Categoría: Historia Arqueología

  • El romano Régulo cumple su palabra heroicamente y lo paga con la muerte

    En la educación cívica de los antiguos romanos jugaba un importante papel el recuerdo y conocimiento de los hechos virtuosos de los antepasados, ejemplos a imitar por los jóvenes.


    Marco Atilio Régulo, aunque de origen plebeyo, fue cónsul dos veces; la segunda en el año 256 a.C, en el noveno año de la Primera Guerra Púnica entre romanos y cartagineses. De acuerdo con la tradición y sin evidencia histórica (muchos  historiadores, alguno  antiguo, lo ponen en duda o lo silencian ), se cuenta de él una ejemplarizante historia.

    Después de algunos éxitos militares, Régulo fue hecho prisionero por los cartagineses y lo mantuvieron cautivo hasta el año 250 a.C., en que le permiten acudir a Roma para negociar la paz o el intercambio de prisioneros, comprometiéndose a volver a Cartago caso de no conseguirlo.

    Cuando Régulo llega a Roma se comporta como un rígido hombre de honor:  se niega a entrar en la ciudad como esclavo que es, rechaza hablar al Senado porque su condición de esclavo le incapacita para ello, ni siquiera admite el beso de su fiel esposa puesto que el matrimonio es un derecho exclusivo de los ciudadanos libres y él ya no era ciudadano.

    Cuando por fin accede a dirigirse al Senado, lo hace precisamente para lo contrario de lo esperado:  les convence de la inconveniencia de pactar con el cartaginés y de llegar a acuerdo alguno con quien es un declarado enemigo. Como hombre de honor regresa a Cartago, en donde le espera una horrible muerte a manos de sus verdugos.

    Los cronistas y poetas latinos lo proponen como prototipo y ejemplo de ciudadano heroico, amante de su ciudad, para las generaciones futuras, quejándose del abandono actual de los antiguos principios y valores cívicos. Así lo hacen Livio. Gelio, Diodoro, Apiano, Dion Casio, Zonaras, Valerio Máximo, Aurelio Victor, Floro,  Cicerón, Horacio, Silio Italico, etc.

    Este tipo de anécdotas idealizadas son un elemento esencial en la educación del ciudadano romano. Es lo que los propios romanos llaman el “mos maiorum”, las costumbres y comportamiento de los antepasados, como faro e ideal para los jóvenes.

    Evidentemente las personas de edad eran más valoradas que ahora, cuando la experiencia acumulada puede llegar a ser un deméito.

  • Los días de la semana son paganos

    Aunque con un error probable de cuatro años en relación con la cronología oficial, Cristo nació en época del Emperador Augusto. En un principio el Cristianismo pasó desapercibido en Roma, confundido con el judaísmo y sus diversas sectas, pero luego tuvo un notable éxito de expansión hasta convertirse en religión oficial y acabar con la religión tradicional pagana.

     El Cristianismo, en realidad un sincretismo (del griego  συγκρητισμός = unión de varias doctrinas), recoge creencias, principios morales, ritos, iconografía de los diversos lugares del Imperio Romano en que se va implantando y los integra en un todo más o menos coherente. Sabido es, por ejemplo, cómo en todas partes, sobre las ruinas de los templos paganos se construyen las iglesias cristianas o lugares naturales como bosques, cuevas, montañas, de alto valor religioso continúan la tradición bajo el amparo de una imagen o símbolo cristiano.

    Por todo ello no deja de ser curioso el hecho de que de manera muy generalizada en todo occidente se mantengan los nombres “paganos” de los días de la semana, que llevaban el nombre de los astros que los antiguos conocían.

    Lunes es el día de la luna (dies lunae), martes el día del dios Marte (dies Martis), miércoles el día de Mercurio (Mercurii dies), jueves el de Júpiter (Dies Iovis), Viernes el día de Venus (dies Veneris). Tan sólo consiguieron modificar, y no en todas partes,  el Dies Saturni (día de Saturno), sustituido por el Sabbaht judío como Sábado y el Dies Solis, día del Sol, cambiado por Dies dominica o Dominicum, Domingo (día del Señor).

    Pero como decía, no en todas partes; en inglés mantienen todavía Saturday (día de Saturno) para el sábado y Sunday (día del Sol), para el domingo. Con el resto de días en inglés o con todos ellos en alemán tampoco tuvieron éxito en su tarea conversora, Montag es el día de la luna y Sontag es el día del sol.

    Todo este proceso resulta todavía más curioso si recordamos que en un principio los romanos no conocían la “semana”  (latín septimana) o unidad temporal de siete días como nosotros. Así lo demuestra su distribución del mes en tres períodos llamados Kalendas (el día 1 de cada mes), Nonas (el día 5 en unos meses y el 7 en otros) e Idus (el día 13 en unos meses y el 15 en otros).

    La semana es en realidad una creación babilónica adoptada luego por los judíos. Se generalizó en Roma en época imperial y la impuso en el año 321 el Emperador Constantino. Naturalmente el día de descanso no era el sábado judío sino el “ Solis dies = día del Sol”, cristianizado en “Domenica Dies = Domingo o día del Señor”, como se dijo.

  • Las guerras celtíberas de Hispania obligaron a cambiar el calendario romano

    La historia del calendario romano y su perduración hasta nuestros días es muy compleja. Las guerras en Hispania, lejos de Roma, obligaron a cambiar el calendario.

    Recordemos cómo en un principio el calendario, muy relacionado con los trabajos agrícolas, era lunar, comenzaba en marzo y sólo tenía diez meses. En los Idus de este mes, el 15 de marzo pues, comenzaba el año consular y dado que los cónsules eran los generales en jefe, en esa fecha comenzaban  también las campañas militares.

    Aunque la tradición mítica la atribuye al rey Numa , hubo una importante reforma hacia mediados del siglo V a.C. y se añadieron dos meses más al calendario, constando ahora de 12.

    Cuando las campañas militares se realizaban en el entorno del Lacio o en Italia el comienzo a mediados de marzo tenía sentido, pero cuando la guerra se llevaba a cabo lejos de Roma,  los cónsules, cuyo mandato duraba un año, apenas si tenían tiempo para trasladarse al lugar de la confrontación y finalizar la guerra y estar de vuelta en casa antes del invierno.

    Esto resultó evidente con motivo de las Guerras Celtibéricas en Hispania. Por ello el Senado acordó en el año 154 a.C. que al año siguiente, el 153, el año consular comenzara el 1 de Enero. Así lo hizo el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, que acudió a Segeda, cerca de  la actual Calatayud, para guerrear con sus habitantes, los belos, que habían fortificado la ciudad rompiendo los tratados firmados anteriormente. Por cierto que en esta campaña Nobilior, todo un poderoso cónsul romano, fue derrotado por belos, titos y arévacos.

    Como es bien sabido, la Historia de Roma es la historia de una guerra permanente en un punto u otro de su extenso Imperio. En contadas ocasiones se pudo declarar la “pax romana”, la “paz romana” o periodo sin guerra.

    Así que a partir del 153 a.C. el comienzo del año consular quedó establecido y asentado en el día 1 de Enero, día de las Kalendas de Enero (Kalendis Ianuariis).

    No deja de ser curioso el influjo insospechado que los de Segeda, pequeña población celtíbera del centro de la lejana Hispania, iban a tener en la fijación del calendario romano, el calendario hoy más extendido por el mundo aunque con algunas modificaciones a lo largo de la Historia..

  • La hora de la siesta

    El descanso o breve sueño después de comer es una costumbre muy extendida en España y cada vez más copiada en el extranjero

    Hoy en día cualquier persona lleva consigo un reloj o artilugio digital que marca la hora con precisión de segundos e incluso mayor. La puntualidad hoy requerida en la vida normal no es de horas, sino generalmente de minutos o segundos, que se hace coincidir con el paso exacto del sol por determinado meridiano.

    En el mundo antiguo en general y en el romano en particular las horas eran menos exactas. Digamos que las cosas ocurrían o “ante meridiem” (antes de mediodía) o “de meridie”  o "post meridiem) (después de mediodía), “mane” (por la mañana), “vespere” (por la tarde),  sin mucha más precisión.

    No debían estar los romanos muy interesados en la precisión porque cuando llevan de Sicilia el primer reloj de sol en el año 263 a.C. marcaba erróneamente las horas porque se había construido para una latitud distinta. Tardaron 99 años en corregir el error, cuando en el año 164 construyeron un reloj de sol adaptado a la latitud de Roma.

    La clepsidra o reloj de agua griego (horologium ex aqua) no se introdujo hasta finales de la República.

    En su momento  se dividía el día o espacio de luz desde el amanecer hasta el atardecer en doce horas y la noche o tiempo de oscuridad en cuatro vigilias.  Dependiendo de la estación del año, la duración de las horas o de las vigilias era más o menos larga y la precisión escasa.

    A las horas se les denominaba con el adjetivo latino ordinal. Así se hablaba de prima hora, secunda hora, tertia hora…

    Precisamente la sexta hora marcaba el mediodía, momento en el que algunos afortunados echaban una cabezadita o dormían un rato. Entre estos afortunados se encontraba el emperador Augusto, como nos cuenta Suetonio en su Vida de los Doce Césares,  II, 78:

      “Después de la comida del mediodía, vestido y calzado como estaba, con los pies tapados, descansaba un poco cubriéndose los ojos con la mano.
                
      “Post cibum meridianum, ita ut vestitus calciatusque erat, retectis pedibus paulisper conquiescebat opposita ad oculos manu”                   

    De esta expresión “sexta hora”  deriva la palabra española “siesta”, que el “Diccionario de la Real Academia Española” define como “Sueño que se toma después de comer”, costumbre muy extendida en España y cada vez más copiada en el extranjero, hasta el punto de que la palabra “siesta” ha sido asumida por los ingleses, que la utilizan con precisión en vez de su “the nap”.
     

  • Tiranía, lo contrario a libertad

    La tiranía niega la libertad,a veces incluso en nombre de la propia libertad.

    Pocas palabras tienen un significado más peyorativo que los  términos “tiranía y tirano” . La palabra deriva del latín tyrannus, y este del gr. τύραννος.  La Real Academia   Española lo define como:

    “  persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad” ; y también: “ persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

    Pero estos son significados actuales que no coinciden  exactamente con el significado de la primitiva palabra griega. En la larga historia de Grecia hubo un momento en que las primitivas estructuras monárquicas van desapareciendo a tenor de los cambios sociales y económicos de las ciudades. En esa evolución la creación más notable fue la “democracia” o gobierno del pueblo, término que proviene de los griegos δῆμος, (demos = pueblo)  y κράτος (krátos = poder). La Atenas del siglo V antes de Cristo es el mejor modelo de “democracia” antigua.

    En ocasiones, cuando la antigua realeza va desapareciendo,  surge entre las propias familias aristocráticas un individuo que se hace con el poder personal y favorece las modificaciones sociales que se están produciendo, dando la libertad al pueblo.

    Pero también en las luchas de las clases populares con las aristocráticas fueron frecuentes, a partir del siglo VI, revueltas en las que un individuo, con frecuencia apoyado en el pueblo o en el ejército, se adueñaba del poder y establecía un régimen de gobierno personal y absoluto. Muchos de estos “tiranos” fueron queridos por los ciudadanos por su buena política en beneficio de las clases populares y no exclusivamente de las aristocráticas.

    Tucídides es sin duda el historiador antiguo más moderno por su sentido crítico y su compromiso con la narración de la verdad comprobada, con la objetividad.  A propósito de la tiranía, nos dice que antes hubo la realeza y que la tiranía es fruto del desarrollo del poder y riqueza de las ciudades griegas al dominar los mares y crear numerosas colonias (I, 13,1). Pero indica que los tiranos sólo se preocupan de su situación personal, de su economía y de su persona (I, 17).

    Como todo poder absoluto y unipersonal, la tiranía tiende y facilita todo tipo de excesos; es fácil entender, pues,  la evolución del significado del término que se va cargando de valores negativos hasta el  actual absolutamente peyorativo .

    En este sentido es sinónimo o de significado muy próximo a otros términos actuales tales como dictador (en su origen magistratura romana con poderes excepcionales), déspota (palabra griega también que significa amo, dueño, señor y cuyo significado peyorativo es relativamente reciente),  sátrapa (jefe de una provincia del imperio persa) (véase  https://www.antiquitatem.com/satrapa-persia-missi-dominici ) , totalitario, autoritario, etc.

    Desgraciadamente los ejemplos de tiranías y dictaduras son infinitos a lo largo de la Historia de los hombres, incluido el momento actual, en que sin duda el principal bien y derecho fundamental del hombre, después de la vida, es la libertad.

    Tampoco es imposible ni absolutamente raro que en nombre de la “libertad” se establezcan crueles tiranías; es más, todos los tiranos se presentan como libertadores y todavía hoy a veces gozan del apoyo de grandes grupos de “tiranizados”.

  • La proskynesis o inclinación ante el rey

    ¿Por qué algunas personas se inclinan ante otras para reconocerles un estatus social superior?

    En la actualidad en nuestro mundo  existen un buen número de monarquías, aunque muchas de ellas, no todas, están sometidas a las leyes democráticas. Aunque muy distintas de las monarquías de otras épocas en las que los reyes gobernaban realmente, todavía hoy están acompañadas de ciertos rituales y comportamientos protocolarios que chocan no poco en las sociedades democráticas. Entre los ritos quizás más significativos está la inclinación que numerosos ciudadanos realizan ante el saludo o la presencia de los reyes. Para otros este acto es impropio de los tiempos actuales.

    Este acto ritual es muy antiguo y generalmente se le concede un origen oriental. En griego antiguo se llamaba  proskynesis (προσκύνησις ), palabra formada de pros– (hacia) y kyneo (besar) al saludo ritual que los persas hacían a su rey.

    Es Heródoto, el padre de la Historia, que vivió en el siglo V antes de Cristo, el que nos informa en su Historias, 1,134  de la forma como se saludan los persas:

        “Cuando se encuentran dos en la calle, puedes saber si son o no de la misma clase social, porque si lo son, no se saludan de palabra sino que se besan en la boca; si uno  de ellos es de condición algo inferior se besan en la mejilla; pero si uno de ellos es de condición mucho menos noble, postrándose le ofrece reverencia”

    En la corte del rey este saludo, que Heródoto vio en la calle, estaba ritualizado y formalizado en función también del rango de los súbditos, que se prosternaban, arrodillaban, se inclinaban o le enviaban un beso.

    Heródoto no enjuicia negativamente este saludo, pero los griegos consideraban este acto humillante porque  sólo se postraban ante sus dioses e interpretaban que el rey persa era adorado como un dios, aunque los persas no lo veneraban como tal; era un rito de vasallaje para reconocer  su superioridad. 

    Así cuando Alejandro Magno conquistó el imperio persa y quiso introducir este rito en el verano del año 327 a.C. porque era la costumbre de sus nuevos súbditos y pretendía unificar el ceremonial,  se generó malestar entre sus compañeros griegos.

    El siguiente texto de Flavio Arriano, historiador y filósofo griego del siglo II de nuestra era es ilustrativo del momento:

    (Intervención de Calístenes: Ni siquiera a Heracles tributaron honores divinos los griegos mientras vivió, e incluso después de muerto hubo de esperarse a que el dios de Delfos diera su autorización para tributarle honores propios de un dios. Ahora bien, si por encontrarnos tratando este tema en una región bárbara hay que pensar con mentalidad bárbara, creo, Alejandro, que he de pedirte que te acuerdes de Grecia, por cuyo motivo organizaste esta expedición, a fin de anexionar Asia a Grecia. Considera detenidamente lo siguiente: cuando regreses a Grecia, ¿vas a obligar a los griegos, que son los hombres que en mayor aprecio tienen su libertad, a aceptar la proskynesis, o eximirás de ella a los griegos, manteniéndola como afrentosa obligación para los macedonios? ¿O tal vez piensas delimitar de una vez por todas estas cuestiones de honores, de modo que recibas los que son propios del hombre de parte de griegos y macedonios, y reservarás modalidades que usan los bárbaros para cuando te halles entre bárbaros?   (Anábasis de Alejandro Magno, IV,11,7-8;  traducción de Antonio Guzmán para la edición de Editorial  Gredos)

    No sabemos con precisión lo que ocurrió entonces, aunque el mismo Arriano nos dice que eximió a los griegos, pero el rito lo utilizaron sus sucesores; también se fue imponiendo en el ritual de los emperadores romanos, sobre todo en la segunda parte del imperio, conocida como Bajo Imperio o Dominado, y de alguna manera ha llegado a nuestros días, como decíamos al principio, en que muchas personas sienten un respeto reverencial ante los reyes.

    Relacionado con este tema está en cierto sentido la deificación de los monarcas, del propio Alejandro y de los emperadores romanos, de la que hablaremos en otra ocasión.
     

  • ¿Fue el dominador Julio César dominado por sus mujeres?

    En la vida de Julio César jugaron un papel muy importante un buen número de mujeres. Todos los historiadores no valoran de la misma forma su influencia.

    Julio César jugó un papel esencial en la Historia de Roma y, como consecuencia,  en toda la Historia occidental y por eso se han escrito miles y miles de páginas sobre este complejo personaje.

    En la vida de César jugaron un papel importante las numerosas mujeres con las que por una u otra razón tuvo relación. El famoso historiador y premio nobel (1902) Theodor Momsen (1817-1903), autor de más de  mil quinientos títulos, entre ellos la famosa Historia de Roma, opinaba  que estas mujeres lo dominaron a su capricho.

    Probablemente Julio César tuvo una vida sexual muy activa desde joven, dado el especial atractivo que parece que tuvo para las mujeres,  y por esa vida  pasaron unas cuantas señoras  de especial relevancia, que evidencian la importancia de la conveniencia política a la hora establecer relaciones con familias  importantes más que el amor. Suetonio  resume esta característica al recordarnos los versos que sus soldados le cantaban con poco respeto el día de su desfile triunfal en Roma (ese día lo tenían permitido):  “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

    Desde luego, en César tuvo especial importancia su madre Aurelia, dado que el padre murió pronto, y sus hermanas, especialmente Julia la Mayor. En el año 83 a.C. se casó con Cornelia, hija de Cinna, por influencia de su tía Julia, mujer de Mario, tras romper el compromiso adquirido por su padre con Cosucia, de una aristocrática familia. De este matrimonio con Cornelia nació Julia, su única hija legítima. Debió sentir verdadero amor por su esposa  porque cuando el dictador Sila le exigió que se divorciara, se negó y hubo de huir de Roma para salvar su vida.

    Su hija Julia, comprometida con Cepión, el tío de Bruto, se casó con Pompeyo por razones políticas una vez que éste se divorció de Mucia, a la que el propio Julio César cortejó. Buscaba así  César asegurar las relaciones con la poderosa Gens Pompeia. Julia murió de parto en el año 54 a.C., como con frecuencia ocurría entonces. Debió ser un año duro para Julio, porque también murió su madre Aurelia, que había tenido en él una notable influencia, como dijimos.

    En el año 68 a. C. se casó con Pompeya, nieta de Sila,  por evidentes razones de conveniencia política. De ella se separó en el año 63 a.C. por ser adúltera con el conflictivo  y violento Publio Clodio durante las fiestas exclusivas para mujeres dedicadas a la Bona Dea.  Clodio se disfrazó de mujer para tener acceso a Pompeya. Este es el episodio que dio lugar a la famosa frase: “La mujer de César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo”, basada en una información que Plutarco nos da en sus Vidas Paralelas, en  biografía de Cicerón, 29.7 y en la de Julio César, 10.6.

    En el año 59 se casó con Calpurnia, veinte años más joven, buscando descendencia y buenas relaciones con Lucio Calpurnio Pisón, influyente dirigente popular que con su ayuda fue nombrado cónsul el año 58 a.C. No tuvo descendencia.

    Calpurnia fue la esposa que la víspera del asesinato de su marido tuvo un sueño premonitorio y horrible en el que preveía la muerte de su esposo, pero este matrimonio podía no haber durado tanto si Pompeyo hubiera aceptado casarse con Octavia, sobrina de César, y concederle a él mismo la mano de su hija.

    Una persona tan poderosa, atractiva ( conocida es la fuerza  erótica del poder) y tan sexual, en un ambiente tan propicio como el de Roma en los albores del Imperio, tuvo, naturalmente, numerosas amantes. Una de las más importantes fue Servilia, hermana de Marco Porcio Catón el Joven y madre de Marco Junio Bruto, uno de los asesinos de César. Sin duda Servilia fue la más querida y más amada. Hasta  se ha planteado la posibilidad de que el verdadero padre de Bruto fuera César, pero no hay ninguna prueba de ello, aunque en el momento del magnicidio César pronunciara la también famosa frase “¿Tú también, hijo mío?”, en latín “Tu quoque fili mi?” , aunque el historiador Suetonio afirma que la dijo en griego:” Καὶ σὺ τέκνον, kai sy teknon” (Suetonio, Iul. 82.2) . La relación duró desde el año 63 hasta el 44, año de la muerte de César, y parece que lo que subyacía era el amor.

    Resulta  especialmente interesante  que varias de las amantes de César fueran las esposas de adversarios políticos. Parece como si César disfrutase especialmente de estos amores ya que a su superioridad política uniría  su superioridad como amante.  Así mantuvo relaciones con Postumia, esposa de Sulpicio Rufo; con Lolia, mujer de Aulo Gabinio;  con Mucia, segunda mujer de Pompeyo de la que se divorció precisamente por esta relación;  con Tertula, mujer de Craso, el tercer miembro, junto con Pompeyo,  del “triunvirato” que se repartió el poder al final de la República romana.

    Famosas fueron sus relaciones con mujeres extranjeras. Así su relación con Eunoe, esposa de Bogud, rey de Mauritania, de extraordinaria belleza. 

    Pero la relación más famosa la tuvo con la reina de Egipto Cleopatra VII Filopator. Junto a la atracción física le movían sin duda intereses políticos  para controlar las ricas tierras egipcias, granero de Roma. Cleopatra permaneció en Roma, en los jardines de César,  de septiembre del 46 a abril del 44 a.C.  después de la muerte de César. Julio César dudó de que él fuera el padre del niño  Tolomeo César, conocido como Cesarión y asesinado luego por orden de Octavio, pero permitió que llevase su nombre.

    En fin, parece evidente  que difícilmente las mujeres de Roma y aun del extranjero, fuera por razones sexuales o políticas, pudieran rechazar las proposiciones de César, tan poderoso; según algunos tampoco los hombres, pero es difícil saber con precisión cuánto hay de verdad y cuanto de ficción en la biografía de este personaje. De ello nos ocuparemos en otra ocasión.
     

  • «Sátrapa» no siempre fue un insulto

    En algunos contextos la palabra “sátrapa” tiene un significado peyorativo, negativo, derivado del poder que tal cargo tenía en la antigua Persia.

    La palabra sátrapa deriva del latín  satrăpa, esta del griego σατράπης, y esta del avéstico o antiguo persa ẖšathrapāvan, que significa “protector del territorio”.

    Actualmente, entre otras acepciones, se refiere a la persona que abusa de su poder o autoridad con sus subordinados, con evidentes connotaciones negativas y peyorativas en una época en que la libertad es un valor y derecho fundamental de las personas.

    En cambio en la antigua Persia, “sátrapa” era el nombre o título del gobernador de una provincia,  del virrey que gobernaba en nombre del rey. De su poder absoluto, del que con frecuencia se excedieron, derivó el significado peyorativo. 

    Los propios reyes persas desconfiaban ya del poder y comportamiento de estos “sátrapas” y por eso crearon una figura inspectora curiosa, los  funcionarios  llamados  “ojos y oídos del rey”, que recorrían el imperio y emitían los correspondientes informes.

    En fin, la información precisa y de confianza siempre debió ser un problema para los monarcas de reinos o imperios de gran extensión porque muchos cientos de años después, hacia el año 800 de nuestra era, el emperador Carlomagno crea  la figura de los “missi domici”, los enviados del señor,  pareja de inspectores constituida por un laico y un eclesiástico, que recorrían el imperio carolingio. 

    Hoy la tarea parece más compleja pero no menos importante, como indican los diversos centros y servicios de inteligencia de los países o nos revelan los miles  de cables de la diplomacia americana difundidos por Wikileaks.

  • El primer texto de pensamiento político también nos lo proporciona Heródoto

    Los antiguos griegos teorizaron sobre los diversos sistemas políticos: monarquía, democracia, tiranía…)

    Son varias las  formas de poder personal: monarquía, realeza, tiranía,… Son distintos, pero  los tres términos  tienen relaciones entre sí.

    A lo largo de la Historia, los antiguos griegos no sólo tuvieron diversos sistemas políticos (monarquía, democracia, tiranía…), sino que con frecuencia teorizaron sobre tema tan importante y a ello se dedicaron sus pensadores más ilustres como Platón o Aristóteles. No podía ser de otra manera por parte de quienes crean la filosofía, la retórica, la ciencia, y reflexionaron y teorizaron sobre tantas cosas. Sus reflexiones de ninguna manera fueron simples, antes bien, complejas y detalladas.

    Debemos a Heródoto, el “Padre de la Historia”,  el primer texto de la literatura griega en que se definen las diversas formas de gobierno, el primer texto de pensamiento político. En sus Historias, III,80,1 pone en boca de  tres persas (el rey Darío y sus generales Ótanes y Megabizo) las ventajas y perjuicios de la monarquía, la democracia y la oligarquía.

    Ótanes rechaza la monarquía (del griego μονος,mónos, uno, y αρχειν, arjéin, gobierno) porque el monarca (rey o tirano no quedan delimitados)   puede hacer lo que quiera sin dar cuenta por ello, desarrolla la soberbia y desmesura  (ὕϐρις, hybris) y la envidia de los que le rodean y viola y da muerte sin juicio a los que considera sus enemigos. Ótaanes defiende el “gobierno del pueblo” o isonomía (del griego ἰσονομία «igualdad ante la ley; a su vez  de ἴσος  isos, "igual" y νόμος nomos, "uso, costumbre, ley"),  porque las magistraturas se ejercen por sorteo,  se rinden cuentas y los asuntos se someten a la deliberación del pueblo.

    Megabizo rechaza la democracia o isonomía o gobierno del pueblo porque el vulgo es ignorante e insolente y desenfrenado. Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, la oligarquía, (del gr. ὀλιγαρχία, ολίγο =poco y αρχειν (arjéin): gobierno.

    La oligarquía se considera luego como una degeneración de la aristocracia «gobierno de los mejores» (del griego ἀριστοκρατία aristokratía, de ἄριστος, aristos, el mejor, el excelente, y κράτος ,kratos, poder) y por tanto también tiránica.

    Darío rechaza la democracia porque en ella es inevitable el libertinaje; rechaza también  la oligarquía porque inevitablemente se producen  las rivalidades y los odios, las disensiones y los asesinatos de unos y otros porque todos quieren ocupar la cabeza; y se muestra partidario de la monarquía, porque al tratarse de un solo gobernante,  se guardan mejor los secretos de estado y se evitan los problemas anteriores. Pero esta monarquía no es tiranía porque gobierna correctamente al pueblo. Así la democracia degenera en oligarquía y ésta a su vez en monarquía, que es el mejor sistema, porque el monarca actúa de árbitro entre los grupos aristocráticos  y favorece al pueblo. Pero incluso este monarca fácilmente se convierte en tirano, que arrebata la libertad a sus ciudadanos.

    Sócrates, Platón, Aristóteles elaboraron luego profundamente estas ideas, pero el primero que plantea la discusión, al menos el primer texto que conocemos, es del “padre” Heródoto.

    Hoy en día los ciudadanos del mundo occidental son mayoritariamente democráticos, pero no faltarán voces, que se oyen con alguna frecuencia, de defensa de los regímenes oligárquicos que consideran al pueblo como ignorante y fácilmente manejable.

    Curiosamente subsisten también en occidente buen número de monarquías, aunque su función política, muy reducida, queda sometida a las leyes democráticas.

    E incluso  en buena parte de países del planeta existen monarquías, monarquías tiránicas, oligarquías y oligarquías tiránicas y en ellos  no existe la libertad del ciudadano. Ha mejorado sin duda la humanidad, pero cuánto cuesta extender y mantener la libertad.

     

    Véase también:  la historia tuvo un padre

  • Europa versus Asia: una vieja rivalidad

    Sabido es que la Guerra de Troya, que Homero canta en su poema “La Ilíada” se desencadenó porque el príncipe troyano Paris, de visita en Grecia, raptó a la rubia Helena, esposa de Menelao, y la llevó a la corte de su padre, Príamo, en Troya.

    Los pueblos griegos se unieron bajo el mando de Agamenón, “pastor de pueblos”  (ποιμὴν  λαῶν, poimen laôn) ,  y sitiaron la ciudad hasta destruirla después de  diez años de lucha. Este es el asunto literario que dio origen a un ciclo tan productivo en la creación literaria y artística griega y aún después hasta nuestros días por la importancia cultural del mundo clásico.

    Heródoto, al principio de sus “Historias”, cita varios precedentes de raptos de mujeres como origen del secular enfrentamiento entre Asia y los griegos, entre Oriente y Occidente:   el rapto de “Io” por los fenicios, rapto de Europa por los griegos, rapto de Medea por los griegos     ….. Así que este mito y motivo del “rapto” ha sido muy productivo en la historia de la Mitología y de la Literatura, en la Antigüedad y aun después para justificar el secular enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre la Europa de la libertad y el Asia de la tiranía. 

    Pero por debajo del relato literario, hay una realidad histórica que explica los enfrentamientos entre griegos y troyanos en el caso que nos ocupa como fruto de la competencia por la colonización de todo el Mediterráneo  entre pueblos diversos, como los fenicios.

    No  es ocioso recordar  que los fenicios son culturalmente semitas (el fenicio y el hebreo son dos lenguas tan próximas que se entienden entre ellas) frente a la entidad indoeuropea de los griegos, aunque estos conceptos nacionalistas deban ser matizados y relativizados en extremo, porque la excesiva importancia concedida al componente indoeuropeo o ario en los orígenes de Grecia se fraguó en un contexto científico contaminado por el nacionalismo germánico.

    No es tampoco inoportuno recordar cómo esta zona del planeta fue y sigue siendo de gran importancia geoestratégica y por lo tanto sede de conflictos permanentes hasta nuestros días. A su importancia geoestratégica se une ahora su riqueza en petróleo, fuente de energía y materia prima indispensable hoy en día y nuevo motivo de enfrentamiento.

    Véase también en este mismo blog los artículos

    guerras medicas

    la historia tuvo un padre