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	<title>Filosofía &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<description>1001 anécdotas y curiosidades del mundo antiguo</description>
	<lastBuildDate>Thu, 21 May 2020 12:11:44 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Filosofía &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<item>
		<title>Los que…/ las que..  (Qui…Quae..)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2017 07:07:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”,  γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”,  γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.</b></p>
<p>
	Es verdad que cualquier afirmaci&oacute;n sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos m&aacute;s profundos. As&iacute; no es igual la situaci&oacute;n de la mujer griega que la de la romana y esta &uacute;ltima en los primeros siglos que al final de la <em>Rep&uacute;blica </em>o durante el <em>Imperio</em>, cuando su &ldquo;<em>status</em>&rdquo; social y jur&iacute;dico ha sufrido importantes modificacioes.</p>
<p>
	Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de <em>matrona </em>de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el &ldquo;<em>pante&oacute;n</em>&rdquo; grecorromano las diosas, semidiosas, hero&iacute;nas tienen una presencia importante y si <em>Zeus-J&uacute;piter</em> responde al paradigma paternalista del <em>dios-padre</em>, la virginal <em>&Aacute;rtemis </em>o <em>Diana </em>representa a la mujer aut&oacute;noma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n en el arte en general y en la epigraf&iacute;a funeraria, por ejemplo, las mujeres est&aacute;n bien presentes y representadas.</p>
<p>
	Quiero decir con todo ello que cualquier afirmaci&oacute;n sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y an&aacute;lisis fino.</p>
<p>
	Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del <em>sexismo </em>en el lenguaje.</p>
<p>
	Tanto el griego como el lat&iacute;n son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos &ldquo;<em>accidentes gramaticales</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Decimos que el <em>espa&ntilde;ol</em>, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del lat&iacute;n. Podr&iacute;amos decir tambi&eacute;n que estas lenguas no son sino un lat&iacute;n evolucionado a lo largo de los a&ntilde;os sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relaci&oacute;n se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el l&eacute;xico o conjunto de palabras, pero tambi&eacute;n en las estructuras sint&aacute;cticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.</p>
<p>
	As&iacute; por ejemplo en lat&iacute;n hay dos n&uacute;meros gramaticales, <em>singular </em>y <em>plural </em>y dos hay tambi&eacute;n en espa&ntilde;ol; (en realidad queda en lat&iacute;n alg&uacute;n resto de un tercero llamado <em>dual </em>que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).</p>
<p>
	En lat&iacute;n hay tres g&eacute;neros, <em>masculino, femenino y neutro</em>. En espa&ntilde;ol el neutro ha desaparecido, tan s&oacute;lo queda alg&uacute;n resto en el art&iacute;culo &ldquo;<em>lo</em>&rdquo;, en el pronombre &ldquo;<em>ello</em>&rdquo;, etc. por lo que resultan tan s&oacute;lo operativos el masculino y el femenino.</p>
<p>
	Pues bien, la utilizaci&oacute;n de los g&eacute;neros gramaticales en espa&ntilde;ol ha generado adem&aacute;s de las cuestiones puramente ling&uuml;&iacute;sticas, otras de tipo social y hasta pol&iacute;tico cuando &ldquo;<em>g&eacute;nero gramatical</em>&rdquo; se identifica con <em>&quot;sexo f&iacute;sico&rdquo;.</em> Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de &ldquo;<strong>econom&iacute;a de medios</strong>&rdquo; y as&iacute; generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos &ldquo;<em>masculinos</em>&rdquo; para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a <em>masculinos </em>y <em>femeninos</em>. As&iacute; cuando afirmamos &ldquo;<em>el hombre es un ser dotado de inteligencia</em>&rdquo; nos referimos naturalmente al &ldquo;<em>hombre y la mujer</em>&rdquo;, sin excluir a estas &uacute;ltimas. En t&eacute;rminos m&aacute;s ingu&iuml;sticos dir&iacute;amos que el espa&ntilde;ol &ldquo;<em>marca</em>&rdquo; el t&eacute;rmino femenino, pero no el masculino, que al no estar &ldquo;<em>marcado</em>&rdquo; puede emplearse para referirse a los dos g&eacute;neros.</p>
<p>
	En ello ha influido naturalmente la propia conformaci&oacute;n hist&oacute;rica de la sociedad, acertadamente definida como &ldquo;<em>patriarcal</em>&rdquo; dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el &ldquo;pater&rdquo;, el <em>padre</em>, y no la <em>madre</em>, relegada de manera general y durante muchos a&ntilde;os al interior del hogar y sus funciones.</p>
<p>
	Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad&nbsp; han cambiado notablemente en un proceso de equiparaci&oacute;n que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes pol&eacute;micas entre personas &ldquo;<em>patriarcales</em>&rdquo;, &ldquo;<em>machistas</em>&rdquo; en terminolog&iacute;a popular, y &ldquo;<em>feministas</em>&rdquo;. Este proceso de equiparaci&oacute;n se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. As&iacute; en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminaci&oacute;n a la hora de gozar de derechos en funci&oacute;n del g&eacute;nero o sexo de las personas. La equiparaci&oacute;n real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido&nbsp; todav&iacute;a y queda a&uacute;n gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro pa&iacute;s es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones&nbsp; cobran un salario inferior al del hombre a&uacute;n realizando el mismo trabajo.</p>
<p>
	Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos&nbsp; t&eacute;rminos de g&eacute;nero m&aacute;sculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y &ldquo;<em>sexista</em>&rdquo;, es decir, exalta el g&eacute;nero o sexo masculino en detrimento del femenino. As&iacute; el lenguaje es tambi&eacute;n un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovaci&oacute;n que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.</p>
<p>
	Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptaci&oacute;n general es poco menos que imposible. As&iacute; se propone sustituir los t&eacute;rminos de g&eacute;nero concreto por otros de significado m&aacute;s abstracto, por ejemplo emplear &ldquo;<em>la humanidad</em>&rdquo; en vez de &ldquo;<em>los hombres</em>&rdquo;, o &ldquo;<em>la ciudadan&iacute;a&rdquo;</em> en vez de &ldquo;<em>ciudadanos</em>&rdquo; y &ldquo;<em>ciudadanas</em>&rdquo;, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, as&iacute; dir&iacute;amos unas veces &ldquo;l<em>os hombres</em>&rdquo; y otras &ldquo;<em>las mujeres</em>&rdquo;; &rdquo;l<em>os chicos</em>&rdquo; y &ldquo;&rdquo;<em>las chicas</em>&rdquo;;&nbsp; o utilizar simult&aacute;neamente los dos, as&iacute; &ldquo;<em>los hombres y las mujeres&rdquo;</em>, &ldquo;l<em>os compa&ntilde;eros y las compa&ntilde;eras</em>&rdquo;, &ldquo;<em>los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as</em>&rdquo;,etc.</p>
<p>
	Esta cuesti&oacute;n del lenguaje sexista no est&aacute; definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es m&aacute;s, la cuesti&oacute;n genera a veces notables pol&eacute;micas, como la recientemente surgida entre dos acad&eacute;micos de nuestra Real Academia Espa&ntilde;ola que ha derivado en varios art&iacute;culos de r&eacute;plicas y contrarr&eacute;plicas cargadas de argumentos <em>ad hominem</em>.</p>
<p>
	A estas alturas del art&iacute;culo, m&aacute;s de un lector se preguntar&aacute; &iquest;a cuento o raz&oacute;n de qu&eacute; viene toda esta exposici&oacute;n en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?</p>
<p>
	Pues bien, no puedo afirmar que esta cuesti&oacute;n del uso &ldquo;<em>sexista</em>&rdquo; del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la <em>Iliada </em>griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simult&aacute;neamente el t&eacute;rmino masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la <em>Iliada </em>la que me hizo tropezar con el <em>verso 350 del libro XV</em> y la que motiv&oacute; este art&iacute;culo con tan larga introducci&oacute;n.</p>
<p>
	Dice <em>Homero </em>en <em>Iliada, XV, 346-351:</em></p>
<p>
	<em><strong>Y H&eacute;ctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:<br />
	&mdash;Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, all&iacute; mismo le dar&eacute; muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregar&aacute;n a las llamas, sino que le despedazar&aacute;n los perros fuera de la ciudad. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Luis Segal&aacute; y Estalella. 1910)</p>
<p>
	En una traducci&oacute;n m&aacute;s reciente se dice:</p>
<p>
	<em><strong>H&eacute;ctor areng&oacute; a los troyanos con recia voz:<br />
	&ldquo;&iexcl;Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!<br />
	Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,<br />
	all&iacute; mismo me las ingeniar&eacute; para matarlo, y quiz&aacute; no le hagan<br />
	part&iacute;cipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,</strong></em><br />
	sino que los perros lo arrastrar&aacute;n delante de nuestra ciudad.&rdquo;&nbsp; (Traducci&oacute;n de Emilio Crespo G&uuml;emes. Editorial Gredos.1991)</p>
<p>
	En esta ocasi&oacute;n citar&eacute; tambi&eacute;n el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de &ldquo;<em>parientes </em>y <em>parientas</em>&rdquo; no es mero efecto de la traducci&oacute;n, sino que as&iacute; se ve en el original: &gamma;&nu;&omega;&tau;&omicron;ί y &gamma;&nu;&omega;&tau;&alpha;ί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:</p>
<p>
	Ἕ&kappa;&tau;&omega;&rho; &delta;ὲ &Tau;&rho;ώ&epsilon;&sigma;&sigma;&iota;&nu; ἐ&kappa;έ&kappa;&lambda;&epsilon;&tau;&omicron; &mu;&alpha;&kappa;&rho;ὸ&nu; ἀΰ&sigma;&alpha;&sigmaf;<br />
	&nu;&eta;&upsilon;&sigma;ὶ&nu; ἐ&pi;&iota;&sigma;&sigma;&epsilon;ύ&epsilon;&sigma;&theta;&alpha;&iota;, ἐᾶ&nu; &delta;&#39; ἔ&nu;&alpha;&rho;&alpha; &beta;&rho;&omicron;&tau;ό&epsilon;&nu;&tau;&alpha;&middot;<br />
	ὃ&nu; &delta;&#39; ἂ&nu; ἐ&gamma;ὼ&nu; ἀ&pi;ά&nu;&epsilon;&upsilon;&theta;&epsilon; &nu;&epsilon;ῶ&nu; ἑ&tau;έ&rho;&omega;&theta;&iota; &nu;&omicron;ή&sigma;&omega;,<br />
	&alpha;ὐ&tau;&omicron;ῦ &omicron;ἱ &theta;ά&nu;&alpha;&tau;&omicron;&nu; &mu;&eta;&tau;ί&sigma;&omicron;&mu;&alpha;&iota;, &omicron;ὐ&delta;έ &nu;&upsilon; &tau;ό&nu; &gamma;&epsilon;<br />
	&gamma;&nu;&omega;&tau;&omicron;ί &tau;&epsilon; &gamma;&nu;&omega;&tau;&alpha;ί &tau;&epsilon; &pi;&upsilon;&rho;ὸ&sigmaf; &lambda;&epsilon;&lambda;ά&chi;&omega;&sigma;&iota; &theta;&alpha;&nu;ό&nu;&tau;&alpha;,&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ἀ&lambda;&lambda;ὰ &kappa;ύ&nu;&epsilon;&sigmaf; ἐ&rho;ύ&omicron;&upsilon;&sigma;&iota; &pi;&rho;ὸ ἄ&sigma;&tau;&epsilon;&omicron;&sigmaf; ἡ&mu;&epsilon;&tau;έ&rho;&omicron;&iota;&omicron;.</p>
<p>
	Fij&eacute;monos ahora en&nbsp; este otro ejemplo de <em>Pausanias</em>, (ochocientos a&ntilde;os le separan del texto anterior, que en su <em>Descripci&oacute;n de Grecia</em>, al hablar de <em>Delfos</em>, refiri&eacute;ndose a <em>Homero </em>y <em>P&iacute;ndaro </em>y a la fuente <em>Cas&oacute;tide</em>, dice en <em>10, 24,2:</em></p>
<p>
	<em><strong>Se puede contemplar tambi&eacute;n una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el or&aacute;culo que dicen le fue dado a Homero:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La isla de &Iacute;os es patria de tu madre y a t&iacute; cuando mueras<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te acoger&aacute;; pero de los ni&ntilde;os el enigma guarda.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los de &Iacute;os muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Cl&iacute;mene que dicen fue la madre de Homero.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los de Chipre, que reivindican tambi&eacute;n para s&iacute; a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temist&oacute;, y dicen que Euclo profetiz&oacute; el nacimiento de Homero en estos versos:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces en la mar&iacute;tima Chipre habr&aacute; un gran cantor<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a quien Temist&oacute;, divina entre las mujeres, parir&aacute; en el campo,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; lejos dela rica Salamina., y &eacute;l ser&aacute; glorioso.<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejar&aacute; Chipre y ser&aacute; llevado por las olas<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y ser&aacute; inmortal y siempre joven por todos los tiempos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Esto lo hab&iacute;a yo o&iacute;do y lo conoc&iacute;a por haber le&iacute;do los or&aacute;culos, pero no le atribuyo ninguna relaci&oacute;n con la patria ni la &eacute;poca de Homero. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)</p>
<p>
	Ya coment&eacute; algo al respecto de esta cuesti&oacute;n en <a href="http://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon">http://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon</a></p>
<p>
	Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.</p>
<p>
	De manera especial y repetida se utiliz&oacute; en ocasiones el doblete <em>masculino/femenino</em> en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro ling&uuml;&iacute;sticamente que se refiere a &ldquo;<em>hombres y mujeres</em>&rdquo; de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la soluci&oacute;n de utilizar conjuntamente los t&eacute;rminos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la soluci&oacute;n, <em>&ldquo;los/las&rdquo;, &ldquo;los cuales/las cuales&rdquo;, &ldquo;libertos/libertas&rdquo;, &ldquo;esclavos/esclavas&rdquo;,</em> etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.</p>
<p>
	Lo he encontrado tambi&eacute;n en una reciente visita al <em>Museo Arqueol&oacute;gico Nacional de Madrid</em>, en la conocida como <em>&ldquo;Ley Salpensana</em>&rdquo;, que regula la vida ciudadana de la localidad de <em>Salpensa</em>,&nbsp; actual <em>Facialc&aacute;zar</em>, poblaci&oacute;n cercana a&nbsp; <em>Utrera</em>,&nbsp; en la <em>B&eacute;tica Hispana </em>de la &eacute;poca Imperial de <em>Domiciano</em>.</p>
<p>
	Sabido es que el &ldquo;<em>Derecho Romano</em>&rdquo; es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del &ldquo;<em>ciudadano romano</em>&rdquo;. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son &ldquo;<em>ciudadanos</em>&rdquo; (<em>cives</em>), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los &ldquo;latini&rdquo;, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los <em>peregrini </em>cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el <em>ius gentium</em>; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el a&ntilde;o 212 con la llamada <em>Constitutio Antoniniana</em> el emperador <em>Caracalla</em> considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de <em>Hispania</em>, naturalmente .<br />
	De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jur&iacute;dica, tales como las &ldquo;<em>colonias</em>&rdquo; o los &ldquo;<em>municipios</em>&rdquo;. Es m&aacute;s, se aplica la diversa calificaci&oacute;n jur&iacute;dica en funci&oacute;n de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilaci&oacute;n a <em>Roma</em>.</p>
<p>
	El emperador <em>Tito Flavio Domiciano</em> ( 51 &ndash;&nbsp; 96) va asimilando desde el a&ntilde;o 73 las ciudades hispanas a la condici&oacute;n de &ldquo;<em>latinas</em>&rdquo;; as&iacute; promulg&oacute; y concedi&oacute; entre los a&ntilde;os 81 y 84 al municipio de <em>Salpensa </em>una ley con la que les conced&iacute;a el &ldquo;<em>ius Latii</em>&rdquo;, el derecho del <em>Lacio</em>, el<em> Derecho Latino</em>, de inferior categor&iacute;a y menos beneficiosa que el &ldquo;<em>ius romanum</em>&rdquo;. De esta ley se conervan tan s&oacute;lo 9 cap&iacute;tulos de una plancha de las varias de que debi&oacute; constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la&nbsp; <em>Lex Flavia Malacitana</em>,&nbsp; y&nbsp; la <em>Lex Irnitana</em>.</p>
<p>
	Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento alg&uacute;n art&iacute;culo, pero hoy me limitar&eacute; a la constataci&oacute;n de esa precisi&oacute;n lingu&iuml;stica que diferencia en&nbsp; la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de g&eacute;nero y sexo m&aacute;sculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de <em>precisi&oacute;n jur&iacute;dica</em>, pero &iquest;qui&eacute;n nos iba a decir que esta f&oacute;rmula que entre nosotros ha servido&nbsp; y sirve de confrontaci&oacute;n cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado &ldquo;<em>miembros y miembras</em>&rdquo; adjudicado a cierta persona de&nbsp; significada funci&oacute;n pol&iacute;tica), qui&eacute;n nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil a&ntilde;os?<br />
	&iquest;No podr&iacute;amos pensar,&nbsp; tal vez con alguna exageraci&oacute;n, que ya&nbsp; en &eacute;poca de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las&nbsp; de <em>Hispania</em>, exig&iacute;an un papel m&aacute;s igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jur&iacute;dicos de sus ciudades?</p>
<p>
	<img alt="" src="http://www.antiquitatem.com/imgs/arts/lex_salpensana2.jpg" style="width: 555px; height: 441px;" /></p>
<p>
	<em>Museo Arqueol&oacute;gico Nacional. Madrid</em></p>
<p>
	Reproduzco tan s&oacute;lo las cinco <em>r&uacute;bricas </em>en las que aparecen estos usos en lat&iacute;n y en su traducci&oacute;n en castellano, dejando para otra ocasi&oacute;n el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico tambi&eacute;n en la traducci&oacute;n las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado <em>Proyecto de Innovaci&oacute;n Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid</em>, accesible en la direcci&oacute;n web <a href="https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line">https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line</a></p>
<p>
	<em>Nota</em>: La palabra &ldquo;<em>r&uacute;brica</em>&rdquo;&nbsp; deriva de la latina <em>ruber,rubra,rubrum</em>, que significa &ldquo;<em>rojo</em>&rdquo;.&nbsp; Seg&uacute;n el diccionario de la <em>Real Academia Espa&ntilde;ola</em>, en sus dos primeras acepciones significa:</p>
<p>
	<em><strong>1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ponerse en la firma despu&eacute;s del nombre y que a veces la sustituye.<br />
	2. f. Ep&iacute;grafe o r&oacute;tulo.</strong></em></p>
<p>
	En la quinta, que ya advierte que est&aacute; en desuso, significa:</p>
<p>
	<em><strong>5. f. desus. Se&ntilde;al encarnada o roja.</strong></em></p>
<p>
	Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o t&iacute;tulo del p&aacute;rrafo se presentaba de color&nbsp; &ldquo;<em>rojo</em>&rdquo;, y de ah&iacute; los significados derivados.</p>
<p>
	<em>Texto</em>s:</p>
<p>	<em>R&uacute;brica 21</em>&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>Para que los magistrados obtengan la ciudadan&iacute;a romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando despu&eacute;s de un a&ntilde;o abandonen la magistratura, junto con sus padres y c&oacute;nyuges y los hijos concebidos en leg&iacute;timas nupcias y que est&eacute;n sujetos a la potestad de los padres, as&iacute; como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales est&eacute;n bajo potestad de los padres, mientras no haya m&aacute;s ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.</strong></em></p>
<p>
	<em>R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I&nbsp; sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. &hellip;&hellip;</em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 22</em></p>
<p>
	<em><strong>Que quienes consigan la ciudadan&iacute;a romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.<br />
	El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador C&eacute;sar Augusto Vespasiano, del emperador Tito C&eacute;sar Augusto o del emperador C&eacute;sar Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadan&iacute;a romana: que el que la que&nbsp; haya sido (a &eacute;l a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadan&iacute;a romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendr&iacute;a si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>	<em>R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.<br />
	XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.</em></p>
<p>
	<em>Rubrica 23</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica para que quienes obtengan la ciudadan&iacute;a romana mantengan los derechos sobre los libertos.<br />
	Que el que o la que&nbsp; a partir de esta ley o por un edicto del emperador C&eacute;sar Vespasiano Augusto, del emperador Tito C&eacute;sar Vespasiano Augusto o del emperador C&eacute;sar Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadan&iacute;a romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habr&iacute;an accedido a la ciudadan&iacute;a romana, y sobre los bienes de &eacute;stos y de &eacute;stas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condici&oacute;n que tendr&iacute;a si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em>R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.<br />
	XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Dom&iacute;tiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si c&igrave;vitate mutatus I mutata non esset. </em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 28.</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.<br />
	Si alg&uacute;n ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicci&oacute;n del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ning&uacute;n muchacho, doncella o mujer, sin autorizaci&oacute;n del tutor, al que y a la que manumita&nbsp; ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que as&iacute; sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que as&iacute; sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o ser&aacute;n libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte a&ntilde;os, por el contrario, que manumita &uacute;nicamente si el n&uacute;mero de decur&iacute;ones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.</strong></em></p>
<p>	<em>R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertin&iacute; li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decur&iacute;onum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit.&nbsp;</em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 29</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica: de la asignaci&oacute;n de tutor<br />
	Al que no tenga tutor o le sea incierto, si &eacute;l o ella fuere ciudadano del municipio ﬂavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aqu&eacute;l a que quiera asignarle. Entonces &eacute;ste [magistrado], a quien se ha hecho la petici&oacute;n, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relaci&oacute;n con el parecer de todos los colegas, que est&eacute;n en este municipio o dentro de los l&iacute;mites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a &eacute;ste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ning&uacute;n colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado as&iacute;, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, d&eacute; como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor leg&iacute;timo. Quien por esta ley sea dado como tutor, &eacute;ste sea entonces tutor leg&iacute;timo para aqu&eacute;l, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, tambi&eacute;n ciudadano romano.</strong></em></p>
<p>
	<em>Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.</em></p>
<p>
	Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido tambi&eacute;n similar y que por ello evito repetir.</p>
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			</item>
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		<title>Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre) / Homo homini deus (el hombre es un dios para el hombre)</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/homo-homini-lupus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Dec 2015 01:42:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Generalmente la frase “homo homini lupus” se atribuye al pensador inglés  Thomas Hobbes ( 1588 - 1679), autor entre otras muchas obras del Leviatán, obra esencial en el desarrollo de la filosofía política en la Edad Moderna y del pensamiento liberal, pero él nunca se adjudicó la autoría.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Generalmente la frase “homo homini lupus” se atribuye al pensador inglés Thomas Hobbes ( 1588 &#8211; 1679), autor entre otras muchas obras del Leviatán, obra esencial en el desarrollo de la filosofía política en la Edad Moderna y del pensamiento liberal, pero él nunca se adjudicó la autoría.</p>
<p>Según <em>Hobbes </em>el hombre avanza, desde el “<em>estado de naturaleza</em>”&nbsp; de “<em>guerra de todos contra todos</em>” (<em>bellum ómnium contra omnes)</em>,&nbsp; hacia una sociedad organizada; primero a un estado de “<em>ley natural</em>” que impide al hombre atentar contra la vida y luego a un estado de <em>derecho positivo</em>, fruto del <em>pacto social</em>.&nbsp; Así pues, con <em>Locke </em>y su “<em>Dos tratados sobre el gobierno civi</em>l” y <em>Rousseau </em>y su “<em>Contrato Social</em>”&nbsp; aborda en época moderna <em>el origen de la sociedad.</em> También pensadores antiguos, como <em>Platón </em>en&nbsp; su <em>República </em>o <em>Aristóteles</em>, se plantearon esta cuestión, pero eso merece un extenso artículo que en alguna ocasión haré.</p>
<h2>No es Hobbes el autor de la célebre frase homo homini lupus</h2>
<p>Pues bien, es cierto que <em>Hobbes </em>utilizó la expresión “<em>Homo homini lupus</em>” en determinado contexto, pero<strong> nunca reivindicó su paternidad</strong>, que no le corresponde, aunque probablemente ha sido quien más ha contribuido en época moderna a su extensión y conocimiento.</p>
<p>Pero, si <em>Hobbes </em>no creó la citada frase, ¿quién lo hizo?</p>
<p>Hace unos pocos días unos buenos amigos de reconocido prestigio intelectual lo planteaban en una de las más extendidas redes sociales. Me sugirieron la posibilidad de indagar un poco más en el origen y significado de la citada frase.</p>
<p>En primer lugar es conveniente conocer con un poco más de detalle la frase de <em>Hobbes </em>en su contexto o al menos en el párrafo en el que queda inmersa.</p>
<p>Hobbes emplea la frase al principio de la obra “<em>De cive”, “Sobre el ciudadano</em>” en la dedicatoria al conde de <em>Devonshire</em>. En realidad el título inicial y completo era <em>“Elementa Philosophica de Cive”</em>, <em>“Elementos filosóficos acerca del ciudadano”</em>.</p>
<p>Como quiera que la obra comienza con una valoración general sobre la <strong>antigua Roma y su imperio</strong>,&nbsp; y este blog trata precisamente sobre la Antigüedad, me permito reproducir una parte más extensa que la mera reproducción de la frase en cuestión. De paso el lector comprobará cómo hasta bien entrado el siglo XX todo intelectual y pensador era un buen conocedor de la <strong>Antigüedad clásica</strong>; es ahora cuando avanzamos hacia un desconocimiento cuasi absoluto que privará a los jóvenes del conocimiento de buena parte de su propia identidad.</p>
<p>La obra la escribió <em>Hobbes </em>en latín, lengua internacional de la ciencia y del pensamiento todavía entonces, y se publicó en 1642 en París y en 1651 apareció la traducción al inglés con el título &#8216;<em>Philosophicall rudiments concerning government and society</em>&#8216;. Así que ofreceré los textos en&nbsp; las tres versiones, incluida la española:</p>
<p><em>Elementos filosóficos sobre el ciudadano (De cive)</em></p>
<p><em>Al muy honorable Guillermo, Conde de Devonshire</em></p>
<p><em>Excelentísimo señor:</em></p>
<p><em>Era un dicho del pueblo romano, enemigo de los reyes por el recuerdo de los Tarquinios y por las instituciones de la ciudad, pronunciado por la boca de <strong>Marco Catón el Censor</strong>, que todos los reyes eran del género de las bestias rapaces. Pero ¿acaso el mismo pueblo romano que había expoliado casi todo el orbe de la tierra, a los africanos, los asiáticos, los macedonios, los aqueos, y a todos los demás para ser llamados ciudadanos por gentes a su vez expoliadas, acaso no era también como una bestia?&nbsp;</em></p>
<p><em>No con menos acierto que Catón lo dijo también Poncio Telesino. Se encontró este en la guerra contra Sila junto a la Puerta Colina pasando revista a los escuadrones de su ejército y dijo con grandes voces que la misma Roma debía ser destruida y arrasada, porque añadía que <strong>nunca faltarían lobos</strong> que robaran la libertad itálica si no era arrasado el bosque en el que suelen refugiarse.</em></p>
<p><em>Ciertamente, estas dos cosas se han dicho con toda verdad: <strong>el hombre es un dios para el hombre, y el hombre es un lobo para el hombre</strong>. La primera si comparamos los ciudadanos entre sí; la segunda si comparamos las ciudades. En el primer caso se llega a la <strong>semejanza con Dios</strong> por la justicia y también por la caridad y las virtudes de la paz; en el segundo, por la depravación de los malos, los buenos también tienen que recurrir, si quieren protegerse, a las virtudes de la guerra, la violencia y el engaño, esto es, la rapacidad de los animales. Y aunque los hombres la consideran recíprocamente como un vicio unos a otros, de manera natural, porque colocan sus hechos en las otras personas, como en un espejo en el que la izquierda es la derecha; y piensan que la derecha es la izquierda;&nbsp; así el derecho natural que surge de la necesidad de la propia conservación no permite que sea un vicio. Quizás algunos han podido admirarse sin embargo de que en Catón, hombre de sabiduría muy celebrada, haya podido imponerse hasta tal punto el odio sobre el juicio, la pasión sobre la razón,&nbsp; que piensa que lo que es justo si lo hace el pueblo, lo mismo es injusto si lo hacen los reyes; pero yo hace ya mucho tiempo que soy de la opinión de que nunca fue extraordinaria la opinión que agrada al pueblo, ni una&nbsp; sabiduría superior a la vulgar puede ser conocida por el pueblo, bien porque no la comprenden o comprendiéndola la igualan (a la vulgar).</em></p>
<p><em>Populi Romani,memoria Tarquiniorum, et civitatis instituto, Regibus iniqui, vox erat (Excellentiss.Domine) prolata ore Marci Catonis Censoris, Reges omnes de genere esse bestiarum rapacium. Ipse autem Populus Romanus, qui per Africanos, Asiaticos,Macedonicos, Achaicos, caeterosque a spoliatis gentibus cognominatos cives, totum fere orbem terrarum diripuerat, qualis bellua erat? Non minus ergo quam Cato, sapienter dixit Pontius Telesinus.Is praelio ad Portam Collinam contra Syllam circumvolans ordines exercitus fui; vociferatusque, eruendam delendamque ipsam Romam, adiiciebat, numquam defuturos Raptores Italicae libertatis Lupos, nisi sylva, in quam refugere solerent, esset excisa.</em></p>
<p><em>Profecto utrumque vere dictum est, <strong>Homo homini Deus, et Homo homini Lupus</strong>. Illud, si concives inter se; Hoc, si civitates comparemus. Illic iustitia et charitate, virtutibus pacis, ad similittudinem Dei acceditur; Hic propter malorum pravitatem, recurrendum etiam bonis est, si se tueri volunt, ad virtutes Bellicas,vim et dolum, id est, ad ferinam rapacitatem. Quam etsi hominess pro convitio invicem obiiciant, more innato, facta sua in personis alioru, tanquam in speculo,sinistra dextra; dextra sinistra existimantes; vitium tamen esse non sinit profectum a necessitate conservationis propriae ius naturale. Quod autem Catoni,viro spientiae celebratissimae, odium pro iudicio, affectus pro ratione imponere in tantum potuit, ut quod aequum in populo suo, idem reges facere iniquum censeret, mirari fortasse alii poterunt, ego sane in ea opinione iam diu sum,neque egregiam sententiam unquam fuisse quae placuit populo, neque sapientiam vulgari maiorem vulgo agnosci posse; quipped quam vel non intelligent, vel intelligentes aequant.</em></p>
<p><em>To the Right Honourable, William, Earle of Devonshire,<br />
My most honoured Lord<br />
May it please your Lordship,<br />
It was the speech of the Roman people (to whom the name of King had been render&#8217;d odious, as well by the tyrannie of the Tarquins, as by the Genius and Decretals of that City) &#8216;Twas the speech I say of the publick, however pronounced from a private mouth, (if yet Cato the Censor were no more than such) That all Kings are to be reckon&#8217;d amongst ravenous Beasts.&nbsp; But what a Beast of prey was the Roman people, whilst with its conquering Eagles it erected its proud Trophees so far and wide over the world, bringing the Africans, the Asiaticks, the Macedonians, and the Achaeans, with many other despoyled Nations, into a specious bondage, with the pretence of preferring them to be Denizens of Rome? So that if Cato&#8217;s saying were a wise one, &#8216;twas every whit as wise that of Pontius Telesinus; who flying about with open mouth through all the Companies of his Army, (in that famous encounter which he had with Sylla) cryed out, That Rome her selfe, as well as Sylla, was to be raz&#8217;d; for that there would alwayes be Wolves and Depraedatours of their Liberty, unlesse the Forrest that lodg&#8217;d them were grubb&#8217;d up by the roots. To speak impartially, both sayings are very true; That Man to Man is a kind of God; and that Man to Man is an arrant Wolfe. The first is true, if we compare Citizens amongst themselves; and the second, if we compare Cities. In the one, there&#8217;s some analogie of similitude with the Deity, to wit, Justice and Charity, the twin-sisters of peace: But in the other, Good men must defend themselves by taking to them for a Sanctuary the two daughters of War, Deceipt and Violence: that is in plaine termes a meer brutall Rapacity: which although men object to one another as a reproach, by an inbred custome which they have of beholding their own actions in the persons of other men, wherein, as in a Mirroir, all things on the left side appeare to be on the right, &amp; all things on the right side to be as plainly on the left; yet the naturall right of preservation which we all receive from the uncontroulable Dictates of Necessity, will not admit it to be a Vice, though it confesse it to be an Unhappinesse. Now that with Cato himselfe, (a person of so great a renowne for wisdome) Animosity should so prevaile instead of Judgement, and partiality instead of Reason, that the very same thing which he thought equall in his popular State, he should censure as unjust in a Monarchical, other men perhaps may have leisure to admire. But I have been long since of this opinion, That there was never yet any more than vulgar prudence that had the luck of being acceptable to the Giddy people; but either it hath not been understood, or else having been so, hath been levell&#8217;d and cryed downe.</em></p>
<p>Nótese cómo la frase latina “<em>profecto utrumque vere dictum est…” “con verdad se ha dicho…” </em>implica que <strong>no es <em>Hobbes </em>el creador</strong>, sino que <strong>la frase ya existía</strong>, ya existía cuando él la dijo.</p>
<h3>La frase ha de ser considerada un proverbio</h3>
<p>Es más, la frase ha de ser considerada como un <em>proverbio</em>, si aplicamos la doctrina que el gramático <em>Servio </em>hace en su comentario a la <em>Eneida</em>. En ese pasaje explica la expresión “<em>pectore toto”, con todo su pecho</em>, es decir, <em>con todo su corazón</em>, como equivalente a “<em>con todo el afecto</em>” y cita una frase de <em>Cicerón </em>en su <em>De Legibus:</em> <em>Nisi toto pectore amantur, ut dicitur.</em> El gramático dice, que <strong>cuando se utiliza la expresión, </strong><em><strong>ut dicitur</strong> (como se dice, como dicen, como la gente suele decir, como cuentan, etc.),</em> se trata de un proverbio:</p>
<p><em>Servius: Enedia, IX, 276</em>.</p>
<p><em>Con todo el corazón. Con todo afecto. Es un proverbio. Cicerón en el “Sobre las leyes”: a no ser que se amen con todo afecto. Así pues, cuando dice “ut dicitur” (como se dice )manifiesta que es proverbial.</em></p>
<p><em>“Pectore toto. Omni affectu. Et est de proverbio. Cicero De Legibus: Nisi toto pectore amantur, ut dicitur. Cum enim dicit, ut dicitur, ostendit proverbiale.</em></p>
<h2>¿Cuál es el origen de la frase homo homini lupus?</h2>
<p>Ya desde la <em>Antigüedad </em>se cita como probable origen, y frase latina más cercana a la citada de <em>Hobbes</em>, un pasaje de la comedia de <em>Plauto</em> (254-184 a.C.) <em>Asinaria (La comedia de los asnos)</em>.</p>
<p>Es una típica comedia en la que se desarrolla un complicado enredo entre un padre, su autoritaria y rica esposa, un hijo enamorado y los esclavos intrigando a favor de sus amos.</p>
<p>El argumento se nos resume al comienzo de la propia obra:</p>
<p><em><strong>Argumento</strong></em></p>
<p><em>Un viejo que vive bajo la férula de su mujer, quiere ayudar económicamente a su hijo, que está enamorado, y da orden de que se le entregue al esclavo Leónidas el precio de unos asnos que debía recibir Sáurea. El hijo entrega el dinero a su amiga y se la cede por una noche al padre. Un rival, desesperado de ver que le han quitado a la muchacha, se lo hace saber todo por medio de un parásito a la mujer del viejo, que se presenta y se lleva al marido del burdel.</em> (Traducción de Mercedes González-Haba. Edit. Gredos)</p>
<p><em>Argumentum </em></p>
<p><em>Amanti argento filio auxiliarier<br />
Sub imperio vivens volt senex uxorio.<br />
Itaque ob asinos relatum pretium Saureae<br />
Numerari iussit servolo Leonidae.<br />
Ad amicam id fertur. cedit noctem filius.<br />
Rivalis amens ob praereptam mulierem,<br />
Is rem omnem uxori per parasitum nuntiat.<br />
Accurrit uxor ac virum e lustris rapit.</em></p>
<h3>¿Fue Plauto el creador de la frase homo homini lupus?</h3>
<p>La frase en cuestión aparece en un pasaje en el que <strong>el esclavo <em>Leónidas </em></strong>pretende hacerse pasar por el administrador de la casa para que un mercader le entregue&nbsp; el dinero de la venta de unos asnos y dárselo al muchacho para que a su vez pueda dárselo a la muchacha y a su celestina, sólo ávidas de dinero. Pero el mercader no se deja engañar.</p>
<p><em>Plauto, Asinaria Acto II, escena IV, v. 484 y ss</em>.</p>
<p><em>LEONIDAS: ¿Qué, bribón? ¡Con que patibulario! ¿Es que te piensas que rehuimos a nuestro amo? ¡Venga, vete ya al amo, delante del que nos cita, detrás del que andas ya todo el rato!</em></p>
<p><em>MERCADER: ¡Ajajá! ¿Ahora al fin? Desde luego que no sacarás ni una perra de aquí (señalándose a sí mismo) , a no ser que Deméneto en persona me dé orden de que lo entregue.</em></p>
<p><em>LEONIDAS: Haz lo que te dé la gana, hale, andando pues. Tú puedes hacer ultrajes a los demás y a ti no se te puede decir una mala palabra, ¿no? Tanto soy yo una persona como lo eres tú.</em></p>
<p><em>MERCADER: Desde luego, así es.</em></p>
<p><em>LEONIDAS: Anda, ven entonces conmigo. Aunque me esté mal el decirlo, nadie me ha hecho a mí hasta ahora nunca jamás un reproche merecido, ni hay hoy por hoy otra persona en toda Atenas que goce de una más reconocida fama de solvencia que yo.</em></p>
<p><em>MERCADER: Todo puede ser, pero así y todo, no te saldrás con la tuya de hacerme entregar el dinero a una persona que no conozco. Cuando una persona te es desconocida, pues es para ti, como un lobo, no un hombre.</em></p>
<p><em>LEONIDAS: Ya te vas poniendo un poco más manso. Ya sabía yo que te disculparías ante mi humilde persona por tus injurias; aunque me ves así con unos atavíos de nada, pero soy un hombre como Dios manda, y mis riquezas personales no se pueden contar.</em></p>
<p><em>MERCADER: Todo puede ser.</em></p>
<p><em>LEONIDAS: También Perífanes, un rico comerciante de Rodas me entregó, en ausencia del amo, nada más que él y yo presentes, un talento de plata; hizo confianza en mí y no ha tenido motivo alguno de queja.</em></p>
<p><em>MERCADER: Todo puede ser.</em></p>
<p><em>LEONIDAS: Y también tú mismo, si te hubieras informado por otros sobre mí, estoy bien seguro, qué caray, de que me hubieras confiado lo que traes.</em></p>
<p><em>MERCADER. No digo que no. (Se van)</em><br />
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)</p>
<p><em>LEONIDA. Quid, verbero? ain tu, furcifer? erum nos fugitare censes?<br />
ei nunciam ad erum, quo vocas, iam dudum quo volebas.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Nunc demum? tamen numquam hinc feres argenti nummum, nisi me<br />
dare iusserit Demaenetus.</em></p>
<p><em>LEONIDA. Ita facito, age ambula ergo.<br />
tu contumeliam alteri facias, tibi non dicatur?<br />
tam ego homo sum quam tu.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Scilicet. ita res est.</em></p>
<p><em>LEONIDA. Sequere hac ergo.<br />
praefiscini hoc nunc dixerim: nemo etiam me accusavit<br />
merito meo, neque me alter est Athenis hodie quisquam,<br />
cui credi recte aeque putent.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Fortassis. sed tamen me<br />
numquam hodie induces, ut tibi credam hoc argentum ignoto.<br />
lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.</em></p>
<p><em>LEONIDA. Iam nunc secunda mihi facis. scibam huic te capitulo hodie<br />
facturum satis pro iniuria; quamquam ego sum sordidatus,<br />
frugi tamen sum, nec potest peculium enumerari.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Fortasse.</em></p>
<p><em>LEONIDA. Etiam ~ nunc dico Periphanes Rhodo mercator dives<br />
absente ero solus mihi talentum argenti soli<br />
adnumeravit et mihi credidit, nequest deceptus in eo.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Fortasse.</em></p>
<p><em>LEONIDA. Atque etiam tu quoque ipse, si esses percontatus<br />
me ex aliis, scio pol crederes nunc quod fers.</em></p>
<p><em>MERCATOR. Haud negassim.—</em></p>
<p>Exactamente en el verso 495 se dice: «<em><strong>Lupus est homo homini</strong>, non homo, quom qualis sit non novit</em>», que podemos traducir literalmente como:</p>
<p><strong><em>«Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro»</em></strong></p>
<p>y con una traducción menos literal como:</p>
<p><strong><em>Cuando una persona te es desconocida, pues es para ti como un lobo, no un hombre.</em></strong></p>
<p>Así que la frase no aparece en <em>Plauto </em>con la transcendencia que se utiliza después, cuando adquiere la categoría de <em>sentencia, máxima, proverbio, </em>etc.; antes bien, se usa en un contexto de relaciones personales y en una escena cómica de asunto intranscendente. Es esta una diferencia muy importante con <em>Hobbes</em>, donde se refiere nada menos que al estado previo de naturaleza de los hombres, anterior a la constitución de la sociedad humana.</p>
<p>Dicho todo esto,&nbsp; podemos preguntarnos también, <strong>¿fue <em>Plauto </em>el creador de la frase?</strong></p>
<p><em>Plauto</em>, es el autor más importante de comedias en latín. Como casi toda la literatura y cultura latina, el teatro también es deudor de los griegos. <em>Plauto </em>no sólo se inspira en comedias griegas sino que a veces prácticamente las traduce y las adapta al nuevo escenario romano. Es más, a veces, se sirve de varias griegas para componer una latina; a esa mezcla se le llamó “<em>contaminación</em>” y esta práctica generó un notable debate en lo que podríamos llamar “<em>crítica literaria” </em>del momento<em>.</em></p>
<p>Pues bien, la comedia “<em>Asinaria</em>” es una traducción de una griega llamada “<em>El arriero”, Onagos</em>, ᾿οναγός, como se nos dice en el prólogo de la misma obra que suele acompañar a la edición:</p>
<p><em><strong>PROLOGO V. 6&nbsp; y ss.</strong></em></p>
<p><em>Ahora os diré el motivo por el que he salido aquí a escena y qué es lo que pretendo: se trata simplemente de deciros el título de la comedia, porque por lo que toca al argumento, bien breve que es. Ahora os voy a decir lo que dije que quería deciros: esta comedia se llama en griego “El arriero” y su autor es Demófilo; Maco (Plauto) la ha traducido al latín, y con vuestro permiso, la quiere titular “Asinaria”; la pieza tiene gracia y chiste, es una comedia de risa. Ahora tened la amabilidad de prestarnos vuestra atención, y que el dios Marte os siga protegiendo como ya lo ha hecho en otras ocasiones.</em><br />
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)</p>
<p><em>nunc quid processerim huc et quid mihi voluerim<br />
dicam: ut sciretis nomen huius fabulae;<br />
nam quod ad argumentum attinet, sane brevest.<br />
nunc quod me dixi velle vobis dicere,<br />
dicam: huic nomen graece Onagos fabulae;<br />
Demophilus scripsit, Maccus vortit barbare;<br />
Asinariam volt esse, si per vos licet.<br />
inest lepos ludusque in hac comoedia,<br />
ridicula res est. date benigne operam mihi,<br />
ut vos, ut alias, pariter nunc Mars adiuvet.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></p>
<p>¿Extrajo <em>Plauto</em>, pues, de la obra griega la frase que luego, con una pequeña modificación, se ha hecho tan famosa?&nbsp; Muy probablemente así ocurrió; es muy probable que la frase estuviera ya en la <strong>comedia de <em>Demófilo</em></strong>,&nbsp; pero no tenemos un conocimiento incontestable de ello. Empleada por <em>Demófilo </em>o por otros griegos, la frase sonaría más o menos como consta muchos años después en <em>Erasmo</em>: Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος <em>(ánthroposs ánthropou lýkos).</em></p>
<h2>Homo homini deus, el hombre es un dios para el hombre</h2>
<p>En todo caso, en el mundo griego es bien conocida y frecuente una frase&nbsp; que es precisamente la antítesis de la anterior: ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον <em>(anthropos anthropou daimonion)</em>,&nbsp;&nbsp; que en latín ha dado “<strong><em>homo homini deus</em></strong>”, y en español “<strong><em>el hombre es un dios para el hombre</em></strong>”. Esta frase precisamente es la que aparece en <em>Hobbes </em>en contraposición a “<em>el hombre es un lobo para el hombre</em>”, aunque sea precisamente esta la que ha obtenido más fortuna.</p>
<p>ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον <em>(anthropos anthropou daimonion</em>) es una sentencia o frase hecha frecuente en griego y atestiguada en numerosas ocasiones y por supuesto también su correspondiente en latín&nbsp; “<em>Homo homini deus</em>”,.</p>
<p>En griego, por ejemplo aparece en el “<em>Corpus paroemiographorum graecorum</em>” al menos cuatro veces:&nbsp; en el caso de <em>Zenobios, I,91; en Diogenianus o pseudo Diogenianus, I, 80&nbsp; y I, 46; Miguel Apostolios, III,10 y en Gregorio de Chipre I,50.</em></p>
<p>En latín,&nbsp; el poeta cómico <em>Cecilio </em>(ca 280-ca.168 a.C.) utilizó un verso que se conserva gracias a la cita de Símaco, autor del siglo IV, que&nbsp; lo utiliza en una carta de agradecimiento:</p>
<p><em>Símaco, Epistolas IX,114:</em></p>
<p><em><strong>“Correctamente el cómico Cecilio dijo: el hombre es un dios para el hombre, si conoce su </strong></em><strong>obligación.”</strong></p>
<p><em>Recte Caecilius comicus inquit<br />
Homo homini deus est, si suum officium sciat.</em></p>
<p><strong>Cecilio </strong>parece imbuido de la filosofía estoica y del <em>Círculo </em>proheleno de los <em>Escipiones</em>. Recordemos que <em>Terencio </em>había escrito&nbsp; en su <em>Heautontimorumenos</em>,<em> v. 77</em>:</p>
<p><em>«homo sum, humani nihil a me alienum puto»</em>,</p>
<p><em><strong>Soy hombre y nada humano lo considero ajeno a mí.</strong></em></p>
<p>Pero conviene reproducir la carta entera, muy breve por lo demás, porque nos ayuda a entender la extensión en el uso de esta frase y la razón de su uso.</p>
<p><em>Con razón dijo el cómico Cecilio que “un hombre es un dios para otro hombre si conoce su obligación”. Yo puedo decir que esta máxima se aviene contigo, que desinteresadamente has aplicado una atención vigilante a nuestros asuntos. Desde entonces vive el recuerdo en nuestro corazón, la alabanza en nuestra boca, y la gloria de tu acción y de tu interés no sólo florece momentáneamente sino que estará viva una eternidad, según me augura mi razón. Ahora incluso sería apropiado un discurso más prolijo para agradecértelo si no temiera dar la sensación de haber pagado de una vez todo lo que debo. No soporta haber recibido un beneficio quien se apresura a liberarse del vínculo y no parece aceptar la ayuda mutua como cun amigo si se ruboriza ante una demora en la demostración de gratitud.&nbsp; Pero la naturaleza de mi carácter es otra: me apresuro a pagar el interés pecuniario y deseo adeudar durante mucho tiempo la devolución de pruebas de consideración. Que te vaya bien</em>. (Traducción de Juan Antonio Valdés Gallego. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Symmachus . . . . . Recte Caecilius comicus: Homo, inquit, homini deus est, si suum officium sciat. Hanc ego in te dixerim sententiam convenire, qui nostris negotiis curam vigilem praestitisti. Hinc in pectore memoria, laus in ore versatur. Nec in praesentia modo floret facti et studii tui gloria, sed, ut mens augurat, aevum vigebit. Prolixior agendis gratiis sermo etiam nunc competeret, ni vererer, ne simul totum videar expunxisse, quod debeo. Impatiens est accepti beneficii, qui nexu properat liberari: nec videtur mutuam operam quasi amicus accipere, si erubescit ad moram gratiae. Alia mei ingenii ratio est. Pecuniae fenus accelero persolvere: officiorum vices diu opto debere. Vale.</em></p>
<p>Se trata de una carta de agradecimiento por un bien recibido y en el mundo antiguo está muy extendida la idea de que quien hace un bien, un beneficio a alguien, el benefactor, es un <em>dios</em>.&nbsp; Esto ayuda a entender la extensión de la deificación de los gobernantes, porque son benefactores (algunos de ellos se llaman precisamente así, evergetes, benefactor, como por ejemplo,<em> Ptolomeo III Evergetes</em>,( en griego: Πτολεμαίος Ευεργέτης),, que vivió&nbsp; c. 282 &#8211; 222 a. C., tercer faraón de la Dinastía Ptolemaica) y también la extensión, y banalización si se prefiere, a cualquier persona que favorezca a un semejante. Es, pues, una frase muy utilizada para reconocer un favor a alguien.</p>
<p>Curiosamente en la misma <strong>comedia “<em>Asinaria</em>”</strong> se usa esta idea, aunque en un contexto burlesco, como corresponde a la comedia, cuando el esclavo exige un tratamiento divino por el favor de dar el dinero, en el verso 712:</p>
<p><em>ARGIRIPO: Y ahora, ¿qué?; por favor, después de que nos habéis tomado el pelo como os ha dado la gana, ¿nos dais el dinero?</em></p>
<p><em>LIBANO: Con la condición de que me dediques una estatua y un altar y de que me hagas la ofrenda de un toro, como si fuera un dios, que yo soy para ti la divinidad de la Salud en persona.</em></p>
<p><em>LEONIDA: Amo, no le hagas caso a éste y ocúpae conmigo y dame a mí los honores que él te ha pedido&nbsp; y hazme una súplica.</em></p>
<p><em>ARGIRIPO: Y a ti, ¿qué divinidad te voy a llamar?</em></p>
<p><em>LEONIDA: Yo soy la Fortuna y la Foruna a tus pies.</em><br />
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)</p>
<p><em>ARGIRIPUS. Quid nunc, amabo? quoniam, ut est libitum, nos delusistis,<br />
datisne argentum?<br />
LIBANUS. Si quidem mihi statuam et aram statuis<br />
atque ut deo mi hic immolas bovem: nam ego tibi Salus sum.<br />
LEONIDA: Etiam, tu, ere, istunc amoves abs te atque –ipse me adgredere atque illa, sibi quae hic iusserat,mihi statuis supplicasque?<br />
ARGIRIPUS: Quem te autem divom nominem?<br />
LEONIDA: Fortunam, atque Obsequentem</em></p>
<p>Los textos latinos en los que aparece esta idea de la divinidad del hombre benefactor son infinitos. Pondré tan sólo dos&nbsp; ejemplos bien significativos.</p>
<p><em>Virgilio </em>en la primera de sus famosas <em>Églogas </em>agradece a <em>Augusto </em>que no le sean confiscadas sus tierras para dárselas a un soldado. <em>Virgilio </em>le considera un “<em>dios</em>”:</p>
<p><em>Virigilio, Egloga I, v.6-8</em>:</p>
<p><em>Títiro</em>:&nbsp;&nbsp;<em> A un dios, ¡oh Melibeo! Debo estos solaces, porque para mí siempre será un dios.<br />
¡Frecuentemente empapará su altar la sangre de un recental de mis majadas! A él<br />
debo que mis novillas vaguen libremente, como ves, y también poder yo entonar &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; los cantos que me placen, al son de la rústica avena.</em></p>
<p><em>O Meliboee, deus nobis haec otia fecit.<br />
Namque erit ille mihi semper deus: illius aram<br />
Saepe tener nostris ab ovilibus imbuet agnus.<br />
Ille meas errare boves, ut cernis, et ipsum<br />
Ludere quae vellem calamo permisit agresti.</em></p>
<p>Dice <em>Plinio </em>en su<em> Naturalis Historia,2,7.18-19: </em></p>
<p><em>Dios significa para un mortal ayudar a otro mortal y éste es el camino para la gloria eterna. Por él marcharon los romanos más ilustres y por él caminará ahora con paso celestial junto a sus hijos el gobernante más grande de todos los tiempos, Vespasiano Augusto, prestando su ayuda en las malas circunstancias.</em></p>
<p><em>De ahí viene la costumbre antiquísima de conceder a quienes más lo merecen la gracia de figurar entre los dioses como les corresponde (y por supuesto que los nombres de los demás dioses y astros, que antes referí, proceden de los méritos de los hombres)</em>. Traducción de Ana María Moure Casas. Editorial Gredos</p>
<p><em>deus est mortali iuvare mortalem, et haec ad aeternam gloriam via. hac proceres iere Romani, hac nunc caelesti passu cum liberis suis vadit maximus omnis aevi rector Vespasianus Augustus fessis rebus subveniens.</em></p>
<p><em>hic est vetustissimus referendi bene merentibus gratiam mos, ut tales numinibus adscribant. quippe et aliorum nomina deorum et quae supra retuli siderum ex hominum nata sunt meritis. Iovem quidem aut Mercurium aliterve alios inter se vocari et esse caelestem nomenclaturam,</em></p>
<p>El pensamiento de <em>Plinio </em>respecto de los dioses quedá también aquí claramente insinuado: próximo al ateísmo: <em>Dios es para un mortal ayudar a los mortales.</em></p>
<p>La segunda,<em> homo homini lupus</em>, muy probablemente existió en contraposición a la primera, dando lugar a la doble frase, que es posible que estuviera ya en <em>Demófilo</em>, o en otros autores..</p>
<p>La imagen del lobo como animal especialmente cruel para el hombre está sin duda en la relación del lobo con el perro, que curiosamente resulta ser “<em>el amigo más fiel del hombre»</em> y probablemente el animal primeramente domesticado tal vez hace 40.000 años. Los nombres científicos de ambas subespecies son <strong><em>“canis lupus</em>” para el lobo</strong> y <strong>“<em>canis lupus familiaris</em>” para el perro</strong>, en virtud de su proximidad genética.</p>
<p>Son infinitos los pasajes en los que el perro es el fiel amigo del hombre <em>(hominis canis amicus optimus</em>); recordemos por ejemplo al perro que reconoce a <em>Ulises, Argos,&nbsp; </em>cuando regresa a <em>Ítaca</em>; o&nbsp; ¿qué decir del perro como guardián de la casa del amo si por todo el Imperio aparece la famosa frase <em>“cave canem</em>”, <em>“cuidado con el perro</em>” en la puerta de la finca?.&nbsp; Si el <em>canis</em> doméstico es el mejor, el canis salvaje será el peor en la imaginación y experiencia popular.<br />
Dejaré para otra ocasión alguna referencia&nbsp; al mito de la “<em>licantropía</em>” o conversión del hombre en lobo y al hecho de que fuera precisamente <em>Licaón </em>(hombre al que <em>Zeus </em>convirtió en lobo) el que diera las leyes a los humanos e hiciera posible el abandono de la vida salvaje y la aparición de la sociedad humana sometida a normas de derecho.</p>
<p>Entre otros textos latinos próximos a la frase “<em>homo homini lupus</em>” tenemos el verso de <em>Ovidio</em> (43ª.C.-8 d.C)&nbsp; en <em>Tristia V, elegia VII, vv. 45-46: </em></p>
<p><em>“Vix sunt homines hoc nomine digni. Quamquam lupi, saevae plus feritatis habent</em>”.</p>
<p>Recordemos cómo <em>Ovidio</em>, obligado al exilio en el <em>Ponto Euxino</em>, en los límites del <em>Imperio</em>, junto al<em> Mar Negro</em>, pasa sus días sumido en la tristeza y la nostalgia. Castigado por alguna falta que nunca se ha conocido con exactitud, fue impedido de volver más a la <em>Roma </em>que tanta gloria le dio. Allí escribió estos “<em>poemas tristes</em>”, “<em>Tristia</em>”.</p>
<p>Aunque el artículo se está tal vez alargando demasiado con demasiados textos, no me resisto a reproducir unos pocos versos en los que encuadrar el citado y de paso nos informen sobre lo duro que resultaba el exilio para una mundano poeta de éxito en la capital del mundo, Roma.</p>
<p>Preguntado por sus amigos cómo pasa los días, les escribe entre otras cosas:</p>
<p><em>Tristia, V,VII , versos 37 y ss</em>:</p>
<p><em>Y sin embargo ni estoy pendiente de ser alabado ni preocupado por un nombre futuro, que más útil mi hubiera sido si lo hubiera ocultado. Entretengo mi alma en los estudios y huyo de mis dolores y procuro dar buenas palabras a mis afanes. ¿Qué más puedo hacer solo en estas playas desiertas o qué otra ayuda puedo intentar buscar a mis males?</em></p>
<p><em>Si miro al lugar, el lugar no es nada amable (inamable) y nada puede haber más triste en todo el orbe. Si miro a los hombres, apenas son hombres dignos de este nombre, pues tienen más de animal fiereza que los lobos. No temen a las leyes, sino que&nbsp; lo justo cede a sus fuerzas y los derechos vencidos yacen bajo la violenta espada. Rechazan los malos fríos con pieles y anchas bragas; sus horribles rostros los cubren con largo pelo; en pocos queda algún vestigio de la lengua griega, que ya suena extranjera pronunciada con sonido Gético.&nbsp; Ni uno solo hay en este pueblo que pueda medio traducir del latín alguna palabra. Yo mismo, aquel famoso poeta romano, -perdonadme Musas-&nbsp; me veo obligado a hablar casi todo en lengua sármata. Me avergüenzo de ello y confieso que por la larga falta de uso, apenas si me vienen a la mente las palabras latinas. Y no dudo de que también en este pequeño librito hay no pocas palabras bárbaras. Estas no son culpa del hombre sino del lugar. Y sin embargo para no perder el uso y relación con la&nbsp; lengua y mi voz se haga muda al sonido patrio, yo mismo hablo conmigo y repaso las palabras que no uso y repito las señales funestas de mi deseo.</em></p>
<p><em>nec&nbsp; tamen, ut lauder, vigilo curamque futuri<br />
nominis, utilius quod latuisset, ago.<br />
detineo studiis animum falloque dolores,<br />
experior curis et dare verba meis.<br />
quid potius faciam desertis solus in oris,<br />
quamve malis aliam quaerere coner&nbsp; opem?<br />
sive locum specto, locus est inamabilis, et quo<br />
esse nihil toto tristius orbe potest,<br />
sive homines, vix sunt homines hoc nomine digni,<br />
quamque lupi, saevae plus feritatis habent.<br />
non metuunt leges, sed cedit viribus aequum,<br />
victaque pugnaci iura sub ense iacent.<br />
pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,<br />
oraque sunt longis horrida tecta comis,<br />
in paucis remanent Graecae vestigia linguae,<br />
haec quoque iam Getico barbara facta sono.<br />
unus in hoc nemo est populo,<br />
qui forte Latine quaelibet e medio reddere verba queat.<br />
ille ego Romanus vates—ignoscite, Musae!—<br />
Sarmatico cogor plurima more loqui.<br />
en pudet et fateor, iam desuetudine longa<br />
vix subeunt ipsi verba Latina mihi.<br />
nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello<br />
barbara . non hominis culpa, sed ista loci.<br />
ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,<br />
et fiat patrio vox mea muta sono,<br />
ipse loquor mecum desuetaque verba retracto,<br />
et studii repeto signa sinistra mei.</em></p>
<p><em>Séneca </em>había expresado la maldad del hombre sin recurrir a la comparación con el lobo en su <em>Epistola a Lucilio número103</em>, en la que advierte que es necesario desconfiar de los hombres.</p>
<p>Como no es excesivamente larga la transcribiré íntegra para facilitar así al lector el conocimiento de una de las<em> 124 cartas</em> con consejos morales que <em>Séneca </em>escribió a su amigo <em>Lucilio</em>, aunque la frase concreta que hace referencia al asunto que nos ocupa es :</p>
<p><em><strong>… pero el peligro del hombre para el hombre es de cada día.</strong></em></p>
<p><em>Ab homine homini quotidianum periculum”</em>.</p>
<p><em>Séneca, Cartas a Lucilio, 103:</em></p>
<p><em>Es necesario desconfiar de los hombres</em></p>
<p><em>¿Por qué te preocupas de aquellas cosas que tal vez puedan suceder, pero que también pueden no suceder? Quiero decir el incendio, el hundimiento de la casa y otros accidentes que nos ocurren por azar,&nbsp; pero no por insidia alguna; antes bien, procura prever y evitar aquellas cosas que nos acechan y pueden asaltarnos por sorpresa. Son accidentes más raros,&nbsp; aunque graves, naufragar, volcar en un vehículo, pero el peligro del hombre para el hombre es de cada día. Contra éste debes prepararte, a éste tienes que dirigir siempre unos ojos atentos; no existe ningún mal más frecuente, ninguno más pertinaz ni más traidor. La tempestad amenaza antes de estallar, los edificios crujen antes de hundirse, el humo anuncia anticipadamente el fuego, pero los perjuicios que nos vienen del hombre llegan de súbito, y se encubren con tanta mayor diligencia cuanto más cerca los tenemos.</em></p>
<p><em>Te equivocas si te fías del rostro de los que se te presentan: tienen cara de hombre, pero alma de fiera, pero en las fieras sólo el primer ataque es peligroso: no persiguen a los que pasan de largo; cuando atacan es siempre obligadas por el hambre o por el miedo, pues sólo la necesidad les impulsa a ser crueles. El hombre, al contrario, mata por gusto. Con todo, piensa tanto en los peligros que vienen del hombre, que llegues a pensar en los deberes que incumben al hombre. Considera los primeros&nbsp; para no ser herido, y los segundos para no herir. Alégrate de la felicidad de todos, conmuévete con sus desdichas, y acuérdate de lo que tienes que hacer y de lo que debes evitar. ¿Qué conseguirás viviendo así? No que no te hagan daño, sino que no te engañen. Pero refúgiate tanto como puedas en la filosofía: en su seno hallarás protección y en ese santuario estarás seguro, por lo menos más seguro. No tropiezan unos con otros sino cuando siguen la misma vía. Pero no uses la filosofía con jactancia: para muchos fue causa de peligro el hecho de haberla conducido por caminos de altanería y arrogancia: es menester que te cures de los vicios sin retar a los demás hombres. No menosprecies las costumbres públicas, ni procedas de tal modo que parezcas condenar todo lo que no sea ella misma. La sabiduría puede andar sin pompa y sin malevolencia. Consérvate bueno</em>. (Traducción de Jaime Bofill y Ferro. Edit. Iberia. Barcelona 1965)</p>
<p><em>Quid ista circumspicis, quae tibi possunt fortasse evenire, sed possunt et non evenire ? Incendium dico, ruinam, alia, quae 1 nobis incidunt, non insidiantur; illa potius vide, illa devita, quae&nbsp; nos observant, quae captant. Rariores sunt 3 casus, etiam si graves, naufragium facere, vehiculo everti; ab homine homini cotidianum periculum. Adversus hoc te expedi, hoc intentis oculis intuere. Nullum est malum frequentius, nullum pertinacius, nullum blandius.</em></p>
<p><em>Ac tempestas minatur antequam surgat, crepant aedificia antequam corruant, praenuntiat fumus incendium; subita est ex homine pernicies et eo diligentius tegitur, quo propius accedit.<br />
Erras, si istorum tibi qui occurrunt vultibus credis; hominum effigies habent, animos ferarum, nisi quod illarum perniciosus est primus incursus; quos transiere, non quaerunt. Numquam enim illas ad nocendum nisi necessitas incitat; aut&nbsp; fame aut timore coguntur ad pugnam; homini perdere hominem libet.</em></p>
<p><em>Tu tamen ita cogita, quod ex homine periculum sit, ut cogites, quod sit hominis officium. Alterum intuere, ne laedaris, alterum ne laedas. Commodis omnium laeteris, movearis incommodis et memineris, quae praestare debeas, quae cavere.</em></p>
<p><em>Sic vivendo quid consequaris ? Non te ne noceant, sed ne fallant. Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.</em></p>
<p><em>Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. Vale</em>.</p>
<p>Así que la idea del potencial maligno del hombre para con sus semejantes es una idea bien extendida.</p>
<p>Pero también escribió&nbsp; <em>“el hombre es una cosa sagrada para el hombre</em>”, «<em>Homo, sacra res homin</em>i», en la <em>carta 95,33</em>.&nbsp; La carta es muy larga y en ella arremete <em>Séneca </em>contra la gula y el despilfarro, origen de muchas enfermedades del cuerpo y del alma. En este caso me limitaré a transcribir el párrafo en el que aparece la frase, aconsejando al lector la lectura completa de esta “<em>epistula</em>”.</p>
<p><em>Cartas a Lucilio, XCV, 33</em>:</p>
<p><em>…El placer se anda buscando por todos los caminos; ningún vicio permanece dentro de su esfera; el lujo impele hacia la avaricia. Se va extendiendo un gran olvido de la honestidad: nada es deshonroso cuando el afán de lucro nos lo aconseja. El hombre, cosa sagrada para el hombre, es muerto ya por el juego o pasatiempo; antes era un crimen enseñarle a infligir y recibir heridas, hoy ya se le expone desnudo y sin armas, y el único espectáculo que podemos sacar del hombre es ya la muerte.</em> (Traducción de Jaime Bofill y Ferro. Edit. Iberia. Barcelona 1965)</p>
<p><em>[33] …voluptas ex omni quaeritur. Nullum intra se manet vitium; in avaritiam luxuria praeceps est. Honesti oblivio invasit. Nihil turpest, cuius placet pretium. Homo, sacra res homini, iam per lusum ac iocum occiditur et quem erudiri ad inferenda accipiendaque vulnera nefas erat, is iam nudus inermisque producitur satisque spectaculi ex homine mors est.</em></p>
<p>Muchos años después el dominico español <em>Francisco De Vitoria</em> (1483-1546), que hizo una notable contribución al <em>derecho internacional</em>&nbsp; y cuyo nombre lleva hoy una universidad privada española de orientación conservadora, se refiere a estos versos de <em>Ovidio&nbsp; </em>cuando escribe:</p>
<p><em>Es contra el derecho natural que el hombre rechace al hombre sin causa alguna, pues no es el hombre un lobo para el hombre, como dijo Ovidio, sino un hombre</em>.</p>
<p><em>“Contra ius naturale est, ut homo hominem sine aliqua causa aversetur. “non enim homini homo lupus est, ut ait Ovidius, sed homo”</em>. (Relección primera. De los Indios,III,3ª ed. a cura de T.Urdanoz. Madrid 1960,p.709).</p>
<p>En la misma época de <em>Vitoria</em>, un humanista famoso,<em> Erasmo de Rotterdam</em> (1466-1536) utiliza la misma frase, contraponiendo los dos términos y lo hace precisamente en una de sus más famosas obras, en los Adagia, <em>Adagios</em>, que se imprimió no menos de veinte veces antes del<em> De Cive</em> de <em>Hobbes</em>; se publicaron la primera vez en 1508.</p>
<p>En realidad <em>Erasmo </em>parte del proverbio griego de Zósimo, aunque no lo dice y dedica al asunto dos de sus <em>adagios</em>, los <em>números 69 y 70</em> de la <em>Primera Quliada.</em> El primero lo dedica a comentar la frase <em>“Homo homini deus</em>” y el segundo a “<em>Homo&nbsp; homini lupus</em>”.</p>
<p><em>Nota</em>: <em>Quiliada </em>es una palabra derivada de la griega <em>kilioi </em>(<em>mil</em>) y por tanto significa “<em>millar</em>”</p>
<p>El <em>primero</em>, el 69, el que dedica a&nbsp; Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον,&nbsp; <em>“Homo homini deus</em>”, es muy largo.&nbsp; Comienza con una larga referencia a la “divinización” entre los antiguos.</p>
<p><em>No se diferencia mucho de este aquel dicho Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, esto es: Homo homini deus, que se suele decir de aquel que nos aporta un repentina e inesperada salvación o de aquel que de algún modo nos hace un gran favor. Los Antiguos creían que ser dios no era otra cosa que ser útil a los mortales.</em></p>
<p><em>Non admodum hinc abludit et illud:Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, id est<br />
Homo homini deus, quod dici solet de eo, qui subitam atque insperatam attulit<br />
salutem aut qui magno quopiam beneficio juvit. Antiquitas, enim nihil aliud<br />
existimabat esse deum quam prodesse mortalibus…</em></p>
<p>Así que <em>“homo homini deus</em>” es un dicho que se suele decir. La <em>Antigüedad </em>creía que <em>ser dios no es otra cosa sino ser beneficioso para los mortales.</em></p>
<p>Se fundamenta luego <em>Erasmo </em>en la autoridad de <em>Homero </em>y de <em>Hesiodo </em>y de <em>Estrabón</em>, y de Horacio y <em>Juvenal </em>y <em>Virgilio </em>y de <em>Plinio </em>y de <em>Ovidio </em>y de <em>Plutarco </em>y de <em>San Pablo</em> y de <em>Gregorio Nacianceno</em>, para poner ejemplos de benefactores que son dioses o considerados como tales. Termina matizando en qué condiciones un cristiano puede utilizar la expresión sin ofender a Dios.</p>
<p>Por cierto que <em>Plinio</em>, con su frase&nbsp; “<em>Deus est mortali juvare mortalem</em>”, comentada anteriormente, muestra su inclinación hacia el <em>ateísmo </em>y poca reverencia para con los dioses, como el propia <em>Erasmo </em>se encarga de resaltar en este adagio. <em>Plinio </em>no admite una divinidad suprema que se cuide de los hombres, sino que cree que es el propio o mundo o una cierta <em>Naturaleza </em>quien lo dirige todo:</p>
<p><em>Plinio Segundo, en su Historia Natural, libro II, se refiere más claramente al proverbio (παροιμίαν) griego,&nbsp; pero habla tan irreverentemente acerca de los dioses como lo hace un poco después sobre la inmortalidad de las almas y tan locamente sobre la resurrección de los cuerpos. </em></p>
<p><em>Riéndose de la multitud de dioses y rehusando atribuir el cuidado de los mortales a una sumprema divinidad, que el considera el mundo o una naturaleza no sé de qué tipo, dice: “Ser dios consiste en que un mortal proporcione ayuda a otro mortal”. Y este es el camino para la gloria eterna.</em></p>
<p><em>Plinius Secundus libro Naturalis historiae secundo manifestius Graecam παροιμίαν<br />
indicavit, sed tam impie sentiens de diis quam paulo post de animarum<br />
immortalitate deque corporum resurrectione desipienter. Nam cum et multitudinem<br />
deorum irrisisset et uni illi summo, quem aut mundum hunc aut naturam nescio<br />
quam esse putat, prorsus ademisset curam mortalium, Deus est, inquit, mortali<br />
iuvare mortalem. Et haec ad aeternam gloriam via.</em></p>
<p>El <em>Segundo, el 70,</em>&nbsp; es mucho más breve</p>
<p><em>I,I,70&nbsp; Homo homini lupus</em></p>
<p><em>Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος, es decir, el hombre es un lobo para el hombre Es una frase casi inversa a la anterior, y que parece que ha sido hecha a partir de esta, que utilizó&nbsp; Plauto en su Asinaria, “El hombre es un lobo para el hombre”. Con esta frase nos advierte de que no nos fiemos de una persona desconocida, sino que por el contrario seamos precavidos como un lobo.</em></p>
<p><em>Un lobo, dice,&nbsp; es el hombre para el hombre, y no un hombre, cuando no sabe de quien se trata.</em></p>
<p><em>Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος, id est Homo homini lupus. Superiori quasi<br />
diversum est ac velut hinc effictum videtur, quod usurpavit Plautus in Asinaria, Homo homini lupus. Quo monemur, ne quid fidamus homini ignoto, sed perinde atque a lupo caveamus:</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lupus est (inquit) homo homini, non homo, qui qualis sit non novit.</em></p>
<p>Y también en <em>Francis Bacon</em> (1561-1616), que se desenvuelve en una temática sobre la Justicia y el Estado, como hace <em>Hobbes</em>, dice en su <em>Instauratio Magna, en el De dignitate et augmentis Scientiarum, en el Liber VI, c.III. Exempla antithetorum XX,:</em></p>
<p><strong><em>La justicia debe hacer que el hombre sea un Dios para el hombre, no un lobo.</em></strong></p>
<p><em>“Iustitia debetur, quod homo homini sit Deus, non lupus</em>”</p>
<p>Nota: <em>François Tricaud</em>, en su artículo: <em>“Homo homini Deus”, “Homo homini Lupus”: Recherches de Sources de deux Formules de Hobbes</em>”, no conoce esta cita; es más afirma de <em>Bacon </em>que no utiliza la doble fórmula&nbsp;<em> …deus…lupus.</em> Es un error.</p>
<p>Y también el mismo <em>Bacon</em>, en un contexto similar, en el<em> Liber VIII, caput II, en la parábola XXV</em>, que titula “Fons turbatus pede, et vena corrupta, est iustus cadens coram impío” y en la que advierte que hay que evitar los juicios injustos, porque la injusticia del juez corrompe las fuentes mismas del derecho:</p>
<p><em>25. Fons turbatus pede, et vena corrupta, est justus cadens coram impio.<br />
EXPLICATIO. Praecipit Parabola, rebuspublicis ante omnia cavendum esse de iniquo et infami judicio, in caussa aliqua celebri et gravi; praesertim ubi non absolvitur noxius, sed condemnatur insons. Etenim injuriae inter privatos grassantes turbant quidem et polluunt latices justitiae, sed tanquam in rivulis; verum judicia iniqua qualia diximus, a quibus exempla petuntur, fontes ipsos justitiae inficiunt et inquinant. Postquam enim tribunal cesserit in partes injustitiae, status rerum vertitur tanquam in latrocinium publicum: fitque plane, ut homo homini sit lupus</em>.</p>
<p>Luego también en <em>J.Owen </em>(muerto en 1793):</p>
<p><em>“Homo homini lupus, homo homini deus</em>” ((Epigrammata,1606,III,23),</p>
<p>Existen obras como el<em> Dictionary of the Proverbs in England in the 16th and 17th Centuries</em>, de M.P. Tilley en el que se dan numerosas referencias anteriores a <em>Hobbes</em>.</p>
<p><em>Baruch de Spinoza</em> (1632-1677) en su <em>Ethica, IV</em>,<em> escolio del segundo corolario de la proposición XXXV</em>, dice, pensando en <em>Hobbes</em>, que la frase <em>“Homo homini Deus</em>” “<em>estaba casi en todas las bocas</em>” (<em>ómnibus fere in ore</em>), señalando así la frecuencia y conocimiento de la frase en cuestión.</p>
<p><em>Montaigne </em>(1533-1592) en <em>Francia</em>, que refiriéndose al matrimonio dice en<em> Essais, III,ch.IV</em>:</p>
<p><em>“C’est une convention à laquelle se raporte bien à point ce qu’on dict, homo homini o Deus o lupus”</em></p>
<p><em><strong>“Es una convención a la que bien a punto se refiere lo que se dice, que homo homini o Deus o lupus”.</strong></em></p>
<p>También <em>Montaigne</em>, pues,&nbsp; presenta la frase como algo que <em>frecuentemente se dice.</em></p>
<p>Y en <em>España Baltasar Gracián</em> (1601-1658) en su <em>Criticón,I, IV, pág, 32 de la edición de la Colección Austral de Espasa-Calpe</em>, al referirse a los hombres también la emplea: <em>“cada uno es un lobo para el otro”</em></p>
<p>En este punto, después de todas estas citas que a algún lector pueden parecer demasiadas, podemos preguntarnos de nuevo: ¿<em><strong>Leyó Hobbes la comedia de Plauto</strong>?</em></p>
<p>Pudo leerla, pero si <strong>la frase de <em>Plauto </em></strong>se había convertido en una sentencia y su difusión era tan extensa que estaba casi en todas las bocas, como decía <em>Spinoza </em>y figuraba en las recopilaciones de sentencias, <em>Hobbes </em>no necesitó del conocimiento completo de la comedia de <em>Plauto</em>.&nbsp; En realidad lo más probable es que lo conociera de <em>Erasmo</em>, dada la fama de sus <em>Adagia</em>, o más probablemente de <em>Bacon</em>, con el que Hobbes vivió incluso algunos meses; por ello en ningún momento se adjudica la autoría.</p>
<p>Con esta larga exposición habría intentado profundizar en el origen de la frase en cuestión. Nos quedaría ahora profundizar en el significado de las frases en cada autor y contexto, su uso proverbial en griego, en los autores ¿<em>Demófilo</em>?, <em>Plauto</em>, <em>Cecilio</em>, <em>Virgilio</em>, <em>Plinio </em>y los restantes autores latinos, <em>Erasmo</em>, <em>Hobbes</em>, etc.</p>
<p>No haré ahora la reflexión sobre el contenido de las frases; dejo la tarea al lector; pero en cambio sí quiero dejar unas cuantas cuestiones abiertas a la consideración del lector.</p>
<p>La primera sería la idea extendida en el mundo antiguo según la cual los dioses son benefactores de los hombres y en consecuencia el hombre que favorece a sus semejantes también es un dios o se asemeja a los dioses.</p>
<h3>El hombre que favorece a sus semejantes también es un dios</h3>
<p>Esto está en relación también con el “<em>evergetismo</em>” (del griego εύεργετέω y&nbsp; ευεργετισμός, que significa «hacer el bien»,&nbsp; «<em>obrar bien, hacercer buenas obras»</em>) o función benefactora de los gobernantes, ricos y poderosos, y con la <em>divinización </em>de los reyes y dirigentes.</p>
<p>¿<em>Plauto </em>nos dice que debemos desconfiar de todo desconocido (este parece el sentido banal del pasaje de “<em>Asinaria</em>”)?&nbsp; o ¿tal vez insinúe que el hombre es un lobo para el hombre si no reconoce al otro como su semejante?</p>
<p>¿Nos está diciendo <em>Plinio</em>, despectivo con los dioses tradicionales, que el único dios que existe para el hombre es otro hombre cuando hace el bien a sus semejantes?</p>
<p>Si en la traducción inglesa de <em>Hobbes “Homo homini lupus</em>” se traduce por <em>“<strong>Man to Man is a kind of God</strong></em>”, ¿se está diciendo que el hombre es Dios, un dios o algo similar a Dios, algo divino?<br />
¿O estará diciendo <em>Hobbes </em>algo parecido a lo que decía <em>Plinio</em>, cuando une en una misma frase el <em>“homo homini lupus</em>” y el “homo homini deus? Es decir, ¿nos estará diciendo <em>Hobbes </em>que el hombre deja de ser un lobo para convertirse en dios cuando crea el Estado y las instituciones sociales que garantizan su pervivencia y el ideal burgués de supervivencia y reciprocidad? Es decir, ¿será <em>Hobbes </em>más revolucionario en el fondo con su frase<em> homo homini deus</em> de lo que podría hacernos creer su frase más exitosa <em>homo homini lupus</em>?</p>
<p>En el autor en el que no cabe duda alguna del sentido de la frase<em> Homo homini deus est</em> es en&nbsp; el materialista<em> Ludwig Feuerbach</em> (1804-1872), para quien la idea de <em>Dios </em>no es sino la del hombre alienado proyectado hacia un ser ficitio y lejano a la propia humanidad.</p>
<p>Creo que son ya muchas preguntas, quedan varias más,&nbsp; para finalizar un artículo ya demasiado largo. Así que dejaré las respuestas a la voluntad del sabio lector.</p>
<p>En cualquier caso, el proverbio o los proverbios si separamos las dos partes de la frase o consideramos algunos muy similares, se sigue utilizando con toda frecuencia y también en todo tipo de contextos, con lo que su significado concreto es enormemente variado.</p>
<p>Expondré a título de ejemplo un proverbio similar con el que <em><strong>Miguel de Unamuno</strong>,</em> cambiando ligeramente la forma (existe también <em>homo homini canis</em>) y también el sentido (el hombre, algunos hombres, son como perros falderos al servicio de otro hombre) publicó en la revista española <em>“La Esfera” número 106</em>, en&nbsp; un artículo titulado “<strong><em>Homo hominis canis</em></strong>”, en el que decía textualmente:</p>
<p><em>“Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre, dijo Hobbes, pero podría muy bien cambiarse el aforismo y decir: Homo hominis canis, el hombre es un perro del hombre.Y hay más hombres caninos o perrunos que no lupinos o lobunos”.</em></p>
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		<title>Nerón inaugura un gran gimnasio y Demetrio le arruina el acto. (Intelectuales frente al poder III)</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Dec 2015 02:57:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).</b></p>
<p>
	En esa cultura era fundamental el <em>agua</em>, que utilizan con profusi&oacute;n. Tan necesaria era que a veces la transportan desde manantiales a decenas de kil&oacute;metros por <em>acueductos </em>y tuber&iacute;as que nos siguen causando impresi&oacute;n.</p>
<p>
	En la ciudad construida hay varios elementos esenciales: el foro o plaza, los templos, los edificios civiles de la administraci&oacute;n como la bas&iacute;lica, y por supuesto las termas o ba&ntilde;os o complejo deportivo y cultural amplio en el que junto a varias piscinas para satisfacer el deseo de placer del ciudadano hay tambi&eacute;n un gimnasio en el que entrenar y mantener en forma el cuerpo.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: &ldquo;<em>termas</em>&rdquo; significa &ldquo;<em>agua caliente&rdquo;</em>, del griego &theta;&epsilon;&rho;&mu;ό&sigmaf; , <em>thermos </em>= <em>caliente</em>, nombre que tambi&eacute;n aplicamos al recipiente culinario que mantiene los alimentos, especialmente las bebidas,&nbsp; calientes. &ldquo;<em>Ba&ntilde;o</em>&rdquo; deriva de la latina <em>balneum </em>o <em>balineum</em>, que a su vez viene de la griega &beta;&alpha;&lambda;&alpha;&nu;&epsilon;ῖ&omicron;&nu;. El t&eacute;rmino primitivo latino para &ldquo;<em>ba&ntilde;o</em>&rdquo; con el sentido de <em>&ldquo;excusado o retrete</em>&rdquo; era <em>lavatrina</em>, de donde nuestro &ldquo;<em>letrina</em>&rdquo;. &quot;<em>Piscina</em>&quot;, naturalmente, deriva de la latina &quot;<em>piscis</em>&quot;, que significa &quot;<em>pez</em>&quot;, animal que de ordinario est&aacute; en el agua.</p>
<p>
	En todo ello fue fundamental la experiencia griega, que llevaba varios siglos de adelanto al inicialmente rudo romano. El arquitecto romano <em>Vitruvio </em>expone ampliamente en su obra<em> De Architectura</em> las condiciones de los edificios urbanos en su<em> libro V</em> especialmente.</p>
<p>
	<em>Nota curiosa</em>: &ldquo;<em>gimnasio</em>&rdquo; es originariamente una palabra griega <em>gymnasion</em>, cedida al lat&iacute;n como &ldquo;<em>gimnasium</em>. Procede de <em>gymnos </em>(&gamma;&upsilon;&mu;&nu;ό&sigmaf;), que significa &ldquo;<em>desnudo</em>&rdquo;&nbsp; y hace referencia a la costumbre de entrenarse f&iacute;sicamente y realizar los diversos entrenamientos deportivos <em>desnudos</em> de todo vestido. El que se entrena o practica el ejercicio del gimnasio es el &ldquo;<em>gimnasta</em>&rdquo;. De paso dir&eacute; que esta desnudez permit&iacute;a ungir o untar el cuerpo con tonificante aceite. Ese aceite, mezclado con el sudor natural y el polvo pegajoso del entrenamiento hab&iacute;a luego de ser retirado con un rascador que en lat&iacute;n se llama &ldquo;<em>strigilis</em>&rdquo;. Recordemos la famosa estatua griega de Lisipo, el Apoxiomenos, en la que un atleta se est&aacute; retirando el sudor utilizando el citado instrumento. V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen">http://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen</a></p>
<p>
	Como dec&iacute;a, las relajadas costumbres orientales y griegas pronto se asentaron en la <em>Roma</em> poderosa y fueron cre&aacute;ndose <em>termas </em>y <em>gimnasios </em>cada vez m&aacute;s grandiosos. Vitruvio dedica todo el<em> cap&iacute;tulo 9 del libro V</em> de su obra <em>De architectura</em> a la construcci&oacute;n de estos edificios.</p>
<p>
	<em>Vitruvio 5.9.9</em>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>
	<strong><em>Como quiera que me parece que ya he expuesto todas estas cosas con suficiente detalle, ahora seguir&eacute; con las caracter&iacute;sticas de la disposici&oacute;n de los ba&ntilde;os.</em></strong></p>
<p>
	<em>Quoniam haec nobis satis videntur esse exposita, nunc insequentur balinearum dispositionum demonstrationes.</em></p>
<p>
	Y&nbsp; sigue especificando las condiciones en todo el <em>capitulo 10.</em></p>
<p>
	El primer complejo deportivo-cultural de estas caracter&iacute;sticas de grandes proporciones construido en <em>Roma </em>fue el que mand&oacute; hacer el emperador <em>Ner&oacute;n </em>y que se inaugur&oacute; el a&ntilde;o 61.</p>
<p>
	La construcci&oacute;n de estas termas y gimnasio la cuentan todos los historiadores de la &eacute;poca, reflejando su grandiosidad, que tambi&eacute;n impresion&oacute; a toda la sociedad. <em>Marcial</em>, que naci&oacute; en <em>Bilbilis</em>, la actual <em>Calatayud</em>, en el a&ntilde;o 40 y se march&oacute; a <em>Roma </em>alrededor del a&ntilde;o 64, para volver a su ciudad natal 34 a&ntilde;os despu&eacute;s, en donde muri&oacute; 6 a&ntilde;os m&aacute;s tarde) utiliza la referencia como t&oacute;pico sin&oacute;nimo de grandioso, como veremos a continuaci&oacute;n.</p>
<p>
	Leamos primero los textos que nos dan cuenta del evento pertenecientes a <em>T&aacute;cito</em>, <em>Suetonio </em>y <em>Dion Casio.</em></p>
<p>
	<em>T&aacute;cito, XIV, 47</em></p>
<p>
	<em><strong>Aquel a&ntilde;o fue inaugurado un gimnasio por Ner&oacute;n y ofreci&oacute; el aceite a los caballeros y a los senadores seg&uacute;n la costumbre griega.</strong></em></p>
<p>
	<em>gymnasium eo anno dedicatum a Nerone praebitumque oleum equiti ac senatui Graeca facilitate</em>.</p>
<p>
	<em>Suetonio, Ner&oacute;n XII,3</em></p>
<p>
	<strong><em>Implant&oacute; por primera vez en Roma un concurso quinquenal, triple seg&uacute;n la costumbre griega; musical, gimn&aacute;stico e h&iacute;pico, al que dio el nombre de Neroniano. Despu&eacute;s de inaugurar termas y un gimnasio, ofreci&oacute; aceite incluso a los senadores y a los caballeros. Hizo presidir este concurso por exconsules, escogidos a suerte, ocupando el lugar de los pretores. Seguidamente bajo a situarse en la orquesta con los senadores. Acept&oacute; la corona de la elocuencia y de la poes&iacute;a latinas que se hab&iacute;an disputado los ciudadanos m&acute;s honorables y que le cedieron de com&uacute;n acuerdo. Pero cuando los jueces le otorgaron la de los citaristas, se arrodill&oacute; y la hizo llevar ante la estatua de Augusto</em></strong>. (Traducci&oacute;n de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera.1970)</p>
<p>
	<em>Instituit et quinquennale certamen primus omnium Romae more Graeco triplex, musicum gymnicum equestre, quod appellauit Neronia; dedicatisque thermis atque gymnasio senatui quoque et equiti oleum praebuit. magistros toto certamini praeposuit consulares sorte, sede praetorum. deinde in orchestram senatumque descendit et orationis quidem carminisque Latini coronam, de qua honestissimus quisque contenderat, ipsorum consensu concessam sibi recepit, citharae autem a iudicibus ad se delatam adorauit ferrique ad Augusti statuam iussit.</em></p>
<p>
	<em>Di&oacute;n Casio, LXI, 21</em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces hizo estas cosas para celebrar el corte de su&nbsp; barba; y para asegurar su continuidad en el poder, cre&oacute; unos juegos quinquenales que llam&oacute; &ldquo;Neronios&rdquo; (Neronia). En honor de este evento hizo tambi&eacute;n construir un gimnasio y en su dedicaci&oacute;n ofreci&oacute; una distribuci&oacute;n gratuita de aceite a los senadores y caballeros. Obtuvo, sin que nadie se opusiera, la corona al tocador de lira; todos los dem&aacute;s fueron descalificados, considerando que eran indignos de ser ganadores. E inmediatamente, llevando el uniforme de este grupo entr&oacute; en el gimnasio para ser considerado como vencedor. Desde ese momento, se le enviaron todas las coronas de todos los concursos de citaristas, como si &eacute;l fuera el &uacute;nico artista merecedor de la victoria.</strong></em></p>
<p>
	<em>Marcial, VII, 34</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qu&eacute; c&oacute;mo puede ser, Severo, que la peor persona del mundo, Carino, haya<br />
	hecho bien ni una sola cosa, preguntas? Te lo dir&eacute;, pero r&aacute;pido. &iquest;Qu&eacute; peor que Ner&oacute;n? Qu&eacute; mejor que las termas neronianas? No falta al momento, ah&iacute; lo tienes, alguno de esos malvados que te habla as&iacute; con su boca avinagrada: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; prefieres t&uacute; a tantos regalos de nuestro dios y se&ntilde;or?&rdquo; &mdash;Prefiero las termas neronianas a los ba&ntilde;os de un&nbsp; maric&oacute;n</strong></em>. (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Guill&eacute;n. Ed. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico. Zaragoza)</p>
<p>
	<em>Quo possit fieri modo, Severe,<br />
	Ut vir pessimus omnium Charinus<br />
	Unam rem bene fecerit, requiris?<br />
	Dicam, sed cito. Quid Nerone peius?<br />
	Quid thermis melius Neronianis?<br />
	Non deest protinus, ecce, de malignis,<br />
	Qui sic rancidulo loquatur ore:<br />
	&#39;Quid tu tot domini deique nostri<br />
	Praefers muneribus?&#39; Neronianas<br />
	Thermas praefero balneis cinaedi.</em></p>
<p>
	Pues bien, hay una an&eacute;cdota de curioso inter&eacute;s en relaci&oacute;n con el acto de inauguraci&oacute;n de este complejo. Se trata de la aparici&oacute;n en la escena de la inauguraci&oacute;n de un famoso fil&oacute;sofo c&iacute;nico contempor&aacute;neo, muy respetado por la intelectualidad del momento por su integridad moral, <em>Demetrio</em>. Este fil&oacute;sofo cr&iacute;tico con el poder, sin pelos en la lengua y con poca prudencia arruin&oacute; el acto inaugural pensado para mayor gloria del emperador. El texto, aunque vivo y descriptivo, no deja de ser fr&iacute;o y casi notarial. Es necesario que el lector realice un peque&ntilde;o esfuerzo de imaginaci&oacute;n, a lo que puede ayudar la comparaci&oacute;n con eventos contempor&aacute;neos actuales pintorescos y grotescos, necesarios tambi&eacute;n de una voz &ldquo;<em>cinica</em>&rdquo; que reduzca el &ldquo;<em>ego</em>&rdquo; del gobernante.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: aunque sea bien sabido por la generalidad, perm&iacute;tame el lector informado, que comente que la palabra &ldquo;<em>ego</em>&rdquo; no es sino el pronombre personal de primera persona latino, que hemos de traducir por &ldquo;<em>yo</em>&rdquo;. De &eacute;l derivan t&eacute;rminos con significado bien evidente a partir de esta etimolog&iacute;a, como<em> ego&iacute;smo, ego&iacute;sta, egoc&eacute;ntrico, egocentrismo</em>. Tan conocido es el t&eacute;rmino que con frecuencia decimos de alguien bien pagado de s&iacute; mismo que tiene <em>&ldquo;un ego muy desarrollado</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Pues bien <em>Demetrio </em>critic&oacute; las famosas <em>Termas </em>que&nbsp; <em>Ner&oacute;n </em>inaugur&oacute; en el a&ntilde;o 61 por antihigi&eacute;nicas y excesivamente caras y despilfarradoras en el mismo acto inaugural. En aquel momento escap&oacute; de la ira del <em>Emperador</em>, pero cuando un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de <em>Demetrio </em>se consideraron la causa del derrumbe y <em>Demetrio</em> fue enviado al exilio por Tigelino, el <em>prefecto del pretorio</em> (el jefe superior de polic&iacute;a y brazo ejecutor) de <em>Ner&oacute;n</em>.</p>
<p>
	Pero ser&aacute; mejor que todo ello nos lo cuenten los propios textos antiguos:</p>
<p>
	Del rayo nos dice <em>T&aacute;cito en&nbsp; Annales XV.22):</em></p>
<p>
	<strong><em>Durante el mismo consulado fue golpeado el Gymnasio por un rayo y tirado al suelo; la estatua de Ner&oacute;n, que en &eacute;l hab&iacute;a qued&oacute; fundida en un pedazo amorfo de bronce.</em></strong></p>
<p>
	<em><em>Isdem consulibus gymnasium ictu fulminis conflagravit effigiesque in eo Neronis ad informe aes liquefacta.</em></em></p>
<p>
	<em>Fil&oacute;strato, Vida de Apolonio IV 42 </em>(pongamos un poco de imaginaci&oacute;n por nuestra parte para colorear el relato):</p>
<p>
	<em><strong>Dado que Demetrio, que lleg&oacute; despu&eacute;s a Roma con la misma disposici&oacute;n de &aacute;nimo hacia &eacute;l que he dicho en los cap&iacute;tulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio,mientras que arremet&iacute;a contra Ner&oacute;n, ello provoc&oacute; en este hombre sospechas de una conspiraci&oacute;n, y daba la impresi&oacute;n de que aquel hab&iacute;a inducido a Demetrio a eso mismo. Mucho m&aacute;s cuando se llev&oacute; a t&eacute;rmino por Ner&oacute;n el gimnasio m&aacute;s admirable de los de all&iacute;, y estaban celebrando el d&iacute;a festivo en &eacute;l el propio Ner&oacute;n, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero present&aacute;ndose Demetrio en el propio gimnasio, pronunci&oacute; un discurso contra los que se ba&ntilde;aban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. As&iacute; mismo, demostraba que tales cosas constitu&iacute;an un derroche excesivo. Lo libr&oacute; de morir inmediatamente por ello el hecho de que Ner&oacute;n cant&oacute; aquel d&iacute;a muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con s&oacute;lo un ce&ntilde;idor, como los m&aacute;s desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libr&oacute; Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que ten&iacute;a la espada de Ner&oacute;n, lo expuls&oacute; de Roma, por haber arruinado la casa de ba&ntilde;os con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,&nbsp; para cuando tambi&eacute;n &eacute;l dijera algo censurable e impurdente.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Es f&aacute;cil imaginar la cara que se les pondr&iacute;a a toda la alta sociedad romana, con el emperador <em>Ner&oacute;n </em>a la cabeza, escuchando al t&aacute;bano c&iacute;nico<em> Demetrio</em> (<em>Socr&aacute;tes</em>, del que aprendi&oacute; muchas cosas su disc&iacute;pulo <em>Ant&iacute;stenes</em>, fundador de la escuela c&iacute;nica, se consideraba a s&iacute; mismo en la <em>Apolog&iacute;a, </em>de <em>Plat&oacute;n,&nbsp; </em>un t&aacute;bano<em>, mosca cojonera</em> dir&iacute;amos hoy en lenguaje m&aacute;s expl&iacute;cito) arruinarles el acto con dos cr&iacute;ticas de peso: aquello es un despilfarro y adem&aacute;s en los ba&ntilde;os p&uacute;blicos lo &uacute;nico que puedes pillar es alguna enfermedad&hellip;</p>
<p>
	Iniciado nuestro proceso imaginativo, podemos suponer que en el acto de inauguraci&oacute;n no s&oacute;lo se <em>&ldquo;cort&oacute; la cinta</em>&rdquo;, sino que los senadores y el resto de invitados se ba&ntilde;aron y embadurnaron de aceite. Nos da pie a ello la referencia expl&iacute;cita de los autores citados de que <em>Ner&oacute;n </em>les concedi&oacute; el aceite, a la manera griega.</p>
<p>
	Es tambi&eacute;n motivo de reflexi&oacute;n la actitud del &ldquo;polic&iacute;a&rdquo; <em>Tigelino </em>respecto de <em>Apolonio</em>: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti y entonces&hellip;. casta&ntilde;azo..</p>
<p>
	Sin duda alguna, hubiera sido muy oportuna en nuestro tiempo la presencia de alg&uacute;n <em>c&iacute;nico </em>como <em>Demetrio </em>en la inauguraci&oacute;n fantasmag&oacute;rica de alg&uacute;n aeropuerto sin aviones, autopista sin coches o puente sin r&iacute;o.</p>
<p>
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p>
	<em>Nota postdata</em>: En primer lugar la palabra &ldquo;<em>postdata</em>&rdquo; significa o se refiere a lo &ldquo;ya ofrecido, ya dado, ya expuesto, nespecialmente la fecha o dataci&oacute;n con la que se suele cerrar el documento&rdquo;, y por eso se&nbsp; adjetiva as&iacute; esta nota, porque viene a continuaci&oacute;n del texto del art&iacute;culo.</p>
<p>
	En segundo lugar con la nota quiero explicar el t&eacute;rmino &ldquo;<em>inaugurar</em>&rdquo;, con el que titulaba el art&iacute;culo. Los <em>romanos</em>, como otros muchos pueblos y personas, no ejecutaban ninguna acci&oacute;n de importancia ni p&uacute;blica ni privada sin conectar con el sentir de los dioses. Los <em>augures </em>eran los sacerdotes, de origen <em>etrusco</em>, que &ldquo;auguraban&rdquo; o escrutaban la voluntad de los dioses o el futuro; el &ldquo;<em>augurio</em>&rdquo; favorable, averiguado por diversos caminos, como por ejemplo observar el<em> vuelo de las aves</em>, operaci&oacute;n que se llama &ldquo;<em>auspicio</em>&rdquo;, de <em>avis, ave, spicere, ver,</em> significaba el acuerdo de los dioses. El <em>augurio </em>favorable era especialmente necesario a la hora de entablar una batalla, no olvidemos que <em>Roma </em>es un grandioso imperio fundamentado en la fuerza de sus legiones.</p>
<p>
	Quien cont&oacute; con unos &ldquo;<em>augurios</em>&rdquo; especialmente favorables fue el emperador<em> C&eacute;sar Octavio</em> porque se le llama &ldquo;<em>Augusto</em>&rdquo;, que viene a ser algo as&iacute; como &ldquo;<em>el favorecido por los dioses&rdquo;</em>. Por eso &quot;<em>augustus</em>&quot; en griego se trraduce por ἱ&epsilon;&rho;ὸ&nu;, <em>hieron</em>, <em>sagrado</em>.&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/demetrio-el-cinico-filosofia-poder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Dec 2015 03:22:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.</b></p>
<p>
	Vivi&oacute;&nbsp; a la manera de los c&iacute;nicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al&nbsp; poder. Como otros griegos, march&oacute; <em>Roma</em>, centro del poder, siendo joven en &eacute;poca del emperador <em>Cal&iacute;gula</em>. Fue amigo de <em>S&eacute;neca </em>y se gan&oacute; el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cen&aacute;culos recorri&oacute; pronunciando con notable &eacute;xito sus conferencias.</p>
<p>
	Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitir&aacute;n recrear el ambiente de tiran&iacute;a y opresi&oacute;n al que se ven sometidos los pensadores, los <em>fil&oacute;sofos</em>, los <em>intelectuales </em>cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acci&oacute;n de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de <em>Domiciano</em>.</p>
<p>
	Reproduzco una carta de <em>S&eacute;neca </em>a su amigo <em>Lucilio </em>en la que deja constancia del cari&ntilde;o y respeto que le tiene:&nbsp;</p>
<p>
	<em>S&eacute;neca, Cartas a Lucilio LXII</em></p>
<p>
	<em><strong>Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obst&aacute;culo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, all&iacute; soy mi due&ntilde;o. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no&nbsp; persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, all&iacute; me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reuni&oacute; o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y&nbsp; en cualquier momento en el existieron.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con &eacute;l que va semidesnudo y le admiro. &iquest;C&oacute;mo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino m&aacute;s corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive as&iacute;, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los dem&aacute;s las tengan. Cuidate.</strong></em></p>
<p>
	<em>Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare&nbsp; converso.</em></p>
<p>
	<em>Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.</em></p>
<p>
	<em>Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.</em></p>
<p>
	<em>Fil&oacute;strato </em>lo presenta&nbsp; en <em>Corinto </em>(hacia el a&ntilde;o 61) y como amigo de <em>Apolonio de Tiana</em>,&nbsp; pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque tambi&eacute;n <em>Luciano de Samosata</em> atestigua su estancia en <em>Corinto </em>en &ldquo;<em>Contra la ignorancia, 19&rdquo;</em>:</p>
<p>
	<em>Fil&oacute;strato, Vida de Apolonio, IV, 25</em></p>
<p>
	<em><strong>En Corinto practicaba precisamente por aquella &eacute;poca la filosof&iacute;a Demetrio, hombre que hab&iacute;a abarcado toda la vitalidad de la doctrina c&iacute;nica. De &eacute;l hace luego menci&oacute;n Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurri&oacute; respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurri&oacute; a Ant&iacute;stenes respecto a la sabidur&iacute;a de S&oacute;crates; lo segu&iacute;a, deseoso de ser su disc&iacute;pulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los m&aacute;s estimados de sus seguidores los dirigi&oacute; en pos de Apolonio.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Fue desterrado por primera vez por <em>Tigelino</em>, el prefecto del pretorio de <em>Ner&oacute;n </em>en el a&ntilde;o 62&nbsp; por sus ir&oacute;nicos comentarios y su actitud cr&iacute;tica con la monarqu&iacute;a, con ocasi&oacute;n de la inauguraci&oacute;n de un grandioso gimnasio por el emperador.&nbsp; V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-">http://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-</a></p>
<p>
	En la misma &eacute;poca fue tambi&eacute;n desterrado otro c&iacute;nico llamado <em>Isidoro</em>, que tambi&eacute;n comentar&eacute;.</p>
<p>
	En una ocasi&oacute;n el emperador <em>Cal&iacute;gula </em>(rein&oacute; del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una peque&ntilde;a cantidad de dinero qu&eacute; el fil&oacute;sofo rechaz&oacute; orgulloso. Nos lo cuenta <em>S&eacute;neca, Sobre los deberes VII,11,1-2:</em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; pues, cuando Cayo C&eacute;sar iba a regalarle&nbsp; doscientos (sestrcios), los rechaz&oacute; ri&eacute;ndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. &iexcl;Dioses y diosas, con qu&eacute;&nbsp; &aacute;nimo m&aacute;s mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le o&iacute; decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que &eacute;l pod&iacute;a&nbsp; cambiarse por tan poco.&nbsp; Dijo: &ldquo;Si hab&iacute;a decidido probarme, me deb&iacute;a&nbsp; haber tentado con todo el imperio&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. &quot; Si temptare,&quot; inquit, &quot; me constituerat, toto illi fui experiendus imperio.&quot;</em></p>
<p>
	<em>Demetrio </em>critic&oacute; las famosas <em>Termas </em>o gimnasio que&nbsp; <em>Ner&oacute;n </em>inaugur&oacute; en el a&ntilde;o 61 por antihigi&eacute;nicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de <em>Demetrio </em>se consideraron la causa del derrumbe y <em>Demetrio </em>fue enviado al exilio por <em>Tigelino</em>, el prefecto del pretorio (el jefe superior de polic&iacute;a y brazo ejecutor) de <em>Ner&oacute;n</em>. Nos lo cuenta <em>Fil&oacute;strato, Vida de Apolonio IV 42.</em></p>
<p>
	<em><strong>Dado que Demetrio, que lleg&oacute; despu&eacute;s a Roma con la misma disposici&oacute;n de &aacute;nimo hacia &eacute;l que he dicho en los cap&iacute;tulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremet&iacute;a contra Ner&oacute;n, ello provoc&oacute; en este hombre sospechas de una conspiraci&oacute;n, y daba la impresi&oacute;n de que aquel hab&iacute;a inducido a Demetrio a eso mismo. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mucho m&aacute;s cuando se llev&oacute; a t&eacute;rmino por Ner&oacute;n el gimnasio m&aacute;s admirable de los de all&iacute;, y estaban celebrando el d&iacute;a festivo en &eacute;l el propio Ner&oacute;n, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero present&aacute;ndose Demetrio en el propio gimnasio, pronunci&oacute; un discurso contra los que se ba&ntilde;aban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. As&iacute; mismo, demostraba que tales cosas constitu&iacute;an un derroche excesivo. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lo libr&oacute; de morir inmediatamente por ello el hecho de que Ner&oacute;n cant&oacute; aquel d&iacute;a muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con s&oacute;lo un ce&ntilde;idor, como los m&aacute;s desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libr&oacute; Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que ten&iacute;a la espada de Ner&oacute;n, lo expuls&oacute; de Roma, por haber arruinado la casa de ba&ntilde;os con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,&nbsp; para cuando tambi&eacute;n &eacute;l dijera algo censurable e impurdente</strong></em>. (Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Es f&aacute;cil imaginar la cara que se les pondr&iacute;a a toda la alta sociedad romana, con el emperador <em>Ner&oacute;n </em>a la cabeza, escuchando al <em>t&aacute;bano </em>c&iacute;nico <em>Demetrio </em>(<em>Socr&aacute;tes, </em>de quien aprendi&oacute; muchas cosas Ant&iacute;stenes, creador de la escuela c&iacute;nica<em>, </em>se consideraba a s&iacute; miso un t&aacute;bano; mosca cojonera dir&iacute;amos hoy en lenguaje m&aacute;s expl&iacute;cito) arruinarles el acto con dos cr&iacute;ticas de peso: aquello es un despilfarro y adem&aacute;s en los ba&ntilde;os p&uacute;blicos lo &uacute;nico que puedes pillar es alguna enfermedad&hellip;</p>
<p>
	Es tambi&eacute;n motivo de reflexi&oacute;n la actitud del &ldquo;polic&iacute;a&rdquo; <em>Tigelino </em>respecto de <em>Apolonio</em>: espiarlo en secreto para pillarlo <em>in fraganti(delicto)</em> y entonces&hellip;. casta&ntilde;azo.</p>
<p>
	De nuevo <em>Fil&oacute;strato </em>nos da una extra&ntilde;a raz&oacute;n de por qu&eacute; el emperador <em>Ner&oacute;n </em>no conden&oacute; a muerte a <em>Demetrio </em>y otros sofistas. Nos lo dice en <em>Vida de Apolonio VII 16:</em></p>
<p>
	<em><strong>Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabidur&iacute;a, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por s&iacute; misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Ner&oacute;n, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quer&iacute;a morir, no lo dispens&oacute; de la sentencia de muerte por compasi&oacute;n, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposici&oacute;n a su poder,lo confin&oacute; en una isla llamada Giara. </strong></em>(en las C&iacute;cladas) (Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Hay un relato tambi&eacute;n de <em>Fil&oacute;strato </em>que relaciona a <em>Demetrio </em>con<em> Musonio Rufo</em>, el maestro de <em>Epicteto</em>.&nbsp; Con motivo de la conspiraci&oacute;n de <em>Pis&oacute;n </em>contra <em>Ner&oacute;n </em>del a&ntilde;o 65-66 <em>S&eacute;neca </em>fue obligado al suicidio abri&eacute;ndose las venas junto a su esposa <em>Pompeya Paulina</em> y tambi&eacute;n su sobrino <em>Lucano</em>.&nbsp; Por la misma raz&oacute;n fueron expulsados de <em>Roma </em>los fil&oacute;sofos, sobre todo los <em>estoicos</em>, y entre ellos <em>Musonio Rufo</em>, maestro de <em>Epicteto</em>. <em>Fil&oacute;strato</em>, fuente poco de fiar como ya dije seg&uacute;n algunos autores, hace que los dos coincidan en <em>Grecia</em>: all&iacute; estaba <em>Musonio</em> condenado a excavar el <em>Istmo de Corinto,</em> como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcci&oacute;n de grandiosas y peligrosas obras p&uacute;blicas.</p>
<p>
	La an&eacute;cdota, a pesar de su curioso inter&eacute;s, no parece muy cre&iacute;ble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso&nbsp; leeremos el texto de<em> Fil&oacute;strato, Vida de Apolonio V, 19:</em></p>
<p>
	<em><strong>Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) &ndash;y lo inici&oacute; el hierofante que &eacute;l mismo le hab&iacute;a vaticinado al anterior-, se encontr&oacute; casualmente con Demetrio, el fil&oacute;sofo; pues despu&eacute;s de lo del ba&ntilde;o de Ner&oacute;n y o que dijo acerca de &eacute;l, Demetrio hab&iacute;a residido en Atenas con tan noble valent&iacute;a que ni durante el tiempo que Ner&oacute;n los injuri&oacute;, con motivo de los juegos, sali&oacute; de Grecia. Aqu&eacute;l le dijo que tambi&eacute;n se hab&iacute;a encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavaci&oacute;n, y que lo hab&iacute;a confortado como era natural, pero que el otro hab&iacute;a tomado su azad&oacute;n y lo hab&iacute;a clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le hab&iacute;a dicho:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la c&iacute;tara, como a Ner&oacute;n, &iquest;qu&eacute; te ocurrir&iacute;a?.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>No obstante, dejemos las frases de Musonio &ndash;que hay m&aacute;s y m&aacute;s admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunci&oacute; sin calibrarlas.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Esa conspiraci&oacute;n tambi&eacute;n ocasion&oacute; la condena a <em>B&aacute;rea Sorano</em> y a <em>Trasea Peto</em>, patricio, estoico, de quien era maestro <em>Demetrio</em>, que le consol&oacute; en el momento y d&iacute;a en que llegaba la condena.</p>
<p>
	<em>Trasea </em>es quien seg&uacute;n Epicteto pronunci&oacute; la frase:</p>
<p>
	<strong><em>&iexcl;Mejor ser&iacute;a ser matado hoy que desterrado ma&ntilde;ana</em></strong>&rdquo;.</p>
<p>
	Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio <em>estoicismo</em>. <em>Discursos I,1, 21</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip;Qu&eacute; hay que tener a mano en semejantes circunstancias? &iquest;Qu&eacute; otra cosa sino saber qu&eacute; es lo m&iacute;o y qu&eacute; no es lo m&iacute;o, y qu&eacute; me est&aacute; permitido y qu&eacute; no me est&aacute; permitido? He de morir. &iquest;Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisi&oacute;n. &iquest;Acaso ha de ser lament&aacute;ndome? Ser exiliado. &iquest;Habr&aacute; quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?&nbsp; &ldquo;Dime lo que no debes decir&rdquo;. No lo dir&eacute;, porque eso depende de m&iacute;. &ldquo;Pues te encadenar&eacute;&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; dices, hombre? &iquest;A m&iacute;?&nbsp; Encadenar&aacute;s mi pierna, pero mi albedr&iacute;o ni el propio Zeus puede vencerlo. &ldquo;Te meter&eacute; en la c&aacute;rcel&rdquo;. A m&iacute; cuerpecito, ser&aacute;. &ldquo;Te decapitar&eacute;&rdquo;. &iquest;Pero te he dicho yo que mi cuello sea el &uacute;nico imposible de cortar? Sobre eso convendr&iacute;a que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habr&iacute;an de escribir a diario; en eso tendr&iacute;an que ejercitarse.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tr&aacute;sea acostumbraba a decir: &ldquo;Prefiero verme hoy muerto que ma&ntilde;ana en el exilio&rdquo;.&nbsp; &iquest;Y qu&eacute; le respondi&oacute; Rufo? &ldquo;Si lo eliges por ser m&aacute;s penoso, &iexcl;qu&eacute; locura de elecci&oacute;n! Si por ser m&aacute;s leve, &iexcl;qui&eacute;n te ha dado a elegir? &iquest;No quieres ejercitarte en que te&nbsp; baste con lo que te ha sido dado?&rdquo;</strong></em> (Traducci&oacute;n de&nbsp; Paloma Ortiz Garc&iacute;a. Editorial Gredos)</p>
<p>
	Transcribo la informaci&oacute;n que nos da <em>T&aacute;cito </em>en sus <em>Anales </em>sobre la sentencia y muerte de <em>Tr&aacute;sea</em>, un episodio que no puede por menos que conmovernos todav&iacute;a hoy:</p>
<p>
	<em>T&aacute;cito, Anales, XVI, 21</em></p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s de haber asesinado a tantos hombres insignes, Ner&oacute;n dese&oacute; incluso acabar con la virtud misma, matando a Tr&aacute;sea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hac&iacute;a tiempo; en el caso de Tr&aacute;sea se a&ntilde;ad&iacute;a a los motivos el que se ausent&oacute; del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que hab&iacute;a prestado poco inter&eacute;s en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le hab&iacute;a calado m&aacute;s profundamente porque el mismo Tr&aacute;sea hab&iacute;a cantado vestido como tr&aacute;gico en Padua, de donde era oriundo, en los &ldquo;juegos c&eacute;sticos&rdquo; , instituidos por el troyano Antenor. Y tambi&eacute;n porque en el d&iacute;a en&nbsp; el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Ner&oacute;n, aconsej&oacute; y obtuvo un castigo m&aacute;s suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no hab&iacute;a intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permit&iacute;a que cayeran en el olvido Capit&oacute;n Cossutiano, mala persona de esp&iacute;ritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Tr&aacute;sea, porque hab&iacute;a sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capit&oacute;n de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces fue enviado a Tr&aacute;sea, que estaba movi&eacute;ndose en su huerto, el cuestor del c&oacute;nsul cuando el d&iacute;a ya atardec&iacute;a. Hab&iacute;a organizado una concurrida reuni&oacute;n de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atenci&oacute;n a Demetrio, maestro de la escuela c&iacute;nica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separaci&oacute;n del esp&iacute;ritu y del cuerpo, como se pod&iacute;a deducir de la atenci&oacute;n de su rostro y de lo que se les o&iacute;a cuando hablaban m&aacute;s alto, hasta que lleg&oacute; Domicio Ceciliano, uno de sus &iacute;ntimos amigos, y le expuso lo que el senado hab&iacute;a decidido. Entonces Tr&aacute;sea apremia a los presentes que est&aacute;n llorando y quej&aacute;ndose a que se marchen r&aacute;pidamente para no mezclar su peligro con la suerte de &eacute;l ya condenado. Y a Arria, que pretend&iacute;a unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija com&uacute;n de su &uacute;nico amparo.<br />
	Entonces sali&oacute; al corredor y all&iacute; le encontr&oacute; el cuestor, cerca de estar alegre, porque hab&iacute;a conocido que su yerno Helvidio s&oacute;lo hab&iacute;a sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitaci&oacute;n a Helvidio y a Demetrio. Tens&oacute; las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparci&eacute;ndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: &ldquo;Mira joven, estamos haciendo una libaci&oacute;n a J&uacute;piter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu esp&iacute;ritu con ejemplos de constancia&rdquo;;&nbsp; luego, como la lentitud de la salida le produc&iacute;a m&aacute;s tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em>Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis &dagger;cetastis&dagger; a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.</em></p>
<p>
	<em>XVI, 34<br />
	Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.</em></p>
<p>
	<em>XVI, 35<br />
	Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore &#39;libamus&#39; inquit &#39;Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.&#39; post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium &#8230;</em></p>
<p>
	Y aqu&iacute; terminan los &quot;<em>Anales</em>&quot;; seguramente la muerte de su autor le impidi&oacute; continuar y faltan unas cuantas l&iacute;neas en el c&oacute;dice, que nos liberan as&iacute; de asistir al finar de tan dram&aacute;tico episodio.</p>
<p>
	Pero no privar&eacute; a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de <em>Suetonio</em>, en que nos muestra la crueldad con la que <em>Ner&oacute;n </em>ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta&nbsp; <em>Suetonio</em>, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente an&eacute;cdotas, hay que leerla con esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, aun sabiendo que como secretario de <em>Adriano </em>tuvo a su disposici&oacute;n los archivos oficiales.</p>
<p>
	<em>Suetonio, Ner&oacute;n 37</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip; Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Conced&iacute;a solamente algunas horas&nbsp; a los que recib&iacute;an orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba m&eacute;dicos encargados de &ldquo;cuidarlos&rdquo; al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresi&oacute;n favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antrop&oacute;fago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes &ldquo;&eacute;xitos&rdquo;, declar&oacute; que ning&uacute;n emperador se hab&iacute;a dado cuenta del poder que realmente ten&iacute;a&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em>(37.1)&hellip;Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.<br />
	(37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.<br />
	(37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit &ldquo;quemquam principum scisse quid sibi liceret&rdquo;,</em></p>
<p>
	Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como <em>Demetrio </em>les pueden decir, como cuenta <em>Arriano</em>,&nbsp; en <em>Epicteto, Discursos I 25,21-23:</em></p>
<p>
	<em><strong>Y en cuanto a la &uacute;ltima vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada m&aacute;s all&aacute; de ella. Por eso le respondi&oacute; Demetrio a Ner&oacute;n: &ldquo;Con la muerte me amenazas t&uacute; a m&iacute;, y a ti la naturaleza&rdquo;</strong></em>. (Traducci&oacute;n de&nbsp; Paloma Ortiz Garc&iacute;a. Editorial Gredos)</p>
<p>
	En el a&ntilde;o 75, bajo el emperador <em>Vespasiano</em>,&nbsp; fue expulsado por segunda vez, junto con otros fil&oacute;sofos, a las islas <em>C&iacute;cladas</em>.&nbsp; Algunos piensan que la expulsi&oacute;n fue en el a&ntilde;o 71 de acuerdo con <em>Di&oacute;n Casio 65 (66)13</em> y <em>Suetonio, Vespasiano 13</em>.</p>
<p>
	Leamos el texto de <em>Di&oacute;n Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, hab&iacute;a sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.&nbsp; Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.&nbsp;&nbsp; Por ello, en una ocasi&oacute;n los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces&nbsp; Vespasiano se emocion&oacute; abrumado y sali&oacute;&nbsp; llorando del Senado, repitiendo &uacute;nicamente estas palabras: &quot;Mi sucesor ser&aacute; mi hijo o ninguno otro&quot;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Como quiera que hab&iacute;a&nbsp; ya muchos otros, entre los que se encontraba tambi&eacute;n Demetrio el C&iacute;nico, que actuaban seg&uacute;n los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosof&iacute;a para ense&ntilde;ar p&uacute;blicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo as&iacute; a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado&nbsp; m&aacute;s por la ira que por el amor a la filosof&iacute;a, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le&nbsp; convenci&oacute;&nbsp; para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ocurr&iacute;a que Muciano quer&iacute;a ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no s&oacute;lo que alguien le ofendiera, sino tambi&eacute;n que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no ten&iacute;a l&iacute;mites para agradecer a quien le hac&iacute;a alg&uacute;n favor por peque&ntilde;o que fuera, tambi&eacute;n trataba con el odio m&aacute;s grande a quien se comportaba de otra manera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Muciano le hizo a Vespasiano un gran n&uacute;mero cr&iacute;ticas extra&ntilde;as contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vac&iacute;a, que alguno&nbsp; de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marr&oacute;n&nbsp; echado hacia atr&aacute;s sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que &eacute;l pose&iacute;a la sabidur&iacute;a, la valent&iacute;a y la justicia, y se daba grandes &iacute;nfulas, aunque como dice el refr&aacute;n, &ldquo;ni supiera las letras ni tampoco c&oacute;mo nadar&rdquo;. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simpl&oacute;n, al hombre rico avaro, y al pobre servil.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y Vespasiano expuls&oacute; inmediatamente de Roma a todos los fil&oacute;sofos, excepto a Musonio. A&nbsp; Demetrio y Hostiliano&nbsp; incluso los deport&oacute;&nbsp; a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desisti&oacute; de su actitud&nbsp; cuando se le comunic&oacute;&nbsp; la sentencia de exilio,&nbsp; m&aacute;s a&uacute;n, como estaba conversando con otra persona, sencillamente&nbsp; arremeti&oacute; con m&aacute;s dureza contra de la monarqu&iacute;a,&nbsp; sin embargo regres&oacute; pronto del exilio.&nbsp; Por el contrario,&nbsp; a Demetrio, que tampoco cedi&oacute; incluso entonces, Vespasiano orden&oacute; que le dieran este mensaje:&nbsp; &quot;T&uacute; haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato&nbsp; a un perro ladrador&quot;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tambi&eacute;n qued&oacute; evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por &eacute;l mismo o por sus amigos, a los que hab&iacute;a agraviado, sino porque era un agitador&nbsp; que se gan&oacute; el favor de la plebe y acusaba y denunciaba&nbsp; siempre la realeza mientras elogiaba a la&nbsp;&nbsp; democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reuni&oacute;&nbsp; un grupo de partidarios, como si la funci&oacute;n de la filosof&iacute;a fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y&nbsp; llevar a cabo una revoluci&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&Eacute;ste fue yerno de Tr&aacute;sea e intent&oacute; emular su conducta, pero se qued&oacute; muy lejos de comportarse as&iacute;. Pues mientras Tr&aacute;sea, a pesar de vivir en la &eacute;poca de Ner&oacute;n y en desacuerdo con &eacute;l, ni dijo ni hizo nada insultante para &eacute;l, excepto que se seg&oacute; a compartir sus hechos, Helvidio en cambio manten&iacute;a el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en p&uacute;blico. As&iacute;, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.</strong></em></p>
<p>
	Es curioso cu&aacute;n semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viv&iacute; (ya tengo alguna edad) en las postrimer&iacute;as de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.</p>
<p>
	<em>Suetonio </em>nos pinta a <em>Vespasiano </em>como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicaci&oacute;n de castigos excesivos. A prop&oacute;sito de <em>Demetrio </em>y <em>Vespasiano </em>dice en <em>Suetonio, Vespasiano 13:</em></p>
<p>
	<em><strong>Demetrio el C&iacute;nico, cuando se cruz&oacute; en el camino con &eacute;l despu&eacute;s de haber sido condenado (al exilio) , no se dign&oacute; ponerse en pie ni saludarle, atrevi&eacute;ndose incluso a murmurar no s&eacute; qu&eacute; contra &eacute;l; Vespasiano, en cambio, se content&oacute; con llamarle &ldquo;perro&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.</em></p>
<p>
	Su relaci&oacute;n con <em>Tito </em>parece haber sido mejor. <em>Fil&oacute;strato </em>nos cuenta c&oacute;mo <em>Apolonio </em>recomend&oacute; a <em>Tito </em>que se sirviera de las ense&ntilde;anzas del maestro <em>Demetrio</em>; nos lo dice en su citada <em>Vida de Apolonio, VI, 31</em></p>
<p>
	<em><strong>En cuanto a m&iacute;, -dijo Tito-, hombre de Tiana, &iquest;qu&eacute; me recomiendas respecto al imperio y la realeza?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Lo mismo de lo que t&uacute; mismo est&aacute;s convencido &ndash;repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejar&aacute;s a &eacute;l. Yo adem&aacute;s te dir&iacute;a ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un var&oacute;n tarentino, sabio en las doctrinas de Pit&aacute;goras. Y &eacute;l, en un escrito sobre la educaci&oacute;n de los hijos, dice:&rdquo;que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque tambi&eacute;n los padres caminar&aacute;n m&aacute;s rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemej&aacute;rseles&rdquo;. Por mi parte, te encomendar&eacute; a mi compa&ntilde;ero Demetrio, que te atender&aacute; en cuanto quieras, ense&ntilde;&aacute;ndote qu&eacute; es menester que haga el buen gobernante.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Y cu&aacute;l es, Apolonio &ndash;le pregunt&oacute;-, la sabidur&iacute;a de ese hombre?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-La sinceridad &ndash;contest&oacute;- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y como Tito o&iacute;a con desagrado mentar al perro, Apolonio a&ntilde;adi&oacute;:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Con todo, a Homero le pareci&oacute; que Tel&eacute;maco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compa&ntilde;eros en el &aacute;gora de los de &Iacute;taca, aunque eran irracionales. A ti te acompa&ntilde;ar&aacute; un perro que ladrar&aacute; en tu defensa frente a los dem&aacute;s, y frente a ti mismo, si cometieras un error.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Dame, pus &ndash;repuso, ese perro por compa&ntilde;ero. Y le permitir&eacute; incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Se le escribir&aacute; una carta &ndash;dijo-, pues se halla filosofando en Roma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Que se le escriba &ndash;contest&oacute;-. Y quisiera que tambi&eacute;n a ti te escribiera alguien intercediendo por m&iacute;, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.<br />
	Ir&eacute; &ndash;prometi&oacute;- cuando sea mejor para ambos.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Alberto Bernab&eacute; Palares. Edit. Gredos)</p>
<p>
	Poco despu&eacute;s, en <em>Vida de Apolonio VI 33 </em>nos ofrece la carta:</p>
<p>
	<em><strong>La carta de Demetrio fue la siguiente:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; Apolonio, el fil&oacute;sofo, a Demetrio, el perro. Saludos.<br />
	Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante &eacute;l, y s&eacute;lo todo para &eacute;l, salvo la ira. Adios.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Gredos de Alberto Bernab&eacute; Palares-)</p>
<p>
	En el a&ntilde;o 75 Tito pretend&iacute;a casarse con la princesa jud&iacute;a <em>Berenice</em>, relaci&oacute;n que el pueblo no ve&iacute;a con buenos ojos; un tal <em>Di&oacute;genes el Sofista</em> y un tal <em>Heras </em>criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta <em>Di&oacute;n Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:</em></p>
<p>
	<em><strong>Berenice estaba en la c&uacute;spide de su poder y por ello&nbsp; vino tambi&eacute;n a Roma con su hermano Agripa.&nbsp;&nbsp; A este se le concedi&oacute; el cargo de pretor, mientras ella viv&iacute;a en el palacio&nbsp; con Tito.&nbsp; Ella esperaba casarse con &eacute;l y&nbsp; se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando &eacute;l advirti&oacute; que la situaci&oacute;n disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque&nbsp; adem&aacute;s de los muchos rumores&nbsp; que hab&iacute;a, se a&ntilde;adi&oacute; el hecho de que ciertos sofistas de la escuela c&iacute;nica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Di&oacute;genes fue el primero que se&nbsp; present&oacute;&nbsp; en el teatro cuando estaba lleno de p&uacute;blico y les lanz&oacute; muchas invectivas&nbsp; a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detr&aacute;s de &eacute;l, entr&oacute; Heras, y pensando que no tendr&iacute;a un castigo no m&aacute;s duro que el anterior, se lanz&oacute; a gritarles al modo c&iacute;nico muchas cr&iacute;ticas intempestivas,&nbsp; y por ello le cortaron la cabeza.&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em>Demetrio </em>quiz&aacute;s vivi&oacute; hasta la &eacute;poca de <em>Domiciano</em>, que cre&oacute; un buen ambiente de terror. A <em>Domiciano </em>se le adjudican dos expulsiones de fil&oacute;sofos (filosofar result&oacute; ser una actividad de alto riesgo) y tambi&eacute;n de <em>astr&oacute;logos </em>y &ldquo;<em>matem&aacute;ticos</em>&rdquo;, t&eacute;rmino con el que quiz&aacute;s se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el a&ntilde;o 89 y la segunda, m&aacute;s violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice <em>Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:</em></p>
<p>
	<em><strong>(Domiciano) tuvo tambi&eacute;n una notable actuaci&oacute;n como censor.&nbsp; Y as&iacute; expuls&oacute; a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvi&oacute; a Claudio Pacato a su amo, aunque hab&iacute;a sido un centuri&oacute;n, porque se demostr&oacute; que era un esclavo.&nbsp; Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realiz&oacute;&nbsp; como emperador.&nbsp; Porque mat&oacute; a Aruleno R&uacute;stico porque filosofaba&nbsp;&nbsp; y llam&oacute; santo (equivalente a &ldquo;augusto&rdquo;, ἱ&epsilon;&rho;ὸ&nu;,&nbsp; en griego)&nbsp; a Trasea, y mat&oacute; a Herenio Seneci&oacute;n porque, despu&eacute;s de haber sido cuestor, no se present&oacute; para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque hab&iacute;a escrito una biograf&iacute;a de Helvidio Prisco.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Muchos otros tambi&eacute;n murieron como consecuencia de esta misma acusaci&oacute;n de filosofar y todos los dem&aacute;s fil&oacute;sofos de Roma fueron expulsados de nuevo.&nbsp; Sin embargo un tal Juvencio Celso,&nbsp; que fue uno de los principales&nbsp; junto a otros en una conjura contra &eacute;l (Domiciano), y que hab&iacute;a sido acusado por esto, salv&oacute; su vida de una manera sorprendente:&nbsp; estando a punto de ser condenado, pidi&oacute; que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postr&aacute;ndose a continuaci&oacute;n ante &eacute;l, le llam&oacute;&nbsp; &quot;mi due&ntilde;o y mi dios&rdquo;, palabras con las que otros ya le saludaban,&nbsp; y le dijo:&nbsp; &quot;Yo no he hecho nada de&nbsp; esta clase; pero si&nbsp; me permites vivir me infiltrar&eacute; en todo y no solo te traer&eacute; a muchas acusados, sino que adem&aacute;s lo probar&eacute;&quot;.&nbsp; Con esto qued&oacute; en libertad,&nbsp; pero no acus&oacute; a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivi&oacute; hasta que Domiciano muri&oacute;.</strong></em></p>
<p>
	El siguiente texto de <em>Fil&oacute;strato </em>describe perfectamente el ambiente de&nbsp; preocupaci&oacute;n y terror en el que tantas&nbsp; veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisi&oacute;n del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.</p>
<p>
	<em>Fil&oacute;strato, Vida de Apolonio VII 10-12</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip;(Apolonio) una vez que desembarc&oacute; en Corinto y celebr&oacute;, al filo de mediod&iacute;a, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, parti&oacute; hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontr&oacute; una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, lleg&oacute; a Dicearqu&iacute;a al quinto d&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>All&iacute; se encontr&oacute; con Demetrio, que pasaba por ser el m&aacute;s audaz de los fil&oacute;sofos, porque viv&iacute;a no lejos de Roma. Conociendo su aversi&oacute;n por el tirano, le dijo, por iniciar la conversaci&oacute;n:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo m&aacute;s feliz de la pr&oacute;spera Italia, si es que realmente es pr&oacute;spera; all&iacute; donde se dice que Ulises, cuando conviv&iacute;a con Calipso, se olvid&oacute; del humo de &Iacute;taca y de su casa.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y Demetrio lo abraz&oacute; y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iexcl;Dioses! &iquest;Qu&eacute; le ocurrir&aacute; a la filosof&iacute;a ahora que corre peligro de perder a un hombre como &eacute;ste?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Qu&eacute; peligro es el que corre? &ndash;repuso-</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Sin duda ese por cuya previsi&oacute;n vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a m&iacute; mismo. Pero no hablemos aqu&iacute;, sino vayamos a donde la conversaci&oacute;n sea privada, y que est&eacute; presente tambi&eacute;n Damis, al que yo, &iexcl;por H&eacute;rcules&rdquo; considero el Yolao de tus trabajos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Les iba conduciendo Demetrio, mientras dec&iacute;a estas palabras, hacia la villa que fue de Cicer&oacute;n en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un pl&aacute;tano, mientras las cigarras cantaban con el acompa&ntilde;amiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iexcl;Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os ense&ntilde;aron las Musas un canto que a&uacute;n no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos &aacute;rboles en los que, dichosas, cant&aacute;is vuestra felicidad y la de las Musas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Apolonio comprendi&oacute; a qu&eacute; se refer&iacute;an tales palabras, pero, censur&aacute;ndolas, como demasiado indolentes para su profesi&oacute;n, le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Acaso ten&iacute;as el prop&oacute;sito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aqu&iacute;, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en p&uacute;blico a las cigarras?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-No he dicho eso como un elogio &ndash;respondi&oacute;-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de&nbsp; permiso ni para murmurar, sino que la sabidur&iacute;a constituye un cargo contra uno. La acusaci&oacute;n de &Aacute;nito y Meleto dice: &ldquo;S&oacute;crates comete injusticia porque corrompe a los j&oacute;venes y trata de introducir nuevos dioses&rdquo;. Pero a nosotros se nos acusa en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes&rdquo;. Y en la medida en que t&uacute; eres m&aacute;s sabio que nosotros, tanto m&aacute;s prolija ser&aacute; la acusaci&oacute;n que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte part&iacute;cipe de los cargos por los que est&aacute;n desterrados Nerva y los suyos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Y por qu&eacute; est&aacute;n desterrados? &ndash;pregunt&oacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Por la m&aacute;s grave de las acusaciones &ndash;contest&oacute;-, seg&uacute;n el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que &eacute;l detenta, y que t&uacute; instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un ni&ntilde;o.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Acaso es porque el gobierno ser&aacute; derrocado por un eunuco? &ndash;pregunt&oacute; Apolonio.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados &ndash;aclar&oacute;-, sino que dicen que sacrificaste a un ni&ntilde;o con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entra&ntilde;as de los animales j&oacute;venes. Se hace tambi&eacute;n constar en la acusaci&oacute;n tu forma de vestir y de vivir, as&iacute; como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo o&iacute; decir a Telesino, un buen amigo, tanto para m&iacute; como para ti.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Hallazgo inesperado ser&iacute;a &ndash;dijo- si nos encontr&aacute;ramos con Telesino, pues seguramente te refieres al fil&oacute;sofo que alcanz&oacute; el rango consular en &eacute;poca de Ner&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-A &eacute;l en efecto me refiero &ndash;contest&oacute;-, mas &iquest;de qu&eacute; modo podr&iacute;as entrar en contacto con &eacute;l? Pues las tiran&iacute;as son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que t&uacute; ahora. Adem&aacute;s,&nbsp; Telesino emigr&oacute; con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosof&iacute;a, por&nbsp; preferir ser desterrado como fil&oacute;sofo antes que quedarse como c&oacute;nsul.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Que no se vea en peligro, pues &ndash;dijo-, ese hombre por culpa m&iacute;a. Que bastante peligro corre por culpa de la filosof&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Pero dime una cosa, Demetrio &ndash;prosigui&oacute; Apolonio-. &iquest;Qu&eacute; te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-No bromees &ndash;contest&oacute;- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habr&iacute;as marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Te habr&iacute;an escapado t&uacute; &ndash;pregunt&oacute;- si corrieras el mismo peligro que yo?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-No, &iexcl;por Atenea! &ndash;repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero s&iacute; con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser o&iacute;do si me defendiera, o voy a ser o&iacute;do, pero me matar&aacute;n precisamente por no haber cometido delito. Y t&uacute; estar&iacute;as de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un fil&oacute;sofo. Y es que a la filosof&iacute;a le es adecuado, creo, o bien morir por&nbsp; liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son m&aacute;s estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas&nbsp; y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho m&aacute;s penoso que si uno, como cuentan de Ixi&oacute;n, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que ser&aacute; el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aqu&iacute;. Pues t&uacute; lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habr&iacute;as atrevido a emprender el camino hasta aqu&iacute; si hubieras cometido alg&uacute;n delito; pero Domiciano no pensar&aacute; que lo has hecho por eso, sino que, por poseer alg&uacute;n poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace a&uacute;n diez d&iacute;as, seg&uacute;n dicen, y que t&uacute; te hayas presentado a juicio sin haber o&iacute;do a&uacute;n que vas a ser juzgado, conferir&aacute; sentido a la acusaci&oacute;n, pues parecer&aacute; que lo sab&iacute;as de antemano, y la historia acerca del ni&ntilde;o ganar&aacute; cr&eacute;dito. Mira adem&aacute;s no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que t&uacute; hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo ins&oacute;lito, t&uacute; te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre m&aacute;s sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la &eacute;poca de Ner&oacute;n, sabes lo que pas&oacute; conmigo y que no mostr&eacute; un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello ten&iacute;a ciertos atenuantes. Pues en el caso de Ner&oacute;n, su c&iacute;tara parec&iacute;a desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo dem&aacute;s, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces tra&iacute;a por su mediaci&oacute;n algunas treguas y lo apartaba de los cr&iacute;menes. A m&iacute; por lo menos no me mat&oacute;, aunque hab&iacute;a atra&iacute;do su espada contra m&iacute; por tus discursos y los m&iacute;os, esos que pronunci&eacute; contra el establecimiento de ba&ntilde;os. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melod&iacute;a que a &eacute;l le pareci&oacute; espl&eacute;ndida. Pero ahora, &iquest;en honor de qu&eacute; mejora de voz, en honor de qu&eacute; c&iacute;tara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la m&uacute;sica y est&aacute; lleno de c&oacute;lera, y &eacute;ste no podr&iacute;a ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque P&iacute;ndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al &aacute;nimo de Ares y lo aparta de los b&eacute;licos quehaceres, y si bien ese ha establecido aqu&iacute; una competici&oacute;n musical y corona en p&uacute;blico a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mand&oacute; matar y que intervinieron, como se dice, en una competici&oacute;n de flauta o de canto por &uacute;ltima vez. Tambi&eacute;n debes pensar en los hombres que te siguen, pues los har&aacute;s parecer tambi&eacute;n a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvaci&oacute;n la tienes a mano, pues hay aqu&iacute; muchas naves, como ves; unas partir&aacute;n hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerde&ntilde;a y otras m&aacute;s all&aacute; de Cerde&ntilde;a. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiran&iacute;as son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:&hellip;..</strong></em></p>
<p>
	El texto siguiente describe la angustia de quien, sinti&eacute;ndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relaci&oacute;n. C&uacute;antas veces se habr&aacute;n producido situaciones similares, ante la inacci&oacute;n de los restantes ciudadanos.</p>
<p>
	Sigamos leyendo a <em>Fil&oacute;strato VII, 14-15:</em></p>
<p>
	<em><strong>(Apolonio)&hellip; Ya s&eacute; cu&aacute;n h&aacute;bil eres, Demetrio, para sacar conclusi&oacute;n a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo as&iacute; como: &ldquo;No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que a&uacute;n no hayas tenido relaci&oacute;n y te ser&aacute; m&aacute;s c&oacute;modo huir, pues pasar&aacute;s inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qu&eacute; medida ese argumento es convincente. Mi opini&oacute;n al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por s&iacute;, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no est&eacute; al menos &eacute;l consigo mismo, y, tanto si la inscripci&oacute;n p&iacute;tica (con&oacute;cete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conoc&iacute;a sanamente a s&iacute; mismo y por ello lo convirti&oacute; en m&aacute;xima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a s&iacute; mismo y toma su propia conciencia como acompa&ntilde;ante, ni podr&iacute;a asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin verg&uuml;enza. Pues siendo esclavos de las tiran&iacute;as, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero la sabidur&iacute;a no condesciende con eso&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; pues, que la consciencia me pondr&aacute; en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. As&iacute; que no me traicionar&eacute; tampoco a m&iacute; mismo, sino combatir&eacute; contra el tirano, diciendo lo del noble Homero</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Com&uacute;n es En&iacute;alo (Marte es imparcial</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Damis afirma que se sinti&oacute; tan impresionado por estas palabras, que recobr&oacute; su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la raz&oacute;n en lo que hab&iacute;a dicho, invoc&oacute; a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosof&iacute;a, en cuya defensa demostraba esa valent&iacute;a. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las l&aacute;mparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo m&iacute;o est&eacute; solucionado, pues ahora podr&iacute;a fraguarse alguna acusaci&oacute;n contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; as&iacute; que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusaci&oacute;n de que ha sido para secretos complots.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Consinti&oacute; Demetrio y, tras darles un abrazo, los dej&oacute;, pero volvi&eacute;ndose para mirarlos y derramando llanto.</strong></em></p>
<p>
	Demetrio muri&oacute; en torno al a&ntilde;o 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Los intelectuales y el poder (I):  Diógenes el Cínico frente a Alejandro el Grande</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2015 02:03:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando los griegos, aplicando la razón, comenzaron a preguntarse ¿qué son?, ¿por qué existen?, ¿para qué sirven las cosas reales?, dieron comienzo a la Filosofía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Cuando los griegos, aplicando la razón, comenzaron a preguntarse ¿qué son?, ¿por qué existen?, ¿para qué sirven las cosas reales?, dieron comienzo a la Filosofía.</b></p>
<p>
	Surgieron todo tipo de ideas y teor&iacute;as sobre la naturaleza y sobre el propio hombre y diversas escuelas, que con frecuencia se identificaron por el lugar en que se reun&iacute;an e impart&iacute;an sus doctrinas sus maestros: <em>Acad&eacute;micos</em> porque <em>Plat&oacute;n </em>ense&ntilde;aba en los terrenos que fueron de un tal <em>Academos </em>(v&eacute;ase&nbsp;<a href="http://www.antiquitatem.com/academia-de-platon-liceo-ateneo">http://www.antiquitatem.com/academia-de-platon-liceo-ateneo</a> ),&nbsp; <em>Peripat&eacute;ticos</em> (&pi;&epsilon;&rho;&iota;&pi;&alpha;&tau;&eta;&tau;&iota;&kappa;&omicron;ί), de &pi;&epsilon;&rho;&iota; <em>,peri, alrededor</em>,&nbsp; &pi;&alpha;&tau;&epsilon;&iota;&nu;, <em>patein, pasear</em>, porque <em>Arist&oacute;teles </em>ense&ntilde;aba paseando en un jard&iacute;n junto al templo de <em>Apolo Licio</em>, es decir, en el <em>Liceo</em>; <em>Estoicos </em>&Sigma;&tau;&omega;ϊ&kappa;ό&sigmaf;, <em>stoikos</em>, porque <em>Zen&oacute;n </em>predicaba a los suyos en&nbsp; la &ldquo;<em>poik&iacute;le stoa</em>&rdquo;, &Pi;&omicron;&iota;&kappa;ί&lambda;&eta; &Sigma;&tau;&omicron;ά, o <em>P&oacute;rtico Pintado</em>.&nbsp;</p>
<p>
	Hay unos fil&oacute;sofos, los <em>c&iacute;nicos</em>, los <em>perros</em>, de &kappa;ύ&omega;&nu;<em> kyon</em>: &lsquo;<em>perro</em>&rsquo;, que quiz&aacute;s tambi&eacute;n reciban su nombre del lugar donde ense&ntilde;aba el primero de los fundadores, <em>Ant&iacute;stenes</em>, en el gimnasio llamado <em>Cinosargos</em>, de<em> kyon-argos</em>,<em> perro &aacute;gil</em>, aunque sin duda el nombre tambi&eacute;n les ven&iacute;a dado por las peculiaridades de sus ideas <em>antisistema</em>, que no llegaron a plasmarse en una teor&iacute;a elaborada, sino que est&aacute; constituida por m&aacute;ximas simples que definen la vida en sociedad de manera libre y sin prejuicios. Como los perros, los <em>c&iacute;nicos </em>viven en sociedad, pero a su aire, sin participar de los convencionalismos sociales, con su vida acorde con la naturaleza animal, reacios a integrarse en el grupo, etc. ladrando a quien les molesta, agradecidos a quien les da, etc.</p>
<p>
	Cuando a <em>Di&oacute;genes de Sinope</em>, el m&aacute;s famoso de los <em>c&iacute;nicos </em>al que dedico este art&iacute;culo, le pregunt&oacute; <em>Alejandro Magno</em> por qu&eacute; le llamaban &ldquo;<em>perro</em>&rdquo; &ldquo;<em>c&iacute;nico</em>&rdquo;, <em>Di&oacute;genes </em>respondi&oacute;, seg&uacute;n nos cuenta otro <em>Di&oacute;genes</em>, ahora <em>Laercio</em>, en su obra &ldquo;<em>Vidas y opiniones de los fil&oacute;sofos ilustres, VI, 60:</em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando una vez se present&oacute; ante &eacute;l Alejandro y dijo: &lsquo;Yo soy Alejandro, el gran rey&rsquo;, contest&oacute;: &lsquo;Y yo Di&oacute;genes el Perro&rsquo;. Preguntado por qu&eacute; lo llamaban perro, respondi&oacute;: &lsquo;Porque meneo la cola ante los que dan, a los que no dan ladro y a los malvados los muerdo&rsquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota<strong>: </strong></em>de manera general los textos citados de Di&oacute;genes Laearcio son los de la traducci&oacute;n de Luis Andr&eacute;s Bredlow. Editorial Lucina.2010.</p>
<p>
	Luego el rey le envi&oacute; una escudilla llena de huesos, y seg&uacute;n se nos dice en el <em>Gnomologium Vaticanum (E Codice Vaticano Graeco 743),n.96:</em> (Tambi&eacute;n se cuenta en el <em>Florilegio Monacense, 155 y en Eustacio a Homero,Odisea VI 148)</em></p>
<p>
	<em><strong>El rey Alejandro en cierta ocasi&oacute;n llen&oacute; una bandeja de huesos y se la envi&oacute; a Di&oacute;genes el C&iacute;nico. Y este, al recibirla dijo: &ldquo;El alimento es c&iacute;nico, pero el regalo no es regio&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	Los <em>c&iacute;nicos </em>han sido maltratados por la historia, ya desde la <em>Antig&uuml;edad</em>, sin duda porque son y representan el pensamiento antisistema, el pensamiento anarquista y libertario de la Antig&uuml;edad: ni dioses, ni gobernantes, ni leyes, ni sociedad, ni convencionalismos. Su estudio con alg&uacute;n detalle merece la pena ser abordado con m&aacute;s detenimiento.</p>
<p>
	Ahora&nbsp; en esta ocasi&oacute;n quiero comentar la especial relaci&oacute;n que el citado <em>Di&oacute;genes </em>tuvo con la persona m&aacute;s poderosa del momento, <em>Alejandro, llamado el Grande, &Mu;έ&gamma;&alpha;&sigmaf; &Alpha;&lambda;έ&xi;&alpha;&nu;&delta;&rho;&omicron;&sigmaf; o megas Alexandros</em>, en griego. Esa larga y extra&ntilde;a relaci&oacute;n produjo algunas de las an&eacute;cdotas m&aacute;s conocidas en la <em>Antig&uuml;edad </em>y luego infinitamente repetidas.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes </em>era una especie de&nbsp; anarquista, porque no admit&iacute;a otro poder que el suyo propio&nbsp; sobre s&iacute; mismo y era tambi&eacute;n un libertario porque la libertad era para &eacute;l el mayor valor. Seg&uacute;n <em>Di&oacute;genes Laercio</em> en su obra &ldquo;<em>Vida y opiniones de los fil&oacute;sofos ilustres&rdquo;, en el libro VI, 69:</em></p>
<p>
	&ldquo;<strong><em>Preguntado qu&eacute; es lo m&aacute;s bello entre los hombres dijo: &lsquo;la libertad de palabra&rsquo;&rdquo;</em></strong></p>
<p>
	Y el mismo en VI,71 remacha su ansia de libertad;</p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>dec&iacute;a llevar el mismo g&eacute;nero de vida que Her&aacute;cles, no prefiriendo nada a la libertad&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes</em>, a la manera de los bufones que con frecuencia han acompa&ntilde;ado y servido de contrapunto a personajes absolutistas y tiranos, se permite decirle al gran <em>Alejandro </em>lo que ning&uacute;n otro mortal osar&iacute;a decirle; y <em>Alejandro </em>se lo permite como no se lo permiti&oacute; a ning&uacute;n otro que osara contradecirle, (<em>Cal&iacute;stenes</em>, sobrino de <em>Arist&oacute;teles</em>, compa&ntilde;ero macedonio de expedici&oacute;n tuvo peor trato).</p>
<p>
	Y se lo permit&iacute;a hasta el punto que seg&uacute;n relata <em>Di&oacute;genes Laercio en el libro VI, 32</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Cuentan tambi&eacute;n que Alejandro dijo que si no hubiera sido Alejandro, habr&iacute;a querido ser Di&oacute;genes&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	As&iacute; que <em>Di&oacute;genes </em>representa la irreverencia, la insumisi&oacute;n, la impertinencia, la insolencia frente al poder. <em>Alejandro </em>es el poder, que para muchos te&oacute;ricos viene de los dioses (en realidad todo poder es o pretende ser divino); m&aacute;s a&uacute;n, el propio <em>Alejandro </em>es un dios o al menos un semidios ante el que sus s&uacute;bditos han de arrodillarse esperando su beso de reconocimiento. V&eacute;ase&nbsp; <a href="http://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas">http://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas </a></p>
<p>
	Relatar&eacute; algunas an&eacute;cdotas que remarcan su esp&iacute;ritu libre y due&ntilde;o de s&iacute; mismo.&nbsp;</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes Laercio, Libro VI, 45:</em></p>
<p>
	<em><strong>A uno que juzgaba dichoso a Cal&iacute;stenes, ponderando el lujo que disfrutaba en la corte de Alejandro, le replic&oacute;: &ldquo;A fe m&iacute;a que es un desgraciado, almorzando y cenando cuando le parezca bien a Alejandro&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	Curiosamente este &iacute;ntimo de <em>Alejandro</em>, <em>Cal&iacute;stenes</em>, sobrino de su maestro <em>Arist&oacute;teles</em>, fue despu&eacute;s enjaulado hasta morir acusado probablemente sin raz&oacute;n de un intento de sedici&oacute;n de los varios que hubo de sufrir el poderoso.</p>
<p>
	<em>Epicteto </em>nos cuenta en sus <em>Discursos III, 22,92</em> c&oacute;mo <em>Alejandro</em>, aprovechando que <em>Di&oacute;genes</em> estaba medio dormido, cit&oacute; el <em>verso 24 del canto II de la Iliada</em>, y <em>Di&oacute;genes</em>, en realidad medio dormido, se atrevi&oacute; a completar los versos a <em>Alejandro</em>.</p>
<p>
	<em>Epicteto, Discursos III, 22,92</em>:</p>
<p>
	<em><strong>En otra ocasi&oacute;n le dijo en respuesta a Alejandro, que se encontraba junto a &eacute;l cuando estaba dormido y cit&oacute; dl verso de Homero (Iliada,II,24):<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;No debe dormir toda la noche el var&oacute;n que tiene las decisiones&rdquo;<br />
	&eacute;l respondi&oacute;, cuando estaba medio dormido<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;a quien est&aacute;n confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto&rdquo;</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Emilio Crespo G&uuml;emes.Edit. Gredos.)</p>
<p>
	(<em>Nota: </em>salvando las distancias, las circunstancias y hasta el hecho en s&iacute;, me recuerda esta an&eacute;cdota a otra ocurrida con el escritor <em>Camilo Jos&eacute; Cela</em>, nombrado senador real para las <em>Cortes Constituyentes del a&ntilde;o 1978</em>, tras la muerte del general dictador <em>Franco</em>, muerto en 1975. Perm&iacute;taseme que no acuda al &ldquo;<em>Diario de Sesiones</em>&rdquo;, si es que all&iacute; qued&oacute; reflejada, y cite de memoria una an&eacute;cdota bien conocida por los espa&ntilde;oles de entonces. En una sesi&oacute;n de las sesiones de las <em>Cortes</em>, el senador&nbsp; de designaci&oacute;n real se qued&oacute; dormido y el tambi&eacute;n senador real sacerdote <em>Xirinacs </em>le llam&oacute; la atenci&oacute;n, suponemos que amistosamente:</p>
<p>
	<em>&#8211;<strong>Sr. Cela, est&aacute; usted dormido.<br />
	A lo que el aludido respondi&oacute;:<br />
	-Monse&ntilde;or, no estoy dormido;&nbsp; estoy durmiendo.<br />
	-&iquest;Es lomismo,no?<br />
	&ndash;-&iexcl;Claro que no es lo mismo!, monse&ntilde;or,&nbsp; porque no es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.</strong></em></p>
<p>
	Y otra cita cargada de iron&iacute;a del mismo <em>Di&oacute;genes Laercio,&nbsp; Libro VI,68:</em></p>
<p>
	<em><strong>A Alejandro que se plant&oacute; delante de &eacute;l y pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;No me tienes miedo?&rdquo;, le contesto: &iexcl;Pero, &iquest;qu&eacute; eres? &iquest;Un bien o un mal?. Y como aquel respondi&oacute;: &ldquo;Un bien&rdquo;, dijo: &ldquo;Entonces, &iquest;qui&eacute;n puede tenerle miedo al bien?&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<strong><em>Pero l</em></strong>a an&eacute;cdota m&aacute;s conocida, que adem&aacute;s sirvi&oacute; para subrayar la importancia de <em>Di&oacute;genes</em>, es la del primer encuentro entre <em>Di&oacute;genes y Alejandro</em>, que trata una vez m&aacute;s el t&oacute;pico del encuentro entre <em>el rey y el sabio, entre el intelectual y el gobernante.</em></p>
<p>
	Nos lo cuenta&nbsp; <em>Di&oacute;genes Laercio </em>y tambi&eacute;n <em>Cicer&oacute;n </em>y <em>Plutarco </em>cuyos textos reproducir&eacute;; y <em>Arriano </em>en su <em>An&aacute;basis de Alejandro, VII,2,1-2&nbsp; </em>y <em>Valerio M&aacute;ximo en Hechos y dichos memorables, IV.3. ext.4 </em>y <em>Juan Cris&oacute;stomo en Sobre san B&aacute;bilas&nbsp; contra Juliano y los gentiles,8</em> y en <em>Pseudo-Eudocia</em> (esposa del emperador <em>Teodosio II</em> en el siglo V), <em>Violarium,332,24-241,3).</em></p>
<p>
	La an&eacute;cdota en realidad era un lugar com&uacute;n en la <em>Antig&uuml;edad</em>.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes Laercio,&nbsp; Vidas y opiniones de los fil&oacute;sofos ilustres: VI,38:</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Mientras tomaba el sol en el Craneo, se le acerc&oacute; Alejandro y dijo: &lsquo;P&iacute;deme lo que quieras&rsquo;. Y &eacute;l dijo: &lsquo;No me hagas sombra&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em> : El <em>Craneo </em>era un <em>Gimnasio </em>de <em>Corinto </em>en el que&nbsp; <em>Di&oacute;genes </em>impart&iacute;a sus ense&ntilde;anzas.</p>
<p>
	<em>Cicer&oacute;n en Tusculanas, V,32 (92):</em></p>
<p>
	<em><strong>En cambio Di&oacute;genes, m&aacute;s libremente, como C&iacute;nico, a Alejandro que le rogaba que dijera si necesitaba algo: &lsquo;Justamente &ndash;dijo- ap&aacute;rtate un poco del sol&rsquo;. Por supuesto cuando tomaba el sol, se le hab&iacute;a puesto delante. Y &eacute;ste, en verdad, sol&iacute;a sostener cu&aacute;nto al rey de los persas superaba en vida y fortuna: que a &eacute;l nada le faltaba, que para aquel nada ser&iacute;a ,jam&aacute;s, suficiente; que &eacute;l no deseaba los placeres del rey con los cuales&nbsp; &eacute;ste nunca podr&iacute;a saciarse; que &eacute;ste de ninguna manera pod&iacute;a conseguir los de &eacute;l.</strong></em></p>
<p>
	<em>At vero Diogenes liberius, ut Cynicus, Alexandro roganti ut diceret, si quid opus esset: &lsquo;Nunc quidem paullulum, inquit, a sole. Officerat videlicet apricanti. Et hic quidem disputare solebat quanto regem Persarum vita fortunaque superaret: sibi nihil deesse, illi nihil satis umquam fore: se eius voluptates non desiderare, quibus numquam stiari ille posset, suas eum conseui nullo modo posse.</em></p>
<p>
	<em>Plutarco</em>, en un texto interesante en el que resalta la actitud servil de muchos fil&oacute;sofos, es decir, los intelectuales del momento, frente a la de <em>Di&oacute;genes</em>, el insolente, el libertario, el due&ntilde;o de su propia vida, nos dice en <em>Vida de Alejandro, XIV</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombr&aacute;ndole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los fil&oacute;sofos que le visitaban y le daban el parabi&eacute;n, esperaba que har&iacute;a otro tanto Di&oacute;genes el de Sinope, que resid&iacute;a en Corinto. Mas &eacute;ste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el Craneo; y as&iacute; hubo de pasar Alejandro a verle. Hall&aacute;base casualmente tendido al sol, y habi&eacute;ndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fij&oacute; la vista en Alejandro.Salud&oacute;le &eacute;ste, y pregunt&aacute;ndole enseguida si se le ofrec&iacute;a alguna cosa, &lsquo;Muy poco &ndash;le respondi&oacute;- que te quites del sol&rdquo;.D&iacute;cese que Alejandro, con aquella especie de menosprecio, qued&oacute; tan admirado de semejante elevaci&oacute;n y grandeza de &aacute;nimo, que cuando retirados de all&iacute; empezaron los que le acompa&ntilde;aban a re&iacute;rse y burlarse, &eacute;l les dijo: &lsquo;Pues yo, a no ser Alejandro, de buena gana fuera Di&oacute;genes&rsquo;&nbsp;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Antonio Ranz Romanillos).</p>
<p>
	Podemos preguntarnos si la an&eacute;cdota fue real. Probablemente, como otras muchas que de <em>Di&oacute;genes </em>se cuentan, no son reales sino inventadas. Resulta un tanto inveris&iacute;mil que el encuentro, si se produjo, no hay base hist&oacute;rica para afirmarlo, se produjera en los t&eacute;rminos que se relatan, pero en nada disminuye su capacidad para asentar la fama y definir las propuestas que para la vida social hac&iacute;a el fil&oacute;sofo.</p>
<p>
	Esta an&eacute;cdota se convirti&oacute; en un <em>topos</em>, <em>lugar com&uacute;n</em>, en la literatura antigua, citado frecuentemente. Como dije m&aacute;s arriba es un ejemplo m&aacute;s del tema cl&aacute;sico del encuentro del rey y el sabio, del intelectual y el poderoso. De hecho en la vida de <em>Alejandro </em>se produce otro encuentro similar con los <em>gimnosofistas</em> (<em>los sofistas desnudos</em>, significa la palabra) hind&uacute;es, que tal como cuenta <em>Plutarco </em>en <em>Alejandro, LXIV</em>&nbsp; son preguntados con diversas cuestiones porque tienen fama de ser muy agudos en sus respuestas. Responden ciertamente con agudeza y habilidad y dir&iacute;amos en lenguaje castizo y coloquial actual que &ldquo;<em>pasan</em>&rdquo; del poderoso <em>Alejandro</em> porque nada necesitan de &eacute;l.</p>
<p>
	<em>Alejandro </em>se convirti&oacute; en un mito en la <em>Antig&uuml;edad </em>y as&iacute; continu&oacute; siendo en la <em>Edad Media</em> y a&uacute;n hoy d&iacute;a su nombre y sus haza&ntilde;as tienen notable &eacute;xito. Recordemos en espa&ntilde;ol por ejemplo el <em>Libro de Aleixandre </em>y como tal mito fue tratado.</p>
<p>
	Tenemos una prueba de c&oacute;mo se le adjudican algunas an&eacute;cdotas en su relaci&oacute;n con <em>Di&oacute;genes</em> analizando otro ejemplo que muchos libros y ahora centenares de art&iacute;culos repiten en la red (<em>www</em>). Dicen que adem&aacute;s del encuentro relatado hubo otro poco despu&eacute;s:</p>
<p>
	<em><strong>En otra ocasi&oacute;n Alejandro sorprendi&oacute; a Di&oacute;genes observando un mont&oacute;n de huesos apilados. Alejandro le pregunt&oacute;: &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s buscando? . Le contest&oacute; Di&oacute;genes: &ldquo;Busco los huesos de tu padre, pero no logro encontrarlos porque no veo la diferencia entre los huesos de tu padre y los de mi esclavo&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	En la mayor parte de los casos la cita aparece sin fuente alguna, los m&aacute;s atrevidos incluso se la adjudican a <em>Plutarco</em>, pero esta an&eacute;cdota no aparece, hasta donde yo he podido averiguar, en el mundo antiguo; es una cita mucho m&aacute;s tarde inventada y adjudicada al famoso <em>Di&oacute;genes </em>porque no desdice de otras que de &eacute;l se cuentan.</p>
<p>
	Tan s&oacute;lo aparece algo parecido en <em>Luciano de Sam&oacute;sata</em>, en su di&aacute;logo <em>Menippus</em>, si bien situada la acci&oacute;n en el mundo de ultratumba.</p>
<p>
	Aunque pueda suponer una larga digresi&oacute;n, ofrezco el texto de <em>Luciano</em>, siempre interesante y de actualidad, como todos los del sat&iacute;rico de <em>Sam&oacute;sata</em>; en este caso se sirve del s&iacute;mil de tanto &eacute;xito luego del &ldquo;<em>gran teatro del mundo&rdquo;</em>; recordemos el final de <em>Augusto</em>, cuando pregunta si ha interpretado bien la farsa de la vida?. V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/muerte-de-augusto-la-farsa-de-la-vida">http://www.antiquitatem.com/muerte-de-augusto-la-farsa-de-la-vida </a></p>
<p>
	<em>Luciano de Sam&oacute;sats, Menippo,15 y ss</em>.</p>
<p>
	<em><strong>Pasando por medio de ellos, llegamos a la llanura Aquerusia, y encontramos all&iacute; a los semidioses y a las hero&iacute;nas y a otros grupos de cad&aacute;veres clasificados por naciones y tribus, a unos ya a&ntilde;ejos y enmohecidos y, como dice Homero, &ldquo;inconscientes&rdquo;, a otros a&uacute;n frescos y compactos, en especial a los egipcios, debido a la larga conservaci&oacute;n que les proporciona la momificaci&oacute;n. No era f&aacute;cil reconocer a cada uno; se parecen todos much&iacute;simo unos a otros con sus huesos desnudos. Solamente y muy a duras penas los reconoc&iacute;amos, tras haberlos mirado y requetemirado una y otra vez. Yac&iacute;an all&iacute; hacinados unos sobre otros, confundidos,sin ninguna se&ntilde;al de identificaci&oacute;n, y no conservando ninguna de las bellezas que ten&iacute;an cuando estaban entre nosotros. Sin lugar a dudas entre tantos esqueletos que yac&iacute;an en el mismo sitio, que lanzaban una mirada por igual terrible y hueca, que mostraban sus dientes descarnados, me resultaba imposible distinguir a Tersites del bello Nireo,o al mendigo Iro del rey de los feacios, o al cocinero Pirrias de Agamen&oacute;n. Ninguna de los rasgos que los distingu&iacute;an en vida prevalec&iacute;an en ellos: antes bien, sus huesos eran parecidos, imposibles de distinguir, sin inscripci&oacute;n alguna, imposibles de ser reconocidos por nadie.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A la vista de todo esto, la vida de los hombres se me antoj&oacute; una larga procesi&oacute;n. El Destino organiza y dispone cada circunstancia, adjudic&aacute;ndoles a los miembros de la procesi&oacute;n atuendos diferentes y variados. A uno lo toma y, si es su sino, lo reviste con aspecto de rey coloc&aacute;ndole una tiara sobre la cabeza, entreg&aacute;ndole escuderos, corona su cabeza con la diadema; mientras a otro le pone atuendo de criado. A uno le hace ser guapo y lo adorna, y a otro ser feo y le proporciona un aspecto rid&iacute;culo. Y, creo yo, conviene que el espect&aacute;culo resulte variado. Muchas veces, en medio de la procesi&oacute;n, cambia los atuendos de algunos sin dejar que lleguen al final del modo que primitivamente se les orden&oacute;, sino que, dando un giro de ciento ochenta grados, a Creso, por ejemplo, le oblig&oacute; a tomar el atuendo de criado y prisionero, y a Meandrio, que durante un tiempo formaba en la procesi&oacute;n con el grupo de los criados, le hizo ocupar el trono del tirano Policrates. Y, por cierto tiempo, les permite usar su atuendo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando se ha acabado el tiempo de la procesi&oacute;n, entonces cada uno devuelve su atuendo y, despoj&aacute;ndose de la vestimenta que acompa&ntilde;aba su cuerpo, se queda como estaba antes de nacer, sin diferenciarse del vecino. Algunos, por ignorancia, se molestan y se enfadan, cuando el Destino reclama el atav&iacute;o, como si se vieran privados de algo propio, cuando no hacen sino devolver algo que se les prest&oacute; por un corto espacio de tiempo. Creo que en muchas ocasiones has visto sobre la tramoya del teatro a los actores que representan tragedias. Por exigencias del gui&oacute;n ahora son &ldquo;Creontes&rdquo;, despu&eacute;s se convierten en &ldquo;Pr&iacute;amos&rdquo; o &ldquo;Agamenones&rdquo;. Y el uno, si le toca hacerlo as&iacute;, primero tiene que representar con mucha solemnidad el papel de C&eacute;crope o de Erecteo, y al poco rato, si se lo ordena el autor, viene a dar en un criado. Cuando la obra ha alcanzado ya su final, cada uno de ellos, despoj&aacute;ndose del vestido con bordados de oro, quit&aacute;ndose la m&aacute;scara y bajando de los zancos, va por ah&iacute; dando tumbos pobre y humilde, ya no Agamen&oacute;n, el hijo de Atreo, ni Creonte, hijo de Meneceo, sino que se llama Polo, hijo de Canicies de Sunio o S&aacute;tiro, hijo de Teogit&oacute;n, de Marat&oacute;n. As&iacute; son las cosas de los hombres o, al menos, esa opini&oacute;n me forj&eacute; al verlos entonces. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Navarro Gonz&aacute;lez. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	Pues bien, la an&eacute;cdota le sirvi&oacute; m&aacute;s tarde a <em>Di&oacute;n Cris&oacute;stomo</em> para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimaci&oacute;n de su ejercicio. En un pr&oacute;ximo art&iacute;culo ofrecer&eacute; este interesante texto.</p>
<p>
	Bien, la tradici&oacute;n, avalada ahora por <em>Di&oacute;genes Laercio</em> quiso tambi&eacute;n constatar otro&nbsp; encuentro, el encuentro final entre <em>Alejandro </em>y <em>Di&oacute;genes</em>: los dos murieron el mismo d&iacute;a del a&ntilde;o 323 a.C., Alejandro a los 33 a&ntilde;os en Babilonia, fruto de los excesos, la vida al l&iacute;mite de militar ambicioso y probablemente del paludismo de aquellas tierras; Di&oacute;genes muri&oacute; en Corinto a los 86 a&ntilde;os de vida mucho m&aacute;s acorde con la naturaleza animal del hombre. En realidad es imposible que murieran ambos en el mismo d&iacute;a del mismo a&ntilde;o.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes Laercio, VI, 76-79</em> (<em>muerte de Di&oacute;genes de Sinope</em>):</p>
<p>
	<em><strong>Se dice que muri&oacute; sobre los noventa a&ntilde;os; acerca de su muerte se cuentan versiones discrepantes: unos afirman que comiendo un pulpo crudo enferm&oacute; de c&oacute;lera, y que as&iacute; muri&oacute;, otros que por contener la respiraci&oacute;n. Entre &eacute;stos est&aacute; C&eacute;rcidas de Megal&oacute;polis [o de&nbsp; Creta] quien dice en los Meliambos:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no es el que el Sinopense,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el del bast&oacute;n y del manto<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; doblado, viviendo del aire:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; no, que ascendi&oacute; &lt;&hellip;&gt;;<br />
	&nbsp;&nbsp; el diente en el labio hincado,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el alma misma se cort&oacute;.<br />
	&nbsp; De Zeus fuiste hijo de veras, [Di&oacute;genes]:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; can, pero can celeste.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Otros dicen que, queriendo repartir un pulpo entre unos perros, recibi&oacute; un mordisco en un tend&oacute;n del pie y falleci&oacute;. Sus disc&iacute;pulos, sin embargo, seg&uacute;n dice Ant&iacute;stenes en las Sucesiones, conjeturaron lo de la contenci&oacute;n del aliento. Pues el caso es que estaba viviendo en el Craneo, el gimnasio que est&aacute; cerca de Corinto; y como de costumbre, llegaron los disc&iacute;pulos y lo hallaron envuelto en su manto, y no se figuraron, por cierto, que estuviera durmiendo, pues no era hombre so&ntilde;oliento ni dormil&oacute;n; as&iacute; que, al alzar la capa,lo hallaron ex&aacute;nime, y supusieron que lo hiciera queriendo escurrirse de lo que de vida le quedaba.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Se trab&oacute; entonces, seg&uacute;n se cuenta, una disputa entre los disc&iacute;pulos acerca de qui&eacute;nes hab&iacute;an de enterrarlo, y aun llegaron a las manos; pero al presentarse los padres y los notables de la ciudad, lo enterraron ellos cerca de la puerta que da al Istmo, y levantaron en su honor una columna, y sobre esta un perro de m&aacute;rmol de Paros. Luego tambi&eacute;n los ciudadanos lo honraron con una estatua de bronce, en la que inscribieron estas palabras:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; El bronce envejece andando el tiempo, pero tu fama<br />
	&nbsp;&nbsp; toda la eternidad, Di&oacute;genes, no&nbsp; borrar&aacute;.<br />
	S&oacute;lo t&uacute; del vivir que se basta a s&iacute; mismo lo gloria mostraste<br />
	&nbsp;&nbsp; al hombre mortal, y a su vida&nbsp;&nbsp; senda m&aacute;s f&aacute;cil de andar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hay tambi&eacute;n unos versos nuestros en metro proceleusm&aacute;tico:<br />
	-Di&oacute;genes, ay, cu&eacute;ntamelo, dime qu&eacute; desgracia te mat&oacute;.<br />
	-Digo que la culpa fue de un perro que peg&oacute;me un mordisc&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Algunos cuentan que al morir lleg&oacute; a ordenar que lo arrojasen insepulto, para que toda bestia tuviera parte de &eacute;l, o que lo metieran en un hoyo y lo cubrieran con un poco de polvo (o seg&uacute;n otros, que lo arrojaran al r&iacute;o Iliso), para que se hiciera &uacute;til a sus hermanos. Demetrio, en los Hom&oacute;nimos, dice que el mismo d&iacute;a murieron Alejandro en Babilonia y Di&oacute;genes en Corinto; y fue anciano hacia la Olimpiada cent&eacute;sima decimotercera.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Luis Andr&eacute;s Bredlow. Editorial Lucina.2010).</p>
<p>
	Si como nos dice <em>Laercio</em>, muri&oacute; por comer un pulpo crudo que su est&oacute;mago no pudo digerir, muri&oacute; v&iacute;ctima de su rechazo hasta el final de la vida civilizada y su deseo de vivir lo m&aacute;s natural y animal&iacute;sticamente posible: &iquest;qu&eacute; mayor rechazo puede haber de la civilizaci&oacute;n que renunciar al fuego civilizador que <em>Prometeo </em>rob&oacute; a los dioses para los hombres, para que &eacute;stos entre otras cosas puediesen cocer los alimentos y no tener que comer s&oacute;lo lo crudo como el resto de animales?</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Intelectuales frente al poder (II)</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/cinicos-estoicos-intelectuales-y-poder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2015 02:02:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los poderosos, detentadores de la fuerza y la violencia, generalmente han desconfiado de los pensadores, aunque se ven obligados a vivir con ellos. El tema del encuentro conflictivo del rey y el sabio es un tópico mundial. Véase http://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico.  Platón imaginó una República en la que los gobernantes fueran los filósofos, los sabios, los intelectuales, constituidos en casta con una especial educación. El intento de Platón por hacer realidad su teoría en Sicilia con Dioniso el Viejo y luego con su hijo fue un completo fracaso. Probablemente el rey no puede convertirse en filósofo, porque se plantearía su propia condición de rey, ni el filósofo pueda ser rey, porque en el ejercicio del poder dejaría de ser filósofo. En consecuencia parece que están condenados a coexistir.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Los poderosos, detentadores de la fuerza y la violencia, generalmente han desconfiado de los pensadores, aunque se ven obligados a vivir con ellos. El tema del encuentro conflictivo del rey y el sabio es un tópico mundial. Véase http://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico.  Platón imaginó una República en la que los gobernantes fueran los filósofos, los sabios, los intelectuales, constituidos en casta con una especial educación. El intento de Platón por hacer realidad su teoría en Sicilia con Dioniso el Viejo y luego con su hijo fue un completo fracaso. Probablemente el rey no puede convertirse en filósofo, porque se plantearía su propia condición de rey, ni el filósofo pueda ser rey, porque en el ejercicio del poder dejaría de ser filósofo. En consecuencia parece que están condenados a coexistir.</b></p>
<p>
	La historia nos ense&ntilde;a c&oacute;mo en ese encuentro entre la fuerza y la inteligencia, en el debate intelectual moralmente siempre vence la inteligencia, pero en la pr&aacute;ctica siempre se impone la fuerza.</p>
<p>
	Al sabio, al intelectual, le quedan, pues, tres opciones: <em>plegarse </em>servilmente al poder (lo hacen la mayor&iacute;a), <em>criticar </em>abiertamente al poder (lo hacen unos pocos), <em>alejarse </em>prudentemente del poder (no me atrevo a aventurar una proporci&oacute;n, pero no ser&aacute;n pocos).</p>
<p>
	Una cita de <em>Estobeo </em>refiriendo una an&eacute;cdota de <em>Ant&iacute;stenes </em>el <em>c&iacute;nico </em>describe perfectamente esta actitud. <em>Estobeo </em>nos dice que cuando se le preguntaba a <em>Ant&iacute;stenes </em>hasta qu&eacute; punto hab&iacute;a que implicarse en las cosas p&uacute;blicas o en los asuntos de la ciudad, respond&iacute;a:</p>
<p>
	<em><strong>Preguntado Ant&iacute;stenes c&oacute;mo se debe acercar uno a la pol&iacute;tica, respondi&oacute;: como al fuego, ni demasiado cerca para no quemarse ni demasiado lejos para no helarse.&nbsp;</strong></em> (Estobeo. Florilegio,XLV,28).</p>
<p>
	<em>Estobeo </em>es un autor griego que escribe en griego, pero su obra fue traducida al lat&iacute;n en el <em>Humanismo</em>. As&iacute; en la versi&oacute;n latina de <em>Conrado Gesnero</em> (1516-1565) , editado por <em>Christoph Froschoverus</em>, a&ntilde;o 1544, en <em>Suiza</em>, dice&nbsp; en el <em>cap&iacute;tulo XLIII</em>, <em>en la p&aacute;gina 313</em> (en la edici&oacute;n de <em>Thomas Gaisford</em> corresponde al <em>T&iacute;tulo XLV)</em>:</p>
<p>
	<em>Antisthenes interrogatus quomodo ad rempublicam accedendum sit, respondit: ut ad ignem, neque nimis prope ne uraris, neque longius ne frigeas.</em></p>
<p>
	Parece, pues, que al <em>fil&oacute;sofo </em>le corresponde la actitud contestar&iacute;a frente al poder, porque si deciden vivir a la sombra del poder, pronto abandonar&aacute;n su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y libre. Esta es desde luego la actitud de los &ldquo;<em>c&iacute;nicos</em>&rdquo;.</p>
<p>
	<em>Ant&iacute;stenes</em>, el creador de la escuela y maestro de <em>Di&oacute;genes</em>,&nbsp; escribi&oacute; seg&uacute;n <em>Di&oacute;genes Laercio</em> un libro sobre <em>Aspasia</em>, la mujer de <em>Pericles </em>y otro sobre <em>Alcibiades</em>, en los que sin duda les critica sus defectos.</p>
<p>
	Nos lo confirma <em>Ateneo</em>, en su &ldquo;<em>Banquete de los eruditos</em>&rdquo;. Hablando del car&aacute;cter maldiciente de los fil&oacute;sofos, dice de <em>Ant&iacute;stenes</em>, que critica la vida inmoral de <em>Alcib&iacute;ades</em>,&nbsp; en<em> V, 220 C-D-E</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Ant&iacute;stenes, en el segundo de sus Ciro, afirma, vituperando a Alcib&iacute;ades, que era un criminal en lo que a las mujeres se refiere, y en las restantes facetas de su vida, pues asegura que se acostaba con su madre, con su hija y con su hermana, como los persas.</strong></em></p>
<p>
	Y poco despu&eacute;s, en la misma cita, refiri&eacute;ndose y criticando a&nbsp; <em>Pericles</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&hellip;;&nbsp; Aspasia, una calumnia contra Jantipo y P&aacute;ralo, los hijos de Pericles. En efecto, sostiene que uno de ellos era favorito de Arqu&eacute;strato, el cual desempe&ntilde;aba un oficio semejante al de las mujeres en los burdeles de mala muerte, y que el otro era &iacute;ntimo y seguidor de Eufemo, que acostumbraba a burlarse vulgar y fr&iacute;amente de quienes se encontraban con &eacute;l.</strong></em></p>
<p>
	Y para confirmar este car&aacute;cter maldiciente de los fil&oacute;sofos sigue diciendo <em>Ateneo </em>de <em>Ant&iacute;stenes</em> en el mismo texto:</p>
<p>
	<em><strong>Adem&aacute;s, vil y groseramente le cambi&oacute; el nombre a Plat&oacute;n por el de Sat&oacute;n*, y con este t&iacute;tulo public&oacute; un di&aacute;logo contra &eacute;l. En efecto, a estos hombres ning&uacute;n magistrado les parece honrado, ning&uacute;n estratego sensato, ning&uacute;n sofista digno de consideraci&oacute;n, ning&uacute;n poeta &uacute;til, ning&uacute;n pueblo prudente, salvo S&oacute;crates, &hellip;.</strong></em></p>
<p>
	* Nota: Para entender la vileza en el cambio de nombre a <em>Plat&oacute;n </em>es necesario conocer que el nombre griego <em>S&aacute;thon</em>, con el que sol&iacute;an llamar las nodrizas a los ni&ntilde;os, deriva de <em>s&aacute;the</em>, uno de los t&eacute;rminos para designar al miembro viril.<br />
	(<em>Traducci&oacute;n y nota de Luc&iacute;a Rodr&iuml;guez-Noriega Guill&eacute;n. Editorial Gredos)</em></p>
<p>
	As&iacute; que ya el primero de los c&iacute;nicos se mostr&oacute; cr&iacute;tico con los poderosos de su &eacute;poca, y marc&oacute; el camino a seguir por el resto de los c&iacute;nicos. <em>Di&oacute;genes </em>super&oacute; con creces al maestro en la acritud con la despreci&oacute; a los poderosos.</p>
<p>
	<em>Ant&iacute;stenes </em>prefer&iacute;a al verdugo que da muerte al malhechor que al tirano que mata inocentes. Asi en&nbsp;<em> Estobeo.Florilegio,M.49.47 </em>(en un t&iacute;tulo que en lat&iacute;n se titula <em>De uituperio tyrannidis </em>) .</p>
<p>
	<em><strong>El&nbsp; fil&oacute;sofo Ant&iacute;stenes prefer&iacute;a en piedad a los verdugos antes que a los tiranos; a una persona que le pregunt&oacute; el motivo le respondi&oacute;: porque el verdugo mata a hombres injustos, pero el tirano mata tambi&eacute;n a inocentes</strong>. (</em>&#39;Stoboe., tit. , XLIX, 47, Gaisf., p. 359.)</p>
<p>
	En la version latina citada se corresponde con el <em>T&iacute;tulo XLVII</em> y dice en la p&aacute;g.<em> 343</em> de la citada edici&oacute;n:</p>
<p>
	<em>Antithenes philosophus carnifices tyrannis in pietate praeferebat, cuius causam interroganti cuidam respondit: a carnifice quidem homines iniusti interimuntur; a tyranno autem etiam insontes.</em></p>
<p>
	<em>Ant&iacute;stenes</em>, criticando duramente el ansia insaciable de riquezas dijo, seg&uacute;n <em>Stobeo, t. X, 12, Thomas Gaisford., p. 294</em> (Citado a su vez por <em>Chappuis, Antisthen&egrave;, Edit. P&aacute;g, 98):</em></p>
<p>
	<em><strong>Quien ama el dinero no puede ser una persona de bien, ni como rey ni en la vida privada.</strong></em></p>
<p>
	En la traducci&oacute;n latina de citada est&aacute; en el <em>Tit. VIII,</em> y dice:</p>
<p>
	<em>Avarus nemo bonus, neque rex, neque liber esse potest</em></p>
<p>
	Es la misma actitud que mantiene <em>Di&oacute;genes</em>, seg&uacute;n cuenta <em>Di&oacute;genes Laercio en VI, 43</em></p>
<p>
	<strong><em>&ldquo;Y cuenta Dionisio el Estoico que, tras la batalla de Queronea, fue conducido prisionero ante Filipo; y pregunt&aacute;ndole &eacute;ste qui&eacute;n era, dijo: &lsquo;El explorador de tu insaciabilidad&rsquo;; admirado de lo cual aquel le dej&oacute; libre.&rdquo;</em></strong></p>
<p>
	<em>Ant&iacute;stenes </em>desprecia a quienes imponen su delirio a los dem&aacute;s y limitan la libertad de los individuos.</p>
<p>
	Esta actitud&nbsp; contestataria se puso de manifiesto en el relato citado de los encuentros entre <em>Di&oacute;genes </em>y <em>Alejandro </em>que ya coment&eacute;.</p>
<p>
	Por cierto, que <em>Alejandro </em>tuvo por maestro a <em>Arist&oacute;teles</em>, llevaba consigo un ejemplar de la <em>Iliada</em> de <em>Homero </em>y respet&oacute; y no destruy&oacute; la casa de <em>P&iacute;ndaro en Tebas </em>en reconocimiento de sus valores literarios, pero eso no le impidi&oacute; actuar con enorme crueldad en muchas ocasiones.</p>
<p>
	La diferente actitud de <em>Di&oacute;genes </em>y <em>Plat&oacute;n </em>ante los poderosos queda perfectamente dibujada en esta an&eacute;cdota que cuenta <em>Di&oacute;genes Laercio en VI,58:</em></p>
<p>
	<strong><em>Algunos afirman que fue &eacute;l tambi&eacute;n a quien Plat&oacute;n, vi&eacute;ndole lavar verduras, se le acerc&oacute; y le dijo al o&iacute;do: &ldquo;Si sirvieras a Dioniso (de Siracusa) no estar&iacute;as lavando verduras&rdquo;; y &eacute;lle respondi&oacute; asimismo al o&iacute;do: &ldquo;Y t&uacute;, si lavaras verduras, no estar&iacute;as sirviendo a Dioniso&rdquo;</em></strong></p>
<p>
	Otra an&eacute;cdota nos muestra c&oacute;mo a <em>Di&oacute;genes </em>no le impresiona <em>Alejandro </em>y sus acciones, obras al fin y al cabo de un &ldquo;<em>misero</em>&rdquo; ser humano; nos lo cuenta <em>Laercio en VI,44:</em></p>
<p>
	<strong><em>&ldquo;Cuando Alejandro mand&oacute; una vez a Ant&iacute;patro una carta a Atenas por v&iacute;a de un tal Atilio (palabra que significa &ldquo;m&iacute;sero&rdquo;), Di&oacute;genes, que se hallaba presente dijo: &ldquo;M&iacute;sera misiva de m&iacute;sero a m&iacute;sero, por v&iacute;a de M&iacute;sero&rdquo;</em></strong> (taducci&oacute;n de Luis Andr&eacute;s Bredow.Edit.Lucina)</p>
<p>
	De similar manera <em>Di&oacute;genes </em>rechaz&oacute; la petici&oacute;n de que le visitara que le hizo <em>Cr&aacute;tero</em>, general de <em>Alejandro Magno</em> y uno de sus herederos a su muerte. Nos lo cuenta <em>Laercio en VI,57</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Cuando Cr&aacute;tero le pidi&oacute; que lo visitara, dijo: Pues yo prefiero lamer sal en Atenas antes que disfrutar de la prodigiosa hospitalidad de Cr&aacute;tero&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	Este mismo <em>Di&oacute;genes</em>, seg&uacute;n cuenta el otro<em> Di&oacute;genes, el Laercio, en VI,50</em>,&nbsp; cuando un tirano le pregunt&oacute; cu&aacute;l era el mejor bronce para construir una estatua respondi&oacute;:</p>
<p>
	<strong><em>&rdquo;Pregunt&aacute;ndole un tirano cu&aacute;l era el mejor bronce para las estatuas, dijo: aqul del que se hacen los Harmodio y los Aristogit&oacute;n&rdquo;</em></strong> .</p>
<p>
	<em>Nota</em>: <em>Harmodio </em>y <em>Aristogit&oacute;n</em>, muertos en el 514 a.C., fueron los que acabaron con el tirano <em>Hiparco de Atenas</em> y por eso se les conoce como los <em>Tiranicidas</em>. Fueron considerados como unos h&eacute;roes y restauradores de la libertad. Por ello se les levant&oacute; una estatua construida por <em>Antenor</em>.</p>
<p>
	Nota: <em>Tiranicidio</em>, del griego &tau;ύ&rho;&alpha;&nu;&nu;&omicron;&sigmaf; / <em>tyrannos</em>, &quot;<em>tirano</em>&quot; y del lat&iacute;n <em>&ndash;cido</em>, de <em>caedo</em>,&nbsp; &quot;<em>matar</em>.&quot;</p>
<p>
	Tambi&eacute;n <em>Di&oacute;genes </em>le dec&iacute;a a gritos al tirano Dioniso de Siracusa, destituido y reducido a la condici&oacute;n de simple ciudadanos:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&iexcl;C&oacute;mo llevas una vida indigna de ti! No deber&iacute;as vivir aqu&iacute;, con nosotros, libremente y con toda seguridad, sino que convendr&iacute;a que est&eacute;s encerrado all&aacute; con los tiranos como tu padre y que llevaras esa vida hasta la vejez&rdquo;.</strong></em> (Plutarco,Moralia,783.D)</p>
<p>
	Hay una an&eacute;cdota m&aacute;s de <em>Di&oacute;genes </em>que parece anticipar uno de nuestros males actuales. Cuenta la an&eacute;cdota que un d&iacute;a&nbsp; vio en las calles de <em>Atenas </em>a un ladr&oacute;n que hab&iacute;a robado un jarr&oacute;n de propiedad del tesoro y lo llevaban detenido&nbsp; dos guardias. <em>Di&oacute;genes </em>dijo, en <em>Di&oacute;genes Laercio, Vida de Di&oacute;genes, VI, 45:</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Viendo una vez a los guardianes de un templo llev&aacute;ndose preso a uno de los administradores que hab&iacute;a robado una copa, dijo: &ldquo;Los grandes ladrones se llevan al peque&ntilde;o&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	Los dos guardias son, naturalmente, los representantes del poder institucionalizado. La justicia no s&oacute;lo no era ni es igual para todos, sino que la persecuci&oacute;n del peque&ntilde;o delincuente parece encubrir la permisividad con los grandes delitos econ&oacute;micos. Con demasiada abundancia estamos asistiendo a la impunidad de quienes hunden grandes empresas bancarias que han de ser rescatadas con dinero de todos o dilapidan el dinero p&uacute;blico.</p>
<p>
	Cuando en otra ocasi&oacute;n le preguntaron a <em>Di&oacute;genes </em>cu&aacute;les eran los animales m&aacute;s feroces, respondi&oacute;,seg&uacute;n<em> Antonio y Maximo. De lucri cupiditate,226:</em></p>
<p>
	<strong><em>&ldquo;En las monta&ntilde;as los osos y los leones; en las ciudades los funcionarios y los sicofantas&rdquo;</em></strong>.&nbsp;</p>
<p>
	<em>Diogenes interrogatus, quaenam essent ferae pessimae, dixit: In montibus ursi et leones,in civitatibus vero publicani et sycophantae</em></p>
<p>
	Nota: <em>losSicofantas </em>son los delatores.</p>
<p>
	<em>Laercio </em>lo cuenta de manera incomprensible por incompleto en<em> VI,51.</em> Conviene saberlo para comprender alguna de las dificultades que tiene la transmisi&oacute;n de los textos antiguos:</p>
<p>
	<strong><em>Preguntado cu&aacute;l es el m&aacute;s da&ntilde;ino de los animales, dijo: &ldquo;De los salvajes el delator; de los dom&eacute;sticos, el adulador&rdquo;</em></strong></p>
<p>
	Tambi&eacute;n otros c&iacute;nicos, como <em>Crates</em>, uno de los m&aacute;s famosos disc&iacute;pulos del &ldquo;<em>Perro</em>&rdquo;, como dice Laercio (VI, 85), que por cierto form&oacute; pareja con una de las pocas mujeres griegas de las que conocemos su nombre y hechos, <em>Hiparquia</em>, fil&oacute;sofa tambi&eacute;n c&iacute;nica locamente enamorada de &eacute;l, tambi&eacute;n desprecia el enorme poder de <em>Alejandro </em>que tantas ciudades destruy&oacute; y construy&oacute;. Nos cuenta <em>Di&oacute;genes Laercio en VI, 93:</em></p>
<p>
	<em><strong>A Alejandro, quien le pregunt&oacute; si quer&iacute;a que se reconstruyera su ciudad natal (Tebas), le contest&oacute;: &ldquo;&iquest;Para qu&eacute;? Acaso luego otro Alejandro la volver&aacute; a destruir&rdquo;</strong></em>.</p>
<p>
	La tarea del <em>fil&oacute;sofo </em>es la de la resistencia, la insurrecci&oacute;n,la rebeli&oacute;n, la insumisi&oacute;n.<br />
	En el&nbsp; art&iacute;culo anterior comentaba, como dec&iacute;a, la actitud irrespetuosa y contestar&iacute;a del fil&oacute;sofo c&iacute;nico<em> Di&oacute;genes de Sinope</em>. Los fiol&oacute;sofos &ldquo;<em>perros</em>&rdquo;,&nbsp; los c&iacute;nicos, son en la <em>Antig&uuml;edad </em>el prototipo de pensador antisistema, anarcoide y libertario y por tanto muy cr&iacute;ticos con el poder.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes </em>es el m&aacute;s famoso representante de esta l&iacute;nea de pensamiento o escuela que no llega a plasmar sus ideas en obras sistem&aacute;ticas de pensamiento, si bien es cierto que son muy pocos los restos que nos quedan de lo que escribieron.</p>
<p>
	Pues bien, adem&aacute;s de <em>Di&oacute;genes </em>hay otros muchos ejemplos de intelectuales que critican al poderoso y con ello al poder, sufriendo las duras consecuencias del castigo real. La mayor parte de ellos fueron <em>c&iacute;nicos </em>pero tambi&eacute;n fueron&nbsp; <em>estoicos</em>.</p>
<p>
	La actitud de los <em>c&iacute;nicos </em>es de enfrentamiento directo &ldquo;<em>y a voces</em>&rdquo; con los poderosos y con los ciudadanos. Los <em>estoicos </em>son m&aacute;s prudentes.</p>
<p>
	Puede reflejar esta actitud un fragmento de la <em>Carta 103 de S&eacute;neca a Lucilio</em> en la que le aconseja que desconf&iacute;e de los hombres, porque pueden hacer mucho mal a otros hombres, y que se refugie en la filosof&iacute;a; pero que no ejerza la filosof&iacute;a con altaner&iacute;a:</p>
<p>
	<em>S&eacute;neca, Cartas a Lucilio, 103, 4:</em></p>
<p>
	<strong><em>&hellip;&hellip;. Pero ref&uacute;giate tanto como puedas en la filosof&iacute;a: en su seno hallar&aacute;s protecci&oacute;n y en ese santuario estar&aacute;s seguro, por lo menos m&aacute;s seguro. No tropiezan unos con otros sino cuando siguen la misma v&iacute;a. Pero no uses la filosof&iacute;a con jactancia: para muchos fue causa de peligro el hecho de haberla conducido por caminos de altaner&iacute;a y arrogancia: es menester que te cures de los vicios sin retar a los dem&aacute;s hombres. No menosprecies las costumbres p&uacute;blicas, ni procedas de tal modo que parezcas condenar todo lo que no sea ella misma. La sabidur&iacute;a puede andar sin pompa y sin malevolencia. Cons&eacute;rvate bueno.</em></strong></p>
<p>
	<em>Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu 1 suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. 2 Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.<br />
	[5] Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. VALE.</em></p>
<p>
	Y sin embargo una de las funciones sociales de la <strong>filosof&iacute;a </strong>es la de ser cr&iacute;tica con el poder y el poderoso.&nbsp; Quiz&aacute;s no con la pasi&oacute;n con la que se expresaba <em>Crates&nbsp; </em>pero tampoco con la pasividad que hace que hoy la filosof&iacute;a no solo no sea una norma de vida y conducta, sino que la ha reducido a pura teor&iacute;a y estudio libresco.</p>
<p>
	Dec&iacute;a <em>Crates</em>, en<em> Di&oacute;genes Laercio, VI, 92:</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Dec&iacute;a que hay que filosofar hasta el punto de que los generales nos parezcan ser arrieros de ac&eacute;milas&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	Esta actitud cr&iacute;tica de los fil&oacute;sofos antiguos frente al poder nos sugiere plantear el papel hoy de la filosof&iacute;a&#8230;</p>
<p>
	Pero, &iquest;juega hoy alg&uacute;n papel la filosof&iacute;a en la sociedad? &iquest;No hace demasiado tiempo que qued&oacute; confinada en la escuela, reducida al estudio de los libros de filosof&iacute;a sin relaci&oacute;n alguna con la vida de la calle? Como dijo <em>Nietzsche </em>en <em>Conversaciones intempestivas,3a,2&nbsp; (Schopenhauer como educador):</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;La &uacute;nica cr&iacute;tica posible de una filosof&iacute;a, la que demuestra algo, la que consiste en ver si se puede vivir con arreglo a dicha filosof&iacute;a, jam&aacute;s ha sido ense&ntilde;ada en las universidades, que se contentan con hacer una cr&iacute;tica de palabras con palabras,&rdquo; </strong></em></p>
<p>
	<em>Nietzsche, Unzeitgem&auml;&szlig;e Betrachtungen (Schopenhauer als Erzieher)</em></p>
<p>
	<em>Die einzige Kritik einer Philosophie, die m&ouml;glich ist und die auch etwas beweist, n&auml;mlich zu versuchen, ob man nach ihr leben k&ouml;nne, ist nie auf Universit&auml;ten gelehrt worden: sondern immer die Kritik der Worte &uuml;ber Worte.</em></p>
<p>
	M&aacute;s a&uacute;n, podemos incluso preguntarnos: &iquest;Tienen sentido hoy en nuestra sociedad <em>&ldquo;fil&oacute;sofos c&iacute;nicos</em>&rdquo;?&nbsp; &iquest;No son tan necesarios ahora como hace 2000 a&ntilde;os los intelectuales o &quot;fil&oacute;sofos&quot; cr&iacute;ticos con el poder, ahora globalizado y en manos de unos pocos?</p>
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		<title>Por una alimentación sana y equilibrada</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/seneca-contra-el-lujo-apicio-lucilio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Nov 2015 04:53:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aproximadamente 800 millones de personas en el mundo tienen una alimentación insuficiente, es decir, una de cada nueve pasa hambre. Unos pocos millones, sobre todo en Europa y Norteamérica, viven en la abundancia y de ellos los más ricos  disfrutan de una alimentación de lujo y despilfarro que no es sino un gran escándalo. Aquí algunos cocineros gozan de enorme fama y consideración, los restaurantes son calificados y distinguidos no sólo por la calidad de sus alimentos sino por la novedad de los platos ofrecidos. Guías especializadas los califican y distinguen con símbolos ya famosos, estrellas, tenedores, etc. Algo parecido ocurrió en la opulenta Roma (http://www.antiquitatem.com/annona-panem-circenses-apicio-satiricon) , en la que coexisten miles de individuos hambrientos con unos cuantos glotones y golosos sin límite. De ellos sin duda el más famoso es un tal Marco Gavio Apicio, que vivió en el siglo I y fue autor de un famoso libro de cocina titulado De re coquinaria, “Libro de cocina”,  del que algún día comentaré algo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Aproximadamente 800 millones de personas en el mundo tienen una alimentación insuficiente, es decir, una de cada nueve pasa hambre. Unos pocos millones, sobre todo en Europa y Norteamérica, viven en la abundancia y de ellos los más ricos  disfrutan de una alimentación de lujo y despilfarro que no es sino un gran escándalo. Aquí algunos cocineros gozan de enorme fama y consideración, los restaurantes son calificados y distinguidos no sólo por la calidad de sus alimentos sino por la novedad de los platos ofrecidos. Guías especializadas los califican y distinguen con símbolos ya famosos, estrellas, tenedores, etc. Algo parecido ocurrió en la opulenta Roma (http://www.antiquitatem.com/annona-panem-circenses-apicio-satiricon) , en la que coexisten miles de individuos hambrientos con unos cuantos glotones y golosos sin límite. De ellos sin duda el más famoso es un tal Marco Gavio Apicio, que vivió en el siglo I y fue autor de un famoso libro de cocina titulado De re coquinaria, “Libro de cocina”,  del que algún día comentaré algo.</b></p>
<p>
	El fil&oacute;sofo estoico y moralista <em>S&eacute;neca </em>(4 a. C.&ndash;65 d. C) cr&iacute;tica en una carta a su amigo <em>Lucilio </em>el escandaloso gasto que algunos ciudadanos hacen en sus comilonas y la sofisticaci&oacute;n de una cocina que transforma los alimentos hasta hacerlos irreconocibles.</p>
<p>
	Se me asemeja este tratamiento de los alimentos a los afamados platos actuales de <em>cocina deconstruida o desestructurada</em> en los que las cosas son lo que no parecen.</p>
<p>
	Critica tambi&eacute;n <em>S&eacute;neca </em>la combinaci&oacute;n de platos y alimentos de sabores encontrados y contrapuestos en llamativa mezcolanza y complejidad que no pueden sino causar enfermedades cada d&iacute;a m&aacute;s raras y complejas.</p>
<p>
	Se me asemeja esto tambi&eacute;n a las continuas informaciones y planes diet&eacute;ticos, contradictorios unos con otros, con que se nos asaetea todos los d&iacute;as empresas &aacute;vidas de ganancias: un d&iacute;a se ensalzan las cualidades de un determinado alimento para ser denostado alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s; algunos son directamente demonizados y prohibidos, aunque el hombre los haya consumido desde sus or&iacute;genes.</p>
<p>
	Es llamativa a este respecto la reciente recomendaci&oacute;n de no consumir o limitar la ingesta de carne preparada por el hombre. Es curioso que exista tambi&eacute;n un movimiento reivindicativo de lo que llaman la &ldquo;<em>dieta paleol&iacute;tica&rdquo;</em>, consistente en comer carne cruda, rechazando as&iacute; uno de los mayores inventos del hombre, el <em>fuego</em>, y desconociendo que nuestros antepasados paleol&iacute;ticos la carne que durante mucho tiempo ingirieron fue la de carro&ntilde;a o animales muertos, que no cazados.</p>
<p>
	En fin, que una vez m&aacute;s compruebo que lo que parec&iacute;a muy moderno no deja de ser tan&nbsp; viejo, al menos, como el mundo <em>grecorromano</em>.</p>
<p>
	S&eacute;pase por lo dem&aacute;s que el asunto de la &ldquo;alimentaci&oacute;n&rdquo; es incidental en la carta, con la que pretende demostrar a su amigo la insuficiencia de la <em>filosof&iacute;a </em>te&oacute;rica. As&iacute; que aconsejo, para quien lo desee, una lectura completa de la carta 95.</p>
<p>
	<em>S&eacute;neca, Cartas Morales a Lucilio,&nbsp; 95, 14 y ss.</em><br />
	<em><strong>&hellip;.<br />
	Indudablemente, la sabidur&iacute;a antigua fue, como dec&iacute;a, ruda, especialmente en su nacimiento, no menos que las dem&aacute;s artes, el refinamiento de las cuales ha ido creciendo con el tiempo. Pero tampoco hab&iacute;a necesidad de remedios muy sutiles. A&uacute;n la maldad no hab&iacute;a llegado tan arriba ni se hab&iacute;a propagado tan lejos: a unos vicios simples pod&iacute;an oponerse unos remedios simples. Hoy d&iacute;a precisan unos remedios m&aacute;s poderosos cuanto m&aacute;s poderosos son los males que nos atacan. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La medicina era antiguamente la ciencia de unas cuantas hierbas apropiadas para resta&ntilde;ar los flujos de sangre o a cicatrizar las heridas. Despu&eacute;s ha llegado poco a poco a esta variedad tan grande de remedios. Y no es de extra&ntilde;ar que tuviese menos trabajo en organismos robustos y enteros, alimentados con manjares sencillos, no maleados aquellos a&uacute;n por el arte y la sensualidad. Pero desde que, en lugar de satisfacer el hambre, no se busca sino excitarla, y se inventan mil condimentos para aguzar el apetito, aquello que era un alimento para los necesitados torn&oacute;se un peso para los saciados. De aqu&iacute; provino la palidez, y aquel temblor de los nervios embebidos de vino y las delgadeces de la indigesti&oacute;n m&aacute;s deplorables que las del hambre. De aqu&iacute; aquel caminar incierto, siempre vacilante, tal como el de la propia embriaguez.De aqu&iacute; aquella agua que se pone bajo la piel, y el vientre hinchado por haberse acostumbrado a contener m&aacute;s de lo que pod&iacute;a; de aqu&iacute; aquel derrame cetrino de la hiel y el rostro descolorido, y la consunci&oacute;n de los cuerpos que se pudren por dentro, y los dedos retorcidos con las articulaciones yertas, y los m&uacute;sculos insensibles y distendidos y perezosos, o bien tr&eacute;mulos en una agitaci&oacute;n continua. &iquest;Qu&eacute; dir&eacute; de los vah&iacute;dos, de los dolores de ojos, del roer de los dolores de un cerebro inflamado y de las &uacute;lceras internas de los conductos por donde se exonera el organismo, y aun de las innumerables clases de fiebres, que ya nos atacan impetuosamente, ya nos penetran como un veneno lento, ya se llegan a nosotros con escalofr&iacute;os y gran temblor de miembros? &iquest;Por qu&eacute; recordar otras incontables enfermedades, suplicios de la vida desordenada? </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Libres andaban de estos males aquellos que aun no se hab&iacute;an entregado a las delicias, que eran due&ntilde;os y servidores de s&iacute; mismos, que endurec&iacute;an sus cuerpos con el trabajo y la verdadera resistencia por medio de la carrera fatigosa, o de la caza, o de las labores agr&iacute;colas, y despu&eacute;s injer&iacute;an alimentos que s&oacute;lo pod&iacute;an ser agradables a gente hambrienta. Por esto no necesitaban tanta provisi&oacute;n de m&eacute;dicos, aparatos y cajas. Las enfermedades eran simples como sus causas: la muchedumbre de enfermedades ha sido producida por la muchedumbre de manjares. Mira cu&aacute;ntas cosas mezcla, para hacerlas pasar por la garganta, aquella furia devastadora de mares y tierras. Cosas tan diversas no puede ser, que una vez engullidas, no se combatan unas a otras y se digieran mal a causa de tantas tendencias diversas. No es, pues de extra&ntilde;ar que de manjares tan desavenidos nazcan enfermedades tan caprichosas y variadas, y que elementos tan diversos, encerrados en un mismo lugar, sean rechazados hacia afuera. De aqu&iacute; viene que nuestras dolencias sean tan variadas como nuestro vivir.&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El pr&iacute;ncipe de los m&eacute;dicos (</strong></em>Hip&oacute;crates<em><strong>) y fundador de la medicina dijo que las mujeres no est&aacute;n sujetas a la ca&iacute;da del cabello ni a dolores de pies,&nbsp; a pesar de todo les cae el cabello y sufren de gota. No ha cambiado la naturaleza de las mujeres, sino que ha sido vencida, ya que al haber igualado el libertinaje de los hombres han adquirido tambi&eacute;n las dolencias de &eacute;stos. No trasnochan menos que ellos, ni beben menos; los desaf&iacute;an ne las luchas atl&eacute;ticas y en la embriaguez; como ellos, vomitan lo que han ingerido a disgusto del est&oacute;mago, y arrojan tanto vino como han bebido, y como ellos mascan nieve para solaz del febricitante est&oacute;mago. En lujuria no ceden en nada a los hombres; destinadas por la Naturaleza a un papel pasivo -&iexcl;los dioses y las diosas las exterminen!- han inventado un pervers&iacute;simo sistema de impudicia para entrar en los hombres. &iquest;Qu&eacute; tiene, pues, de extra&ntilde;o que el mayor de los m&eacute;dicos y el mejor de los conocedores de la Naturaleza sea encontrado en falsedad, ya que son tantas las mujeres atacadas de gota y de calvicie? Han perdido con los vicios los beneficios de su sexo, y por haberse desvinculado de su condici&oacute;n de mujeres han sido condenadas a las enfermedades de los hombres.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los m&eacute;dicos antiguos no sab&iacute;an prescribir la frecuencia de las comidas, ni sostener un pulso desfalleciente con vino; no sab&iacute;an extraer sangre, ni atemperar con&nbsp; ba&ntilde;os y sudaciones una enfermedad cr&oacute;nica; no sab&iacute;an por medio de ligaduras de piernas y brazos desviar a las extremidades un mal secreto residente en el centro del organismo. No precisaba buscar muchas suertes de auxilios; pero ahora, &iexcl;cu&aacute;n lejos han llegado los azotes de la salud! As&iacute; se pagan los r&eacute;ditos de los placeres, anhelados sin ninguna medida ni respeto. No te extra&ntilde;e que las enfermedades sean innumerables: cuenta los cocineros. Ya no se habla de estudios y los que profesan artes liberales, abandonados por todos, se sientan en unas escuelas desiertas. En las aulas de ret&oacute;ricos y fil&oacute;sofos no campea m&aacute;s que la soledad, pero &iexcl;cu&aacute;nta concurrencia en las cocinas, cu&aacute;nta juventud se aglomera cabe los hornillos de los disipadores!&nbsp; Paso por alto aquellos grupos de muchachos infelices que, terminados los banquetes, son aguardados en las c&aacute;mara para mayores ignominias. Paso por alto aquellos grupos de adolescentes clasificados por naciones y colores, en forma que los de cada fila tengan el mismo brillo, la misma cantidad de vello, el mismo color de cabello, y que no se mezclen los de cabellera rizada con los que la tengan lisa. Paso por alto la turba de pasteleros, de mocitos que a una se&ntilde;al dada circulan para servir la cena. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Oh dioses, cu&aacute;ntos hombres hace trabajar un solo vientre! &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Crees que no trabajan ocultamente aquellas setas, venenos voluptuosos aunque no maten de golpe? Y esta nieve en pleno est&iacute;o, &iquest;no crees que procura obstrucciones al h&iacute;gado? Esas ostras, carne muy indigesta, engordadas con limo, &iquest;no imaginas que pueden contagiarnos algo de su pesadez fangosa? Y esa salsa de la sociedad, preciosa podredumbre de pescados malos (garum), &iquest;no crees que quema las entra&ntilde;as con su salmuera &aacute;cida? Estos guisos purulentos que pasan inmediatamente del fuego a la boca, &iquest;crees que se apagan sin lesionar las entra&ntilde;as? &iexcl;Qu&eacute; eructos tan impuros y pestilentes, qu&eacute; asco de uno mismo en las exhalaciones de un pasado hartazgo! Piensa que lo que se ha comido no se digiere, se pudre.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Recuerdo que un tiempo atr&aacute;s se habl&oacute; de un plato famoso en el cual hab&iacute;a sido reunido todo lo que retiene un d&iacute;a entero en la mesa a nuestros golosos, por un comil&oacute;n que parec&iacute;a anhelante de su propia ruina: conchas de Venus, esp&oacute;ndilos, ostras con los bordes recortados de manera que s&oacute;lo quedaba lo que se ten&iacute;a que comer: erizos de mar se&ntilde;alaban la divisi&oacute;n entre ellas, y encima de todo un techo de salmones cortados y sin espina. Cansaba comer plato por plato: los sabores hab&iacute;an sido reunidos en uno solo. Se hace ya a la mesa aquello que se realiza en el vientre del hombre saciado: &iexcl;aun quiero ver servir manjares mascados! &iquest;Es mucho menos sacar las conchas y los huesos,&nbsp; encargando al cocinero el trabajo de los dientes? Es demasiado molesto gustar de los manjares uno por uno: es menester servirlos juntos convertidos en un solo sabor. &iquest;Por qu&eacute; tengo que extender el brazo para una sola cosa? Vengan muchas a la vez, que se unan y se combinen las cualidades de muchos manjares. Sepan, pues, aquellos que andaban diciendo que la mesa era un medio de ostentaci&oacute;n y de gloria, que aqu&iacute; ya no se presentan los guisos, sino que es menester adivinarlos. Los manjares que se serv&iacute;an por separado vengan todos a la vez aderezados con la misma salsa; no es posible distinguir nada: ostras, erizos de mar, esp&oacute;ndilos, barbos, se sirven mezclados y cocidos a la vez. La comida no es m&aacute;s confusa que si la hubieses vomitado. Tan mezcladas como estos manjares son poco sencillas las enfermedades que de ellos resultan, enfermedades no descomponibles, complejas, multiformes, contra las cuales la medicina ha comenzado tambi&eacute;n a armarse de toda suerte de remedios y observaciones.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lo mismo te digo de la filosof&iacute;a. Hubo un tiempo en que fue m&aacute;s simple: cuando eran m&aacute;s simples los pecados de los hombres se curaban con remedios m&aacute;s ligeros, pero contra este desastre de las costumbres&nbsp; es menester intentar todos los esfuerzos. &iexcl;Y ojal&aacute; que sea como fuere, este azote pueda ser dominado!&#8230;</strong></em><br />
	&hellip;<br />
	Por si fueran insuficientes las cr&iacute;ticas al despilfarro realizadas, poco despu&eacute;s a&ntilde;ade un elemento m&aacute;s que nos recuerda tambi&eacute;n el precio desorbitado que actualmente se paga por un buen pescado, por un at&uacute;n rojo por ejemplo en Japon, o el primer salm&oacute;n de un r&iacute;o asturiano, por el que compiten los restaurantes afamados de la zona.</p>
<p>
	Dice <em>S&eacute;neca </em>en la misma carta, <em>p&aacute;rrafos 41 y ss.</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qu&eacute; hay m&aacute;s escandaloso que un fest&iacute;n opulento que consume el censo de un cabalalero? &iquest;Qu&eacute; tan digno de la nota del censor si, como dicen esos derrochadores, esto tiene que ser concedido a &eacute;l mismo y a su condici&oacute;n? Sea como fuere, ha habido cenas de ceremonia que han costado trescientos mil sestercios a personas frugal&iacute;simas. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Una misma cosa, si es otorgada a la gula, es vergonzosa; si al honor, queda libre de censura, pues ya no es lujo, sino un dispendio para la solemnidad p&uacute;blica. Tiberio C&eacute;sar hizo llevar a vender al mercado un barbo de enorme tama&ntilde;a -&iquest;por qu&eacute; no a&ntilde;adir el peso para excitar la gula de algunos?; dicen que pesaba cuatro libras y media-, diciendo: &ldquo;Amigos, o yo me enga&ntilde;o mucho, o este barbo ser&aacute; comprado por Apicio o P. Octavio&rdquo;. Su conjetura result&oacute; mejor de lo que aguardaba. Se abre la subasta, vence Octavio y se lleva para los suyos la inmensa gloria de haber comprado por cinco mil sestercios un pescado que C&eacute;sar hab&iacute;a vendido y que Apicio no hab&iacute;a podido comprar. Vergonzoso fue para Octavio dispendio semejante, pero no para aquel que lo hubiese comprado para enviarlo a Tiberio, por m&aacute;s que yo tambi&eacute;n le censurar&iacute;a por haber admirado una cosa de la cual crey&oacute; digno al C&eacute;sar.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de JaimeBofill y Ferro. Editorial Iberia. Barcelona. 1965)</p>
<p>
	<em>Fuit sine dubio, ut dicitis, vetus illa sapientia cum maxime nascens rudis non minus quam ceterae artes, quarum in processu subtilitas crevit. Sed ne opus quidem adhuc erat remediis diligentibus. Nondum in tantum nequitia surrexerat nec tam late se sparserat. Poterant vi tus simplicibus obstare remedia simplicia; nunc necesse est tanto operosiora esse munimenta, quanto vehementiora sunt, quibus petimur.<br />
	Medicina quondam paucarum fuit scientia herbarum, quibus sisteretur fluens sanguis, vulnera coirent; paulatim deinde in hanc pervenit tam multiplicem varietatem. Nec est mirum tunc illam minus negotii habuisse firmis adhuc solidisque corporibus et facili cibo nec per artem voluptatemque corrupto, qui postquam coepit non ad tollendam, sed ad inritandam famem quaeri et inventae sunt mille conditurae, quibus aviditas excitaretur, quae desiderantibus ali menta erant, onera sunt plenis.<br />
	Inde pallor et nervorum vino madentium tremor et miserabilior ex cruditatibus quam ex fame macies. Inde incerti&nbsp; labantium&nbsp; pedes et semper qualis in ipsa ebrietate titubatio. Inde in totam cutem umor admissus distentusque venter, dum male adsuescit plus capere quam poterat. Inde suffusio luridae bilis et decolor vultus tabesque in se putrescentium et retorridi digiti articulis obrigescentibus nervorumque sine sensu iacentium torpor aut palpitatio&nbsp; sine intermissione vibrantium.<br />
	Quid capitis vertigines dicam ? Quid oculorum auriumque tormenta et cerebri exaestuantis verminationes et omnia, per quae exoneramur, internis ulceribus adfecta ? Innumerabilia praeterea febrium genera, aliarum impetu saevientium, aliarum tenui peste repentium, aliarum eum horrore et multa membrorum quassatione venientium ?<br />
	Quid alios referam innumerabiles morbos, supplicia luxuriae ?<br />
	Immunes erant ab istis malis, qui nondum se deliciis solverant, qui sibi imperabant, sibi ministrabant. Corpora opere ac vero labore durabant aut cursu defatigati aut venatu aut tellure&nbsp; versanda.&nbsp; excipiebat illos cibus, qui nisi esurientibus placere non posset. Itaque nihil opus erat tam magna medicorum supellectile nec tot ferramentis atque pyxidibus. Simplex erat ex causa simplici valitudo; multos morbos multa fericula fecerunt.<br />
	Vide, quantum rerum per unam gulam transiturarum permisceat luxuria, terrarum marisque vastatrix. necesse est itaque inter se tam diversa dissideant et hausta male&nbsp; male digerantur aliis alio nitentibus. Nec mirum, quod inconstans variusque ex discordi cibo morbus est et illa ex contrariis naturae partibus in eundem compulsa redundant. Inde tam multo&nbsp; aegrotamus genere quam vivimus.<br />
	Maximus ille medicorum et huius scientiae conditor feminis nec capillos defluere dixit nec pedes laborare; atqui et capillis destituuntur et pedibus aegrae sunt. Non mutata feminarum natura, sed victa est; nam cum virorum licentiam aequaverint, corporum quoque virilium incommoda aequarunt.<br />
	Non minus pervigilant, non minus potant, et oleo et mero viros provocant; aeque invitis ingesta visceribus per os reddunt et vinum omne vomitu remetiuntur; aeque nivem rodunt, solacium stomachi aestuantis. Libidine vero ne maribus quidem cedunt, pati natae, di illas deaeque male perdant! Adeo perversum commentae genus inpudicitiae viros ineunt. Quid ergo mirandum est maximum medicorum ac naturae peritissimum in mendacio prendi, cum tot feminae podagricae calvaeque sint ? Beneficium sexus sui vitiis perdiderunt et, quia feminam exuerant, damnatae sunt morbis virilibus.<br />
	Antiqui medici nesciebant dare cibum saepius et&nbsp; vino fulcire venas cadentes, nesciebant sanguinem mittere et diutinam aegrotationem balneo sudoribusque laxare, nesciebant crurum vinculo brachiorumque latentem vim et in medio sedentem ad extrema revocare. Non erat necesse circumspicere multa auxiliorum genera, eum essent periculorum paucissima.<br />
	Nunc vero quam longe processerunt mala valitudinis ! Has usuras voluptatium pendimus ultra modum fasque concupitarum. Innumerabiles esse morbos non miraberis: cocos numera. Cessat omne studium et liberalia professi sine ulla frequentia desertis angulis praesident. In rhetorum ac philosophorum scholis solitudo est; at quam celebres culinae sunt, quanta circa nepotum focos iuventus premitur !<br />
	Transeo puerorum infelicium greges, quos post transacta convivia aliae cubiculi contumeliae exspectant. Transeo agmina exoletorum per nationes coloresque discripta, ut eadem omnibus levitas sit, eadem primae mensura lanuginis, eadem species capillorum, ne quis, cui rectior est coma, crispulis misceatur. Transeo pistorum turbam, transeo ministratorum, per quos signo dato ad inferendam cenam discurritur. Di boni, quantum hominum unus venter exercet! Quid ? Tu illos boletos, voluntarium venenum, nihil occulti operis iudicas facere, etiam si praesentanei non fuerunt ?<br />
	Quid ? Tu illam aestivam nivem non putas callum iocineribus obducere ?&nbsp; Quid ? Illa ostrea, inertissimam carnem caeno saginatam, nihil existimas limosae gravitatis inferre ? Quid ? Illud sociorum garum, pretiosam malorum piscium saniem, non credis urere salsa tabe praecordia ? Quid ? Illa purulenta et quae tantum non ex ipso igne in os transferuntur, iudicas sine noxa in ipsis visceribus extingui ? Quam foedi itaque pestilentesque ructus sunt, quantum fastidium sui exhalantibus crapulam veterem ! Scias putrescere sumpta, non concoqui.<br />
	Memini fuisse quondam in sermone nobilem patinam, in quam quicquid apud lautos solet diem ducere, properans in damnum suum popina congesserat; veneriae spondylique et ostrea eatenus circumcisa, qua eduntur, intervenientibus distinguebantur echinis. Totam dissecti structique&nbsp; sine ullis ossibus mulli constraverant.<br />
	Piget esse iam singula; coguntur in unum sapores. In cena fit, quod fieri debebat&nbsp; in ventre. Expecto iam, ut manducata ponantur. Quantulo autem hoc minus est, festas excerpere atque ossa et dentium opera cocum fungi ? &quot; Gravest luxuriari per singula; omnia semel et in eundem saporem versa ponantur. Quare ego ad unam rem manum porrigam ? Plura veniant simul,&nbsp; multorum ferculorum ornamenta coeant et cohaereant.<br />
	Sciant protinus hi, qui iactationem ex istis peti et gloriam aiebant, non ostendi ista, sed conscientiae dari. Pariter sint, quae disponi solent, uno iure perfusa. Nihil intersit: ostrea, echini, spondyli, mulli perturbati concoctique ponantur.&quot; Non esset confusior vomentium cibus.<br />
	Quomodo ista perplexa sunt, sic ex istis non singulares morbi nascuntur, sed inexplicabiles, diversi, multiformes, adversus quos et medicina armare se coepit multis generibus, multis observationibus.<br />
	Idem tibi de philosophia dico. Fuit aliquando simplicior inter minora peccantes et levi quoque cura remediabiles; adversus tantam morum eversionem omnia conanda sunt. Et utinam sic denique lues ista vindicetur !</em><br />
	&hellip;&hellip;<br />
	<em>P&aacute;rr.. 41 y ss</em>.</p>
<p>
	<em>Quid est cena sumptuosa flagitiosius et equestrem censum consumente ? Quid tam dignum censoria nota, si quis, ut isti ganeones loquuntur, sibi hoc et genio suo praestet ? Et deciens&nbsp; tamen sestertio aditiales cenae frugalissimis viris constiterunt. Eadem res, si gulae datur, turpis est; si honori, reprensionem effugit. Non enim luxuria, sed inpensa sollemnis est.<br />
	Mullum ingentis formae&mdash;quare autem non pondus adicio et aliquorum gulam inrito ? quattuor pondo et selibram fuisse aiebant&mdash;Tiberius Caesar missum sibi cum in macellum deferri et veniri iussisset: &quot; amici,&quot; inquit, &quot; omnia me fallunt, nisi istum mullum aut Apicius emerit aut P. Octavius.&quot; Ultra spem illi coniectura processit: liciti sunt, vicit Octavius et ingentem consecutus est inter suos gloriam, cum quinque sestertiis emisset piscem, quem Caesar vendiderat, ne Apicius quidem emerat. Numerare tantum Octavio fuit turpe, non illi,&nbsp; qui emerat, ut Tiberio mitteret, quamquam illum quoque reprenderim; admiratus est rem, qua putavit Caesarem dignum.</em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Dión Crisóstomo  recrea el encuentro entre Diógenes  y Alejandro y expone sus ideas sobre el origen del poder.</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/alejandro-diogenes-origen-divino-poder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Nov 2015 04:43:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La anécdota más famosa del primer encuentro de Diógenes con Alejandro Magno le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>La anécdota más famosa del primer encuentro de Diógenes con Alejandro Magno le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio.</b></p>
<p>
	El joven <em>Alejandro </em>muri&oacute; a los treinta y tres a&ntilde;os, se convirti&oacute; en un <em>semidios </em>en vida y luego en un <em>mito</em>, cuyos ecos llegan hasta el mundo actual. Su vida, repleta de hechos maravillosos y tambi&eacute;n otros menos gloriosos, queda adornada de todo tipo de referencias y utilizada para todo tipo de fines educativos, morales o de simple diletantismo.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes Cris&oacute;stomo </em>es uno de los autores que se sirve del eco de <em>Alejandro </em>y tambi&eacute;n del eco del fil&oacute;sofo c&iacute;nico <em>Di&oacute;genes </em>para exponer sus teor&iacute;as sobre el poder, cuyo mejor representante y personificaci&oacute;n puede ser <em>Alejandro</em>.</p>
<p>
	A los encuentros de <em>Alejandro </em>con el fil&oacute;sofo &ldquo;<em>perro</em>&rdquo; ya he dedicado un art&iacute;culo. V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico">http://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico </a></p>
<p>
	El texto de <em>Di&oacute;n </em>puede resultar un poco largo, pero merece leerlo con un poco de calma y meditaci&oacute;n: resulta una vez m&aacute;s intrigante comprobar c&oacute;mo las ideas inculcadas una y otra vez en nuestro inconsciente cultural tienen muchos cientos, varios milenios de antig&uuml;edad.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;n Cris&oacute;stomo</em> (&Delta;ί&omega;&nu; &Chi;&rho;&upsilon;&sigma;ό&sigma;&tau;&omicron;&mu;&omicron;&sigmaf;) es un autor griego de &eacute;poca imperial romana mezcla de <em>ret&oacute;rico </em>y <em>fil&oacute;sofo</em>. Si el nom bre <em>Di&oacute;n </em>es una forma cari&ntilde;osa, familiar, hipocor&iacute;stica, de &quot;<em>Dios</em>&quot;, &Delta;ί&omega;s, genitivo de <em>Zeus</em>; el apelativo &quot;<em>Cris&oacute;stomo</em>&quot;, &Chi;&rho;&upsilon;&sigma;ό&sigma;&tau;&omicron;&mu;&omicron;&sigmaf;, de &Chi;&rho;&upsilon;&sigma;ό&sigma;, <em>krisos</em>, <em>oro</em>, y&nbsp; &sigma;&tau;ό&mu;&alpha;, <em>stoma</em>, <em>boca</em>, hace referencia a su &quot;<em>piquito de oro</em>&quot; con popular expresi&oacute;n castellana, a su facilidad de expresi&oacute;n o capacidad ret&oacute;rica.</p>
<p>
	Naci&oacute; hacia el a&ntilde;o 40, as&iacute; que vivi&oacute; en la segunda mitad del siglo I y primeras d&eacute;cadas del siglo II; naci&oacute; en <em>Pursa</em>, hoy <em>Bursa</em>, peque&ntilde;a ciudad de la actual <em>Turqu&iacute;a</em>. Tuvo notable &eacute;xito en vida y posteriormente, porque de &eacute;l, aunque se han perdido numerosas obras, tambi&eacute;n se conservan m&aacute;s de ochenta discursos. Recorri&oacute; numerosas lugares deleitando al auditorio con sus &ldquo;<em>discursos</em>&rdquo;, o &ldquo;<em>dando conferencias&rdquo;</em> como dir&iacute;amos hoy.&nbsp; Perseguido por el emperador <em>Domiciano</em>, que castig&oacute; a cuantos se le opusieron de alguna forma, luego fue amigo y protegido de <em>Nerva </em>y <em>Trajano</em>. Domiciano mostr&oacute; una inquina especial por los fil&oacute;sofos e intelectuales, a los que expuls&oacute; de Roma en varias ocasiones.</p>
<p>
	Como fil&oacute;sofo mantuvo a su vez una postura intermedia o mezcla de <em>cinismo </em>y <em>estoicismo</em> moralizante. En lo referente al poder su postura era bien distinta de la c&iacute;nica, que es muy cr&iacute;tica cuando no abiertamente contraria a toda autoridad. Como <em>Homero</em>, a quien &eacute;l mismo recuerda, piensa que el <em>basileus </em>o <em>rey </em>es un elegido de la divinidad y gobierna al mundo en su nombre. Es como un pastor que cuida de sus ovejas. El poder no es un privilegio personal sino una pesada carga y obligaci&oacute;n que ha de ejercer el gobernante en beneficio de los gobernados. El gobernante es como un padre benefactor de s&uacute;bditos libres que deben amarle y obedecerle. Naturalmente el rey, elegido por la divinidad, ha de ser bueno, justo y sabio para realizar bien su funci&oacute;n.</p>
<p>
	Bien evidente es con cu&aacute;nto &eacute;xito fructificaron estas ideas estoicas en la <em>Antig&uuml;edad en tiempos </em>de los emperadores romanos, con las que coincide exactamente el pensamiento cristiano, que dos siglos m&aacute;s tarde se impondr&aacute; pol&iacute;ticamente en todo el<em> Imperio romano</em>. Esta es la idea que se afianza en la<em> Edad Media</em> y que en algunos casos ha llegado hasta nuestros d&iacute;as: recu&eacute;rdese la leyenda que no hace tanto ilustraba las monedas espa&ntilde;olas con la efigie del jefe dictador <em>Francisco Franco</em>: &ldquo;<em>caudillo de Espa&ntilde;a por la gracia de Dios</em>&rdquo;. El estudio de la influencia de los escritos y pensamiento de <em>Di&oacute;n </em>en la posteridad es un tema de gran inter&eacute;s. Recordemos que de &eacute;l se han conservado al menos ochenta discursos precisamente por el inter&eacute;s y asiduidad con que fue le&iacute;do posteriormente.</p>
<p>
	De su <em>Discurso IV Sobre la realeza</em>, en el que reproduce el encuentro entre <em>Di&oacute;genes </em>y <em>Alejandro</em> <em>Magno </em>y que debi&oacute; escribir hacia el a&ntilde;o 100 y que tal vez leyera ante el propio <em>Trajano</em>, har&eacute; un amplio resumen, con el consejo por otra parte de que el lector interesado lea el discurso completo y otros varios de la amplia obra de <em>Di&oacute;n</em>.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;n </em>parece en este discurso demostrar la superioridad del fil&oacute;sofo, del intelectual, frente al rey, pero ello admitiendo la existencia de la monarqu&iacute;a o poder como instituci&oacute;n pol&iacute;tica, en flagrante contradicci&oacute;n con la postura de los c&iacute;nicos como <em>Di&oacute;genes</em>. Es m&aacute;s, el verdadero rey es hijo de <em>Zeus</em>, como ya dijo Homero, aunque luego la condici&oacute;n de rey verdadero haya de ser ratificada por las cualidades espirituales&nbsp; y morales y no por la fuerza del poder militar de las armas.</p>
<p>
	Tal vez el discurso fue pronunciado ante <em>Trajano </em>en la celebraci&oacute;n de su cumplea&ntilde;os en el a&ntilde;o 103. <em>Trajano </em>seg&uacute;n <em>Di&oacute;n </em>fue agraciado con un buen &ldquo;<em>daimon</em>&rdquo; o <em>esp&iacute;ritu </em>que dirigi&oacute; eficazmente su actuaci&oacute;n.</p>
<p>
	Por otra parte el lector podr&aacute; apreciar en estos fragmentos la condici&oacute;n de <em>ret&oacute;rico </em>y a la vez <em>fil&oacute;sofo </em>del exitoso <em>Di&oacute;n</em>.</p>
<p>
	Comienza <em>Di&oacute;n Cris&oacute;stomo</em> su <em>&quot;Discurso IV Sobre&nbsp; la realeza IV</em>&rdquo;&nbsp; narrando el encuentro, que ya conocemos con menos detalle y ret&oacute;rica del art&iacute;culo antes citado :</p>
<p>
	<em>Nota</em>: los textos corresponden a la traducci&oacute;n de <em>Gaspar Morocho Gayo</em>. Editorial Gredos.Madrid. 1988</p>
<p>
	<em>p&aacute;rrafos 1-15</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Se cuenta que un d&iacute;a, Alejandro, que no ten&iacute;a demasiados asuetos, se encontr&oacute; con Di&oacute;genes que ten&iacute;a mucho tiempo libre. El uno, efectivamente, reinaba sobre los macedonios y muchos otros pueblos; el otro estaba desterrado de S&iacute;nope. Muchos de los que cuentan de viva voz o escriben esta historia quedan maravillados de la franqueza de Di&oacute;genes, pero no admiran y alaban menos a Alejandro, que, siendo gobernante de tantos pueblos y el m&aacute;s poderoso de los monarcas de aquel tiempo, no desde&ntilde;aba el trato con un hombre pobre, pero dotado de entendimiento y de capacidad de aguante.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Es un rasgo de la naturaleza humana el que todos los hombres sientan regocijo cuando ven el buen&nbsp; juicio honrado por la suprema magistratura y potestad, hasta el punto de que acerca de tales hombres no solamente divulgan la verdad, sino que incluso modelan la historia sobrepasando la ficci&oacute;n. Adem&aacute;s se quitan a los sabios todos las otras cualidades: riqueza, honores, vigor corporal, a fin de que parezca que no son honrados m&aacute;s que por su inteligencia. Pero, como es l&oacute;gico, yo querr&iacute;a deciros c&oacute;mo parece que ocurriera esta entrevista, ya que nosotros nos encontramos libres de otras ocupaciones apremiantes.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; pues, Alejandro, seg&uacute;n se dice, era entre todos los hombres el m&aacute;s entusiasmado por el honor y el m&aacute;s enamorado de la gloria. Se esforzaba en dejar tras de s&iacute; la mejor fama y el mayor renombre que pudiese encontrarse entre todos los helenos y b&aacute;rbaros venideros. Y deseaba, en efecto, recibir honores no solamente entre los hombres de casi todo el universo, sino tambi&eacute;n entre los p&aacute;jaros y las fieras montaraces. As&iacute;, pues, menospreciaba a los dem&aacute;s hombres y no cre&iacute;a que ninguno fuese digno rival para medirse con &eacute;l en asuntos de gobierno, ni el rey de Persia, ni el de Escitia, ni el de la India y ni ning&uacute;n griego, ni ninguna de las ciudades de la H&eacute;lade. En efecto, se daba cuenta de que casi todos hab&iacute;an arruinado sus almas, vencidos por la molicie, la ociosidad, el amor por las ganancias y la voluptuosidad. En cuanto a Di&oacute;genes, por el contrario, informado de los razonamientos que hac&iacute;a, de las acciones que ejecutaba y de la manera con la que soportaba el destierro, a veces lo menospreciaba por su pobreza y simplicidad, como joven que era Alejandro y criado en el boato regio, pero con frecuencia lo admiraba y ten&iacute;a celos de &eacute;l por su coraje y su fortaleza y, sobre todo, por la gloria que Di&oacute;genes hab&iacute;a adquirido, ya que siendo un cualquiera era conocido por todos los helenos, que lo admiraban, porque Alejandro no tenia rival que pudiese mostrar una ambici&oacute;n parecida a la suya. Adem&aacute;s, Alejandro ten&iacute;a necesidad de la falange macedonia, de la caballer&iacute;a tesalia, de los tracios, de los peonios y de otra multitud de pueblos para ir donde quer&iacute;a y conseguir lo que deseaba; mientras que Di&oacute;genes, completamente solo, marchaba absolutamente seguro, no solamente de d&iacute;a sino de noche, all&iacute; donde le gustase ir. Adem&aacute;s, Alejandro necesitaba oro y plata en cantidad para cumplir sus deseos, y a&uacute;n m&aacute;s, si quer&iacute;a ser obedecido por los macedonios y por los dem&aacute;s helenos, se ve&iacute;a obligado a recurrir a promesas y, muchas veces a d&aacute;divas con los gobernantes y el resto del pueblo. Di&oacute;genes, por el contrario, no hac&iacute;a la corte para granjearse el favor de nadie, sino que dec&iacute;a a todos la verdad, no pose&iacute;a ni una dracma, viv&iacute;a a su manera y no desist&iacute;a de ninguno de sus proyectos, llevaba en su aislamiento la existencia que &eacute;l juzgaba la mejor y m&aacute;s dichosa, y no cambiar&iacute;a su pobreza por el trono de Alejandro ni por las riquezas juntas de los medos y los persas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Por eso precisamente Alejandro estaba herido en lo m&aacute;s vivo, por el pensamiento de que otro tuviese sobre &eacute;l la ventaja de llevar semejante vida, tan f&aacute;cil tan retirada y tan exenta de disgustos, y cuyo renombre, adem&aacute;s no ser&iacute;a inferior al suyo propio. Quiz&aacute; tambi&eacute;n creyese Alejandro que ganar&iacute;a algo en el trato con este hombre; por eso, desde hac&iacute;a mucho tiempo deseaba verlo y conversar con &eacute;l. Cuando Alejandro vino a Corinto, despu&eacute;s que recibi&oacute; a los embajadores de los Estados griegos y despach&oacute; los dem&aacute;s asuntos de sus aliados, declar&oacute; a los de su s&eacute;quito que quer&iacute;a tener&nbsp; un rato de asueto y se march&oacute;, no dir&iacute;a yo a llamar a la puerta de Di&oacute;genes, porque Di&oacute;genes, en efecto, no tenia puertas, ni grandes ni peque&ntilde;as, ni casa que le fuese propia, ni hogar, como los dichosos de este mundo; sino que las ciudades le serv&iacute;an de estancia y all&iacute; pasaba su vida en los edificios p&uacute;blicos y en los templos que est&aacute;n consagrados a los dioses, y pensaba que su casa era la tierra toda entera, hogar com&uacute;n y com&uacute;n nodriza de todo el g&eacute;nero humano. En aquel momento se encontraba Di&oacute;genes en el Craneo completamente solo, pues no ten&iacute;a a su alrededor ni disc&iacute;pulos ni esa multitud que rodea a los sofistas, a flautistas y a maestros de danza. As&iacute;, pues, Alejandro avanz&oacute; hacia el fil&oacute;sofo que estaba sentado y lo salud&oacute;, y Di&oacute;genes le lanz&oacute; una mirada terrible, a la manera de los leones, y le pidi&oacute; que se apartara un poco, ya que en aquel momento se encontraba calent&aacute;ndose al sol. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Alejandro qued&oacute; al instante complacido de ver la audacia y la serenidad de aquel hombre que no se hab&iacute;a turbado delante de &eacute;l. Efectivamente, en cierto modo resulta natural que los hombres valientes sientan amor por los que tienen coraje, mientras que los cobardes desconf&iacute;an de los valientes y los odian como a enemigos y, adem&aacute;s, tienen amor y acogen a los villanos. Por eso, para los valientes, la verdad y la franqueza son las m&aacute;s agradables de todas las virtudes, mientras que para los cobardes lo son el halago y la mentira; estos &uacute;ltimos no escuchan con placer m&aacute;s que a los que vienen a pedirles favores, mientras que, por el contrario los primeros no escuchan m&aacute;s que a los que miran de frente a la verdad.</strong></em></p>
<p>
	Luego Di&oacute;genes se muestra especialmente&nbsp; insolente con el poderoso, llam&aacute;ndole incluso y con toda iron&iacute;a &ldquo;bastardo&rdquo;</p>
<p>
	<em>P&aacute;rr.. 16 y ss</em>.</p>
<p>
	<em><strong>Di&oacute;genes, pues, esper&oacute; un instante, despu&eacute;s pregunt&oacute; al rey qui&eacute;n era y qu&eacute; motivos hab&iacute;a tenido para venir a visitarlo.<br />
	-&iquest;Acaso vienes, le dijo, para llevarte alguna de mis posesiones?<br />
	&#8211; &iquest;Pues quiere esto decir, replic&oacute; Alejandro, que tienes riquezas de las que dar&aacute;s parte a otro?<br />
	-S&iacute;, por cierto, respondi&oacute; Di&oacute;genes, y muy numerosas y preciosas, pero no s&eacute; si t&acute;podr&aacute;s recibir jam&aacute;s algunas de ellas. A decir verdad, estas riquezas no son ni espadas ni copas, ni crateras, ni lechos ni mesas como dicen algunos que posee Dar&iacute;o, entre los persas.<br />
	-&iquest;Y qu&eacute;?, prosigui&oacute; Alejandro.&iquest;T&uacute; no conoces en absoluto al rey Alejandro?<br />
	&#8211; El nombre, contest&oacute; Di&oacute;genes, lo he o&iacute;do referir a muchos charlatanes que revolotean como grajos en su entorno; en cuanto a &eacute;l, no lo conozco en absoluto, porque no conozco a ciencia cierta sus pensamientos.<br />
	&#8211; Bien, vas a conocerlo ahora, contest&oacute; Alejandro, y tambi&eacute;n sus pensamientos, porque he venido a prop&oacute;sito para ense&ntilde;arte qui&eacute;n soy y para verte.<br />
	&#8211; En cuanto a eso, repuso Di&oacute;genes, tendr&aacute;s dificultad para verme, como los cortos de vista tienen dificultad para ver la luz. Pero, dime: &iquest;eres t&uacute; ese famoso Alejandro del cual se dice que es un bastardo?<br />
	Alejandro se ruboriz&oacute; al o&iacute;r estas palabras y fue preso de c&oacute;lera, pero pudo contenerse&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em>Di&oacute;genes </em>le hizo ver que si era hijo de un dios, como&nbsp; &eacute;l se presentaba, resultaba ser un &ldquo;<em>bastardo</em>&rdquo;, aunque divino. <em>Alejandro </em>se sinti&oacute; halagado.</p>
<p>
	Sigue luego un di&aacute;logo y consideraciones sobre el buen gobierno y el buen ejercicio de la realeza:</p>
<p>
	<em>P&aacute;rr.. 24 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a, pues, ejercer la realeza de modo ideal?&rdquo; El fil&oacute;sofo, lanz&aacute;ndole una mirada severa, le repic&oacute;: &ldquo;Y bien, es tan imposible ser verdaderamente un rey y mal pr&iacute;ncipe al miso tiempo, como ser malamente bueno. El rey, en efecto, es entre los hombres el m&aacute;s excelente, siempre que sea el m&aacute;s bravo, el m&aacute;s justo y el m&aacute;s amigo de sus semejantes, el m&aacute;s invencible en todo esfuerzo y en todo deseo&hellip; De igual manera que no es posible gobernar un nav&iacute;o sin las cualidades de piloto, tampoco se puede ser rey sin las cualidades de rey&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y Alejandro tuvo miedo de mostrar que ignoraba la ciencia de la realeza.</strong></em></p>
<p>
	Di&oacute;genes expone luego c&oacute;mo hay dos tipos de educaci&oacute;n, la una divina, la otra humana; no por mucho leer y conocer muchas historias el hombre es m&aacute;s juicioso y m&aacute;s instruido; los verdaderamente educados son &ldquo;<em>los nobles de alma&rdquo;</em> educados por los dioses. No son verdaderos educadores los sofistas ignorantes y charlatanes, que son como perros mal adiestrados o como <em>eunucos </em>libidinosos.</p>
<p>
	<em>P&aacute;rr.. 36 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Y al escuchar estas palabras Alejandro se extra&ntilde;&oacute; de por qu&eacute; motivo comparaba a un sofista y a un eunuco, y pregunt&oacute; a Di&oacute;genes la raz&oacute;n de ello.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Esto es porque &ndash;dijo Di&oacute;genes- los m&aacute;s intemperantes de los eunucos pueden ser hombres y se enamoran de las mujeres, y se acuestan con ellas y no les dejan ni un punto de reposo, pero no pasa nada m&aacute;s, incluso aunque tuvieran trato con ellas noche y d&iacute;a. Pues bien, lo mismo ocurre con los sofistas&hellip;.</strong></em></p>
<p>
	Critica despu&eacute;s <em>Di&oacute;genes </em>a quienes como <em>Jerjes </em>y <em>Dar&iacute;o </em>no son verdaderos pastores de sus pueblos, sino carniceros que los llevan al matadero; le advierte a <em>Alejandro </em>que no debe jugar a ser rey como <em>Dar&iacute;o</em>. <em>Alejandro </em>en su ambici&oacute;n por dominar a los persas y al mundo entero, le pregunta a Di&oacute;genes qui&eacute;n es su enemigo y Di&oacute;genes le responde de manera harto elocuente:</p>
<p>
	<em>P&aacute;rr.. 55 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; enemigo me quedar&aacute; todav&iacute;a &ndash;objet&oacute; Alejandro-, si me convierto en el due&ntilde;o de los que ya he citado?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Aquel que entre todos, prosigui&oacute; Di&oacute;genes, es el m&aacute;s dif&iacute;cil de combatir: este no habla ni persa ni medo, como creo que habla Dar&iacute;o, sino macedonio y griego.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Alejandro, entonces, fue presa de turbaci&oacute;n y de angustia. Temiendo que Di&oacute;genes conociese en Macedonia o en Grecia alg&uacute;n adversario que se estuviese preparando para hacerle la guerra, le pregunt&oacute;:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Qui&eacute;n es, pues, ese enemigo que yo tengo en Grecia o en Macedonia?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; &iquest;T&uacute; lo ignoras, contest&oacute; Di&oacute;genes, y crees, sin embargo, saberlo todo?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Entonces, insisti&oacute; Alejandro-, &iquest;rehusar&aacute;s nombrarla y me lo ocultar&aacute;s?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Hace largo tiempo, prosigui&oacute; Di&oacute;genes, que yo hablo de &eacute;l, pero t&uacute; no me entiendes. T&uacute; mismo eres para ti mismo enemigo, el m&aacute;s irreconciliable y el m&aacute;s temible, mientras seas a la vez vicioso y necio. He ah&iacute;, a&ntilde;adi&oacute; Di&oacute;genes, al hombre a quien t&uacute; conoces menos que a ning&uacute;n otro. Ninguno hay, en efecto, entre los necios y malvados que se conozca a s&iacute; mismo. Apolo, pues, no habr&iacute;a dado este mandamiento como el primero, si para cada uno de nosotros no fuera lo m&aacute;s dif&iacute;cil el conocernos a nosotros mismos. &iquest;O es que no consideras la necedad como la m&aacute;s grande y la m&aacute;s grave de las enfermedades de todas y la m&aacute;s lastimosa para los que sufren de ella? &iquest;Y no es un insensato aquel que se da&ntilde;a m&aacute;s a s&iacute; mismo? &iquest;O es que no es para cada uno de nosotros el m&aacute;s funesto aquel que nos causa el mayor n&uacute;mero de males? &iquest;No reconoces que &eacute;se es, entre todos nuestros enemigos, el m&aacute;s encarnizado y el peor? Enf&aacute;date y salta contra estos enemigos, concluy&oacute; Di&oacute;genes, y j&uacute;zgame el m&aacute;s perverso de los hombres, inj&uacute;riame delante de&nbsp; todo el mundo y, en el caso de que te parezca bien, atravi&eacute;same con tu lanza, pero di que soy el &uacute;nico de los hombres del cual has o&iacute;do la verdad que no aprender&aacute;s de ning&uacute;n otro, porque todos los otros hombres valen menos que yo y son menos libres que yo.</strong></em></p>
<p>
	Sigue <em>Di&oacute;genes </em>exhortando a <em>Alejandro </em>a ser justo y confiar en las buenas obras y no en las armas. Le pide que prepara a su esp&iacute;ritu, a su demonio, su daimon, su genio, para ser libre y justo y con sentimientos dignos de un rey y no un demonio esclavo y malvado. Le pide en resumidas cuentas que aprenda a pensar por s&iacute; mismo.</p>
<p>
	Le hace ver luego, enfocando ya el final del discurso, que son muchos los vicios y desdichas de los mortales y tres los g&eacute;neros de vida predominantes que los c&iacute;nicos fustigan constantemente, que&nbsp; arruinan al hombre y ha de superar todo gobernante: <em>el deseo de riquezas, la voluptuosidad y el ansia de poder.</em></p>
<p>
	P&aacute;rr.. 83 y ss.</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Pero existen, por as&iacute; decirlo, tres maneras predominantes de vivir, donde cae la mayor parte de los hombres cuando, &iexcl;por Zeus!, en el examen de las cosas y en la valoraci&oacute;n que de ellas hacen, no tienen el razonamiento por gu&iacute;a, sino, al contrario, se dejan arrastrar por un impulso irreflexivo y por el azar. En su mismo nombre he de manifestar cu&aacute;ntos son los demonios a los que sigue y corteja la gran turba ignorante; unos siguen a uno, otros siguen a otro, como un cortejo b&aacute;quico de miserables y desenfrenados a un gu&iacute;a malvado y loco. De estos tres g&eacute;neros de vida a que me refer&iacute;a, el primero es el de los amigos de la voluptuosidad y del desenfreno, entregados a los placeres corporales; el segundo es el de los amigos del dinero y la riqueza; el tercero &ndash;el que se posa delante de los ojos y causa m&aacute;s trastornos que los otros dos juntos-&nbsp; es el de los fervientes y el de los adoradores del honor y de la gloria, &eacute;ste es el que muestra m&aacute;s evidente e irremediable trastorno y locura, y es que el ambicioso se enga&ntilde;a a s&iacute; mismo en la idea de que est&aacute; enamorado de un bello ideal.</strong></em></p>
<p>
	La pretensi&oacute;n de <em>Di&oacute;genes </em>al denuncia estas formas de vida es cambiar si es posible a los humanos del vicio, de la mentira, de los malos apetitos para conducirlos a ser amigos de la virtud y amantes de una vida mejor. Por eso describe con toda crudeza y detalle a esos tres tipos de hombres viciosos. Con frecuencia incluso coinciden en una misma persona dos o las tres formas de ser. Concluye</p>
<p>
	<em>P&aacute;rr.. 138</em></p>
<p>
	<em><strong>Un alma as&iacute;, arrastrada y desgarrada, empujada en todas direcciones, en perpetuos combates y disensiones consigo mismo, necesariamente viene a parar en total desdicha.</strong></em></p>
<p>
	El lector podr&aacute; juzgar si <em>Alejandro </em>sigui&oacute; las ense&ntilde;anzas del fil&oacute;sofo o fue v&iacute;ctima incontrolada de su propia ambici&oacute;n y pasi&oacute;n por el poder, porque la verdad es que junto a la versi&oacute;n heroica, civilizadora, conquistadora, que las cr&oacute;nicas hist&oacute;ricas suelen transmitir, hubo otra realidad de muerte y destrucci&oacute;n menos gloriosa en las conquistas del Grande, del semidios.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El atractivo de los lugares con historia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Oct 2015 07:50:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué nos emocionan los lugares en los que vivieron los grandes hombres o los grandes artistas?</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>¿Por qué nos emocionan los lugares en los que vivieron los grandes hombres o los grandes artistas?</b></p>
<p>
	Hay una fuerte y extra&ntilde;a ligaz&oacute;n entre las personas y los lugares en los que pasan su vida. Es m&aacute;s, esos lugares tienen un fuerte atractivo y generan fuertes deseos de conocerlos y visitarlos por parte de quienes admiran a las personas.</p>
<p>
	&iquest;Qu&eacute; turista en <em>Verona&nbsp; </em>no visita emocionado la casa de <em>Romeo </em>y&nbsp; <em>Julieta</em>, aunque le quepa la duda o la evidencia de que aquello no es sino un mero reclamo para el visitante? &iquest;No se organizan fervientes recorridos por el <em>Dubl&iacute;n </em>del <em>Ulises </em>de <em>Joyce</em>? &iquest;Acaso no imaginamos sonrientes la figura del <em>Arcipreste </em>revoloteando picar&oacute;n entre las muchachas que acuden a la celebraci&oacute;n de su <em>Festival </em>en <em>Hita</em>? &iquest;No acudimos curiosos a los lugares <em>cervantinos</em>, de manera especial a su casa en <em>Alcal&aacute;</em>? &iquest;Y no acudiremos dentro de poco serios y silenciosos a la cripta del convento de las <em>Trinitarias de Madrid</em>, en donde parece que se han encontrado los restos de nuestro m&aacute;s ilustre escritor? &iquest;Y qu&eacute; decir de <em>Stradford of Avon</em> en <em>Inglaterra</em>, patria del inmortal <em>Shakespeare</em>? &iquest;Y del aula de<em> Antonio Machado</em> y los paseos junto al <em>Duero </em>en <em>Soria </em>o su tumba en <em>Collioure </em>(<em>Francia</em>), o de la c&aacute;tedra de<em> Fray Luis de Le&oacute;n</em> en <em>Salamanca</em>?</p>
<p>
	Si siempre esto ha sido as&iacute;, &iquest;qu&eacute; no ocurrir&aacute; ahora, cuando abundantes e inquietas masas de turista acuden a cualquier sitio con cualquier reclamo?</p>
<p>
	Pues bien, tenemos un documento realmente interesante en el que <em>Cicer&oacute;n </em>y algunos amigos visitan con emoci&oacute;n algunos de los rincones de <em>Atenas </em>en los que ense&ntilde;aron y vivieron los m&aacute;s ilustres y famosos hombres de la culta <em>Grecia</em>.</p>
<p>
	<em>Cicer&oacute;n</em>, junto con <em>Bruto</em>, <em>Pis&oacute;n</em>, su hermano <em>Quinto</em>, <em>Tito Pomponio</em>, y su primo <em>Lucio </em>est&aacute;n en <em>Atenas </em>y deciden dar un paseo por la <em>Academia, </em>a mediod&iacute;a por ser la hora en la que el lugar, ya muy deca&iacute;do, est&aacute; m&aacute;s solitario:</p>
<p>
	<em>Cicero, De Finibus, 5, 1-8 (Sobre los fines</em></p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s de haber escuchado, Bruto, a Antioco como acostumbraba en compa&ntilde;&iacute;a de Marco Pis&oacute;n, en el gimnasio que llaman &ldquo;el Ptolomeo&rdquo;, y junto con nosotros mi hermano Quinto y Tito Pomponio y Lucio Cicer&oacute;n, primo hermano m&iacute;o por parentesco pero hermano en el afecto, decidimos entre nosotros dar un paseo despu&eacute;s de mediod&iacute;a en la Academia, sobre todo porque a esa hora este lugar est&aacute; vac&iacute;o de toda gente. As&iacute; pues fuimos todos a casa de Pis&oacute;n puntualmente y desde all&iacute; hicimos los seis estadios desde el D&iacute;pilo (</strong></em>una de las puertas de la ciudad<em><strong>) hablando de varias cosas. Cuando llegamos a los terrenos de la Academia, tan famosos no sin motivo, la soledad era precisamente la que dese&aacute;bamos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces dijo Pis&oacute;n:&nbsp; &iquest;Dir&eacute; que se nos ha concedido por&nbsp; la naturaleza o m&aacute;s bien por alg&uacute;n error&nbsp; esto,&nbsp; que cuando vemos estos lugares,&nbsp; en los que sabemos que vivieron mucho tiempo hombres dignos de recuerdo, nos emocionamos m&aacute;s que si escuch&aacute;ramos alguna vez las acciones de ellos mismos o si ley&eacute;ramos alg&uacute;n escrito suyo? Como yo mismo ahora estoy emocionado. Pues me viene a la mente el recuerdo de Plat&oacute;n, que sabemos que fue el primero que estableci&oacute; la costumbre de ense&ntilde;ar disputando aqu&iacute;. Incluso esos jardincillos cercanos no s&oacute;lo me traen su recuerdo, sino que incluso me parece que me lo ponen delante de mi vista. Aqu&iacute; estuvo Espeusipo, aqu&iacute; estuvo Jen&oacute;crates, aqu&iacute; estuvo Polem&oacute;n escuch&aacute;ndoles, cuyo asiento fue ese mismo que estamos viendo. Y digo que tambi&eacute;n cuando ve&iacute;a nuestra Curia, no la nueva que me parece que es m&aacute;s peque&ntilde;a aunque ahora es m&aacute;s grande, sol&iacute;a pensar en Escipi&oacute;n, en Cat&oacute;n, en Lelio y sobre todo en mi abuelo. Tan grande es la fuerza para hacernos recordar que hay en estos lugares que no sin motivo se ha basado en ellos el entrenamiento&nbsp; de la memoria.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dijo entonces&nbsp; Quinto: &laquo;Es absolutamente , Pis&oacute;n, como t&uacute; dices. Ciertamente hace un momento cuando ven&iacute;a hac&iacute;a aqu&iacute; me atra&iacute;a a m&iacute; mismo hacia &eacute;l ese famoso lugar de Colono, en el que el inquilino S&oacute;focles deambulaba ante mis ojos, a quien t&uacute; sabes cu&aacute;nto admiro y cu&aacute;nto me deleito con &eacute;l.&nbsp; Ciertamente&nbsp; me ha trasladado al antiguo recuerdo de Edipo, que llegaba a este lugar y con aquellos versos suav&iacute;simos preguntaba qu&eacute; lugar era &eacute;ste, una cierta imagen suya,sin duda vana, pero me ha emocionado.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dijo entonces Pomponio: &ldquo;Pues yo estoy muchas veces con Fedro, a quien vosotros sol&eacute;is atacar como entregado a Epicuro, y a quien quiero especialmente, como sab&eacute;is en los jardines de Epicuro, por los que hace un momento pas&aacute;bamos, y aunque me acuerdo de los vivos seg&uacute;n el consejo del viejo proverbio, no puedo sin embargo, aunque quisiera, olvidarme de Epicuro, cuyo retrato tienen nuestros amigos no s&oacute;lo en los cuadros sino tambi&eacute;n en las copas y en los anillos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces dije yo: &laquo;Nuestro amigo Pomponio ciertamente parece bromear, y quiz&aacute; con todo su derecho. Pues de tal modo se ha&nbsp; aposentado en Atenas que casi es ya uno de los atenienses, y me parece que este ser&aacute; tambi&eacute;n su sobrenombre. Yo, Pis&oacute;n estoy de acuerdo contigo en que a esto llegamos en la realidad, a pensar con m&aacute;s agudeza y m&aacute;s atenci&oacute;n en los hombres famosos por la curiosidad de los lugares (que habitaron). Pues t&uacute; sabes que, en cierta ocasi&oacute;n, fui a Metaponto&nbsp; contigo , y no acud&iacute; a casa de mi hu&eacute;sped antes de ver aquel mismo lugar y sede en la que Pit&aacute;goras paso su vida. Y todav&iacute;a en este momento, aunque en cualquier lugar de Atenas hay muchas huellas de hombres famosos en sus propios lugares, sin embargo yo me emociono con aquella famosa exedra, pues no hace mucho fue de Carn&eacute;ades, a quien me parece que estoy viendo &ndash;pues su retrato es conocido- . Me parece como si aquella su voz fuera echada de menos por el propio asiento privado de la enorme grandeza de su ingenio.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces dijo Pis&oacute;n: &laquo;Puesto que todos hemos dicho algo, &iquest;qu&eacute; dice nuestro querido Lucio? &iquest;No visita con gusto el lugar en el que sol&iacute;an disputar entre s&iacute; Dem&oacute;stenes y Esquines? Pues cada uno es atra&iacute;do sobre todo por su propia afici&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y &eacute;ste, ruboriz&aacute;ndose, dijo: &laquo;No me preguntes eso a m&iacute;, que incluso he bajado hasta el Fa-<br />
	l&eacute;rico,&nbsp; al lugar en el que dicen que Dem&oacute;stenes sol&iacute;a declamar frente a las olas, para acostumbrarse a dominar con su voz el bramido del mar. Hace tambi&eacute;n un momento me he desviado del camino un poco a la derecha para acercarme al sepulcro de Pericles. Pero esto en esta ciudad ciertamente es infinito: por cualquier parte por&nbsp; donde vayamos, all&iacute; encontramos la huella de alguna historia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces dijo Pis&oacute;n: Pues bien, Cicer&oacute;n, esas aficiones, si se dirigen a imitar a esos grandes hombres, son propias de personas inteligentes; si en cambio solo pretenden conocer los restos de un antiguo recuerdo, son propias de personas curiosas. Por eso todos te pedimos a ti, como ya haces como espero, que tambi&eacute;n quieras imitar a estos a los que quieres conocer.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Contesto yo entonces: aunque ciertamente este Pis&oacute;n ya hace, como ves, lo que recomiendas, sin embargo me es grato tu consejo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces dijo &eacute;l muy amistosamente, como era su costumbre: Dirijamos todos nosotros todos los esfuerzos&nbsp; a la juventud de este, sobre todo para que dedique algo de su inter&eacute;s tambi&eacute;n a la filosof&iacute;a, o para que te imite a ti, a quien ama, o para que pueda hacer con m&aacute;s elegancia eso mismo que desea. Y dijo tambi&eacute;n, &iquest;Pero Lucio, tienes que ser animado por nosotros o tambi&eacute;n te inclinas a ello espont&aacute;neamente? A m&iacute; me parece que atiendes con toda atenci&oacute;n a Antioco, a cuyas lecciones acudes.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces &eacute;l t&iacute;midamente, o m&aacute;s bien con modestia, respondi&oacute;: &laquo; lo hago, ciertamente; pero &iquest;hab&eacute;is o&iacute;do hace poco hablar sobre Carn&eacute;ades? Me atrae con pasi&oacute;n hac&iacute;a all&aacute;,&nbsp; pero Antioco me llama de nuevo hacia &eacute;l y adem&aacute;s no hay nadie m&aacute;s al que escuchar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces le dijo Pis&oacute;n:&nbsp; aunque esto quiz&aacute;s no pueda salir bien, estando este presente &ndash;se refer&iacute;a a m&iacute;-,&nbsp; sin embargo intentar&eacute; atraerte desde esta Academia Nueva a aquella Antigua, en la que, como o&iacute;as decir a Antioco, no s&oacute;lo se cuentan aquellos que se llaman Acad&eacute;micos, Espeusipo, Jen&oacute;crates, Polem&oacute;n, Crantor y otros, sino tambi&eacute;n los antiguos Peripat&eacute;ticos, de los cuales el principal es Arist&oacute;teles, al que,&nbsp; exceptuado Plat&oacute;n, creo que con toda justicia le llamar&iacute;a el principal de los fil&oacute;sofos. Dir&iacute;gete, pues, a ellos, te lo ruego. Pues no s&oacute;lo de sus escritos y consejos se puede extraer toda la doctrina de las ciencias liberales, toda la historia, toda la elegancia de la oratoria, sino que es tan grande la riqueza de sus obras que nadie sin este instrumento puede acceder con la suficiente elegancia a ninguna cosa importante. De ellos han salido oradores, de ellos generales y los cargos principales de la Rep&uacute;blica. Y refiri&eacute;ndome a profesionales menores, de esta especie de taller de todas las artes han salido matem&aacute;ticos, poetas, m&uacute;sicos, y hasta m&eacute;dicos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y yo le contest&eacute;: Sabes, Pis&oacute;n, que pienso lo mismo, pero has hecho una menci&oacute;n oportunamente. Pues mi querido Cicer&oacute;n desea escuchar&nbsp; cu&aacute;l es la opini&oacute;n de esa Academia vieja que recordabas y de los&nbsp; Peripat&eacute;ticos sobre la finalidad de los bienes. Pensamos que t&uacute; puedes explicarlo con toda facilidad, porque tambi&eacute;n tuviste contigo durante muchos a&ntilde;os al napolitano Est&aacute;seas y vemos que durante muchos meses ya averiguas estas mismas cosas de Antioco.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero &eacute;l, ri&eacute;ndose, dijo:&nbsp; &laquo;Bueno, bueno; muy agudamente has querido, pues, que yo fuera el principio de nuestra discusi&oacute;n: se lo expondr&eacute; a este joven, si algo puedo casualmente. Pues la soledad me concede lo que nunca hubiera imaginado, aunque un dios lo anunciara, que yo iba a disertar en la Academia como un fil&oacute;sofo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero mientras atiendo a este joven, no querr&iacute;a resultaros pesado a vosotros.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;A m&iacute;, le dije, que te lo he pedido esto mismo?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Entonces, al decir Quinto y Pomponio que ellos quer&iacute;an lo mismo, comenz&oacute; a hablar Pis&oacute;n. Te ruego, Bruto, que atiendas a su discurso para ver si recoge suficientemente la opini&oacute;n de Antioco, que considero que tu apruebas sobre todo porque has escuchado con frecuencia a su hermano Aristo.</strong></em></p>
<p>
	Concluyamos, como dec&iacute;a <em>Pis&oacute;n</em>,&nbsp; en que las visitas a estos lugares tan cargados de ciencia, arte y sabidur&iacute;a no se deban hacer&nbsp; solamente por una mera curiosidad tur&iacute;stica&nbsp; sino al deseo de imitaci&oacute;n de las personas, y que&nbsp; al menos sirvan para que algo de los autores quede en nuestro interior y nos afecte.</p>
<p>
	<em>Cicero, De Finibus, 5, 1-8</em></p>
<p>
	<em>Cum audissem Antiochum, Brute, ut solebam, cum M. Pisone in eo gymnasio, quod Ptolomaeum vocatur,&nbsp; unaque nobiscum Q. frater et T. Pomponius Luciusque Cicero, frater noster cognatione patruelis, amore germanus, constituimus inter nos ut ambulationem postmeridianam conficeremus in Academia, maxime quod is locus ab omni turba id temporis vacuus esset. itaque ad tempus ad Pisonem omnes. inde sermone vario sex illa a Dipylo stadia confecimus. cum autem venissemus in Academiae non sine causa nobilitata spatia, solitudo erat ea, quam volueramus.&nbsp; tum Piso: Naturane nobis hoc, inquit, datum dicam an errore quodam, ut, cum ea loca videamus, in quibus memoria dignos viros acceperimus multum esse versatos, magis moveamur, quam si quando eorum ipsorum aut facta audiamus aut scriptum aliquod legamus? velut ego nunc moveor. venit enim mihi Platonis in mentem, quem accepimus primum hic disputare solitum; cuius etiam illi hortuli propinqui non memoriam solum mihi afferunt, sed ipsum videntur in conspectu meo ponere. hic Speusippus, hic Xenocrates, hic eius auditor Polemo, cuius illa ipsa sessio fuit, quam videmus. Equidem etiam curiam nostram&mdash;Hostiliam dico, non hanc novam, quae minor mihi esse videtur, posteaquam est maior&mdash;solebam intuens Scipionem, Catonem, Laelium, nostrum vero in primis avum cogitare; tanta vis admonitionis inest in locis; ut non sine causa ex iis memoriae ducta sit disciplina.</em></p>
<p>
	<em>Tum Quintus: Est plane, Piso, ut dicis, inquit. nam me ipsum huc modo venientem convertebat ad sese Coloneus ille locus, cuius incola Sophocles ob oculos versabatur, quem scis quam admirer quamque eo delecter. me quidem ad altiorem memoriam Oedipodis huc venientis et illo mollissimo carmine quaenam essent ipsa haec loca requirentis species quaedam commovit, inaniter scilicet, sed commovit tamen.</em></p>
<p>
	<em>Tum Pomponius: At ego, quem vos ut deditum Epicuro insectari soletis, sum multum equidem cum Phaedro, quem unice diligo, ut scitis, in Epicuri hortis, quos modo praeteribamus,&nbsp; sed veteris proverbii admonitu vivorum memini, nec tamen Epicuri licet oblivisci, si cupiam, cuius imaginem non modo in tabulis nostri familiares, sed etiam in poculis et in anulis habent.<br />
	Hic ego: Pomponius quidem, inquam, noster iocari videtur, et fortasse suo iure. ita enim se Athenis collocavit, ut sit paene unus ex Atticis, ut id etiam cognomen videatur habiturus. Ego autem tibi, Piso, assentior usu hoc venire, ut acrius aliquanto et attentius de claris viris locorum admonitu cogitemus. scis enim me quodam tempore Metapontum venisse tecum neque ad hospitem ante devertisse, quam Pythagorae ipsum illum locum, ubi vitam ediderat, sedemque viderim. hoc autem tempore, etsi multa in omni parte Athenarum sunt in ipsis locis indicia summorum virorum, tamen ego illa moveor exhedra. modo enim fuit Carneadis, quem videre videor&mdash;est enim nota imago&mdash;, a sedeque ipsa tanta ingenii magnitudine orbata desiderari illam vocem puto.</em></p>
<p>
	<em>Tum Piso: Quoniam igitur aliquid omnes, quid Lucius noster? inquit. an eum locum libenter invisit, ubi Demosthenes et Aeschines inter se decertare soliti sunt? suo enim quisque studio maxime ducitur.</em></p>
<p>
	<em>Et ille, cum erubuisset: Noli, inquit, ex me quaerere, qui in Phalericum etiam descenderim, quo in loco ad fluctum aiunt declamare solitum Demosthenem, ut&nbsp; fremitum assuesceret voce vincere. modo etiam paulum ad dexteram de via declinavi, ut ad Pericli sepulcrum accederem. quamquam id quidem infinitum est in hac urbe; quacumque enim ingredimur, in aliqua historia vestigium ponimus.</em></p>
<p>
	<em>Tum Piso: Atqui, Cicero, inquit, ista studia, si ad imitandos summos viros spectant, ingeniosorum sunt; sin tantum modo ad indicia veteris memoriae cognoscenda, curiosorum. te autem hortamur omnes, currentem quidem, ut spero, ut eos, quos novisse vis, imitari etiam velis.</em></p>
<p>
	<em>Hic ego: Etsi facit hic quidem, inquam, Piso, ut vides, ea, quae praecipis, tamen mihi grata hortatio tua est.</em></p>
<p>
	<em>Tum ille amicissime, ut solebat: Nos vero, inquit, omnes omnia ad huius adolescentiam conferamus, in primisque ut aliquid suorum studiorum philosophiae quoque impertiat, vel ut te imitetur, quem amat, vel ut illud ipsum, quod studet, facere possit ornatius. sed utrum hortandus es nobis, Luci, inquit, an etiam tua sponte propensus es? mihi quidem Antiochum, quem audis, satis belle videris attendere.</em></p>
<p>
	<em>Tum ille timide vel potius verecunde: Facio, inquit, equidem, sed audistine modo de Carneade? rapior illuc, revocat autem Antiochus, nec est praeterea, quem audiamus.</em></p>
<p>
	<em>Tum Piso: Etsi hoc, inquit, fortasse non poterit sic abire, cum hic assit&mdash;me autem dicebat&mdash;, tamen audebo te ab hac Academia nova ad veterem illam vocare, in qua, ut dicere Antiochum audiebas, non ii soli numerantur, qui Academici vocantur, Speusippus, Xenocrates, Polemo, Crantor ceterique, sed etiam Peripatetici&nbsp; veteres, quorum princeps Aristoteles, quem excepto Platone haud scio an recte dixerim principem philosophorum. ad eos igitur converte te, quaeso. ex eorum enim scriptis et institutis cum omnis doctrina liberalis, omnis historia, omnis sermo elegans sumi potest, tum varietas est tanta artium, ut nemo sine eo instrumento ad ullam rem illustriorem satis ornatus possit accedere. ab his oratores, ab his imperatores ac rerum publicarum principes extiterunt. ut ad minora veniam, mathematici, poetae, musici, medici denique ex hac tamquam omnium artificum officina profecti sunt.</em></p>
<p>
	<em>Atque ego: Scis me, inquam, istud idem sentire, Piso, sed a te oportune facta mentio est. studet enim meus audire Cicero quaenam sit istius veteris, quam commemoras, Academiae de finibus bonorum Peripateticorumque sententia. censemus autem facillime te id explanare posse, quod et Staseam Neapolitanum multos annos habueris apud te et complures iam menses Athenis haec ipsa te ex Antiocho videamus exquirere.</em></p>
<p>
	<em>Et ille ridens: Age, age, inquit,&mdash;satis enim scite me nostri sermonis principium esse voluisti&mdash;exponamus adolescenti, si quae forte possumus. dat enim id nobis solitudo, quod si qui deus diceret, numquam putarem me in Academia tamquam philosophum disputaturum. sed ne, dum huic obsequor, vobis molestus sim.</em></p>
<p>
	<em>Mihi, inquam, qui te id ipsum rogavi?</em></p>
<p>
	<em>Tum, Quintus et Pomponius cum idem se velle dixissent, Piso exorsus est. cuius oratio attende, quaeso, Brute, satisne videatur Antiochi complexa esse sententiam, quam tibi, qui fratrem eius Aristum frequenter audieris, maxime probatam existimo.</em></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Summum ius summa iniuria,  “La extrema justicia es extrema injusticia”</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/summum-ius-derecho-dura-lex-epiqueya/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 02:21:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sentido de esta frase latina, convertida en proverbio, es advertir de cómo una aplicación de la ley con todo rigor al pie de la letra puede devenir en  una enorme injusticia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>El sentido de esta frase latina, convertida en proverbio, es advertir de cómo una aplicación de la ley con todo rigor al pie de la letra puede devenir en  una enorme injusticia.</b></p>
<p>
	Es una m&aacute;xima latina con notable arraigo en <em>Occidente </em>porque se ha convertido en un <em>proverbio </em>o frase o sentencia latina, como otras muchas que en su concisi&oacute;n y brevedad est&aacute;n cargadas de contenido.</p>
<p>
	Son muchos los ciudadanos que rechazan&nbsp; una aplicaci&oacute;n mec&aacute;nica y rigorista de la ley,&nbsp; que como recoge los<em> Digesta Iustiniani,40, 9,12</em> en otra sentencia tambi&eacute;n lapidaria, siempre es dura: <em>Dura lex, sed lex, La Ley es dura, pero es la ley.</em></p>
<p>
	Son tambi&eacute;n&nbsp; muchos los partidarios de una dura aplicaci&oacute;n. Tal vez sin un conocimiento suficiente de la situaci&oacute;n, tengo la impresi&oacute;n personal de que la ley tiene una aplicaci&oacute;n m&aacute;s rigorista en EEUU, a pesar de que la tradici&oacute;n anglosajona del derecho basado en la experiencia de la aplicaci&oacute;n, que se aplica en Gran Breta&ntilde;a, parecer&iacute;a aconsejar todo lo contrario.</p>
<p>
	El origen de esta frase no parece estar en el propio mundo del derecho te&oacute;rico, porque encierra en s&iacute; una contradicci&oacute;n o autonegaci&oacute;n de la propia ley. Parece m&aacute;s bien recoger el valor de la experiencia en la aplicaci&oacute;n, que aconseja tener en cuenta las circunstancias concretas del incumplimiento de la norma y de la aplicaci&oacute;n de la pena.</p>
<p>
	Desde el punto de vista <em>ret&oacute;rico </em>ser&iacute;a una especie de <em>ox&iacute;moron </em>((del gr. ὀ&xi;ύ&mu;&omega;&rho;&omicron;&nu;) o uni&oacute;n de dos ideas de significaci&oacute;n contradictoria o &ldquo;<em>absurdo ingenioso</em>&rdquo; como le llaman los griegos, o en lat&iacute;n &ldquo;<em>contradictio in terminis&rdquo;</em> (contradicci&oacute;n en los t&eacute;rminos &ndash;lingu&iacute;sticos-), que se explica por el contexto. La palabra <em>ox&iacute;moron </em>procede de las griegas ὀ&xi;ύ&sigmaf;<em> (ox&yacute;s</em>: &lsquo;<em>agudo, punzante</em>&rsquo;) y &mu;&omega;&rho;ό&sigmaf; (<em>mor&oacute;s: &lsquo;fofo, romo, tonto&rsquo;</em>); as&iacute; que la misma palabra es un ejemplo de <em>ox&iacute;moron</em>.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n puede considerarse como un caso de &ldquo;<em>figura etimol&oacute;gica</em>&rdquo; o utilizaci&oacute;n de varias formas derivadas de un mismo lexema en tanto en cuanto &ldquo;<em>iniuria</em>&rdquo; deriva o niega a &ldquo;<em>ius</em>&rdquo;.</p>
<p>
	La frase como tal &ldquo;<em>s&uacute;mmum ius, summa iniuria</em>&rdquo;&nbsp; s&oacute;lo aparece en <em>Cicer&oacute;n </em>en su obra <em>Sobre los Deberes&nbsp; (De officiis I, 33)</em>, que m&aacute;s adelante comentar&eacute;.</p>
<p>
	Se cita como precedente un texto de una comedia de <em>Terencio</em>, que es muy similar. Emplea Terencio en&nbsp; su<em> Heautontimorumenos (El atormentador de s&iacute; mismo)</em> la expresi&oacute;n&nbsp; <em>&ldquo;ius s&uacute;mmum saepe summa&rsquo;st malitia</em>&rdquo;, &ldquo;<em>la suma justicia muchas veces es un sumo mal</em>&rdquo;.</p>
<p>
	El autor de comedias latino <em>Terencio </em>se inspira directamente, cuando no traduce literalmente, en las comedias del autor griego <em>Menandro</em>. Este hecho y la influencia griega que tambi&eacute;n tiene en gran medida el propio <em>Cicer&oacute;n</em>, permite pensar que el origen de la frase estar&iacute;a en el mundo griego, pero no conservamos la obra de <em>Menandro </em>para comprobarlo.</p>
<p>
	En todo caso si es cierto que en el mundo griego surge la cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre la <em>justicia,&nbsp; dikaion&nbsp; (&delta;ί&kappa;&alpha;&iota;&omicron;&nu;), la ley (&nu;ό&mu;&omicron;&sigmaf;) nomos,&nbsp; y la equidad , ἐ&pi;&iota;&epsilon;ί&kappa;&epsilon;&iota;&alpha;, epiqueya.</em></p>
<p>
	Observemos que en la aplicaci&oacute;n del derecho del <em>Atica </em>se prefiere el arbitraje y las propuestas conciliadoras que la actuaci&oacute;n exclusiva de los tribunales.</p>
<p>
	<em>Cicer&oacute;n</em>, recogiendo sin duda m&aacute;s&nbsp; una opini&oacute;n y sentimiento ciudadano extendido, rechaza o advierte de la rigidez formalista y literal del <em>Derecho Romano</em>, como se deduce de los ejemplos que aduce en el texto que inmediatamente transcribir&eacute;, sin pretender por ello que la sentencia en cuesti&oacute;n formara parte del <em>corpus iuridicum</em> en s&iacute;.</p>
<p>
	&ldquo;<em>Epiqueya</em>&rdquo;, ἐ&pi;&iota;&epsilon;ί&kappa;&epsilon;&iota;&alpha;, (<em>equidad</em>), es un t&eacute;rmino griego, de valor jur&iacute;dico, que se refiere a la aplicaci&oacute;n concreta de una ley, que siempre es general, a los casos concretos que son los reales. Se trata de una virtud moral que permite a una persona no aplicar la observaci&oacute;n literal de una norma positiva para respetar o ser fiel al sentido o esp&iacute;ritu aut&eacute;ntico de la propia norma. El <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em> lo define como: <em>1. f. Interpretaci&oacute;n moderada y prudente de la ley, seg&uacute;n las circunstancias de tiempo, lugar y persona.</em></p>
<p>
	Los antiguos (<em>Plat&oacute;n</em>, <em>Arist&oacute;teles</em>,&hellip;) dedicaron mucho tiempo a este tema&nbsp; de la &ldquo;<em>epiqueya</em>&rdquo; y por tanto del significado y valor de la ley y del derecho como instrumento para su aplicaci&oacute;n.&nbsp; Sin duda merece un art&iacute;culo que en su momento realizar&eacute;.</p>
<p>
	As&iacute; que el primer texto latino,&nbsp; corresponde&nbsp; <em>Terencio</em>,&nbsp; que, como dec&iacute;a&nbsp; en su <em>Heautontimorumenos </em>(<em>El atormentador de s&iacute; mismo), Acto IV, Escena 5,48 ( v. 796)</em> emplea la expresi&oacute;n&nbsp; &ldquo;<em>ius s&uacute;mmum saepe summa&rsquo;st malitia</em>&rdquo;.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: la comedia de <em>Terencio</em>, copia o simple traducci&oacute;n de una similar de <em>Menandro</em>, se represent&oacute; por primera vez en el a&ntilde;o 163 a.C.&nbsp; En ella <em>Menedemo</em>, un padre anciano, se atormenta y lamenta de haber sido un padre demasiado severo que oblig&oacute; a su hijo <em>Clinias </em>a escaparse de casa y alistarse en un ej&eacute;rcito extranjero. Luego la obra se desarrolla en torno a un enredo amoroso t&iacute;pico de estas comedias.</p>
<p>
	<em>HEAVTON TIMORVMENOS 795 (Acto4,Escena 5,48)</em></p>
<p>
	<br />
	<em><strong>SIRO. &#8211; Por otra parte, Cremes, yo hago eso como&nbsp; justo y bueno.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>CREMES. &#8211; Y yo&nbsp; deseo sobre todo que te decidas a hacerlo, pero por otro camino.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>SIRO. &ndash; H&aacute;gase; hablemos de otra cosa. Aquello que te dije del dinero que esa le debe a Baquis,&nbsp; hay que devolv&eacute;rselo ahora a ella. Y t&uacute;, naturalmente,&nbsp; no te refugies en aquello: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tiene que ver conmigo? &iquest;Acaso me lo dieron a m&iacute;? &iquest;Acaso lo orden&eacute; yo? &iquest;Acaso pod&iacute;a ella dar en prenda a mi hija sin mi consentimiento?&rdquo; Es verdad, Cremes, lo que dicen: &ldquo;La m&aacute;s estricta justicia es a menudo la mayor maldad&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>CREMES. &#8211; No lo har&eacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>SIRO. &ndash; Ciertamente si a otros les est&aacute; permitido, a ti no te est&aacute; permitido: todos creen que t&uacute; est&aacute;s en una situaci&oacute;n limpia y bien hecha.</strong></em></p>
<p>
	<em>SYRUS: Caeterum equidem istuc, Chrene,<br />
	Aequi bonique facio.</em></p>
<p>
	<em>CHREMES&nbsp; atqui quam maxume<br />
	volo te dare operam ut fiat, verum alia via.</em></p>
<p>
	<em>SYRUS (Servus). fiat, quaeratur aliquid. sed illud quod tibi&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	dixi de argento quod ista debet Bacchidi,<br />
	id nunc reddendumst illi: neque tu scilicet<br />
	illuc confugies: &quot;quid mea? num mihi datumst?<br />
	num iussi? num illa oppignerare filiam<br />
	meam me invito potuit?&quot; verum illuc, Chreme,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	dicunt: &quot;ius summum saepe summast malitia.&quot;</em></p>
<p>
	<em>CHREMES. haud faciam.</em></p>
<p>
	<em>SYRUS. immo aliis si licet, tibi non licet:<br />
	omnes te in lauta et bene acta parte putant.</em></p>
<p>
	La forma de <em>Cicer&oacute;n </em>es la &uacute;nica que aparece como tal en la literatura latina. Aparece, como dije, en su obra <em>Sobre los Deberes (De officiis) lib.I,33.</em></p>
<p>
	<em><strong>Muchas&nbsp; veces existen tambi&eacute;n injusticias derivadas de alguna calumnia y de una interpretaci&oacute;n demasiado astuta y maliciosa del derecho. Por lo que se ha hecho ya corriente en la conversaci&oacute;n aquel proverbio &ldquo;la extrema justicia es extrema injusticia&rdquo;. Y en este tipo se peca tambi&eacute;n mucho en los asuntos p&uacute;blicos, comoaquel , que, habiendo hecho con el enemigo una tregua de treinta d&iacute;as, por la noche devastaba los campos, porque la tregua era de d&iacute;as, no de noches.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ni tampoco puede ser aprobado nuestro compatriota, si es verdad que Quinto Fabio Labieno o cualquiera otro &ndash;no lo conozco sino de o&iacute;das-&nbsp; nombrado por el senado &aacute;rbitro para tratar de los l&iacute;mites entre los habitantes de Nola y los de N&aacute;poles, cuando lleg&oacute; al lugar, habl&oacute; por separado con unos y otros para que no se comportaran con ambici&oacute;n ni con codicia y que prefirieran retrotraer sus l&iacute;mites a adelantarlos. Como las dos partes lo hicieron as&iacute;, qued&oacute; en medio una parte de campo. En consecuencia &eacute;l fij&oacute; los l&iacute;mites como ellos mismos hab&iacute;an dicho; el campo que hab&iacute;a quedado en medio lo adjudic&oacute; al pueblo romano. Esto es enga&ntilde;ar, no juzgar. Por ello en toda ocasi&oacute;n hay que huir de tales sutilezas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hay tambi&eacute;n algunos deberes que han de ser observados con aquellos de quienes has recibido una injusticia. Hay, pues,&nbsp; un l&iacute;mite para la venganza y para el castigo; y no s&eacute; si es suficiente que aquel que ha ofendido, se arrepienta de su injustica, de forma que &eacute;l mismo no haga nada semejante de nuevo y los dem&aacute;s sean m&aacute;s remisos para cometer injusticias.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y en los asuntos p&uacute;blicos se han de respetar sobre todo los derechos de la guerra. Pues habiendo dos tipos de dejar de luchar, uno mediante la negociaci&oacute;n y otro mediante la fuerza, y siendo aquel m&aacute;s propio del hombre y este de los animales, se habr&aacute; de recurrir a este &uacute;ltimo si no se puede utilizar el primero.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em>: la historia de la tregua de los d&iacute;as y no de las noches se cuenta de <em>Cleomenes</em>, rey de <em>Esparta </em>(520-491 a.C.) en la guerra que con <em>Argos</em>. Lo cuenta <em>Plutarco, en su Apophthegmata Laconica, 223A, &ldquo;M&aacute;ximas de espartanos&rdquo;</em></p>
<p>
	<em>DE OFFICIIS LIBER PRIMVS 33</em></p>
<p>
	<em>Existunt etiam saepe iniuriae calumnia quadam et nimis callida sed malitiosa iuris interpretatione. Ex quo illud &quot;summum ius summa iniuria&quot; factum est iam tritum sermone proverbium. Quo in genere etiam in re publica multa peccantur, ut ille, qui, cum triginta dierum essent cum hoste indutiae factae, noctu populabatur agros, quod dierum essent pactae, non noctium indutiae. Ne noster quidem probandus, si verum est Q. Fabium Labeonem seu quem alium&#8211;nihil enim habeo praeter auditum &#8211;arbitrum Nolanis et Neapolitanis de finibus a senatu datum, cum ad locum venisset, cum utrisque separatim locutum, ne cupide quid agerent, ne appetenter, atque ut regredi quam progredi mallent. Id cum utrique fecissent, aliquantum agri in medio relictum est. Itaque illorum finis sic, ut ipsi dixerant, terminavit; in medio relictum quod erat, populo Romano adiudicavit. Decipere hoc quidem est, non iudicare. Quocirca in omni est re fugienda talis sollertia.</em></p>
<p>
	<em>.Sunt autem quaedam officia etiam adversus eos servanda, a quibus iniuriam acceperis. Est enim ulciscendi et puniendi modus; atque haud scio an satis sit eum, qui lacessierit, iniuriae suae paenitere, ut et ipse ne quid tale posthac et ceteri sint ad iniuriam tardiores.</em></p>
<p>
	<em>Atque in re publica maxime conservanda sunt iura belli. Nam cum sint duo genera decertandi, unum per disceptationem, alterum per vim, cumque illud proprium sit hominis, hoc beluarum, confugiendum est ad posterius, si uti non licet superiore.</em></p>
<p>
	Curiosamente encontramos una cita en <em>Columela</em>, autor de una obra sobre la agricultura, referida a la relaci&oacute;n del se&ntilde;or y due&ntilde;o de las tierras con sus colonos;&nbsp; dice en <em>De re rustica, libro I,7</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Una vez aceptadas y dispuestas todas estas cosas de esta manera, se requiere la principal preocupaci&oacute;n del se&ntilde;or para las restantes cosas, especialmente para con los hombres. Estos pueden ser o colonos o esclavos, y estos o sueltos o atados con cadenas.&nbsp; Act&uacute;e suavemente con los colonos y se muestre asequible. Exija con m&aacute;s empe&ntilde;o el trabajo que los pagos, porque esto ofende menos, y sin embargo en conjunto es m&aacute;s beneficioso. Pues cuando un campo se cultiva con diligencia, siempre aporta ganancias y nunca p&eacute;rdidas, excepto en caso de fuerza mayor como el tiempo o el robo, y por ello el colono no se atreve a pedir la condonaci&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ni tampoco el se&ntilde;or debe ser pesado en exigir su derecho en cada una de las cosas con las que el colono est&aacute; obligado, como en las fechas de los pagos o en exigir&nbsp; la le&ntilde;a y las restantes peque&ntilde;as aportaciones cuyo cumplimiento acarrea a los campesinos m&aacute;s molestia que gasto. Ni por supuesto se debe reclamar todo lo que nos est&aacute; permitido, pues ya los antiguos consideraban&nbsp; a la justicia extrema como una extrema cruz (</strong></em>extremo castigo o sufrimiento)</p>
<p>
	<br />
	&nbsp;<em>His omnibus ita vel acceptis vel compositis, praecipua cura domini requiritur, cum in ceteris rebus, tum maxime in hominibus. Atque hi vel coloni vel servi sunt, soluti aut vincti. Comiter agat cum colonis, facilemque se praebeat. Avarius opus exigat quam pensiones, quoniam et minus id offendit, et tamen in universum magis prodest. Nam ubi sedulo colitur ager, plerumque compendium, numquam (nisi si caeli maior vis aut praedonis accessit) detrimentum affert, eoque remissionem colonus petere non audet. Sed nec dominus in unaquaque re, cum colonum obligaverit, tenax esse iuris debet, sicut in diebus pecuniarum, ut lignis et ceteris parvis accessionibus exigendis, quarum cura maiorem molestiam quam impensam rusticis licet. Nec sane est vindicandum nobis quidquid licet. Nam summum ius antiqui summam putabant crucem.</em></p>
<p>
	N&oacute;tese que <em>Columela </em>ha sustituido &ldquo;<em>iniuria</em>&rdquo; por &ldquo;<em>crucem</em>&rdquo;,&nbsp; cruz con el sentido de castigo, lo que aleja tambi&eacute;n la expresi&oacute;n del lenguaje t&eacute;cnico jur&iacute;dico.</p>
<p>
	Existe tambi&eacute;n otra cita curiosa en la primera de las cartas de <em>San Jer&oacute;nimo </em>(c.340-420),&nbsp; que en este caso dirige a su compa&ntilde;ero <em>Inocencio</em>. En ella relata la historia milagrosa de una muchacha cristiana acusada falsamente por su marido de adulterio. La joven niega la acusaci&oacute;n confiando en la ayuda de Dios. El verdugo intenta seis veces en vano ajusticiarla; cada vez que descarga el golpe de su espada sobre el cuello de la joven, la espada se detiene al contacto con la carne. Un segundo verdugo&nbsp; consigue por fin al s&eacute;ptimo intento dar muerte a la joven, que pronto vuelve a la vida con la ayuda divina. Mientras tanto ha muerto otra mujer, que sustituye a la primera en la tumba; la resucitada es escondida en una granja cercana. Pero he aqu&iacute; que un funcionario celoso sospecha algo y pide ver de nuevo el cuerpo de la joven. Es entonces cuando <em>San Jer&oacute;nimo</em> exclama en el <em>par&aacute;grafo 14</em>:</p>
<p>
	<strong><em>La mujer es ocultada en casa lejos apartada del odio del verdugo confuso, y para que las frecuentes visitas del m&eacute;dico a la Iglesia no levantaran sospechas, la trasladaron en compa&ntilde;&iacute;a de algunas j&oacute;venes muchachas a una peque&ntilde;a casa de campo m&aacute;s escondida con el pelo cortado. All&iacute; cambiado tambi&eacute;n su vestido por uno masculino, poco a poco van cicatrizando sus heridas. Incluso despu&eacute;s de tantos milagros, todav&iacute;a se siguen ensa&ntilde;ando las leyes. Ciertamente, &ldquo;la suma justicia es el sumo mal&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</em></strong></p>
<p>
	<em>Tali invidia carnifice confuso clam domi mulier fodiatur et, ne forte creber ad ecclesiam medici commeatus suspicionis panderet viam, eum quibusdam virginibus ad secretiorem villulam secto crine transmittitur. Ibi paulatim virili habitu veste mutata in cicatricem vulnus obducitur. Et&mdash;&lsquo; O vere ius summum summa malitia! &rsquo;&mdash;post tanta miracula adhuc saeviunt leges.</em></p>
<p>
	Curiosamente, <em>San Jer&oacute;nimo</em> utiliza la expresi&oacute;n de <em>Terencio </em>&ldquo;<em>summa malitia</em>&rdquo; y no la de <em>Cicer&oacute;n</em> &ldquo;<em>s&uacute;mma iniuria</em>&rdquo;, que es la que posteriormente se ha generalizado, probablemente por la vistosa y ret&oacute;rica contraposici&oacute;n &ldquo;<em>ius/in-iuria</em>&rdquo;.</p>
<p>
	En resumen, el proverbio, nos advierte de que la aplicaci&oacute;n rigurosamente estricta y literal de la ley positiva, puede producir grandes da&ntilde;os jur&iacute;dicos, por lo que el juez o el agente judicial ha de actuar aconsejado por la equidad; de lo contrario el Derecho, la ley, la justicia puede devenir ir&oacute;nicamente en injusticia.</p>
<p>
	Esto explica lo que el <em>C&oacute;digo Civil Espa&ntilde;ol </em>dice en su<em> art&iacute;culo 3:</em></p>
<p>
	<em><strong>Art&iacute;culo 3.<br />
	1. Las normas se interpretar&aacute;n seg&uacute;n el sentido propio de sus palabras, en relaci&oacute;n con el contexto, los antecedentes hist&oacute;ricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al esp&iacute;ritu y finalidad de aquellas.<br />
	2. La equidad habr&aacute; de ponderarse en la aplicaci&oacute;n de las normas, si bien las resoluciones de los Tribunales s&oacute;lo podr&aacute;n descansar de manera exclusiva en ella cuando la ley expresamente lo permita.</strong></em></p>
<p>
	El proverbio, por lo dem&aacute;s, se ha generalizado en todas las lenguas, como por ejemplo: en ingl&eacute;s:&nbsp;<em> Rigorous law is often rigorous injustice./ Extreme law, extreme injustice</em>; en italiano:<em> il sommo diritto &egrave; somma ingiustizia o Gran giustizia, grande offesa</em>; en franc&eacute;s: <em>Exc&egrave;s de justice, exc&egrave;s d&rsquo;injustice</em>; en alem&aacute;n: <em>Das strengste Recht, das gr&ouml;sste Unrecht.</em></p>
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