarios. Pero en fin, esta manía de coleccionar libros no es la peor de todas.

    Por otra parte, la pretensión ptolemaica de coleccionar todos los libros del mundo parecía empresa imposible para su época. ¿Lo es también hoy día, en la época de la globalización digital? ¿No es esta  pretensión mítica la que hoy persiguen proyectos como “google books”  o las enciclopedias electrónicas como “Wikipedia”?

  • Biblioteca de Alejandría (2) ¿Cuántos volúmenes tenía la Biblioteca de Alejandría?

    Sabemos que la Biblioteca de Alejandría tuvo pretensiones de almacenar todo el saber universal de la época, pero ¿cuántos volúmenes tuvo en realidad?

    Este sueño de almacenar todo el conocimiento del momento encandila cada cierto tiempo a los hombres, al menos a algunos soñadores. En Alejandría pretendían recopilar  “los libros de todos los pueblos de la tierra” y pudieron pensar que para ello necesitaban coleccionar 500.000 volúmenes.

    Las diversas fuentes, de épocas muy diversas, aunque bebiendo unas de otras, nos dan cifras muy dispares.

    Leemos en la Carta de Aristeas,9 y ss., obra del siglo III a.C. y  primer texto conservado en el que se cita la Biblioteca de Alejandría, famoso sobre todo porque comenta la traducción del Pentateuco al griego para esta Biblioteca:

    Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Faleras, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres;tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto. (Traducción y notas de Jaume Pòrtulas, única que yo conozco en castellano)

    Y lo mismo leemos en Flavio Josefo, Antiguedades judías, 12. 2

    Demetrio Falero, prefecto de la biblioteca real, intentaba, si era posible, recopilar todos los libros del orbe; compraba todo lo que oía que era especial  o cualquier  obra interesante, secundando así los deseos del rey, que demostraba un gran interés en coleccionar libros.
    Un día que Ptolomeo le preguntó cuántos volúmenes había reunido ya, le respondió que tenía cerca de doscientos mil y que pronto llegaría a los quinientos mil; añadió que había oído que entre los judíos había recopilaciones de sus leyes interesantes y dignas de la biblioteca real, pero que escritas  con los caracteres y en la lengua de este pueblo,  exigirían mucho esfuerzo para traducirlas al griego. Resulta que sus letras en principio se parecen a los caracteres sirios y los sonidos suenan semejantes, pero en realidad se trata de una lengua muy diferente. Sin embargo  no hay ninguna dificultad para que se haga la traducción de estos libros en la biblioteca porque el rey no carece de los recursos necesarios. Al rey le pareció que Demetrio le daba una buena idea para satisfacer  su deseo de recopilar el mayor numero posible de libros y a este efecto escribió al Sumo Sacerdote de los judíos.

    Quizás recogiendo las ideas de Demetrio, se pretendiera crear una biblioteca universal, aunque la mayoría de los libros fueran griegos, y que ésta ocupara  unos 500.000 volúmenes de todas las materias. En todo caso la cantidad real debió ser tan impresionante que  los antiguos han dado cifras fantásticas de muchos miles de volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papiro; cada rollo puede equivaler a 60-70 páginas actuales y su longitud suele estar entre 6 y 10 metros, aunque pueden ser mucho mayores.

    Las  cifras hay que atenderlas con muchas reservas porque en principio parecen imposibles.  Ya hemos visto cómo en la citada carta de Aristeas, 9-10, se dice que ya en tiempos de Demetrios de Falera tenía 200.000 volúmenes; a principios del siglo II tendría 500.000 y según llegaría a tener 700.000 volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papel.

    Dice Gelio en Noctes Atticae VII, 17,3:

    Después un gran  número de libros o fue fruto de las conquistas o encargada su copia por los reyes Ptolomeos en Egipto hasta casi los setecientos mil volúmenes

    Ingens postea numerus librorum in Aegypto ab Ptolemaeis regibus vel conquisitus vel confectus est ad milia ferme voluminum septingenta;

    Amiano también habla de 700.000 volúmenes. Pero en algunos manuscritos de Gelio se decía 70.000 y no 700.000  volúmenes. Curiosamente los 200.000 de los que se habla en la carta de Aristeas más los 500.000 del objetivo de Filadelfo suman los 700.000 de Gelio.

    Séneca dice que en Alejandría ardieron 40.000 libros, pero como veremos en otro momento, estos libros no eran realmente el fondo bibliográfico de la biblioteca.  Lo dice precisamente en un texto en el que critica la ostentación de ricos ciudadanos romanos que almacenan numerosos volúmenes que nunca leen para aparentar que son cultos. Este comportamiento no está alejado de algunos contemporáneos.. Lo dice en De tranquillitate animi, 9, 4:

    “¿Para qué sirven los libros y bibliotecas innumerables, de los que su dueño apenas si puede leer su título en toda su vida?  Esa cantidad cansa al que está aprendiendo, pero no le enseña y es mucho más interesante que te dediques a unos pocos autores y no que andes perdido entre muchos. En Alejandría ardieron  40.000 rollos. Alguno lo alaba como hermosísimo monumento de la opulencia de los reyes, como por ejemplo Livio, que dice que esto fue obra egregia de la elegancia y preocupación de los reyes. Pero ni aquello fue elegancia ni preocupación, sino  lujoso deseo de aprender, mejor, ni deseo de aprender, porque no se compraron para el estudio sino para el espectáculo, como para muchos ignorantes  también los libros de letras infantiles no son instrumentos para el estudio sino adornos para sus cenas. Adquiramos, pues, cuantos libros sean necesarios, pero no por el espectáculo.

    Quo innumerabiles libros et bibliothecas, quarum dominus uix tota uita indices perlegit? Onerat discentem turba, non instruit, multoque satius est paucis te auctoribus tradere quam errare per multos. 5 Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt. Pulcherrimum regiae opulentiae monumentum alius laudauerit, sicut et Liuius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse. Non fuit elegantia illud aut cura, sed studiosa luxuria, immo ne studiosa quidem, quoniam non in studium, sed in spectaculum comparauerant, sicut plerisque ignaris etiam puerilium litterarum libri non studiorum instrumenta, sed cenationum ornamenta sunt. Paretur itaque librorum quantum satis sit, nihil in apparatum.

    Orosio, que parece haber bebido en Tito Livio, al hablar de la guerra de Alejandría, dice que ardieron 40.000 libros, aunque algunos códices den 400.

    San Isidoro habla de apenas 70.000 rollos.

    El obispo Epifanio nos dice que la biblioteca del Serapeion, que llaman “hija”,  tendría 54.800 volúmenes,   en su obra “Pesos y medidas”  , en cap. 9, (52c): 

    Ya hay 54.800 libros, más o menos, pero hemos oído que hay una gran cantidad de todo  el mundo, entre ellos,  etíopes, indios, persas,  elamitas, babilonios,  asirios,  caldeos, y también  romanos,  fenicios,  sirios, y los romanos en Grecia "—- en ese momento no los llamaban romanos sino  latinos”

    Juan Tzetzes, erudito y escritor bizantino, que vivió aproximadamente entre los años 1110 y 1180, en su obra  Prolegómenos a Aristófanes dice que el Museo había recopilado 400.000 “libros mixtos” (symmigeis)  y 90.000 “no mixtos” (amygeis), resultando difícil interpretar que quiere decir con ”mixtos” y “no mixtos”; tal vez se refiera a rollos con una sola obra y rollos con varias.  Por otra parte Tsetzes se basa en la carta de Aristeas, y en todo caso, expresaría la idea recordada de que la biblioteca tenía un enorme número de rollos de papiro.

    Ibn-al Qifti  (vivió ca. 1172-1248) historiador árabe, autor de una Historia de los filósofos, habla también de 54.000 rollos.

    Parece que se están mezclando diversos aspectos: el mito de que la biblioteca pretendía almacenar copia de todos los libros del mundo y por tanto su objetivo de llegar a los 500.000 volúmenes, la enorme cantidad que realmente tenía, los que se quemaron en el famoso incendio con motivo de la guerra de Alejandría.

    Autores modernos han intentado calcular con más racionalidad los posibles volúmenes realmente existentes.

    Hipólito ESCOLAR SOBRINO, en su obra La Biblioteca de Alejandría, (Madrid: Gredos, 2001), p. 136-138, calcula que pudo tener unos 50.000 volúmenes o rollos que,  vendría a equivaler a unos 12.500 libros actuales.

    Hay otros cálculos incluso menos alegres. Así considerando que los 24 cantos de la Odisea de Homero necesitan 24 rollos de papiro y hoy caben en un volumen moderno y admitiendo que en Alejandría hubiera 500.000 rollos de papiros, tendríamos unos 20.000 libros modernos. Pero si tuviera 50.000 rollos, habría acogido algo más de 2.000 de los modernos, cifra insuficiente para la mítica valoración de la que goza.

    En todo caso, soñaron con recolectar todos los libros del mundo y traducirlos al griego, porque no sólo les animaba una intención meramente coleccionista, sino también de conocimiento de los hombres y culturas del mundo.  Pero, ¿acaso no es éste también el sueño de proyectos contemporáneos como “Google Books”,  por ejemplo?  ¿Acaso no pretenden otros proyectos grandiosos como Wikipedia construir la enciclopedia realmente universal?

  • La biblioteca es una creación griega

    Alejandría fue la capital espiritual y cultural del mundo desde el siglo IV a. C. hasta el siglo V o VI de nuestra era. Al amparo de la mayor biblioteca de la Antigüedad, que pretendió conservar todo el saber almacenado en los libros de manera sistemática con ejemplar sentido de la libertad intelectual, vivió y trabajó un colegio o comunidad de sabios y eruditos que desarrolló la física, la astronomía, la matemática, la geometría, la geografía, la ingeniería, la medicina, la filosofía, la literatura, la gramática, la retórica… Ellos fueron la base del saber occidental.

    La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”.

    Así que en realidad una “biblioteca” puede ser el local o edificio en el que se conservan los libros para su lectura; también puede significar la institución que adquiere y conserva esos libros o el conjunto de esos libros e incluso el mueble o estantería en el que se guardan, mueble que en español también se llama librería.

    La “biblioteca”  en el sentido o sentidos indicados es un invento griego y a ellos les debemos creación tan importante. Probablemente la biblioteca más famosa de la Historia es la “Biblioteca de Alejandría”, pero más importante que esta “institución” es el hallazgo del concepto de “biblioteca” en sí y su realización concreta.

    Es posible que existiera una biblioteca anterior en Babilonia, o la llamada “biblioteca de Nínive” creada por el rey asirio  Asurbanipal que reinó entre el  668 a.C. y 627 a.C., en griego llamado Sardanápalo,  como lugares o depósitos en los que se guardaban y conservaban miles de tablillas con anotaciones comerciales, religiosas, legales e incluso literarias.

    De Egipto son muy pocas las noticas, aunque  se habla de bibliotecas “sagradas” en los templos. Diodoro de Sicilia, en I,49  transcribe el relato que Hecateo hace de su visita a la tumba de Ramsés en su obra “Historias de Egipto” que no se ha conservado. Allí dice :

    A continuación estaba la  biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito ‘Lugar de cuidado del alma’”.

    Esta enigmática frase en realidad parece no referirse exactamente a la biblioteca y los libros, contra la interpretación que frecuentemente se ha hecho de ella, sino al espacio en el que se supone que está el alma de Ramsés. Véase: https://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma–biblioteca-alejandria

    Pero la biblioteca como “almacenamiento del saber general” que se ha de transmitir a otras personas y, por tanto, como institución pública, o institución del Estado o de la monarquía, abierta a los ciudadanos, es una creación más de los griego. En realidad es un elemento más del hallazgo del propio concepto de “educación” o paideia” (griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") , del que en otra ocasión hablaré y que responde a la necesidad de transmitir a todos los niños y jóvenes el conocimiento que la sociedad ha ido acumulando. El conocimiento que se adquiere hay que conservarlo escribiéndolo en los libros y estos a su vez han de ser conservados en las bibliotecas y puestos a disposición de las personas para su educación.

    No es esta desde luego la creación menor de los griegos, cuya importancia sigue siendo de absoluta actualidad.

    Las fuentes antiguas nos proporcionan mucha información, pero siempre hay que acogerlas con muchas reservas y sentido crítico por su imprecisión, a veces por su lejanía de los hechos, por las contradicciones entre ellas y por su diverso concepto de la historia, pero a la postre es lo que tenemos. Así que las utilizaré con profusión, al menos como prueba de que lo expresado no es consecuencia de la mera especulación o imaginación.

    En Grecia son muy antiguas las colecciones de libros, primero de particulares, que en algunos casos se abren al público y luego las públicas.  Un fragmento (304 K) de Eupolis, autor de comedias del siglo V a.C., hace referencia a la venta de libros en el ágora de Atenas. Y Platón en la Apología o Defensa de Sócrates, 26e hace decir a Sócrates que los libros de Anaxágoras se pueden comprar en el ágora por un dracma:

    ¿Los consideras tan iletrados como para no saber que los libros del Clazomenio Anaxágoras están llenos de estas palabras?¿Y qué me dices de los jóvenes de Atenas? ¿Aprenden de mí aquellas cosas que pueden conocer adquiriendo un libro por un dracma, todo lo más, en el mercado de libros de la plaza?

    A pesar de lo que dice Platón por boca de Sócrates, los libros serían más caros y sólo estarían al alcance de ciudadanos con recursos económicos suficientes.

    Aulo Gelio nos da numerosas informaciones sobre las primeras bibliotecas y sobre la de Alejandría siguiendo tal vez la obra perdida de Varrón De bibliothecis” (Sobre las bibliotecas), pero eso no quiere decir que respondan exactamente a la realdiad. Así admite sin más el relato sin duda fabuloso de una antiquísima biblioteca pública en Atenas debida a Pisístrato. Dice  en sus Noctes Atticae (Noches Áticas, VII, 17), :

    ¿Quién fue el primero de todos que ofreció al público la posibilidad de leer libros? ¿Cuál fue el número de libros públicos que hubo en Atenas antes del desastre con los persas?

    Se dice que el primero que en Atenas ofreció libros de las disciplinas liberales para leerlos públicamente fue el tirano Pisístrato.  Luego los mismos atenienses los aumentaron  con nueva afición y preocupación;  pero luego, Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, incendiada la ciudad además de la acrópolis, robó toda aquella cantidad de libros y los transportó a Persia. Más adelante, después de muchos avatares, el rey Seleuco, al que se llamó Nicanor, se preocupó de que todos ellos fueran devueltos a Atenas.

    Pisístrato vivió entre 607-527 a.C.  En realidad Atenas no tuvo una biblioteca pública hasta Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.) y su gran biblioteca pública fue la donada por Adriano (117-138 d.C), en un peripato de cien columnas.

    Quis omnium primus libros publice praebuerit legendos; quantusque numerus fuerit Athenis ante clades Persicas librorum in bibliothecis publicorum.
    Libros Athenis disciplinarum liberalium publice ad legendum praebendos primus posuisse dicitur Pisistratus tyrannus. Deinceps studiosius accuratiusque ipsi Athenienses auxerunt; sed omnem illam postea librorum copiam Xerxes, Athenarum potitus, urbe ipsa praeter arcem incensa, abstulit asportavitque in Persas. [2] Eos porro libros universos multis post tempestatibus Seleucus rex, qui Nicanor appellatus est, referendos Athenas curavit.

    Aulo Gelio, Noctes Atticae, 3, 17

    De cómo, según escritores dignos de fe, Platón compró tres libros del pitagórico Filolao. y Aristóteles algunas obras de Speusipo, en cantidades enormes e increíbles.

    Refieren los antiguos que Platón, a pesar de que solamente poseía caudal muy pequeño, compró en diez mil denarios los tres libros del pitagórico Filolao, asegurando algunos autores que esta cantidad se la dio su ,amigo Dion de Siracusa. También se refiere que Aristóteles, después de la muerte de Speusipo, pagó tres talentos antiguos por algunos libros compuestos por este filósofo; cantidad que, evaluada en nuestra moneda, hace setenta y dos mil sextercios. El satírico Timón, en su poema titulado Silos, en el que deja rienda suelta a su malignidad, apostrofa en estos injuriosos términos a Platón, que, como hemos dicho, era muy pobre, por haber comprado muy caro un tratado de filosofía pitagórica, sacando de él, con numerosos plagios, su famoso diálogo del Timeo. He aquí los versos de Timón:

    «y tú también, Platón, te has visto dominado por el deseo de instruirte, y has comprado por mucho dinero un librito con cuyo auxilio te has puesto a escribir tú mismo». (en griego en el original) (Traducción de Francisco Navarro y Calvo).

    Id quoque esse a gravissimis viris memoriae mandatum, quod tris libros Plato Philolai Pythagorici et Aristoteles pauculos Speusippi philosophi mercati sunt pretiis fidem non capientibus.
    Memoriae mandatum est Platonem philosophum tenui admodum pecunia familiari fuisse atque eum tamen tris Philolai Pythagorici libros decem milibus denarium mercatum.  Id ei pretium donasse quidam scripserunt amicum eius Dionem Syracosium.
    Aristotelem quoque traditum libros pauculos Speusippi philosophi post mortem eius emisse talentis Atticis tribus; ea summa fit nummi nostri sestertia duo et septuaginta milia.
    τίμων amarulentus librum maledicentissimum conscripsit, qui σίλλος inscribitur. In eo libro Platonem philosophum contumeliose appellat, quod inpenso pretio librum Pythagoricae disciplinae emisset exque eo Timaeum, nobilem illum dialogum, concinnasset. Versus super ea re τίμωνος hi sunt: 
    καὶ σύ, πλάτων, καὶ γάρ σε μαθητείης πόθος ἔσχεν,
    πολλῶν δ᾽ ἀργυρίων ὀλίγην ἠλλάξαο βίβλον,
    ῎ενθεν ἀπαρχόμενος τιμαιογραφεῖν ἐδιδάχθης.

    Se dice también que por el mismo tiempo Polícrates (570 a. C.-522 a. C.), tirano de Samos, fundaba una biblioteca.  Parece también que en los buenos tiempos de Atenas,  algunas personas privadas se afanaban por formar sus buenas bibliotecas. Las más importantes corresponden a tres personajes famosos: Euclides, Eurípides y Aristóteles.

    Estrabón nos dice en su Geografía, XIII,1, 55 que Aristóteles fue el primero que se dotó  para su conocimiento de una colección de libros  y que enseñó a los reyes egipcios la organización de una biblioteca. En un pasaje coherente, aparentemente basado en buenas fuentes,  y muy interesante,  nos cuenta las peripecias por las que pasó esta biblioteca de Aristóteles:

    Los filósofos socráticos Erasto, Corisco y Neleo, hijo de Corisoco, discípulo de Aristóteles y Teofrasto, eran nativos de Scepsis. Nelo fue el que continuó con la posesión de la biblioteca de Teofrasto, que contenía la de Aristóteles. Aristóteles le dio la biblioteca y le dejó la escuela a Teofrasto. Aristóteles fue la primera persona que conocemos que hizo una colección de libros y aconsejó a los reyes de Egipto para formar una biblioteca. Teofrasto dejó su biblioteca a Neleo, que la llevó a Scepsis, y la legó a algunas personas ignorantes que mantuvieron los libros encerrados, tirados en desorden. Cuando los habitantes de Scepsis se enteraron de que los reyes Atálicos, de los que dependía la ciudad, estaban buscando libros con gran interés, con los que intentaban dotar la biblioteca de Pégamo, los escondieron bajo tierra; luego, pero no antes de que hubieran sufrido el daño de las lombrices, los descendientes de Neleo vendieron los libros de Aristóteles y Teofrasto por una gran suma de dinero a Apelicón de Teos. Apelicón era más bien amante de los libros que filósofo;  cuando intentó restaurar las partes que habían sido comidas o corroídas por las lombrices, hizo muchas modificaciones en el texto original y las introdujo en las nuevas copias; más bien suplió las partes defectuosas erróneamente y publicó los libros llenos de errores. Esto fue una desgracia para los antiguos peripatéticos posteriores a Teofrasto, pues estando completamente desabastecidos de los libros de Aristóteles, excepto unos pocos solamente, y estos del tipo de los exotéricos, eran incapaces de filosofar de acuerdo con los principios del sistema, y se ocupaban simplemente  en organizar discusiones sobre lugares comunes. Sus sucesores, en cambio, desde el momento en que se publicaron estos libros, filosofaron y propagaron la doctrina de Aristóteles con más éxito que sus predecesores, pero se veían obligados a tratar muchos asuntos sólo como probables por la gran cantidad de errores contenidos en las copias.

    También Roma contribuyo a aumentar los errores; inmediatamente tras la muerte de Apelicón, Sila, que se apoderó de Atenas, se incautó de la biblioteca de Apelicón. Cuando fue llevada a Roma, Tiranion el gramático, que era un admirador de Aristóteles, se ganó al superintendente de la biblioteca y obtuvo su uso. Algunos vendedores de libros, sin embargo, emplearon malos copistas y despreciaron comparar las copias con el original. Esto sucedió también en el caso de otros libros que fueron copiados para su venta aquí y en Alejandría. 

    Nota: este Tiranión, prisionero de guerra liberado, fue amigo de Atico y de Cicerón. Preparó una edición de las obras de Aristóteles, pero también aparecieron otras menos cuidadas, como refleja el texto. La biblioteca de Sila, con los libros de Aristóteles, la heredó el megalómano Fausto Sila, general de Pompeyo; arruinado vendió todo, hasta la biblioteca y así desaparecieron para siempre los libros de Aristóteles.

    Nos dice Plutarco en Vida de Sila, 26,1-2

    Habiendo dado velas desde Éfeso con todas las naves, entró al tercer día en el Pireo; se inició entonces  en los misterios, y se apropió de la biblioteca de Apelicón de Teya, en la que se hallaban la mayor parte de los tratados  de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces por el público. Dícese que una vez traída a Roma, Tiranión el Gramático corrigió muchas de las obras , y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó y creó las listas que ahora corren.

    Los más antiguos de los peripatéticos eran evidentemente personas formadas e instruidas, pero parece que no tuvieron la suerte de un contacto amplio y exacto con muchas de las obras de Aristóteles y de Teofrasto, porque las posesiones de Neleo de Escepsis, a quien Teofrasto dejó sus libros, cayeron en manos de hombres descuidados e iletrados.

    Muy probablemente la extraña afirmación de Estrabón de que Aristóteles ayudó a los reyes egipcios  a organizar una biblioteca se debe al hecho de que fuera su discípulo, Demetrio de Falera, el que exiliado en Alejandría desde Atenas, fuera el cerebro del proyecto ptolemaico del Museo y de la Biblioteca, como más abajó se verá. Indirectamente Aristóteles ayudó a los Ptolomeos de Alejandría a desarrollar su biblioteca mediante su discípulo. Así que la frase de Estrabón es sólo un aparente anacronismo.

    Diógenes Laercio (V, 52) nos informa también del regalo a Neleo 

    No me resisto a transcribir otra cita que confirma la mayor parte de las afirmaciones de Estrabón, pero le contradice en algo tan importante como a dónde fueron a parar los libros de Aristóteles, independientemente del valor histórico que pueda tener. Dice Ateneo, que vivió en el siglo II de Cristo, en época del emperador “filósofo”  Marco Aurelio, en su obra “El banquete de los eruditos”,I,3A-3B, al hacer el elogio del erudito Larensio, uno de los comensales participantes:

    Cuenta además que poseía tal cantidad de libros griegos antiguos que sobrepasaba a todos los que fueron admirados por sus colecciones: a Polícrates de Samos, a Pisístrato el que fue tirano de Atenas, a Euclides, también al ateniense Nicócrates de Chipre, e incluso a los reyes de Pérgamo, al poeta Eurípides, al filósofo Aristóteles , y al que conservó los libros de estos últimos, Neleo. A él dice que se los compró todos nuestro compatriota el rey Ptolomeo, apodado Filadelfo, y los trasladó, junto con los procedentes de Atenas y los traídos de Rodas, a la hermosa Alejandría.” (Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega para Editorial Gredos).

    Pero como decía, sin duda  la biblioteca más famosa de la Historia sea la “Biblioteca de Alejandría”, fundada por  los Tolomeos, gobernantes por cierto ilustrados y cultos ellos mismos.

    Alejandría es una de las numerosas ciudades (al menos 19 desde Egipto hasta la India) fundadas por Alejandro Magno a las que puso su nombre. Esta lo fue en el año 331 a.C. en el delta del Nilo y llegó a tener cerca de un millón de habitantes, población sólo superada en la Antigüedad por Roma, por lo que fue la más importante de las fundadas por el macedonio. Estrabón nos dice que tiene la forma de una clámide, es decir, de rectángulo casi perfecto: Estrabón, XVII, 1, 8

    La figura del plano de la ciudad es la de una clámide o capote militar.

    εστι δὲ χλαμυδοειδὲς τὸ σχῆμα τοῦ ἐδάφους τῆς πόλεως

    Junto a los egipcios vivían grandes grupos de griegos y de judíos. Pronto se convirtió en el referente cultural del mundo antiguo. Su puerto, el más grande también de la Antigüedad,  abierto al Mediterráneo con su famoso Faro (una de las maravillas del mundo antiguo), el Museo, el templo de las Musas,  y la Biblioteca son los elementos que le han dado fama eterna a esta ciudad. La biblioteca fue un instrumento esencial al servicio del ecumenismo alejandrino en el proceso de helenización de todo el Mediterráneo .

    Que  Egipto fuera el país que monopolizaba la producción del papiro, soporte de la escritura, sin duda tuvo también su importancia a la hora de crear la biblioteca.

    A pesar de la enorme resonancia histórica que el Museo y la Biblioteca de Alejandría han tenido y tienen, las fuentes sobre ella son escasas tanto de los momentos fundacionales como posteriores anteriores a su desaparición, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de ellas son mera repetición de otras anteriores, reproduciendo los errores y causando gran confusión. La información arqueológica al respecto tampoco es relevante.

    La biblioteca la comenzaría según la tradición  Ptolomeo Soter hacia el año 295 a.C.  pero realmente quien la incrementó y reorganizó de manera  sistemática sería   Ptolomeo Filadelfo,  que nombró un bibliotecario fijo y la dotó de los medios necesarios para su buen funcionamiento. Sépase no obstante que la primera referencia escrita que cita a la Biblioteca es del siglo II, en la “Carta de Aristeas a Filócrates”  en la que un judío comenta la famosa y por lo demás ficticia traducción al griego del Pentateuco,  la Torá, conocida como “la de los setenta”, la “septuaginta”, cuya milagrosa confección comentaré en otra ocasión.  En realidad las fuentes sobre la Biblioteca son escasas y la mayor  parte de autores tardíos. Tampoco tenemos especiales datos aportados por la arqueología.

    El cerebro del proyecto debió ser Demetrio de Falera, que llegó exiliado de Atenas, en donde gobernó como tirano y había sido discípulo de Aristóteles por lo que tenía la idea aristotélica de un conocimiento universal, el funcionamiento del Peripato y la biblioteca de Aristóteles como modelo;  todo ello lo trasplantó a Alejandría y lo desarrolló a lo grande con la protección real de los Ptolomeos.  Sería, pues, el primer bibliotecario.

    (Como curiosidad, diremos de este Demetrio que sus intrigas en la corte acabaron probablemente con este curioso personaje, que murió mordido por una serpiente que probablemente tal vez alguien colocó a su lado mientras dormía. Este sistema de morir por picadura de serpiente parece muy egipcio; desde luego le dio fama eterna Cleopatra, sea cierto o no el episodio de su muerte por mordedura de aspid. Nos lo cuenta Diógenes Laercio en  Libro V,78:

    Desde entonces (después de su detención)  pasó los días abatido; estando dormido le mordió una serpiente en la mano y así partió de esta vida”.

    Episodio que también recoge Cicerón en su Pro Rabidio Postumo, 23:

    Demetrio, que era llamado Falereo, procedente de la república de Atenas, que había gobernado perfectamente, noble y famoso por sus conocimientos, fue privado de la vida en este mismo reino de Egipto por un aspid que se le colocó junto a su cuerpo.

    Demetrium, qui Phalereus vocitatus est, et ex re publica Atheniensi, quam optime gesserat, et ex doctrina nobilem et clarum, in eodem isto Aegyptio regno aspide ad corpus admota vita esse privatum.

    En realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38)) :

    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales.” (traducción de Jaume Pórtulas)

    o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio)  y la biblioteca anexa al Serapeion , en el barrio de Rakhotis, que el obispo Epifanio, del siglo IV, llama   “hija” de la otra.

    Estrabón, que estuvo  en Alejandría en la segunda mitad del siglo I a.C., nos hace una descripción del Museo, aunque sin mencionar la Biblioteca como edificio exento en su Geografía, XVII,1, 8.

    “El Museo es una parte del palacio real. Está formado  por un pórtico para pasear, una exedra con asientos y una gran sala en la que los sabios que pertenecen al Museo, comen en común. Esta comunidad tiene en común la propiedad y tienen un sacerdote, que preside el Museo, que antes era nombrado por los reyes  y ahora por César (Augsuto)”.

    Estas dependencias se corresponderían con un peripatos  o espacio para pasear (del griego  περίπατος,  perépatos, paseo, de πέρι, peri , alrededor y πατεῖν, patein, caminar), que en realidad sería una avenida cubierta con cavidades para albergar las estanterías o “bibliotecas”  una exedra (del griego ἐξ ex-, de, fuera y έδρα, asiento) o espacio con asientos y un oikos (gr. οἶκος, casa, sala) o gran sala .

    Deducimos, pues, de la descripción de Estrabón, entre otros datos, que no había una sala de lectura y que los libros y volúmenes estarían en nichos en las paredes de las diversas dependencias y especialmente en el peripato, o pórtico cubierto en cuyos lados  estarían los huecos con las estanterías para los rollos  (βιβλιοθήκαι bibliothekai).

    Anexa al Serapeion (el templo de Serapis) o dentro del recinto, en el barrio llamado Rakhotis,  había otra biblioteca auxiliar u otra parte de la biblioteca fundada por Ptolomeo III. En ella había copias provenientes del Museo. El obispo Epifanio del siglo IV la llama, como decía más arriba,   a esta biblioteca “hija” de la otra  en su obra escrita en siriaco con muchas partes en griego “Pesos y Medidas”, cuyo título completo es “Tratado de San Epifanio, obispo de la ciudad de Constancia en Chipre, sobre las medidas, los pesos y los números y otras cosas que hay en las divinas Escrituras” y que en realidad es un comentario bíblico.  En el pasaje en el que narra con toda credulidad la traducción del Pentateuco al griego, la llamada de Los Setenta, dice en siriaco, en el capítulo  en 11 (53c):

    Y así las Escrituras, cuando habían sido pasadas  a la lengua griega, se colocaron en la primera biblioteca, que se había construido en el Bruchion, como ya he dicho. Y se levantó, además de esta biblioteca una  segunda en el Serapeum, llamada su hija. Y el periodo  entre  los diez Ptolomeos y la muerte de Cleopatra fue de doscientos cincuenta y nueve años.

    Y en griego con alguna variación:

    "Pero hubo más tarde también otra biblioteca en el Serapeum, más pequeño que la primera, que también fue llamado su hija, en la que se colocaron las traducciones de Aquila, Símaco, Teodoción, y el resto,  doscientos cincuenta años después."

    En ella los literatos y científicos podían proseguir sus estudios y se daban lecturas y conferencias. 
    En realidad  es, pues,  un centro internacional y cosmopolita del conocimiento de la época, en el que literatos y científicos proseguían sus estudios, daban sus conferencias, hacían sus lecturas. Por supuesto, era el centro mundial del mercado del libro, diríamos con terminología macroeconómica actual.

    El Museo de Alejandría sería en consecuencia una institución real creada a partir del modelo de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles y del ideal comunitario pitagórico; de hecho el Museo lo preside un sacerdote como templo de las Musas (luego en época romana el Museo será una institución pública y el sacerdote del Museo será directamente nombrado por el emperador, como recuerda Estrabón). Recordemos que el Peripatos también tenía un Museion o templo de las Musas El Museo y la Biblioteca son lugares de encuentro de una comunidad de filósofos, científicos, estudiantes, venidos de todas partes, subvenida por el monarca y por tanto sin las preocupaciones de la subsistencia  material.  Allí acude la élite cultural del mundo para estudiar y vivir libres de preocupaciones. Algunas universidades inglesas modernas o la española Institución Libre de Enseñanza,  recuerdan a esta comunidad alejandrina. Es en resumidas cuentas, como dice Cánfora,

    una comunidad de sabios aislada del exterior, dotada con una biblioteca completa y un lugar de culto a las Musas”.

    Como ocurre siempre, también hoy, entre los miembros de cualquier comunidad, incluida la científica, son frecuentes  las naturales rivalidades, celos y disputas entre sus miembros. El cínico y satírico Timon de Filunte, por ejemplo, nos presenta a los filósofos como pájaros que se pelean entre ellos:

           En el populoso Egipto, son alimentados muchos escritorzuelos  que  garrapatean papiros mientras disputan sin cesar en la jaula de las Musas”

    Y Ateneo, en su “Banquete de los eruditos” nos lo confirma, aunque  interpretando otro su sentido, cuando dice en I, 22D:

    El autor satírico Timón de Fliunte llama en alguna parte al Museo (de Alejandría) “jaula de pájaros”, burlándose de los sabios hospedados en él, porque, como los pájaros más preciosos, son alimentados en una pajarera.

    “Se apacientan en Egipto, rico en razas, muchos eruditos armados de cálamo, que mantienen peleas infinitas en la jaula de pájaros de las Musas” . (Trad. De Lucía Rodríguez-Noriega, Ed. Gredos).

    Y quien fuera director de la Biblioteca, el gran Calímaco, autor entre otras cosas de un catálogo de obras allí existentes, nos dice que entre los miembros del Museo se daba la “envidia” y no se refería a la mera envidia científica.

    Existieron otras Bibliotecas mantenidas por el Estado en Antioquía, Rodas, Esmirna y otras capitales helenísticas, pero hubo una que rivalizó con Alejandría, la Biblioteca de  Pérgamo. Allí el rey Eumenes II, amante de las ciencias y las letras creó una gran Biblioteca que se mantuvo a pesar de la prohibición que los Tolomeos hicieron de exportar papiro de Egipto.

    Esta prohibición con la que Alejandría pretendió jugar sucio obligó a Pérgamo a perfeccionar la técnica de origen oriental de preparar las pieles de los animales como soporte de escritura. Precisamente de Pérgamo proviene la palabra pergamino, como piel generalmente de ternera, que se utilizó para escribir; la piel del animal non nato (no nacido) se llama “de vítulo” y es la de mayor calidad. (Vitela, del diminutivo vitella , de vitula, es la piel de ternera para escribir).  Este soporté revolucionó la historia del libro, dándole la forma actual de cuaderno, más duradero y más manejable.     

    Pues bien, la Biblioteca de Pérgamo fue muy importante. Según una falsa afirmación,  Marco Antonio se la regaló a Cleopatra y llevó a Egipto doscientos mil volúmenes para reponer los perdidos con ocasión de la guerra con César. Nos lo dice Plutarco en Antonio, 58, 5, pero esta afirmación parece más bien ser fruto de la propaganda que se esgrime en Roma contra Marco Antonio :

    Y Calvisio, amigo de César, añadió como crímenes de Antonio a sus amores con Cleopatra los siguientes cargos: que le había entregado y regalado la biblioteca de Pérgamo en la que había doscientos mil volúmenes simples.

    A pesar de las lagunas de las fuentes históricas, a pesar de lo poco que en realidad conocemos con exactitud, los reflejos míticos de esta grandiosa institución llegan hasta nuestros días. En Octubre del año 2002 se inauguró la moderna biblioteca de Alejandría, Bibliotheca Alexandrina,  fruto de la colaboración de la Unesco con diversos países del mundo, cuya capacidad supera los veinte millones de libros; ya tiene más de doscientos mil, lo que no es un mal comienzo, pero Egipto y toda la zona del norte de Africa y próximo Oriente,  desgraciadamente sigue hoy siendo tan inestable como en la Antigüedad.

    Pero un reflejo todavía más poderoso podemos apreciarlo en la ilusión moderna de hacer posible el acceso de todos los hombres a todo el conocimiento acumulado por la humanidad en todas las lenguas.  ¿Acaso no es esta la pretensión de enciclopedias electrónicas como la popular Wikipedia o instrumentos en los que se pretende ofrecer todos los libros existentes en todas las lenguas?  ¿Será posible esta vez?

    En cualquier cas,  todos debemos apoyar este proyecto grandiosos, porque nuestra deuda con la Alejandría antigua y su Biblioteca es impagable.