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	<title>Guerra &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<description>1001 anécdotas y curiosidades del mundo antiguo</description>
	<lastBuildDate>Mon, 18 May 2020 17:38:20 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Guerra &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<item>
		<title>Los ciudadanos de Capua fueron consultados</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/atenas-democracia-tirania-demagogia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 May 2017 01:34:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar.<br />
Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar.<br />
Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.</b></p>
<p>
	Recordemos algo tan sabido como es la etimolog&iacute;a de <em>democracia</em>, <em>demagogia</em>, <em>tiran&iacute;a</em>:</p>
<p>
	<em>Democracia</em>: de los sustantivos griegos &delta;ῆ&mu;&omicron;&sigmaf;, (<em>demos = pueblo</em>)&nbsp; y &kappa;&rho;ά&tau;&omicron;&sigmaf; (<em>kr&aacute;tos = poder): gobierno del pueblo.</em></p>
<p>
	<em>Demagogia</em>: del griego &delta;ῆ&mu;&omicron;&sigmaf; &#8211;<em>dēmos-, pueblo</em> y ἄ&gamma;&omega; &#8211;<em>ago-, dirigir</em>. Seg&uacute;n el <em>Diccionario de la RAE</em>:&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>Pr&aacute;ctica pol&iacute;tica consistente en ganarse con halagos el favor popular y tambi&eacute;n&nbsp; Degeneraci&oacute;n de la democracia, consistente en que los pol&iacute;ticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.</strong></em></p>
<p>
	<em>Tiran&iacute;a</em>: del griego &tau;ύ&rho;&alpha;&nu;&nu;&omicron;&sigmaf; <em>(tyrannos)</em> que significa &quot;<em>se&ntilde;or</em>&quot; o &quot;<em>amo</em>&quot;; parece ser un t&eacute;rmino <em>lidio </em>no <em>indoeuropeo</em>; se ha relacionado tambi&eacute;n con el t&eacute;rmino <em>etrusco </em>&ldquo;<em>turan</em>&rdquo;, que significa <em>se&ntilde;ora </em>o dama aplicado a <em>Venus</em>. Seg&uacute;n la<em> RAE</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&nbsp; &ldquo; persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad&rdquo;</strong></em> ; y tambi&eacute;n: &ldquo;<em><strong> persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y tambi&eacute;n simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura">http://www.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura</a></p>
<p>
	Pues bien, voy a contar un episodio ocurrido en la <em>Italia </em>por la que se mueve Anibal, durante la <em>Segunda Guerra P&uacute;nica</em>, venciendo y aniquilando a los ej&eacute;rcitos latinos y ocupando una tras otras numerosas ciudades, generando una sensaci&oacute;n de p&aacute;nico y miedo total entre todos los romanos.</p>
<p>
	Concretamente ocurre en <em>Capua</em>, capital de la <em>Campania </em>a unos treinta kil&oacute;metros de N&aacute;poles, al sur de Italia, una de las ciudades m&aacute;s pr&oacute;speras y ricas e incluso m&aacute;s&nbsp; lujosa que la famosa S&iacute;baris o Crotona a juzgar por el testimonio d<em>e Polibio , Historias, VII,1; y III,91,6; Cicer&oacute;n en De Lege Agraria, II, 95; o Estrab&oacute;n, V, 4,3</em>;&nbsp; <em>Capua </em>estaba comunicada con <em>Roma </em>por la famosa <em>V&iacute;a Apia</em> desde el a&ntilde;o 312 a.C.</p>
<p>
	De <em>S&iacute;baris </em>o Crotona hemos tratado alguna vez en este mismo blog. V&eacute;ase:</p>
<p>
	<a href="http://www.antiquitatem.com/lecho-de-rosas--princesa-del-guisante">http://www.antiquitatem.com/lecho-de-rosas&#8211;princesa-del-guisante</a></p>
<p>
	<a href="http://www.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion">http://www.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion</a></p>
<p>
	En este episodio observaremos la facilidad con la que es manejada la maleable &ldquo;<em>masa</em>&rdquo; de ciudadanos por un h&aacute;bil individuo y lo que puede ocurrir cuando se enfrenta al pueblo en su conjunto y a cada uno de sus miembros con su propia responsabilidad.</p>
<p>
	Los ciudadanos de <em>Capua </em>&ldquo;<em>odiaban</em>&rdquo; a sus senadores que se comportaban altaneramente sin consideraci&oacute;n y ni siquiera manten&iacute;an contacto con ellos, pero, cuando tuvieron ocasi&oacute;n de acabar con ellos, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y proponer sustitutos de aquellos a quienes deseaban hacer desaparecer.&nbsp; Reproduzco un comienzo tal vez demasiado largo, pero necesario para situar los hechos en su contexto.</p>
<p>
	Texto de <em>Tito Livio, de su Historia de Roma desde sus or&iacute;genes, libro 23, cap&iacute;tulos 1-4.</em></p>
<p>
	<em><strong>Habiendo tomado y saqueado los campamentos, An&iacute;bal, despu&eacute;s de la batalla de Cannas, march&oacute; en seguida de la Apulia al Samnio: Stacio, que le promet&iacute;a entregarle Compsa, le llamaba al territorio de los hirpinos. Trebio Stacio era uno de los ciudadanos m&aacute;s distinguidos de Compsa, pero se ve&iacute;a obligado a ceder ante el partido de los Mopsinos, familia poderosa por la protecci&oacute;n de los romanos. A la noticia de la batalla de Cannas, al rumor de la llegada de An&iacute;bal, que por todas partes extend&iacute;a Trebio, los Mopsinos hab&iacute;an salido de la ciudad. Compsa se rindi&oacute; por consiguiente sin resistencia al cartagin&eacute;s y recibi&oacute; guarnici&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dej&oacute; all&iacute; An&iacute;bal su bot&iacute;n y todos los bagajes, y dividiendo su ej&eacute;rcito en dos cuerpos, encarg&oacute; a Mag&oacute;n que recibiese la sumisi&oacute;n de aquellas ciudades del territorio que abandonasen la causa de Roma y de apoderarse de las que se resistieran. El mismo atraves&oacute; el territorio campanio, dirigi&eacute;ndose hacia el mar inferior, con intenci&oacute;n de sitiar a N&aacute;poles para asegurarse de una ciudad mar&iacute;tima. En cuanto atraves&oacute; la frontera napolitana, embosc&oacute; una parte de los n&uacute;midas en los parajes que le parecieron convenientes para su plan, abundando aquel pa&iacute;s en caminos profundos y desfiladeros impenetrables. En seguida manda a los dem&aacute;s que lleven delante ostensiblemente los ganados que hab&iacute;an arrebatado en la campi&ntilde;a y llegar con sus caballos hasta las puertas de la ciudad Al verles tan poco numerosos y tan desordenados, sali&oacute; un grupo de jinetes; los n&uacute;midas retrocedieron de intento delante de ellos atray&eacute;ndoles a la emboscada, donde fueron rodeados, y ni uno solo hubiese escapado, si la proximidad del mar y algunas barcas, la mayor parte pescadoras, que ve&iacute;an muy cerca de la orilla, no hubiesen ofrecido refugio a los que sab&iacute;an nadar. Algunos j&oacute;venes distinguidos fueron capturados o muertos, entre ellos Hegeas, jefe de aquellos jinetes, que pereci&oacute; persiguiendo con demasiado ardor a los fugitivos. An&iacute;bal renunci&oacute; al sitio de la ciudad al ver sus murallas, muy dif&iacute;ciles de asaltar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Desde all&iacute; dirigi&oacute; su marcha &aacute; Capua, ciudad enervada por larga prosperidad, por los favores de la fortuna y m&aacute;s que todo por el libertinaje del pueblo, que, en medio de la corrupci&oacute;n general, gozaba de libertad sin freno. Pacuvio Calavio hab&iacute;a sometido el Senado a su voluntad y a la del pueblo. Aunque noble y popular a la vez, deb&iacute;a su poder a malos medios. En el mismo a&ntilde;o en que los romanos fueron vencidos en el Trasimeno, encontr&aacute;base primer magistrado de la ciudad. Sab&iacute;a bien que el pueblo, enemigo del Senado desde mucho antes, aprovechar&iacute;a aquella ocasi&oacute;n para sublevarse, y que si se presentaba An&iacute;bal al frente de un ej&eacute;rcito victorioso, no retroceder&iacute;a ante un gran crimen y exterminar&iacute;a a los senadores para entregar Capua al cartagin&eacute;s. Pacuvio era malo, pero no completamente depravado: prefer&iacute;a ejercer su autoridad sobre Capua a ejercerla sobre sus ruinas, y sab&iacute;a que no es posible la existencia de una ciudad privada de consejo p&uacute;blico. Imagin&oacute;, pues, un medio de conservar el Senado y hacerlo al mismo tiempo esclavo de su voluntad y de la del pueblo. Convoc&oacute; a los senadores y comenz&oacute; por declarar que no aprobar&iacute;a una sublevaci&oacute;n contra Roma sino en cuanto fuese necesaria; que ten&iacute;a hijos de la hija de Apio Claudio, y que su propia hija estaba casada en la ciudad con Livio; pero que les amenazaba otra calamidad mucho m&aacute;s terrible; que el pueblo no pensaba sublevarse para quitar el poder al Senado, sino para exterminarlo y entregar a An&iacute;bal y los cartagineses una ciudad sin gobierno;&nbsp; que puede, sin embargo, salvarles del peligro si se entregan a &eacute;l, y prescindiendo de todo debate pol&iacute;tico, prestar fe a su palabra. Dominados por el terror, todos consienten, y entonces dijo: &quot;os encerrar&eacute; en la curia, y como si yo mismo tomase parte en la conspiraci&oacute;n, aprobando un crimen al que en vano me opondr&iacute;a, encontrar&eacute; medio de salvaros. Recibir&eacute;is de m&iacute; cuantas garant&iacute;as quer&aacute;is.&raquo; Habiendo empe&ntilde;ado de esta manera su palabra, mand&oacute; cerrar la curia, y dej&oacute; en el vest&iacute;bulo una guardia que no hab&iacute;a de permitir entrar ni salir a nadie sin orden suya. En seguida convoc&oacute; una asamblea del pueblo. &laquo;Campanios, dijo, muchas veces hab&eacute;is deseado castigar ese &iacute;mprobo y detestable Senado; hoy pod&eacute;is hacerlo sin obst&aacute;culo ni peligro, sin exponeros a los riesgos de una sublevaci&oacute;n en la que tendr&iacute;ais que asaltar la casa de cada uno, defendidas por sus clientes y esclavos. Yo os los entrego a todos encerrados en la curia, solos y desarmados, y no tendr&eacute;is que obrar con precipitaci&oacute;n y a la casualidad. Os dar&eacute; el derecho de decidir acerca de la suerte de cada uno de ellos, a fin de que sufran los suplicios merecidos. Pero ante todo, no puede satisfacerse vuestra c&oacute;lera sino a condici&oacute;n de posponerla &aacute; vuestra conservaci&oacute;n, a vuestro propio inter&eacute;s. Detest&aacute;is a esos senadores, pero creo que no dese&aacute;is abolir completamente el Senado; porque necesit&aacute;is un rey (&iexcl;autoridad abominable!) o un Senado, &uacute;nico consejo de un estado libre. Ten&eacute;is por consiguiente dos cosas que hacer al mismo tiempo: destruir el Senado antiguo, y crear uno nuevo. Voy a hacer llamar sucesivamente &aacute; todos los senadores; os consultar&eacute; acerca de la suerte de cada cual y se ejecutar&aacute; lo que decid&aacute;is. Pero en el puesto del condenado elegir&eacute;is otro senador, var&oacute;n animoso y honrado, antes de que el culpable sea entregado al suplicio.&raquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Sent&oacute;se entonces, hizo colocar los nombres en una urna y manda sacar de la curia y llevar ante el pueblo aquel que design&oacute; en primer lugar la suerte. En cuanto se oy&oacute; el nombre, todos exclamaron que era un malvado, un miserable digno del suplicio. Entonces dijo Pacuvio: &laquo;Veo que decid&iacute;s acerca de &eacute;l. Ahora, para el puesto de ese malvado, de ese miserable, nombrad un senador honrado y virtuoso.&raquo; Al pronto hubo un momento de silencio; no encontraban uno mejor para reemplazarle. Al fin se atrevi&oacute; uno a pronunciar un nombre al azar, y un grito mucho m&aacute;s fuerte se alz&oacute; en eI acto : dec&iacute;an unos que no le conoc&iacute;an, otros le censuraban sus acciones deshonrosas, su baja estofa, su vergonzosa pobreza, su oficio, sus infames lucros. La escena se renov&oacute; con mucha m&aacute;s intensidad cuando se cit&oacute; otro y otro nombre; era evidente que no quer&iacute;an a los senadores, pero no encontraban con quienes reemplazarles. No pod&iacute;an proponer a los que ya hab&iacute;an sido nombrados sin oirles abrumar de injurias, y en cuanto a los otros, eran mucho m&aacute;s despreciables, mucho m&aacute;s obscuros que aquellos cuyos nombres se citaron primero. En vista de esto, separ&oacute;se el pueblo diciendo que el mal conocido era m&aacute;s soportable, y Pacuvio orden&oacute; que se pusiese en libertad &aacute; los senadores. Salvando Pacuvio de esta manera la vida a los senadores, les hizo suyos mucho m&aacute;s que del pueblo, y sin violencia, por consentimiento un&aacute;nime, dominaba en absoluto. Desde entonces, abandonando los senadores todo recuerdo de honor y libertad, comenzaron a adular al pueblo, a saludar a todos, a invitarles con bondad y a ofrecerles magn&iacute;ficos festines. La causa de que se encargaban, el partido que favorec&iacute;an, las decisiones a que inclinaban a los jueces, era siempre la m&aacute;s popular, la m&aacute;s a prop&oacute;sito para conquistar la benevolencia de la multitud. En el Senado nada se hac&iacute;a que no se hubiese hecho en asamblea del pueblo. Inclinada en todo tiempo a la mayor molicie, no solamente por la depravaci&oacute;n de los &aacute;nimos, sino que tambi&eacute;n por las dulzuras y la acci&oacute;n enervante de las delicias que le ofrec&iacute;an el mar y la tierra, Capua entonces, gracias a la baja complacencia de los ciudadanos principales, a la licencia del populacho, se abandonaba con tal furor a todos los excesos, que no hab&iacute;a l&iacute;mites para sus caprichos ni para sus gastos. A este desprecio de las leyes, de los magistrados y del Senado, a&ntilde;ad&iacute;ase, despu&eacute;s de la batalla de Cannas, el desprecio en que cay&oacute; el poder romano, &uacute;nico freno respetado hasta entonces. Exist&iacute;a sin embargo un obst&aacute;culo que les hab&iacute;a impedido declararse inmediatamente contra Roma: y eran los antiguos matrimonios que hab&iacute;an unido familias romanas con nobles y poderosas familias de Capua, y adem&aacute;s el lazo poderoso de muchos compatriotas suyos que serv&iacute;an en el ej&eacute;rcito romano y de trescientos caballeros, de los m&aacute;s nobles de la Campania, quienes, por expresa elecci&oacute;n, hab&iacute;an sido enviados a guarnecer las ciudades de Sicilia. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo)</p>
<p>
	&nbsp;<em>Hannibal post Cannensem pugnam castraque capta ac direpta confestim ex Apulia in Samnium moverat, accitus in Hirpinos a Statio Trebio pollicente se Compsam traditurum. compsanus erat Trebius nobilis inter suos; sed premebat eum Mopsiorum factio, familiae per gratiam Romanorum potentis.&nbsp; post famam Cannensis pugnae volgatumque Trebi sermonibus adventum Hannibalis cum Mopsiani urbe excessissent, sine certamine tradita urbs Poeno praesidiumque acceptum est. ibi praeda omni atque impedimentis relictis, exercitu partito Magonem regionis eius urbes aut deficientis ab Romanis accipere aut detractantis cogere ad defectionem iubet, ipse per agrum Campanum mare inferum petit, oppugnaturus Neapolim, ut urbem maritimam haberet. ubi fines Neapolitanorum intravit, Numidas partim in insidiis&mdash;et pleraeque cavae sunt viae sinusque occulti&mdash;quacumque apte poterat disposuit, alios prae se actam praedam ex agris ostentantis obequitare portis iussit.&nbsp; in quos, quia nec multi et incompositi videbantur, cum turma equitum erupisset, ab cedentibus consulto tracta in insidias circumventa est;&nbsp; nec evasisset quisquam, ni mare propinquum et haud procul litore naves, piscatoriae pleraeque, conspectae peritis nandi dedissent effugium.&nbsp; aliquot tamen eo proelio nobiles iuvenes capti caesique, inter quos et Hegeas, praefectus equitum, intemperantius cedentes secutus cecidit.&nbsp; ab urbe oppugnanda Poenum absterruere conspecta moenia haudquaquam prompta oppugnanti.<br />
	inde Capuam flectit iter luxuriantem longa felicitate atque indulgentia fortunae, maxime tamen inter corrupta omnia licentia plebis sine modo libertatem exercentis.&nbsp; senatum et sibi et plebi obnoxium Pacuvius Calavius fecerat, nobilis idem ac popularis homo, ceterum malis artibus nanctus opes. is cum eo forte anno quo res male gesta ad Trasumennum est in summo magistratu esset, iam diu infestam senatui plebem ratus per occasionem novandi res magnum ausuram facinus ut, si in ea loca Hannibal cum victore exercitu venisset, trucidato senatu traderet&nbsp; Capuam Poenis, inprobus homo sed non ad extremum perditus, cum mallet incolumi quam eversa re publica dominari, nullam autem incolumem esse orbatam publico consilio crederet, rationem iniit qua et senatum servaret et obnoxium sibi ac plebi faceret. vocato senatu cum sibi defectionis ab Romanis consilium placiturum nullo modo, nisi necessarium fuisset,&nbsp; praefatus esset, quippe qui liberos ex Appii Claudii filia haberet filiamque Romam nuptum M. Livio dedisset; ceterum maiorem multo rem magisque timendam instare; non enim per defectionem ad tollendum ex civitate senatum plebem spectare, sed per caedem senatus vacuam rem publicam tradere Hannibali ac Poenis velle; eo se periculo posse liberare eos, si permittant sibi et certaminum in re publica obliti credant,&mdash;cum omnes victi metu permitterent,&nbsp; &ldquo;claudam&rdquo; inquit &ldquo;in curia vos et, tamquam et ipse cogitati facinoris particeps, adprobando consilia quibus nequiquam adversarer, viam saluti vestrae inveniam. in hoc , fidem, quam voltis ipsi, accipite.&rdquo; fide data egressus claudi curiam iubet, praesidiumque in vestibulo relinquit, ne quis adire curiam iniussu suo neve inde egredi possit.<br />
	tum vocato ad contionem populo &ldquo;quod saepe&rdquo; inquit &ldquo;optastis, Campani, ut supplicii sumendi vobis ex improbo ac detestabili senatu potestas esset, eam non per tumultum expugnantes domos singulorum, quas praesidiis clientium servorumque tuentur, cum summo vestro periculo; sed tutam habetis ac liberam; clausos omnis in curia accipite, solos, inermis. nec quicquam raptim aut forte temere egeritis; de singulorum capite vobis ius sententiae dicendae faciam, ut quas quisque meritus est poenas pendat; sed ante omnia ita vos irae indulgere oportet, ut potiorem ira salutem atque utilitatem vestram habeatis. etenim hos, ut opinor, odistis senatores, non senatum omnino habere non voltis; quippe aut rex, quod abominandum, aut, quod unum liberae civitatis consilium est, senatus habendus est. itaque duae res simul agendae vobis sunt, ut et veterem senatum tollatis et novum cooptetis.&nbsp; citari singulos senatores iubebo de quorum capite vos consulam; quod de quoque censueritis fiet; sed prius in eius locum virum fortem ac strenuum novum senatorem cooptabitis quam de noxio supplicium sumatur.&rdquo;&nbsp; inde consedit et nominibus in urnam coniectis citari quod primum sorte nomen excidit ipsumque e curia produci iussit ubi auditum est nomen, malum et inprobum pro se quisque clamare et supplicio dignum.&nbsp; tum Pacuvius &ldquo;video quae de hoc sententia sit; date igitur pro malo atque inprobo bonum senatorem et iustum.&rdquo; primo silentium erat inopia potioris subiciundi; deinde cum aliquis omissa verecundia quempiam nominasset, multo maior extemplo clamor oriebatur, cum alii negarent nosse, alii nunc probra nunc humilitatem sordidamque inopiam et pudendae artis aut quaestus genus obicerent. hoc multo magis in secundo ac tertio citato senatore est factum, ut ipsius paenitere homines appareret, quem autem in eius substituerent locum deesse, quia nec eosdem nominari attinebat, nihil aliud quam ad audienda probra nominatos, et multo humiliores obscurioresque ceteri erant eis qui primi memoriae occurrerant. ita dilabi homines, notissimum quodque malum maxime tolerabile dicentes esse iubentesque senatum ex custodia dimitti. </em></p>
<p>
	<em>hoc modo Pacuvius cum obnoxium vitae beneficio senatum multo sibi magis quam plebi fecisset, sine armis iam omnibus concedentibus dominabatur.&nbsp; hinc senatores omissa dignitatis libertatisque memoria plebem &#39;adulari; salutare, benigne invitare, apparatis accipere epulis,&nbsp; eas causas suscipere, ei semper parti adesse, secundum eam litem iudices dare quae magis popularis aptiorque in volgus favori conciliando esset;&nbsp; iam vero nihil in senatu agi aliter quam si plebis ibi esset concilium. prona semper civitas in luxuriam non ingeniorum modo vitio sed afluenti copia voluptatium et inlecebris omnis amoenitatis maritimae terrestrisque,&nbsp; tum vero&nbsp; ita obsequio principum et licentia plebei lascivire ut nec libidini nec sumptibus modus esset. ad contemptum legum, magistratuum, senatus accessit tum, post Cannensem cladem, ut, cuius aliqua verecundia erat, Romanum quoque spernerent imperium.&nbsp; id modo erat in mora ne extemplo deficerent, quod conubium vetustum multas familias claras ac potentis Romanis miscuerat,&nbsp; et cum militarent aliquot apud Romanos, maximum vinculum erant trecenti equites, nobilissimus quisque Campanorum, in praesidia Sicularum urbium delecti ab Romanis ac missi.</em></p>
<p>
	En fin, <em>Capua </em>cay&oacute; en manos de <em>Anibal</em>, que all&iacute; fijo el campamento de su ej&eacute;rcito durante el invierno,&nbsp; pero el lujo y las comodidades de la vida en esta lujosa ciudad debilitaron de tal manera a su ej&eacute;rcito y relajaron su disciplina que tan pronto pasaron los fr&iacute;os lo sac&oacute; inmediatamente para restablecer el esp&iacute;ritu de sacrificio que ha de acompa&ntilde;ar a todo buen soldado.</p>
<p>
	Nos lo recuerda <em>Cicer&oacute;n </em>en el texto cuya referencia cit&eacute; anteriormente:</p>
<p>
	<em><strong>Segudo discurso sobre la Ley Agraria pronunciado en el Senado contra P.Srvilio Rulo, Tribuno de la plebe.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los campanios siempre se sintieron orgullosos de la excelencia de su tierra, de la magnitud de sus cultivos, de la salud, de la posici&oacute;n y de la belleza de su ciudad. De esa abundancia, y&nbsp; afluencia de todas las cosas&nbsp; se originaron, en primer lugar, la arrogancia que exig&iacute;a a nuestros antepasados la elecci&oacute;n de uno de los c&oacute;nsules de Capua; y, en segundo lugar, aquel lujo que conquist&oacute; con el placer a An&iacute;bal, que hasta entonces hab&iacute;a sido invencible por las armas.</strong></em></p>
<p>
	<em>DE LEGE AGRARIA ORATIO SECVUNDA CONTRA P. SERVILIVM RVLLVM TR. PLEB. IN SENATV<br />
	Cicero Leg. Agr. II. 95</em></p>
<p>
	<em>Campani semper superbi bonitate agrorum et fructuum magnitudine, urbis salubritate, descriptione, pulchritudine. Ex hac copia atque omnium rerum adfluentia primum illa nata est adrogantia qua a maioribus nostris alterum Capua consulem postularunt, deinde ea luxuries quae ipsum Hannibalem armis etiam tum invictum voluptate vicit.</em></p>
<p>
	Pero esto es otro tema.</p>
<p>
	En todo caso, la an&eacute;cdota de los ciudadanos que malquer&iacute;an a sus senadores tal vez pueda mover a alguna reflexi&oacute;n a dirigentes actuales populistas dispuestos a consultar al pueblo siempre que lo presuponen coincidentes con sus objetivos. En nuestras sociedades actuales la democracia es representativa, es decir, los ciudadanos eligen a sus representantes en quienes delegan su derecho de participaci&oacute;n en la vida pol&iacute;tica en algunos aspectos. S&oacute;lo en contadas ocasiones de especial importancia se recurre al &ldquo;<em>refer&eacute;ndum</em>&rdquo; o consulta a todos los ciudadanos con derecho a participar.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: &ldquo;<em>refer&eacute;ndum</em>&rdquo; es una forma verbal llamada &ldquo;<em>gerundivo</em>&rdquo; que significa &ldquo;<em>obligaci&oacute;n de</em>&hellip;&rdquo; del verbo <em>re-fero, re-ferre</em>, compuesto de <em>re</em>&#8211; (<em>de nuevo, hacia atr&aacute;s,) </em>y<em> fero, llevar</em>. En consecuencia significa &ldquo;<em>consultar</em>&rdquo;.</p>
<p>
	En el contexto pol&iacute;tico se refiere, pues, al procedimiento por el que una cuesti&oacute;n o asunto &ldquo; <em>ha de ser llevado o devuelto&hellip;.al pueblo&rdquo;</em>, es decir, consultada al conjunto de los ciudadanos que son los que detentan la soberan&iacute;a para su ratificaci&oacute;n.</p>
<p>
	La <em>RAE</em>, con su plausible concisi&oacute;n, lo define como:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones pol&iacute;ticas con car&aacute;cter decisorio o consultivo&rdquo;</strong></em>.</p>
<p>
	<em>Plebiscito </em>es un t&eacute;rmino sin&oacute;nimo de sabor absolutamente latino. Est&aacute; formado de &ldquo;<em>plebis</em>&rdquo;, genitivo de &ldquo;<em>plebs</em>&rdquo;, que significa, <em>plebe, pueblo</em> (recordemos la divisi&oacute;n inicial de los ciudadanos romanos entre &ldquo;<em>patricios</em>&rdquo;, con todos los derechos y &ldquo;<em>plebeyos</em>&rdquo; que los hubieron de conseguir con una larga lucha por la igualdad, y &ldquo;scitum&rdquo;, del verbo <em>scio, scire, saber</em>, y su compuesto incoativo &ldquo;<em>sciscere</em>&rdquo;, que inicialmente significa <em>informarse, tratar de saber</em>,&nbsp; y secundariamente <em>deliberar, votar, decretar, resolver, ordenar.</em><br />
	As&iacute; dice <em>Cicer&oacute;n en Fil&iacute;picas I, 10,26:</em></p>
<p>
	&ldquo;<em>Consules iure populum rogaverunt, populusque iure scivit</em>&rdquo;,</p>
<p>
	que traducido dice:</p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>los c&oacute;nsules conforme a derecho consultaron al pueblo y el pueblo resolvi&oacute; conforme a derecho&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	El Diccionario de la RAE lo define con toda claridad y precisi&oacute;n de la siguiente manera:</p>
<p>
	<em><strong>Del lat. plebiscītum.<br />
	1. m. Resoluci&oacute;n tomada por todo un pueblo por mayor&iacute;a de votos.<br />
	2. m. Consulta que los poderes p&uacute;blicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica o legal.<br />
	3. m. En la antigua Roma, ley que la plebe establec&iacute;a a propuesta de su tribuno, separadamente de las clases superiores de la rep&uacute;blica, y que oblig&oacute; al principio solo a los plebeyos, pero m&aacute;s tarde a todo el pueblo.</strong></em></p>
<p>
	Evito por mi parte la discusi&oacute;n <em>leguleya</em>, nunca mejor denominada, de la diferencia t&eacute;cnica entre plebiscito y refer&eacute;ndum, que ha producido no pocos art&iacute;culos.</p>
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		<title>Unos contratistas romanos de servicios públicos defraudadores</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/corrupcion-en-roma-publicani-escipion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Apr 2017 00:16:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.</b></p>
<p>
	Voy a referirme a un episodio de la <em>Segunda Guerra P&uacute;nica</em>, salpicado adem&aacute;s con una an&eacute;cdota de corrupci&oacute;n, que explica c&oacute;mo se fue generando este sistema.&nbsp; Todas las guerras, las de antes y las de ahora son siempre ocasi&oacute;n y oportunidad para grandes negocios, a los que nada importa si los beneficios vienen o no manchados de sangre inocente.</p>
<p>
	El episodio nos lo cuenta <em>Tito Livio</em> en su obra &ldquo;<em>Historia de Roma desde su origen&rdquo; (Ab urbe condita), en el libro XXV, 3 y ss.</em></p>
<p>
	<em>Roma </em>est&aacute; definitivamente enfrentada a <em>Cartago </em>por su expansi&oacute;n en el <em>Mediterr&aacute;neo </em>y por considerar a los <em>p&uacute;nicos </em>o cartagineses una amenaza para su supervivencia. Esta guerra comienza desarroll&aacute;ndose en <em>Hispania</em>, en donde los cartagineses est&aacute;n ya bien asentados; se desarrolla luego en el propio territorio italiano, al que ha pasado <em>An&iacute;bal </em>desde <em>Hispania </em>a trav&eacute;s de los desfiladeros de los <em>Alpes </em>en invierno, y acabar&aacute; definitivamente a&ntilde;os despu&eacute;s con la destrucci&oacute;n de <em>Cartago</em>. Las campa&ntilde;as victoriosas de <em>An&iacute;bal </em>en Italia (<em>Tesino, Trebia, Trasimeno, Cannas&hellip;</em>) han generalizado el p&aacute;nico entre los romanos.&nbsp;</p>
<p>
	Es precisamente la situaci&oacute;n de necesidad de los Escipiones en <em>Hispania </em>lo que les obliga a dirigir una carta en el a&ntilde;o 215 al <em>Senado </em>de <em>Roma </em>solicitando ayuda. Los gastos para la guerra son de tal magnitud que el <em>Estado </em>no tiene dinero suficiente para hacer frente a ellos y recurre en consecuencia a la colaboraci&oacute;n de los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo; o capitalistas que se vienen beneficiando de las contratas del Estado. Estos &ldquo;<em>publicani</em>&rdquo; o ciudadanos con recursos que se dedican a los negocios, constituyen tres sociedades para abastecer al ej&eacute;rcito. Dadas las circunstancias de inseguridad del momento y las distancias a las que han de ser transportados algunos recursos, se incluye en el contrato una cl&aacute;usula seg&uacute;n la cual el riesgo de naufragio ha de correr por cuenta del <em>Estado</em>. Hay que imaginar la situaci&oacute;n de p&aacute;nico generalizado ante la presencia de <em>An&iacute;bal </em>en la propia <em>Italia </em>y las sucesivas victorias con las que va machacando a los ej&eacute;rcitos romanos.</p>
<p>
	En ese contexto hubo dos individuos, dos &ldquo;<em>publicani</em>&rdquo; que no contentos con las ganancias l&iacute;citas simularon un naufragio accidental de las naves cargadas de material de desecho y poco valor para cobrarlo como bueno.</p>
<p>
	De todo lo anterior extraeremos importantes consecuencias sobre la constituci&oacute;n de estas sociedades, pero el episodio tiene una segunda parte muy reveladora. Cuando los defraudadores son descubiertos y denunciados al <em>Senado</em>, &eacute;ste no act&uacute;a inmediatamente contra ellos, dada la afinidad y confluencia de intereses en muchos casos entre la clase y familias de senadores con los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo;. Tuvo que ser el pueblo a trav&eacute;s de sus representantes especiales, los <em>&ldquo;tribunos de la plebe&rdquo;</em>, (hoy dir&iacute;amos &quot;<em>la acci&oacute;n popular</em>&quot;), quien exigi&oacute; responsabilidades e inici&oacute; las acciones judiciales.</p>
<p>
	Estando reunida la asamblea popular, fue interrumpida por la acci&oacute;n violenta de los publicanos, dispuestos a evitar la condena de uno de sus miembros poderosos. Ante la evidencia de los cargos y el peligro de la situaci&oacute;n, el <em>Senado </em>no tuvo m&aacute;s remedio que intervenir con m&aacute;s decisi&oacute;n.</p>
<p>
	Dir&iacute;a como conclusi&oacute;n que resulta igual de escandaloso que unos contratistas defrauden al <em>Estado </em>a que el propio <em>Estado </em>no tenga ning&uacute;n inter&eacute;s en castigar a los defraudadores.</p>
<p>
	Dejamos para superespecialistas la cuesti&oacute;n de si estos arrendatarios eran realmente de la clase u &ldquo;<em>ordo</em>&rdquo; (<em>orden</em>) de los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo;, as&iacute; como sobre la historicidad de los contratos de aprovisionamiento para el ej&eacute;rcito, porque esto parecer ser un caso aislado en el contexto hist&oacute;rico de finales del siglo III a.C.</p>
<p>
	En todo caso, no hace falta ser muy imaginativo para establecer la semejanza con situaciones actuales en las que grandes delincuentes poderosos evitan la acci&oacute;n de la Justicia, gestionada en gran medida por personas afines a su grupo social. Es cierto que las situaciones antiguas y modernas no son exactamente iguales y no debemos exagerar en el parecido, pero una vez m&aacute;s podemos reafirmar el lema de este blog, &ldquo;<em>Nihil novum sub sole&rdquo;, &ldquo;Nada nuevo bajo el sol&rdquo;.</em></p>
<p>
	Como viene siendo exigencia de este blog, lo afirmado ha de ser constatado en los textos existentes, de los que no se juzga su valor como documentos hist&oacute;ricos sino simplemente su existencia, y por ello nada mejor que reproducir lo escrito por Tito Livio:</p>
<p>
	En un art&iacute;culo posterior explicar&eacute; hasta qu&eacute; punto los intereses de los particulares y sus empresas se confunden con los p&uacute;blicos y estatales.</p>
<p>
	Ab Urbe condita, XXV,3: [25,3]</p>
<p>
	<em><strong>Q. Fulvio Flaco y Ap. Claudio tomaron posesi&oacute;n del consulado, siendo &eacute;ste el tercero de Fulvio. Los pretores sortearon sus provincias: P. Cornelio Sila obtuvo la jurisdicci&oacute;n de la ciudad y la de los extranjeros, que antes estaban separadas; Cn. Fulvio Flaco, la Apulia; C. Claudio Ner&oacute;n Suesula y M. Junio Silano la Etruria. Los c&oacute;nsules quedaron encargados de la guerra contra An&iacute;bal, mandando cada uno dos legiones; debiendo recibirlas, el uno de Q. Fabio, c&oacute;nsul del a&ntilde;o anterior, y el otro, de Fulvio Centumalo. En cuanto a los pretores, Fulvio Flaco deb&iacute;a tener las legiones que se encontraban en Luceria bajo el mando del pretor Emilio; Claudio Ner&oacute;n, las que serv&iacute;an a las &oacute;rdenes de C. Terencio en el Piceno. Uno y otro estaban encargados de hacer nuevas levas para completar el ej&eacute;rcito. M. Junio tuvo contra los etruscos las legiones urbanas del a&ntilde;o anterior. T. Sempronio Graco y P. Sempronio Tuditano conservaron sus tropas y sus mandos, el uno en Lucania y el otro en la Galia. P. L&eacute;ntulo conserv&oacute; tambi&eacute;n la antigua provincia de Sicilia. M. Marcelo Siracusa y el reino de Hier&oacute;n; T. Otacilio la flota; M. Valerio la Grecia; Q. Mucio Sc&eacute;vola, la Cerde&ntilde;a, y los dos Escipiones las Espa&ntilde;as.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A los antiguos ej&eacute;rcitos se a&ntilde;adieron dos legiones urbanas que levantaron los c&oacute;nsules, con las que se elev&oacute; en este a&ntilde;o a veintitr&eacute;s el n&uacute;mero de las legiones. M. Postumio Pirgense se opuso a las levas que hac&iacute;an los c&oacute;nsules y produjo un movimiento que estuvo a punto de adquirir gravedad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Era Postumio un colector de impuestos que desde mucho tiempo no hab&iacute;a tenido en la rep&uacute;blica igual para el fraude y la avidez, como no fuese T. Pomponio Veyetano, hecho prisionero en el a&ntilde;o anterior por Hann&oacute;n y los cartagineses, durante su temeraria expedici&oacute;n en Lucania. Como el Tesoro p&uacute;blico respond&iacute;a de las p&eacute;rdidas en caso de tempestad en cuanto al material transportado para el ej&eacute;rcito, supuso naufragios que no hab&iacute;an ocurrido, y hasta los verdaderos se deb&iacute;an al fraude y no a la casualidad. Cargaba con mercanc&iacute;as sin valor naves viejas inservibles y las hac&iacute;a echar a pique en alta mar, cuidando de tener preparadas las barcas para salvar las tripulaciones; en seguida declaraba falsamente que las mercanc&iacute;as perdidas eran considerables.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El pretor M. Atilio se enter&oacute; del fraude en el a&ntilde;o anterior y lo denunci&oacute; al Senado: sin embargo, no se dict&oacute; ning&uacute;n senatus-consulto, no queriendo los senadores enemistarse en aquellas circunstancias con la clase entera de los publ&iacute;canos. El pueblo castig&oacute; con m&aacute;s severidad aquel robo. Cierto d&iacute;a, los dos tribunos Sp. y L. Calvilio, excitados por sus quejas y viendo que estos ama&ntilde;os sublevaban la indignaci&oacute;n y el desprecio de todos, condenaron a M. Postumio a una multa de doscientas mil piezas de moneda. El d&iacute;a en que el pueblo deb&iacute;a votar acerca de esta multa, fue tan numerosa la multitud que apenas cab&iacute;a en la plaza del Capitolio. O&iacute;dos los defensores, parec&iacute;a que Postumio no ten&iacute;a m&aacute;s que un recurso, que C. Servilio Casca, pariente suyo y tribuno del pueblo, interviniese antes de que se llamase a votar las tribus. Cuando hubieron declarado los testigos, los tribunos mandaron retirarse al pueblo, y se llev&oacute; la urna (sitella allata) para que decidiese la suerte en qu&eacute; orden hab&iacute;an de votar los latinos. Los publ&iacute;canos estrechaban a Casca para que hiciese aplazar la decisi&oacute;n. El pueblo reclamaba, y Casca, que estaba sentado en el extremo del banco de los tribunos vacilaba entre la verg&uuml;enza y el temor. Viendo que no pod&iacute;an contar con &eacute;l, los publ&iacute;canos, para escapar a favor del tumulto, se precipitaron en el espacio que quedaba vac&iacute;o y al que el pueblo no pod&iacute;a acercarse, disputando a la vez con el pueblo y los tribunos; y hubiese habido alg&uacute;n combate, si el c&oacute;nsul Fulvio no hubiese exclamado dirigi&eacute;ndose a &eacute;stos,&nbsp; &iquest;No veis que ten&eacute;is que ceder y que es inminente una sedici&oacute;n si no os apresur&aacute;is a disolver la asamblea?&raquo;&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Retir&oacute;se el pueblo y se convoc&oacute; al Senado; los c&oacute;nsules dieron cuenta de la violencia y audacia de los publ&iacute;canos, que hab&iacute;an turbado la asamblea del pueblo. M. Fur&iacute;o Camilo, dec&iacute;an, a cuyo destierro sigui&oacute; la ruina de Roma, se dej&oacute; condenar por sus conciudadanos irritados; antes que &eacute;l, los decenviros, a quienes debe la rep&uacute;blica las leyes que la gobiernan, y otros muchos grandes ciudadanos, sufrieron el juicio del pueblo. Pero un Postumio Pirgense hab&iacute;a querido forzar los votos populares; hab&iacute;a obligado a disolverse una asamblea p&uacute;blica y a retirarse los tribunos; hab&iacute;a presentado batalla al pueblo romano, tomado posici&oacute;n para impedirle que se comunicase con sus tribunos y a las tribus emitir sus votos. Si no hab&iacute;a habido combate, si la sangre no hab&iacute;a corrido, deb&iacute;ase a la moderaci&oacute;n de los magistrados, que por un momento hab&iacute;an cedido al furor y la audacia de algunos individuos y porque se hab&iacute;an dejado vencer a la vez que el pueblo romano; que, en fin, para no dar ning&uacute;n pretexto a los que solamente deseaban la lucha, hab&iacute;an disuelto, como quer&iacute;a Postumio, la asamblea del pueblo, que un acusado iba a imposibilitar por la violencia y las armas.&raquo; Todos los buenos ciudadanos que se encontraban en el Senado se declararon en el mismo sentido ante un hecho tan inaudito. El Senado declar&oacute; por un decreto que aquella tentativa era un ejemplo peligroso y un atentado contra la rep&uacute;blica. En el acto los dos Carvilios, tribunos del pueblo, prescindiendo de la multa, presentaron acusaci&oacute;n capital contra Postumio, mandando a los lictores que le prendiesen si no presentaba cauci&oacute;n y llevarle a las prisiones. Postumio dio cauci&oacute;n y no compareci&oacute;. A petici&oacute;n de los tribunos, el pueblo decidi&oacute; que, &laquo;si M. Postumio no se presentaba antes de las kalendas de Mayo, si no contestaba este d&iacute;a cuando se leyese su nombre, o si no se admit&iacute;an sus excusas, ser&iacute;a desterrado, vendidos sus bienes y se le prohibir&iacute;an el agua y el fuego En seguida acusaron sucesivamente los tribunos de crimen capital a todos los que promovieron aquel tumulto y les obligaron a dar cauci&oacute;n. Al principio los que no la dieron y despu&eacute;s hasta los que pod&iacute;an darla fueron encarcelados; de manera que, para evitar este peligro, la mayor parte se desterraron. De esta manera se castig&oacute; el fraude de los publ&iacute;canos y la audacia con que lo sostuvieron. Poco despu&eacute;s se celebraron comicios para la elecci&oacute;n de pont&iacute;fice m&aacute;ximo, presidi&eacute;ndolos el nuevo pont&iacute;fice M. Cornelio Cethego.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo. Madrid,1888)</p>
<p>
	<em>Q. Fulvius Flaccus tertium Appius Claudius consulatum ineunt.&nbsp; et praetores provincias sortiti sunt, P. Cornelius Sulla urbanam et peregrinam, quae duorum ante sors fuerat, Cn. Fulvius Flaccus Apuliam, C. Claudius Nero Suessulam, M. Iunius Silanus Tuscos. consulibus bellum cum Hannibale et binae legiones decretae; alter a Q. Fabio superioris anni consule, alter a Fulvio Centumalo acciperet;&nbsp; praetorum Fulvi Flacci quae Luceriae sub Aemilio praetore, Neronis Claudi quae in Piceno sub C. Terentio fuissent legiones essent; supplementum in eas ipsi scriberent sibi. M. Iunio in Tuscos legiones urbanae prioris anni datae. Ti. Sempronio Graccho et P. Sempronio Tuditano imperium provinciaeque Lucani et Gallia cum suis exercitibus prorogatae;&nbsp; item P. Lentulo qua vetus provincia in Sicilia esset, M. Marcello Syracusae et qua Hieronis regnum fuisset; T. Otacilio classis, Graecia M. Valerio, Sardinia Q. Mucio Scaevolae, Hispaniae. et Cn. Corneliis. ad veteres exercitus duae urbanae legiones a consulibus scriptae, summaque trium et viginti legionum eo anno effecta est. dilectum consulum M. Postumii Pyrgensis cum magno prope motu rerum factum impediit. publicanus erat Postumius, qui multis annis parem fraude avaritiaque neminem in civitate habuerat praeter T. Pomponium Veientanum, quem populantem temere agros in Lucanis ductu Hannonis priore anno ceperant Carthaginienses. hi, quia publicum periculum erat a vi tempestatis in iis quae portarentur ad exercitus et ementiti erant falsa naufragia et ea ipsa quae vera renuntiaverant fraude ipsorum facta erant, non casu. in veteres quassasque naves paucis et parvi pretii rebus impositis, cum mersissent eas in alto exceptis in praeparatas scaphas nautis, multiplices fuisse merces ementiebantur. ea fraus indicata M. Aemilio praetori priore anno fuerat ac per eum ad senatum delata nec tamen ullo senatus&nbsp; consulto notata, quia patres ordinem publicanorum3 in tali tempore offensum nolebant. populus severior vindex fraudis erat, excitatique tandem duo tribuni plebis, Spurius et L. Carvilii, cum rem invisam infamemque cernerent, ducentum milium aeris multam M. Postumio dixerunt. cui certandae cum dies advenisset, conciliumque tam frequens plebis adesset ut multitudinem area Capitolii vix caperet, perorata causa una spes videbatur esse si C. Servilius Casca tribunus plebis, qui propinquus cognatusque Postumio erat, priusquam ad suffragium tribus vocarentur, intercessisset.&nbsp; testibus datis tribuni populum summoverunt, sitellaque lata est, ut sortirentur ubi Latini suffragium ferrent.&nbsp; interim publicani Cascae instare ut concilio diem eximeret; populus reclamare; et forte in cornu primus sedebat Casca, cui simul metus pudorque animum versabat. cum in eo parum praesidii esset, turbandae rei causa publicani per vacuum summoto locum cuneo inruperunt iurgantes simul cum populo tribunisque.,&nbsp; nec procul dimicatione res erat cum Fulvius consul tribunis &ldquo;nonne videtis&rdquo; inquit &ldquo;vos in ordinem coactos esse et rem ad seditionem spectare, ni propere dimittitis plebis concilium?&rdquo;. plebe dimissa senatus vocatur et consules referunt de concilio plebis turbato vi atque audacia publicanorum:&nbsp; M. Furium Camillum, cuius exilium ruina urbis secutura fuerit, damnari se ab iratis civibus passum esse;&nbsp; decemviros ante eum, quorum legibus ad eam diem viverent, multos postea principes civitatis iudicium de se populi passos:&nbsp; Postumium Pyrgensem suffragium populo Romano extorsisse, concilium plebis sustulisse, tribunos in ordinem coegisse, contra populum Romanum aciem instruxisse, locum occupasse, ut tribunos a plebe intercluderet, tribus in suffragium vocari prohiberet. nihil aliud a caede ac dimicatione continuisse homines nisi patientiam magistratuum, quod cesserint inpraesentia furori atque audaciae paucorum vincique se ac populum Romanum passi sint et comitia,&nbsp; quae reus vi atque armis prohibiturus erat, ne causa quaerentibus dimicationem daretur, voluntate ipsi sua sustulerint. haec cum ab optimo quoque pro atrocitate rei accepta essent, vimque eam contra rem publicam et pernicioso exemplo factam senatus decresset,&nbsp; confestim Carvilii tribuni plebis omissa multae certatione rei capitalis diem Postumio dixerunt ac, ni vades daret, prendi a viatore atque in carcerem duci iusserunt.&nbsp; Postumius vadibus datis non adfuit.&nbsp; tribuni plebem rogaverunt plebesque ita scivit, si M. Postumius ante kal. maias non prodisset citatusque eo die non respondisset neque excusatus esset, videri eum in exilio esse bonaque eius venire, ipsi aqua et igni placere interdici.&nbsp; singulis deinde eorum qui turbae ac tumultus concitatores fuerant, rei capitalis diem dicere ac vades poscere coeperunt.&nbsp; primo non dantis, deinde etiam eos qui dare possent in&mdash;carcerem coiciebant; cuius rei periculum vitantes plerique in exilium abierunt.&nbsp; hunc fraus publicanorum, deinde fraudem audacia protegens exitum habuit.&nbsp; comitia inde pontifici maximo creando sunt habita; ea comitia novus pontifex M. Cornelius Cethegus habuit.</em></p>
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		<title>A las puertas del Imperio Romano/ A las puertas de Europa</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/caida-imperio-romano-barbaros-isis-daesh/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Apr 2016 22:23:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Historia no se repite pero a veces ocurren hechos en momentos diferentes que tienen alguna semejanza. Por eso llamamos a la Historia Magistra vitae. Véase artículo http://www.antiquitatem.com/cervantes-dia-mundial-del-libro. En estos tiempos actuales aparecen de vez en cuando comparaciones entre la caída del Imperio Romano y los momentos actuales de tensiones entre el Oriente y el Occidente. Más en concreto se aprecian similitudes entre los acontecimientos del año 378 que acaban con la derrota de los romanos en Adrianópolis, actual ciudad  de Edirne en la Turquía actual junto a las fronteras actuales de Grecia y Bulgaria, y la muerte del emperador Valente en la batalla, y las guerras de Iraq y Siria, que mueven de un sitio para otro a millones de desplazados fugitivos.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>La Historia no se repite pero a veces ocurren hechos en momentos diferentes que tienen alguna semejanza. Por eso llamamos a la Historia Magistra vitae. Véase artículo http://www.antiquitatem.com/cervantes-dia-mundial-del-libro. En estos tiempos actuales aparecen de vez en cuando comparaciones entre la caída del Imperio Romano y los momentos actuales de tensiones entre el Oriente y el Occidente. Más en concreto se aprecian similitudes entre los acontecimientos del año 378 que acaban con la derrota de los romanos en Adrianópolis, actual ciudad  de Edirne en la Turquía actual junto a las fronteras actuales de Grecia y Bulgaria, y la muerte del emperador Valente en la batalla, y las guerras de Iraq y Siria, que mueven de un sitio para otro a millones de desplazados fugitivos.</b></p>
<p>
	No pretendo llevar la comparaci&oacute;n hasta el&nbsp; l&iacute;mite que algunos &ldquo;<em>ide&oacute;logos</em>&rdquo;, sin duda interesados, pretenden al afirmar que as&iacute; como la admisi&oacute;n de los &ldquo;<em>b&aacute;rbaros</em>&rdquo; acab&oacute; con el Imperio Romano, del mismo modo la admisi&oacute;n lde tantos fugitivos e inmigrantes, casi todos musulmanes, acabar&aacute; con la &ldquo;<em>civilizaci&oacute;n occidenta</em>l&rdquo;. Es esta una conclusi&oacute;n exagerada, en muchos casos xen&oacute;foba, de rechazo al diferente.</p>
<p>
	No seguir&eacute; yo por ese camino, sin desconocer por ello, los graves problemas que una intervenci&oacute;n poco reflexionada de <em>Occidente </em>en <em>Oriente</em>, intervenci&oacute;n en el&nbsp; fondo ego&iacute;sta e imperialista, ha ocasionado.</p>
<p>
	Me limitar&eacute; a transcribir unos textos de la <em>Historia de Amiano Marcelino</em>, referidos a los a&ntilde;os citados,&nbsp; en los que la pol&iacute;tica err&aacute;tica y ego&iacute;sta de los emperadores romanos respecto de la admisi&oacute;n de inmigrantes y fugitivos de la guerra, produce efectos que nos recuerdan con toda claridad a algunos episodios actuales.</p>
<p>
	Las fronteras del Imperio est&aacute;n en el <em>Danubio</em>, llamado entonces Ister, que desde el centro de <em>Europa </em>va a desembocar al <em>Mar Negro</em>. Al otro lado habitan varias tribus <em>godas </em>y m&aacute;s al Este pueblos desconocidos, de los que se cuentan crueldades sin l&iacute;mite y formas de vida muy alejadas de la civilizaci&oacute;n occidental. Uno de estos pueblos es el de los <em>alanos </em>y otro el de los <em>hunos</em>, de los que corren todo tipo de rumores sobre su salvajismo y crueldad.</p>
<p>
	Pues bien, los <em>hunos </em>se al&iacute;an con los <em>alanos</em>, no menos rudos y salvajes, y empujan a los <em>godos</em>, m&aacute;s civilizados e incluso cristianizados (arrianos),&nbsp; hasta la frontera del <em>Danubio</em>, r&iacute;o de un enorme caudal dif&iacute;cil de atravesar.</p>
<p>
	Los <em>godos </em>piden al emperador que&nbsp; les permita entrar en el <em>Imperio </em>y que&nbsp; les asiente en ese espacio privilegiado de paz y de riqueza.</p>
<p>
	Ser&iacute;a f&aacute;cil traducir todo esto a un lenguaje moderno: los <em>hunos </em>y su crueldad son el ISIS o <em>DAESH </em>y sus vilezas, los <em>godos </em>son inmigrantes o <em>refugiados </em>que huyen de la guerra, el <em>Imperio Romano</em> es la <em>Uni&oacute;n Europea</em>, la pol&iacute;tica indecisa, contradictoria y ego&iacute;sta del emperador es la de <em>Bruselas </em>y restantes pa&iacute;ses europeos, algunos detalles concretos, como los del transporte,&nbsp; pretensiones de control de los fugitivos y corrupci&oacute;n en la gesti&oacute;n de la ayuda, son tan semejantes a los actuales que producen ciertamente asombro.</p>
<p>
	Poco importa que estos hechos ocurran un poco m&aacute;s al norte que los actuales, en <em>Tracia</em>, en un territorio que hoy corresponder&iacute;a parte a <em>Turqu&iacute;a </em>y parte a <em>Bulgaria</em>. Ahora ocurren un poco m&aacute;s al sur y al este, entre <em>Siria-Turqu&iacute;a </em>y las islas griegas cercanas como <em>Lesbos</em>.</p>
<p>
	Dejo a la consideraci&oacute;n del lector el extraer alguna conclusi&oacute;n si es que se debe extraer, pero la <em>Historia </em>deber&iacute;a servir para no cometer los mismos errores en situaciones parecidas y para entender mejor algunos hechos y sus causas.</p>
<p>
	<img alt="" src="http://www.antiquitatem.com/imgs/arts/danubio_en_azulrecortado.jpg" /></p>
<p>
	<em>Antigua Tracia proyectada sobre el mapa pol&iacute;tico actual. La l&iacute;nea azul corresponde al curso del Danubio y el punto rojo a la situaci&oacute;n de Adrian&oacute;polis, en la actual Turqu&iacute;a, muy cerca de las fronteras griega y b&uacute;lgara, es decir, en las puertas de Europa; en verde la isla griega de Lesbos.</em></p>
<p>
	El que mejor nos lo cuenta&nbsp; es <em>Amiano Marcelino</em>, escritor griego que naci&oacute; hacia el a&ntilde;o 330, aunque escribe en Lat&iacute;n,&nbsp; en sus<em> Historias (Rerum Gestarum Libri XXXI) en el libro 31</em>.</p>
<p>
	Nota: la <em>traducci&oacute;n utilizada es la de Mar&iacute;a Luisa Harto Trujillo, en Editorial Akal.</em></p>
<p>
	Comienza el libro con un&nbsp; p&aacute;rrafo, que aligerado de la afici&oacute;n romana a los presagios, es ciertamente clarividente:</p>
<p>
	<em><strong>31.1.1: Mientras tanto, la r&aacute;pida rueda de la Fortuna, alternando como siempre desgracias y &eacute;xitos, arm&oacute; tanto a Belona (diosa de la guerra) como a sus compa&ntilde;eras las Furias, y produjo en Oriente tristes calamidades, que fueron presagiadas clara y verazmente por augurios y portentos.<br />
	&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.2.1 Personalmente creemos que la semilla de todo este desastre y el origen de las distintas desgracias avivadas por Marte (dios de la guerra) &ndash;que encendi&oacute; y agit&oacute; la situaci&oacute;n con ins&oacute;litas chispas- es el siguiente:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El pueblo de los hunos, poco nombrado en las historias de la antig&uuml;edad, habita al otro lado de la pantanosa Meotis, junto a un helado oc&eacute;ano, y sobrepasa todos los l&iacute;mites de la crueldad.</strong></em></p>
<p>
	Amiano, recogiendo la opini&oacute;n popular, pinta a los hunos con los m&aacute;s terror&iacute;ficos rasgos:</p>
<p>
	<strong><em>31.2.3 Con aspecto humano a pesar de su rudeza, llevan una vida tan agreste que no precisan fuego, ni alimentos sabrosos, sino tan s&oacute;lo ra&iacute;ces de hierbas salvajes. Se alimentan con carne de cualquier animal casi cruda, ya que tan s&oacute;lo la calientan ligeramente coloc&aacute;ndola entre sus piernas y los lomos de sus caballos.<br />
	&hellip;.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.2.5 Se cubre con telas de lino o con pieles de ratones silvestres y llevan siempre la misma ropa&hellip;</em></strong></p>
<p>
	Los describe tambi&eacute;n como extraordinarios jinetes y duros guerreros sin temor por su propia vida y naturalmente, desleales, volubles, irracionales y sin respeto por los dioses:</p>
<p>
	<em><strong>31.2.11 Son desleales y volubles en los acuerdos&hellip; Semejantes a animales irracionales, no distinguen en absoluto entre lo honesto y lo deshonesto. Sus palabras son ambiguas y enrevesadas, y jam&aacute;s han respetado una creencia o religi&oacute;n&hellip;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.2.12 Este pueblo rudo e indomable, &aacute;vido de apoderarse de lo ajeno, gracias a sus rapi&ntilde;as y a las matanzas de pueblos vecinos, a los que han hecho sucumbir, han extendido sus dominios hasta los alanos, llamados antiguamente masagetas.</strong></em></p>
<p>
	Describe a continuaci&oacute;n a los numerosos pueblos que habitan al otro lado del Ister, de manera especial a los <em>alanos</em>, que se extienden hacia Oriente y &ldquo;se dividen en naciones amplia y populosas&rdquo; vagando de un sitio para otro con sus ganados y sus carretas, sin un lugar fijo donde aposentarse.</p>
<p>
	De la fiereza de los &ldquo;<em>alanos</em>&rdquo; en la guerra puede darnos idea el siguiente p&aacute;rrafo:</p>
<p>
	<em><strong>31.2.22 &hellip;. Adem&aacute;s, cuando matan a un hombre, nada les enorgullece m&aacute;s como prenda triunfal que arrancarle la cabeza, cortarle el cuero cabelludo y colocarlo sobre sus caballos a modo de adornos de guerra.</strong></em></p>
<p>
	Pues bien, seg&uacute;n nos relata <em>Amiano </em>se produce una terrible alianza: Estos pueblos provocan movimientos masivos de <em>godos </em>(que ya manten&iacute;an relaciones con los romanos e incluso hab&iacute;an sido cristianizados) hacia las fronteras romanas:</p>
<p>
	<em><strong>31.3.8 &hellip;&nbsp; Sin embargo, como entre los restantes godos se hab&iacute;a extendido el rumor de que una naci&oacute;n desconocida hasta entonces, semejante a un alud de nieve que se precipita desde lo alto de las monta&ntilde;as, estaba destruyendo y saqueando todo lo que encontraba a su paso, la mayor parte de las gentes, que hab&iacute;an dejado ya solo a Atanarico debido a la escasez de productos necesarios, intentaron buscar un nuevo hogar alejado y desconocido por los b&aacute;rbaros.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s de pensarse durante bastante tiempo el sitio al que ir&iacute;an, creyeron que Tracia ser&iacute;a una buena elecci&oacute;n por dos razones: por la gran fertilidad de su suelo y porque, gracias a su anchura del curso de Danubio, estaba alejada de las tierras que estaban ya expuestas a los desastres de la guerra contra los b&aacute;rbaros.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Todos estuvieron de acuerdo con esta idea.</strong></em><br />
	&hellip;</p>
<p>
	Y ahora comienza el relato del terrible &eacute;xodo, que tantas similitudes tiene con la actualidad:</p>
<p>
	<em><strong>31.4 La mayor parte de los godos conocidos como tervingos, expulsados de sus tierras, son conducidos por los romanos a Tracia con el consentimiento de Valente (el emperador) despu&eacute;s de que prometen entregar a cambio recompensas y ayuda militar. Tambi&eacute;n los godos gretungos atraviesan a escondidas el &Iacute;ster sobre sus naves.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.1 As&iacute; pues, conducidos por Alavivo, ocuparon la orilla del Danubio y enviaron a Valente mensajeros que suplicaron humildemente ser recibidos, prometiendo que llevar&iacute;an una vida tranquila y que, si la situaci&oacute;n as&iacute; lo exig&iacute;a, le prestar&iacute;an ayuda militar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.2 Mientras se produc&iacute;an estos hechos en el exterior, rumores terribles difundieron que las gentes del norte estaban soportando calamidades ins&oacute;litas y peores que las ocurridas hasta el momento. Y es que en toda la zona que se extiende desde los marcomanos y los cuados hasta el Ponto, una multitud b&aacute;rbara de pueblos desconocidos, expulsados de su territorio por un ataque inesperado, se hab&iacute;an diseminado en torno al &Iacute;ster junto con sus familias.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.3. Al principio, los nuestros se mostraron reticentes a aceptar este pacto, porque en aquellas regiones so sol&iacute;an escucharse noticias de guerras lejanas hasta que estas hab&iacute;an terminado y se hab&iacute;an calmado ya.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.4 Pero cuando la noticia fue confirm&aacute;ndose y se vio reforzada, adem&aacute;s, por la llegada de los legados extranjeros que suplicaban que recibi&eacute;ramos a su pueblo en nuestra orilla del r&iacute;o, se produjo m&aacute;s alegr&iacute;a que temor. Adem&aacute;s, aduladores expertos alababan la buena fortuna del pr&iacute;ncipe, que hab&iacute;a conseguido un contingente de tropas&nbsp; tan numerosas y procedentes de tierras muy alejadas, de manera que, casi sin esperarlo, uniendo sus propias tropas y las extranjeras, tendr&iacute;a un ej&eacute;rcito invencible.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y a&ntilde;ad&iacute;an que, aparte de la ayuda militar que las provincias aportar&iacute;an anualmente, su tesoro se ver&iacute;a incrementado con una gran cantidad de oro.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.5. Movidos por la esperanza de alcanzar lo prometido,enviaron a varios oficiales con veh&iacute;culos apropiados para transportar a esta salvaje naci&oacute;n. Y pusieron todo el empe&ntilde;o posible para que no quedara nadie que pudiera atacar en el futuro al pueblo romano, ni siquiera alguien afectado por una fatal enfermedad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; pues, una vez que el emperador consinti&oacute; que esa gente atravesara el Danubio y se asentara en regiones de Tracia, se les transport&oacute; api&ntilde;ados durante varios d&iacute;as y noches a bordo de naves, barcas y troncos de &aacute;rboles ahuecados.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero como este r&iacute;o era, con mucho, el m&aacute;s peligroso de todos y, adem&aacute;s, estaba crecido entonces por la gran cantidad de lluvia ca&iacute;da, su enorme caudal hizo que se ahogaran muchos que intentaban luchar contra la fuerza de las aguas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.6 Lo cierto es que la avidez y el empuje de estos hombres fue causando de este modo la destrucci&oacute;n del mundo romano.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ahora bien, no es ni desconocido ni incierto que los infaustos encargados de transportar a este pueblo b&aacute;rbaro intentaron en varias ocasiones contarlos, pero desistieron frustrados de este intento ya que, como menciona el famoso poeta: &ldquo;El que quiera saber esto es como si quisiera saber cu&aacute;ntos granos de arena del desierto Libio son arrastrados por el C&eacute;firo&rdquo;. (</strong>Vigilio, Ge&oacute;rgicas, 2,106)</em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.7 Que recuerden historias antiguas c&oacute;mo fueron conducidas a Grecia las tropas persas, pues mientras narran c&oacute;mo levantaban puentes en el Helesponto y buscaban el mar a los pies del monte Atos mediante una construcci&oacute;n laboriosa (construyendo un canal) contando los batallones del ej&eacute;rcito en Dorisco, toda la posteridad lo ha considerado como f&aacute;bulas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.4.8 Porque cuando ingentes muchedumbres se extendieron y se diseminaron por las provincias, asent&aacute;ndose en las amplias llanuras y llenando todos los valles y las cimas de las monta&ntilde;as, tambi&eacute;n entonces, con este nuevo ejemplo, se confirm&oacute; la veracidad de los relatos de la antig&uuml;edad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Primero fueron recibidos Frigiterno y Alavivo, a quienes elemperador hab&iacute;a ordenado que se les entregaran alimentos para la ocasi&oacute;n y campos que cultivar.</strong></em></p>
<p>
	<strong><em>31.4.9 Durante este tiempo, cerradas ya las fronteras de nuestro territorio, mientras las tropas b&aacute;rbaras se esparc&iacute;an como cenizas del Etna, el dif&iacute;cil trance que est&aacute;bamos viviendo reclamaba la presencia de personas de brillantez probada que remediaran la situaci&oacute;n similar.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>Pero, como si les guiara una divinidad adversa, buscaron a hombres corruptos para ponerles al&nbsp; frente del poder castrense. Entre ellos sobresal&iacute;an Lupicino y M&aacute;ximo, el uno comandante general en Tracia, el otro un l&iacute;der criminal, pero ambos de igual temeridad.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.4.10 La peligrosa ambici&oacute;n de estos dos hombres&nbsp; fue la causa de todos los males. Pues, para omitir otros delitos que, por causas funestas, o los cometieron ellos mismos, o bien permitieron que se cometieran contra extranjeros que llegaban sin culpa alguna, bastar&aacute; mencionar un hecho lamentable e ins&oacute;lito que no tendr&iacute;a perd&oacute;n ni siquiera si fueran ellos mismos quienes lo juzgaran.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.4.11 Y es que, cuando los b&aacute;rbaros que hab&iacute;an sido conducidos a esas regiones lo estaban pasando mal por la falta de alimento, estos abominables generales planearon comerciar del siguiente modo: reunieron todos los perros que su ambici&oacute;n pudo hallar por cualquier parte y se los entregaron a cambio de obtener un esclavo por cada perro, d&aacute;ndose incluso el caso de que, entre &eacute;stos, figuraban hijos de los nobles b&aacute;rbaros.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.4.12 Durante esos mismos d&iacute;as, Viterico, rey de los greutungo, as&iacute; como Alateo y Saphrax, a cuya voluntad estaba sometido, adem&aacute;s de Farnobio, al acercarse a la orilla del Danubio, enviaron r&aacute;pidamente mensajeros al emperador para que le suplicaran que tambi&eacute;n ellos fueran acogidos y tratados con humanidad.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.4.13 Pero como los mensajeros no fueron recibidos, ya que &eacute;sta era la decisi&oacute;n que, seg&uacute;n parec&iacute;a, favorec&iacute;a al bien com&uacute;n, se angustiaron sin saber bien qu&eacute; hacer.<br />
	&hellip;..<br />
	31.5. Los tervingos, llevados por el hambre, la precariedad y los malos tratos recibidos, y comandados por Alavivo y Frigiterno, se rebelan contra Valente y se unen a Lupicino.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.5.1. En cuanto a los tervngos, a los que s&iacute; se les hab&iacute;a permitido cruzar el r&iacute;o con anterioridad, se encontraban a&uacute;n vagabundeando por los alrededores, ya que se encontraban con una doble dificultad: que, por la malvada actuaci&oacute;n de los dos generales, no se les proporcionaban los v&iacute;veres necesarios y, adem&aacute;s, se ve&iacute;an inmersos en el abominable tr&aacute;fico de esclavos antes mencionado.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.5.2 Al darse cuenta de su situaci&oacute;n, ante los males que les atenazaban, empezaron a pensar que deb&iacute;an rebelarse. Pero Lupicino, temiendo esa posibilidad, envi&oacute; soldados para que les obligaran a marchar con m&aacute;s rapidez.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.5.3 Los gretungos,entonces, aprovecharon esta oportunidad y, al ver que los soldados estaban ocupados en otra misi&oacute;n y que estaban varados los barcos que sol&iacute;an recorrer el r&iacute;o en ambas direcciones y que les prohib&iacute;an cruzarlo, atravesaron la corriente en unas barcas rudimentarias y dispusieron su campamento muy lejos de Frigiterno.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.5.4 Pero &eacute;ste, previsor como siempre y preparado frente a lo que pudiera suceder, intent&oacute;, por una parte, mantenerse leal al emperador, pero, por otra, seguir unido a los poderosos reyes godos, de manera que avanz&oacute; lentamente y, con esta treta lleg&oacute; tarde a Marcian&oacute;polis. All&iacute; se produjo otro hecho a&uacute;n m&aacute;s atroz, que prendi&oacute; ya las chispas del fuego que causar&iacute;a la ruina general.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>31.5.5. Despu&eacute;s de invitar a Alavivo y a Frigiterno a un banquete, Lupicino coloc&oacute; soldados frente a la muchedumbre b&aacute;rbara, manteni&eacute;ndola as&iacute; alejada de las murallas&nbsp; y, cuando &eacute;sta pidi&oacute; con s&uacute;plicas una y otra vez que se les permitiera entrar para obtener los v&iacute;veres necesarios, ya que se hab&iacute;an mostrado leales y sumisos a Roma, surgieron fuertes disputas entre los que estaban en el interior y los que estaban fuera, disputas que hicieron ya inevitable la lucha.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>Adem&aacute;s, los b&aacute;rbaros, furiosos y conscientes de que les estaban arrebatando a la fuerza a algunos de sus seres queridos, atacaron y mataron a un gran n&uacute;mero de soldados.<br />
	&hellip;</em></strong></p>
<p>
	Bien, sigue <em>Amiano </em>describiendo la situaci&oacute;n de miseria y desesperaci&oacute;n que provoca revueltas y enfrentamientos.</p>
<p>
	<em><strong>31.5.8 Cuando la Fama, esa malvada incitadora de rumores, difundi&oacute; estos hechos, toda la naci&oacute;n de los tervingos ardi&oacute; de ganas de luchar y, entre otros hechos temibles que presagiaban los mayores peligros, con los estandartes izados seg&uacute;n la costumbre, rodeados ya por los tristes sones de las trompetas, se lanzaron en rabioso pillaje, saqueando villas, incendi&aacute;ndolas y llevando confusi&oacute;n y ruina a todos los lugares que hallarlo a su paso.</strong></em></p>
<p>
	<em>Amiano </em>nos cuenta c&oacute;mo los godos, que hab&iacute;an sido acogidos anteriormente, se rebelan, matan a los habitantes de <em>Adrian&oacute;polis</em>, se unen a <em>Frigiterno </em>y se lanzan a saquear <em>Tracia</em>. En el saqueo se les van uniendo todos cuantos ten&iacute;an una mala situaci&oacute;n:</p>
<p>
	<em><strong>31.6.5. &hellip; En este avance, aquellos a los que derrotaban o hac&iacute;an prisioneros les mostraban ricos pueblos, sobre todo aquellos en los que se dec&iacute;a que hab&iacute;a una gran abundancia de alimentos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Aparte de su confianza innata, les impulsaba otro hecho: y era que, cada d&iacute;a, se les iba uniendo una multitud de su propio pueblo, entre los que se encontraban gentes vendidas tiempo atr&aacute;s por mercaderes, o aquellos que, cuando cruzaron por primera vez, y estaban medio muertos de hambre, hab&iacute;an sido intercambiados por un mal vino o por un insignificante pedazo de pan<br />
	&hellip;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.6.7. No es extra&ntilde;o que con tales gu&iacute;as no quedara nada intacto, con la excepci&oacute;n de los lugares inaccesibles y abruptos. Sin distinguir sexo o edad, toda aquella zona qued&oacute; devastada y fue presa de terribles incendios. Los hijos eran arrebatados del regazo de sus madres y asesinados. Se llevaron a madres, incluso despu&eacute;s de que algunas hubieran quedado viudas y hubieran visto morir a sus maridos arrastrados entre los cad&aacute;veres de sus padres.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.6.8. Y, ya para terminar, muchos ancianos que clamaban que estaban ya hastiados de vivir, despu&eacute;s de perder sus riquezas y a sus bellas esposas, eran arrastrados con las manos atadas a la espalda sobre las cenizas ardientes de sus propios hogares.<br />
	&hellip;.</strong></em><br />
	<em>Amiano </em>nos narra con todo colorido las atrocidades propias de la guerra y c&oacute;mo golpea sin piedad e indiscriminadamente a las personas y sus familias:</p>
<p>
	<em><strong>31.8.7. Se vieron entonces hechos que producen horror s&oacute;lo con verlos o contarlos: las mujeres, llenas de miedo, eran arrastradas a latigazos, a pesar de estar algunas de ellas incluso embarazadas y de tener que ver c&oacute;mo sus fetos, antes de ver la luz, soportaban ya numerosas atrocidades. Se escuchaban lamentos de ni&ntilde;os y de ni&ntilde;as de familias nobles que ve&iacute;an sus manos atadas en una terrible cautividad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.8.8. Detr&aacute;s de ellos ven&iacute;an j&oacute;venes y castas doncellas que lloraban con gesto crispado y prefer&iacute;an morir torturadas antes que ver mancillado su honor. Entre ellas, arrastrado como una bestia, aparec&iacute;a un hombre antes noble, rico y libre, que criticaba tu impiedad y tu crueldad, Fortuna, porque en un instante le hab&iacute;as arrancado sus riquezas, el cari&ntilde;o de sus seres queridos y su hogar, un hogar que vio envuelto en cenizas y destrucci&oacute;n, y porque, adem&aacute;s, le consagraste a un sangriento vencedor, ya para que lo dilacerara por partes ya para servirle como esclavo entre latigazos y torturas.</strong></em></p>
<p>
	Creo que en nada desmerece la narraci&oacute;n de <em>Amiano </em>de las cr&oacute;nicas y reportajes visuales que los cronistas de hoy nos ofrecen sobre episodios de la guerra de <em>Siria</em>.</p>
<p>
	Invito al lector a que complete la lectura del resto del<em> libro 31 de la Historia de Amiano</em>, donde se relatan guerras y batallas de enorme crueldad, en esta y otras zonas de las fronteras, hasta llegar al final con la narraci&oacute;n del episodio de mayor&nbsp; gravedad y eco en la <em>Antig&uuml;edad</em>: llega el momento en que es el propio emperador, el <em>Augusto Valente</em>, el que interviene directamente en la lucha y precipita la batalla de <em>Adrian&oacute;polis </em>para no compartir el triunfo con su sobrino <em>Graciano</em>, que victorioso viene en su ayuda.&nbsp; <em>Valente </em>pierde la batalla y muere quemado refugiado en una caba&ntilde;a.&nbsp; Para muchos historiadores esta es la evidencia del inicio de la inexorable &ldquo;<em>ca&iacute;da del Imperio&rdquo;.</em></p>
<p>
	Leamos c&oacute;mo narra <em>Amiano </em>la muerte de <em>Valente </em>el d&iacute;a 9 de agosto del a&ntilde;o 378:</p>
<p>
	<em><strong>31.13.11 &hellip;. La oscuridad de esa noche, en la que no brillaba la luna, termin&oacute; con este desastre irreparable, que supuso una gran calamidad para los romanos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.13.12 Parece que en los primeros momentos de oscuridad, aunque nadie afirma haberlo visto o haber estado all&iacute; cerca, el emperador, cuando se encontraba entre los soldados rasos, cay&oacute; herido de muerte por una flecha, despu&eacute;s de lo cual lanz&oacute; un &uacute;ltimo suspiro y muri&oacute;,si bien su cuerpo no fue hallado en parte alguna. Y es qu, como algunos enemigos permanecieron durante bastante tiempo en esa zona para desvalijar a los muertos, ninguno de los huidos o de los habitantes os&oacute; acudir all&iacute;.</strong></em><br />
	&hellip;</p>
<p>
	<em><strong>31.13.14 Otros dicen que Valente no muri&oacute; enseguida, sino que fue conducido junto con unos pocos guardaespaldas y eunucos a una caba&ntilde;a, que contaba con un segundo piso bien protegido. Y all&iacute;, mientras es atendido por manos inexpertas, rodeados por enemigos que ignoraban qui&eacute;n era &eacute;l, se libr&oacute; de la deshonra de la cautividad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>31.13.15 Porque, cuando los que le persegu&iacute;an intentaron romper las puertas, cerradas a cal y canto, fueron atacados con flechas disparadas desde un balc&oacute;n de la casa.&nbsp; Entonces, para que estademora no les hiciera perder ni un minuto en su intento de saqueo. Recogieron teas y le&ntilde;a, las amontonaron junto a la casa, prendieron fuego y, as&iacute;, quemaron tanto el edificio como a sus moradores.</strong></em></p>
<p>
	<em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Luisa Harto Trujillo, Editorial Akal.)</em></em></p>
<p>
	Las consecuencias fueron que en el a&ntilde;o 382, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la batalla de <em>Adrian&oacute;polis</em>, <em>Teodosio </em>firm&oacute; un tratado que garantizaba a los godos el disfrutar de autonom&iacute;a dentro del <em>Imperio</em>, y a pesar de ello en el a&ntilde;o 395 atacaron <em>Constantinopla</em>, entre el 395 y 397 invadieron Macedonia, <em>Tesalia</em>, <em>Grecia</em>; entre el 401 y el 402 invaden <em>Italia </em>y en el 410 saquean <em>Roma</em>. En el a&ntilde;o 456 entraron en <em>Hispania</em>, en el extremo occidental del <em>Imperio</em>.</p>
<p>
	En el a&ntilde;o 475 <em>R&oacute;mulo Aug&uacute;stulo</em> (el <em>Peque&ntilde;o Augusto</em>, tan s&oacute;lo ten&iacute;a 15 a&ntilde;os) fue depuesto por <em>Odoacro</em>, rey de los <em>h&eacute;rulos </em>y con el acaba el <em>Imperio de Occidente.</em></p>
<p>
	<em>Texto latino</em></p>
<p>
	<em>31.1.1: Inter haec&nbsp; Fortunae volucris rota, adversa prosperis&nbsp; semper alternans, Bellonam furiis in societatem adscitis, armabat, maestosque transtulit ad Orientem eventus, quos adventare praesagiorum fides clara monebat, et portentorum.<br />
	&hellip;<br />
	31.2.1 Totius autem sementem exitii et cladum originem diversarum, quas Martius furor incendio insolito 1 miscendo cuncta concivit, hanc comperimus causam. Hunorum gens monumentis veteribus leviter nota, ultra paludes Maeoticas glacialem oceanum accolens, omnem modum feritatis excedit.</em></p>
<p>
	<em>31.2.3 In hominum autem figura, licet insuavi, ita victu&nbsp; sunt asperi, ut neque igni neque saporatis indigeant cibis, sed radicibus herbarum agrestium, et semicruda cuiusvis pecoris carne vescantur, quam inter femora sua equorumque&nbsp; terga subsertam, fotu calefaciunt brevi.<br />
	&hellip;.<br />
	31.2.5 Indumentis operiuntur linteis vel ex pellibus silvestrium murum consarcinatis; nec alia illis domestica vestis est, alia forensis.</em></p>
<p>
	<em>31.2.11 Per indutias infidi et inconstantes, ad omnem auram incidentis spei novae perquam mobiles, totum furori incitatissimo tribuentes. Inconsultorum animalium ritu, quid honestum inhonestumve sit, penitus ignorantes, flexiloqui et obscuri, nullius religionis vel superstitionis reverentia aliquando districti, &hellip;</em></p>
<p>
	<em>31.2.12 Hoc expeditum indomitumque hominum genus, externa praedandi aviditate flagrans immani, per rapinas finitimorum grassatum et caedes, ad usque Halanos pervenit, veteres Massagetas, &hellip;</em></p>
<p>
	<em>31.2.22 &hellip;nec quicquam est quod elatius iactent, quam homine quolibet occiso, proque exuviis gloriosis interfectorum, avulsis capitibus, detractas pelles pro phaleris iumentis accommodant bellatoriis.</em></p>
<p>
	<em>31.3.8 &hellip;&nbsp; Fama tamen late serpente per Gothorum reliquas gentes, quod invisitatum&nbsp; antehac hominum genus, modo, nivium ut turbo montibus celsis, ex abdito sinu coortum apposita quaeque convellit et corrumpit: populi pars maior, quae Athanaricum attenuata necessariorum penuria deseruerat, quaeritabat domicilium remotum ab omni notitia barbarorum, diuque deliberans, quas eligeret sedes, cogitavit Thraciae receptaculum gemina ratione sibi conveniens, quod et caespitis est feracissimi, et amplitudine fluentorum Histri distinguitur ab arvis patentibus iam peregrini fulminibus Martis: hoc quoque idem residui velut mente cogitavere communi.</em></p>
<p>
	<em>31.4.1 Itaque duce Alavivo ripas occupavere Danubii, missisque oratoribus ad Valentem, suscipi se humili prece poscebant, et quiete victuros se pollicentes, et daturos (si res flagitasset) auxilia.</em></p>
<p>
	<em>31.4.2 Dum aguntur haec in externis, novos maioresque solitis casus versare gentes arctoas, rumores terribiles diffuderunt: per omne quicquid ad Pontum a Marcomannis praetenditur et&nbsp; Quadis, multitudinem barbaram abditarum nationum, vi subita sedibus pulsam, circa flumen Histrum, vagari cum caritatibus suis disseminantes.</em></p>
<p>
	<em>31.4.3. Quae res aspernanter a nostris inter initia ipsa accepta est, hanc ob causam, quod illis tractibus non nisi peracta aut sopita audiri procul agentibus consueverant bella.</em></p>
<p>
	<em>31.4.4 Verum pubescente fide gestorum, cui robur adventus gentilium addiderat legatorum, precibus et obtestatione petentium, citra flumen suscipi plebem extorrem: negotium laetitiae fuit potius quam timori, eruditis adulatoribus in maius fortunam principis extollentibus, quae&nbsp; ex ultimis terris tot tirocinia trahens, ei nec opinanti offerret, ut collatis in unum suis et alienigenis viribus, invictum haberet exercitum, et pro militari supplemento, quod provinciatim annuum pendebatur, thesauris accederet auri cumulus magnus.</em></p>
<p>
	<em>31.4.5. Hacque spe mittuntur diversi, qui cum vehiculis plebem transferant truculentam. Et navabatur opera diligens, nequi Romanam rem eversurus relinqueretur, vel quassatus morbo letali. Proinde permissu imperatoris transeundi Danubium copiam, colendique adepti Thraciae partes, transfretabantur in dies et noctes, navibus ratibusque et cavatis arborum alveis agminatim impositi, atque per amnem longe omnium difficillimum, imbriumque crebritate tunc auctum, ob densitatem nimiam contra ictus aquarum nitentes quidam, et natare conati, hausti sunt plures.</em></p>
<p>
	<em>31.4.6 Ita turbido instantium studio orbis Romani pernicies ducebatur. Illud sane neque obscurum est neque incertum, infaustos transvehendi barbaram plebem ministros, numerum eius comprehendere calculo saepe temptantes, conquievisse frustratos, ut eminentissimus memorat vates,</em></p>
<p>
	<em>&lsquo;Quem qui scire velit, Libyci velit aequoris idem<br />
	Discere, quam multae zephyro truduntur 2 harenae. (Virg., Georg. II, 106 ff.)</em></p>
<p>
	<em>31.4.7 Resipiscant tandem memoriae veteres, Medicas acies ductantes ad Graeciam: quae dum Hellespontiacos pontes, et discidio quodam fabrili, mare sub imo Athonis pede quaesitum exponunt et turmatim apud Doriscum exercitus recensitos, concordante omni posteritate, ut fabulosae sunt lectae.</em></p>
<p>
	<em>31.4.8 Nam postquam innumerae gentium multitudines, per provincias circumfusae, pandentesque se in spatia ampla camporum, regiones omnes et cuncta opplevere montium iuga, fides quoque vetustatis recenti documento firmata est. Et primus cum Alavivo suscipitur Fritigernus, quibus et alimenta pro tempore, et subigendos agros tribui statuerat imperator.</em></p>
<p>
	<em>31.4.9 Per id tempus nostri limitis reseratis obicibus, atque (ut Aetnaeas favillas armatorum agmina diffundente barbaria), cum difficiles necessitatum articuli correctores rei militaris poscerent aliquos claritudine gestarum rerum notissimos: quasi laevo quodam numine deligente, in unum quaesiti potestatibus praefuere castrensibus homines maculosi: quibus Lupicinus antistabat et Maximus, alter per Thracias comes, dux alter exitiosus, aemulae ambo&nbsp; temeritatis.</em></p>
<p>
	<em>31.4.10 Quorum insidiatrix aviditas materia malorum omnium fuit. Nam (ut alia omittamus, quae memorati vel certe, sinentibus eisdem, alii perditis rationibus in commeantes peregrinos adhuc innoxios deliquerunt) illud dicetur, quod nec apud sui periculi iudices absolvere ulla poterat venia, triste et inauditum.</em></p>
<p>
	<em>31.4.11 Cum traducti barbari victus inopia vexarentur, turpe commercium duces invisissimi cogitarunt, et quantos undique insatiabilitas colligere potuit canes, pro singulis dederunt&nbsp; mancipiis, inter quae et filii&nbsp; ducti sunt optimatum.</em></p>
<p>
	<em>31.4.12 Per hos dies interea etiam Vithericus Greuthungorum rex cum Alatheo et Saphrace, quorum arbitrio regebatur, itemque Farnobio, propinquans Histri marginibus, ut simili susciperetur humanitate, obsecravit imperatorem legatis propere missis.</em></p>
<p>
	<em>31.4.13 &hellip;..Quibus (ut communi rei conducere videbatur) repudiatis, et quid capesserent anxiis, &hellip;</em></p>
<p>
	<em>31.5.1. At vero Theruingi, iam dudum transire permissi, prope ripas etiam tum vagabantur, duplici impedimento adstricti, quod ducum dissimulatione perniciosa, nec victui congruis sunt adiuti, et tenebantur consulto nefandis nundinandi commerciis.</em></p>
<p>
	<em>31.5.2 Quo intellecto, ad perfidiam instantium malorum subsidium verti mussabant, et Lupicinus ne iam deficerent pertimescens, eos admotis militibus adigebat ocius proficisci.</em></p>
<p>
	<em>31.5.3 Id tempus opportunum nancti Greuthungi, cum alibi militibus occupatis, navigia ultro citroque discurrere solita, transgressum eorum prohibentia, quiescere perspexissent, ratibus transiere male contextis, castraque a Fritigerno locavere longissime.</em></p>
<p>
	<em>31.5.4 At ille genuina praevidendi sollertia, venturos muniens casus, ut et imperiis oboediret, et regibus validis iungeretur, incedens segnius, Marcianopolim tarde pervenit itineribus lentis. Ubi aliud accessit atrocius, quod arsuras in commune exitium faces furiales accendit.</em></p>
<p>
	<em>31.5.5. Alavivo et Fritigerno ad convivium corrogatis, Lupicinus ab oppidi moenibus barbaram plebem, opposito milite, procul arcebat, introire ad comparanda victui necessaria, ut dicioni nostrae obnoxiam et concordem, per preces assidue postulantem, ortisque maioribus iurgiis inter habitatores et vetitos, ad usque necessitatem pugnandi est ventum. Efferatique acrius barbari, cum necessitudines hostiliter rapi sentirent, spoliarunt interfectam militum magnam manum.</em></p>
<p>
	<em>31.5.8 Haec ubi fama rumorum nutrix maligna dispersit, urebatur dimicandi studio Theruingorum natio omnis, et inter metuenda multa periculorumque praevia maximorum, vexillis de more sublatis, auditisque triste sonantibus classicis, iam turmae praedatoriae concursabant, pilando villas et incendendo, vastisque cladibus quicquid inveniri poterat permiscentes.</em></p>
<p>
	<em>31.6.5. Laudato regis consilio, quem cogitatorum norant fore socium efficacem, per Thraciarum latus omne dispersi caute gradiebantur, dediticiis vel captivis vices uberes ostendentibus, eos praecipue, ubi alimentorum reperiri satias dicebatur, eo maxime adiumento, praeter genuinam erecti fiduciam, quod confluebat ad eos in dies ex eadem gente multitude, dudum a mercatoribus venundati, adiectis plurimis quos primo transgressu necati inedia vino exili vel panis frustis mutavere vilissimis.</em></p>
<p>
	<em>31.6.7. Nec quicquam nisi inaccessum et devium praeeuntibus eisdem mansit intactum. Sine distantia enim aetatis vel sexus, caedibus incendiorumque magnitudine cuncta flagrabant, abstractisque ab ipso uberum suctu parvulis et necatis, raptae sunt matres et viduatae maritis coniuges ante oculos caesis, et puberes adultique pueri per parentum cadavera tracti sunt.</em></p>
<p>
	<em>31.6.8. Senes denique multi, ad satietatem vixisse clamantes, post amissas opes cum speciosis feminis, manibus post terga contortis, defletisque gentilium favillis aedium ducebantur extorres.</em></p>
<p>
	<em>31.8.7. tunc erat spectare cum gemitu facta dictu visuque praedira, attonitas metu feminas flagris concrepantibus agitari, fetibus gravidas adhuc immaturis, antequam prodirent in lucem, impia tolerantibus multa, implicatos alios matribus parvulos, et puberum audire lamenta, puellarumque nobilium, quarum stringebat fera captivitas manus.</em></p>
<p>
	<em>31.8.8. Post quae&nbsp; adulta virginitas, castitasque nuptarum, ore abiecto, flens ultima ducebatur, mox profanandum pudorem optans morte (licet cruciabili) praevenire. Inter quae cum beluae ritu traheretur ingenuus paulo ante dives et liber, de te, Fortuna, ut inclementi querebatur et caeca, quae eum puncto temporis brevi opibus exutum et dulcedine caritatum, domoque extorrem, quam concidisse vidit in cinerem et ruinas, aut lacerandum membratim, aut serviturum sub verberibus et tormentis crudo devovisti victori.</em></p>
<p>
	<em>31.13.11&nbsp; &hellip; Diremit haec numquam pensabilia damna, quae magno rebus stetere Romanis, nullo splendore lunari nox fulgens.</em></p>
<p>
	<em>31.13.12 Primaque caligine tenebrarum, inter gregarios imperator, ut opinari dabatur (neque enim vidisse se quisquam vel praesto fuisse adseveravit), sagitta perniciose saucius ruit, spirituque mox consumpto decessit, nec postea repertus est usquam. Hostium enim paucis spoliandi gratia mortuos per ea loca diu versatis, nullus fugatorum vel accolarum illuc adire est ausus.</em></p>
<p>
	<em>31.13.14 Alii dicunt Valentem animam non exhalasse confestim, sed cum candidatis et spadonibus paucis, prope ad agrestem casam relatum, secunda contignatione fabre munitam, dum fovetur manibus imperitis, circumsessum ab hostibus, qui esset ignorantibus, dedecore captivitatis exemptum.</em></p>
<p>
	<em>31.13.15 Cum enim oppessulatas ianuas perrumpere conati qui secuti sunt, a parte pensili domus sagittis incesserentur, ne per moras inexpedibiles populandi amitterent copiam, congestis stipulae fascibus et lignorum, flammaque supposita, aedificium cum hominibus torruerunt.</em></p>
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		<title>Summum ius summa iniuria,  “La extrema justicia es extrema injusticia”</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/summum-ius-derecho-dura-lex-epiqueya/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 02:21:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sentido de esta frase latina, convertida en proverbio, es advertir de cómo una aplicación de la ley con todo rigor al pie de la letra puede devenir en  una enorme injusticia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>El sentido de esta frase latina, convertida en proverbio, es advertir de cómo una aplicación de la ley con todo rigor al pie de la letra puede devenir en  una enorme injusticia.</b></p>
<p>
	Es una m&aacute;xima latina con notable arraigo en <em>Occidente </em>porque se ha convertido en un <em>proverbio </em>o frase o sentencia latina, como otras muchas que en su concisi&oacute;n y brevedad est&aacute;n cargadas de contenido.</p>
<p>
	Son muchos los ciudadanos que rechazan&nbsp; una aplicaci&oacute;n mec&aacute;nica y rigorista de la ley,&nbsp; que como recoge los<em> Digesta Iustiniani,40, 9,12</em> en otra sentencia tambi&eacute;n lapidaria, siempre es dura: <em>Dura lex, sed lex, La Ley es dura, pero es la ley.</em></p>
<p>
	Son tambi&eacute;n&nbsp; muchos los partidarios de una dura aplicaci&oacute;n. Tal vez sin un conocimiento suficiente de la situaci&oacute;n, tengo la impresi&oacute;n personal de que la ley tiene una aplicaci&oacute;n m&aacute;s rigorista en EEUU, a pesar de que la tradici&oacute;n anglosajona del derecho basado en la experiencia de la aplicaci&oacute;n, que se aplica en Gran Breta&ntilde;a, parecer&iacute;a aconsejar todo lo contrario.</p>
<p>
	El origen de esta frase no parece estar en el propio mundo del derecho te&oacute;rico, porque encierra en s&iacute; una contradicci&oacute;n o autonegaci&oacute;n de la propia ley. Parece m&aacute;s bien recoger el valor de la experiencia en la aplicaci&oacute;n, que aconseja tener en cuenta las circunstancias concretas del incumplimiento de la norma y de la aplicaci&oacute;n de la pena.</p>
<p>
	Desde el punto de vista <em>ret&oacute;rico </em>ser&iacute;a una especie de <em>ox&iacute;moron </em>((del gr. ὀ&xi;ύ&mu;&omega;&rho;&omicron;&nu;) o uni&oacute;n de dos ideas de significaci&oacute;n contradictoria o &ldquo;<em>absurdo ingenioso</em>&rdquo; como le llaman los griegos, o en lat&iacute;n &ldquo;<em>contradictio in terminis&rdquo;</em> (contradicci&oacute;n en los t&eacute;rminos &ndash;lingu&iacute;sticos-), que se explica por el contexto. La palabra <em>ox&iacute;moron </em>procede de las griegas ὀ&xi;ύ&sigmaf;<em> (ox&yacute;s</em>: &lsquo;<em>agudo, punzante</em>&rsquo;) y &mu;&omega;&rho;ό&sigmaf; (<em>mor&oacute;s: &lsquo;fofo, romo, tonto&rsquo;</em>); as&iacute; que la misma palabra es un ejemplo de <em>ox&iacute;moron</em>.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n puede considerarse como un caso de &ldquo;<em>figura etimol&oacute;gica</em>&rdquo; o utilizaci&oacute;n de varias formas derivadas de un mismo lexema en tanto en cuanto &ldquo;<em>iniuria</em>&rdquo; deriva o niega a &ldquo;<em>ius</em>&rdquo;.</p>
<p>
	La frase como tal &ldquo;<em>s&uacute;mmum ius, summa iniuria</em>&rdquo;&nbsp; s&oacute;lo aparece en <em>Cicer&oacute;n </em>en su obra <em>Sobre los Deberes&nbsp; (De officiis I, 33)</em>, que m&aacute;s adelante comentar&eacute;.</p>
<p>
	Se cita como precedente un texto de una comedia de <em>Terencio</em>, que es muy similar. Emplea Terencio en&nbsp; su<em> Heautontimorumenos (El atormentador de s&iacute; mismo)</em> la expresi&oacute;n&nbsp; <em>&ldquo;ius s&uacute;mmum saepe summa&rsquo;st malitia</em>&rdquo;, &ldquo;<em>la suma justicia muchas veces es un sumo mal</em>&rdquo;.</p>
<p>
	El autor de comedias latino <em>Terencio </em>se inspira directamente, cuando no traduce literalmente, en las comedias del autor griego <em>Menandro</em>. Este hecho y la influencia griega que tambi&eacute;n tiene en gran medida el propio <em>Cicer&oacute;n</em>, permite pensar que el origen de la frase estar&iacute;a en el mundo griego, pero no conservamos la obra de <em>Menandro </em>para comprobarlo.</p>
<p>
	En todo caso si es cierto que en el mundo griego surge la cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre la <em>justicia,&nbsp; dikaion&nbsp; (&delta;ί&kappa;&alpha;&iota;&omicron;&nu;), la ley (&nu;ό&mu;&omicron;&sigmaf;) nomos,&nbsp; y la equidad , ἐ&pi;&iota;&epsilon;ί&kappa;&epsilon;&iota;&alpha;, epiqueya.</em></p>
<p>
	Observemos que en la aplicaci&oacute;n del derecho del <em>Atica </em>se prefiere el arbitraje y las propuestas conciliadoras que la actuaci&oacute;n exclusiva de los tribunales.</p>
<p>
	<em>Cicer&oacute;n</em>, recogiendo sin duda m&aacute;s&nbsp; una opini&oacute;n y sentimiento ciudadano extendido, rechaza o advierte de la rigidez formalista y literal del <em>Derecho Romano</em>, como se deduce de los ejemplos que aduce en el texto que inmediatamente transcribir&eacute;, sin pretender por ello que la sentencia en cuesti&oacute;n formara parte del <em>corpus iuridicum</em> en s&iacute;.</p>
<p>
	&ldquo;<em>Epiqueya</em>&rdquo;, ἐ&pi;&iota;&epsilon;ί&kappa;&epsilon;&iota;&alpha;, (<em>equidad</em>), es un t&eacute;rmino griego, de valor jur&iacute;dico, que se refiere a la aplicaci&oacute;n concreta de una ley, que siempre es general, a los casos concretos que son los reales. Se trata de una virtud moral que permite a una persona no aplicar la observaci&oacute;n literal de una norma positiva para respetar o ser fiel al sentido o esp&iacute;ritu aut&eacute;ntico de la propia norma. El <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em> lo define como: <em>1. f. Interpretaci&oacute;n moderada y prudente de la ley, seg&uacute;n las circunstancias de tiempo, lugar y persona.</em></p>
<p>
	Los antiguos (<em>Plat&oacute;n</em>, <em>Arist&oacute;teles</em>,&hellip;) dedicaron mucho tiempo a este tema&nbsp; de la &ldquo;<em>epiqueya</em>&rdquo; y por tanto del significado y valor de la ley y del derecho como instrumento para su aplicaci&oacute;n.&nbsp; Sin duda merece un art&iacute;culo que en su momento realizar&eacute;.</p>
<p>
	As&iacute; que el primer texto latino,&nbsp; corresponde&nbsp; <em>Terencio</em>,&nbsp; que, como dec&iacute;a&nbsp; en su <em>Heautontimorumenos </em>(<em>El atormentador de s&iacute; mismo), Acto IV, Escena 5,48 ( v. 796)</em> emplea la expresi&oacute;n&nbsp; &ldquo;<em>ius s&uacute;mmum saepe summa&rsquo;st malitia</em>&rdquo;.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: la comedia de <em>Terencio</em>, copia o simple traducci&oacute;n de una similar de <em>Menandro</em>, se represent&oacute; por primera vez en el a&ntilde;o 163 a.C.&nbsp; En ella <em>Menedemo</em>, un padre anciano, se atormenta y lamenta de haber sido un padre demasiado severo que oblig&oacute; a su hijo <em>Clinias </em>a escaparse de casa y alistarse en un ej&eacute;rcito extranjero. Luego la obra se desarrolla en torno a un enredo amoroso t&iacute;pico de estas comedias.</p>
<p>
	<em>HEAVTON TIMORVMENOS 795 (Acto4,Escena 5,48)</em></p>
<p>
	<br />
	<em><strong>SIRO. &#8211; Por otra parte, Cremes, yo hago eso como&nbsp; justo y bueno.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>CREMES. &#8211; Y yo&nbsp; deseo sobre todo que te decidas a hacerlo, pero por otro camino.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>SIRO. &ndash; H&aacute;gase; hablemos de otra cosa. Aquello que te dije del dinero que esa le debe a Baquis,&nbsp; hay que devolv&eacute;rselo ahora a ella. Y t&uacute;, naturalmente,&nbsp; no te refugies en aquello: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tiene que ver conmigo? &iquest;Acaso me lo dieron a m&iacute;? &iquest;Acaso lo orden&eacute; yo? &iquest;Acaso pod&iacute;a ella dar en prenda a mi hija sin mi consentimiento?&rdquo; Es verdad, Cremes, lo que dicen: &ldquo;La m&aacute;s estricta justicia es a menudo la mayor maldad&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>CREMES. &#8211; No lo har&eacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>SIRO. &ndash; Ciertamente si a otros les est&aacute; permitido, a ti no te est&aacute; permitido: todos creen que t&uacute; est&aacute;s en una situaci&oacute;n limpia y bien hecha.</strong></em></p>
<p>
	<em>SYRUS: Caeterum equidem istuc, Chrene,<br />
	Aequi bonique facio.</em></p>
<p>
	<em>CHREMES&nbsp; atqui quam maxume<br />
	volo te dare operam ut fiat, verum alia via.</em></p>
<p>
	<em>SYRUS (Servus). fiat, quaeratur aliquid. sed illud quod tibi&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	dixi de argento quod ista debet Bacchidi,<br />
	id nunc reddendumst illi: neque tu scilicet<br />
	illuc confugies: &quot;quid mea? num mihi datumst?<br />
	num iussi? num illa oppignerare filiam<br />
	meam me invito potuit?&quot; verum illuc, Chreme,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	dicunt: &quot;ius summum saepe summast malitia.&quot;</em></p>
<p>
	<em>CHREMES. haud faciam.</em></p>
<p>
	<em>SYRUS. immo aliis si licet, tibi non licet:<br />
	omnes te in lauta et bene acta parte putant.</em></p>
<p>
	La forma de <em>Cicer&oacute;n </em>es la &uacute;nica que aparece como tal en la literatura latina. Aparece, como dije, en su obra <em>Sobre los Deberes (De officiis) lib.I,33.</em></p>
<p>
	<em><strong>Muchas&nbsp; veces existen tambi&eacute;n injusticias derivadas de alguna calumnia y de una interpretaci&oacute;n demasiado astuta y maliciosa del derecho. Por lo que se ha hecho ya corriente en la conversaci&oacute;n aquel proverbio &ldquo;la extrema justicia es extrema injusticia&rdquo;. Y en este tipo se peca tambi&eacute;n mucho en los asuntos p&uacute;blicos, comoaquel , que, habiendo hecho con el enemigo una tregua de treinta d&iacute;as, por la noche devastaba los campos, porque la tregua era de d&iacute;as, no de noches.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ni tampoco puede ser aprobado nuestro compatriota, si es verdad que Quinto Fabio Labieno o cualquiera otro &ndash;no lo conozco sino de o&iacute;das-&nbsp; nombrado por el senado &aacute;rbitro para tratar de los l&iacute;mites entre los habitantes de Nola y los de N&aacute;poles, cuando lleg&oacute; al lugar, habl&oacute; por separado con unos y otros para que no se comportaran con ambici&oacute;n ni con codicia y que prefirieran retrotraer sus l&iacute;mites a adelantarlos. Como las dos partes lo hicieron as&iacute;, qued&oacute; en medio una parte de campo. En consecuencia &eacute;l fij&oacute; los l&iacute;mites como ellos mismos hab&iacute;an dicho; el campo que hab&iacute;a quedado en medio lo adjudic&oacute; al pueblo romano. Esto es enga&ntilde;ar, no juzgar. Por ello en toda ocasi&oacute;n hay que huir de tales sutilezas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hay tambi&eacute;n algunos deberes que han de ser observados con aquellos de quienes has recibido una injusticia. Hay, pues,&nbsp; un l&iacute;mite para la venganza y para el castigo; y no s&eacute; si es suficiente que aquel que ha ofendido, se arrepienta de su injustica, de forma que &eacute;l mismo no haga nada semejante de nuevo y los dem&aacute;s sean m&aacute;s remisos para cometer injusticias.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y en los asuntos p&uacute;blicos se han de respetar sobre todo los derechos de la guerra. Pues habiendo dos tipos de dejar de luchar, uno mediante la negociaci&oacute;n y otro mediante la fuerza, y siendo aquel m&aacute;s propio del hombre y este de los animales, se habr&aacute; de recurrir a este &uacute;ltimo si no se puede utilizar el primero.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em>: la historia de la tregua de los d&iacute;as y no de las noches se cuenta de <em>Cleomenes</em>, rey de <em>Esparta </em>(520-491 a.C.) en la guerra que con <em>Argos</em>. Lo cuenta <em>Plutarco, en su Apophthegmata Laconica, 223A, &ldquo;M&aacute;ximas de espartanos&rdquo;</em></p>
<p>
	<em>DE OFFICIIS LIBER PRIMVS 33</em></p>
<p>
	<em>Existunt etiam saepe iniuriae calumnia quadam et nimis callida sed malitiosa iuris interpretatione. Ex quo illud &quot;summum ius summa iniuria&quot; factum est iam tritum sermone proverbium. Quo in genere etiam in re publica multa peccantur, ut ille, qui, cum triginta dierum essent cum hoste indutiae factae, noctu populabatur agros, quod dierum essent pactae, non noctium indutiae. Ne noster quidem probandus, si verum est Q. Fabium Labeonem seu quem alium&#8211;nihil enim habeo praeter auditum &#8211;arbitrum Nolanis et Neapolitanis de finibus a senatu datum, cum ad locum venisset, cum utrisque separatim locutum, ne cupide quid agerent, ne appetenter, atque ut regredi quam progredi mallent. Id cum utrique fecissent, aliquantum agri in medio relictum est. Itaque illorum finis sic, ut ipsi dixerant, terminavit; in medio relictum quod erat, populo Romano adiudicavit. Decipere hoc quidem est, non iudicare. Quocirca in omni est re fugienda talis sollertia.</em></p>
<p>
	<em>.Sunt autem quaedam officia etiam adversus eos servanda, a quibus iniuriam acceperis. Est enim ulciscendi et puniendi modus; atque haud scio an satis sit eum, qui lacessierit, iniuriae suae paenitere, ut et ipse ne quid tale posthac et ceteri sint ad iniuriam tardiores.</em></p>
<p>
	<em>Atque in re publica maxime conservanda sunt iura belli. Nam cum sint duo genera decertandi, unum per disceptationem, alterum per vim, cumque illud proprium sit hominis, hoc beluarum, confugiendum est ad posterius, si uti non licet superiore.</em></p>
<p>
	Curiosamente encontramos una cita en <em>Columela</em>, autor de una obra sobre la agricultura, referida a la relaci&oacute;n del se&ntilde;or y due&ntilde;o de las tierras con sus colonos;&nbsp; dice en <em>De re rustica, libro I,7</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Una vez aceptadas y dispuestas todas estas cosas de esta manera, se requiere la principal preocupaci&oacute;n del se&ntilde;or para las restantes cosas, especialmente para con los hombres. Estos pueden ser o colonos o esclavos, y estos o sueltos o atados con cadenas.&nbsp; Act&uacute;e suavemente con los colonos y se muestre asequible. Exija con m&aacute;s empe&ntilde;o el trabajo que los pagos, porque esto ofende menos, y sin embargo en conjunto es m&aacute;s beneficioso. Pues cuando un campo se cultiva con diligencia, siempre aporta ganancias y nunca p&eacute;rdidas, excepto en caso de fuerza mayor como el tiempo o el robo, y por ello el colono no se atreve a pedir la condonaci&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ni tampoco el se&ntilde;or debe ser pesado en exigir su derecho en cada una de las cosas con las que el colono est&aacute; obligado, como en las fechas de los pagos o en exigir&nbsp; la le&ntilde;a y las restantes peque&ntilde;as aportaciones cuyo cumplimiento acarrea a los campesinos m&aacute;s molestia que gasto. Ni por supuesto se debe reclamar todo lo que nos est&aacute; permitido, pues ya los antiguos consideraban&nbsp; a la justicia extrema como una extrema cruz (</strong></em>extremo castigo o sufrimiento)</p>
<p>
	<br />
	&nbsp;<em>His omnibus ita vel acceptis vel compositis, praecipua cura domini requiritur, cum in ceteris rebus, tum maxime in hominibus. Atque hi vel coloni vel servi sunt, soluti aut vincti. Comiter agat cum colonis, facilemque se praebeat. Avarius opus exigat quam pensiones, quoniam et minus id offendit, et tamen in universum magis prodest. Nam ubi sedulo colitur ager, plerumque compendium, numquam (nisi si caeli maior vis aut praedonis accessit) detrimentum affert, eoque remissionem colonus petere non audet. Sed nec dominus in unaquaque re, cum colonum obligaverit, tenax esse iuris debet, sicut in diebus pecuniarum, ut lignis et ceteris parvis accessionibus exigendis, quarum cura maiorem molestiam quam impensam rusticis licet. Nec sane est vindicandum nobis quidquid licet. Nam summum ius antiqui summam putabant crucem.</em></p>
<p>
	N&oacute;tese que <em>Columela </em>ha sustituido &ldquo;<em>iniuria</em>&rdquo; por &ldquo;<em>crucem</em>&rdquo;,&nbsp; cruz con el sentido de castigo, lo que aleja tambi&eacute;n la expresi&oacute;n del lenguaje t&eacute;cnico jur&iacute;dico.</p>
<p>
	Existe tambi&eacute;n otra cita curiosa en la primera de las cartas de <em>San Jer&oacute;nimo </em>(c.340-420),&nbsp; que en este caso dirige a su compa&ntilde;ero <em>Inocencio</em>. En ella relata la historia milagrosa de una muchacha cristiana acusada falsamente por su marido de adulterio. La joven niega la acusaci&oacute;n confiando en la ayuda de Dios. El verdugo intenta seis veces en vano ajusticiarla; cada vez que descarga el golpe de su espada sobre el cuello de la joven, la espada se detiene al contacto con la carne. Un segundo verdugo&nbsp; consigue por fin al s&eacute;ptimo intento dar muerte a la joven, que pronto vuelve a la vida con la ayuda divina. Mientras tanto ha muerto otra mujer, que sustituye a la primera en la tumba; la resucitada es escondida en una granja cercana. Pero he aqu&iacute; que un funcionario celoso sospecha algo y pide ver de nuevo el cuerpo de la joven. Es entonces cuando <em>San Jer&oacute;nimo</em> exclama en el <em>par&aacute;grafo 14</em>:</p>
<p>
	<strong><em>La mujer es ocultada en casa lejos apartada del odio del verdugo confuso, y para que las frecuentes visitas del m&eacute;dico a la Iglesia no levantaran sospechas, la trasladaron en compa&ntilde;&iacute;a de algunas j&oacute;venes muchachas a una peque&ntilde;a casa de campo m&aacute;s escondida con el pelo cortado. All&iacute; cambiado tambi&eacute;n su vestido por uno masculino, poco a poco van cicatrizando sus heridas. Incluso despu&eacute;s de tantos milagros, todav&iacute;a se siguen ensa&ntilde;ando las leyes. Ciertamente, &ldquo;la suma justicia es el sumo mal&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</em></strong></p>
<p>
	<em>Tali invidia carnifice confuso clam domi mulier fodiatur et, ne forte creber ad ecclesiam medici commeatus suspicionis panderet viam, eum quibusdam virginibus ad secretiorem villulam secto crine transmittitur. Ibi paulatim virili habitu veste mutata in cicatricem vulnus obducitur. Et&mdash;&lsquo; O vere ius summum summa malitia! &rsquo;&mdash;post tanta miracula adhuc saeviunt leges.</em></p>
<p>
	Curiosamente, <em>San Jer&oacute;nimo</em> utiliza la expresi&oacute;n de <em>Terencio </em>&ldquo;<em>summa malitia</em>&rdquo; y no la de <em>Cicer&oacute;n</em> &ldquo;<em>s&uacute;mma iniuria</em>&rdquo;, que es la que posteriormente se ha generalizado, probablemente por la vistosa y ret&oacute;rica contraposici&oacute;n &ldquo;<em>ius/in-iuria</em>&rdquo;.</p>
<p>
	En resumen, el proverbio, nos advierte de que la aplicaci&oacute;n rigurosamente estricta y literal de la ley positiva, puede producir grandes da&ntilde;os jur&iacute;dicos, por lo que el juez o el agente judicial ha de actuar aconsejado por la equidad; de lo contrario el Derecho, la ley, la justicia puede devenir ir&oacute;nicamente en injusticia.</p>
<p>
	Esto explica lo que el <em>C&oacute;digo Civil Espa&ntilde;ol </em>dice en su<em> art&iacute;culo 3:</em></p>
<p>
	<em><strong>Art&iacute;culo 3.<br />
	1. Las normas se interpretar&aacute;n seg&uacute;n el sentido propio de sus palabras, en relaci&oacute;n con el contexto, los antecedentes hist&oacute;ricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al esp&iacute;ritu y finalidad de aquellas.<br />
	2. La equidad habr&aacute; de ponderarse en la aplicaci&oacute;n de las normas, si bien las resoluciones de los Tribunales s&oacute;lo podr&aacute;n descansar de manera exclusiva en ella cuando la ley expresamente lo permita.</strong></em></p>
<p>
	El proverbio, por lo dem&aacute;s, se ha generalizado en todas las lenguas, como por ejemplo: en ingl&eacute;s:&nbsp;<em> Rigorous law is often rigorous injustice./ Extreme law, extreme injustice</em>; en italiano:<em> il sommo diritto &egrave; somma ingiustizia o Gran giustizia, grande offesa</em>; en franc&eacute;s: <em>Exc&egrave;s de justice, exc&egrave;s d&rsquo;injustice</em>; en alem&aacute;n: <em>Das strengste Recht, das gr&ouml;sste Unrecht.</em></p>
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		<title>Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios (I)</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/eclipse-ciclo-de-saros-astronomia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2015 20:56:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El hombre lleva miles de años, desde que aparece sobre la tierra, observando el cielo, unas veces impresionado por los miles de puntos luminosos, en torno a los 1.500 a simple vista, que se mueven o permanecen quietos, y otras asustado por la influencia que puede tener sobre su propia vida.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>El hombre lleva miles de años, desde que aparece sobre la tierra, observando el cielo, unas veces impresionado por los miles de puntos luminosos, en torno a los 1.500 a simple vista, que se mueven o permanecen quietos, y otras asustado por la influencia que puede tener sobre su propia vida.</b></p>
<p>
	La b&oacute;veda celeste en s&iacute; misma es un dios&nbsp; y esos puntos brillantes tambi&eacute;n son seres divinos. As&iacute; que cualquier se&ntilde;al que del cielo viene ha de ser observada, analizada, contrarrestada si su efecto es amenazador.</p>
<p>
	Respecto de las estrellas, uno de los aspectos que m&aacute;s interes&oacute; a los antiguos fue la posici&oacute;n en cada momento de los astros; algunos de ellos, los planetas, se mueven, pero otros aparentemente permanecen fijos y anclados en el cielo. Precisamente la palabra &ldquo;<em>planeta</em>&rdquo;, &pi;&lambda;&alpha;&nu;ή&tau;&eta;&sigmaf;, <em>planetes </em>en griego, significa &ldquo;<em>errante, que se mueve</em>&rdquo; .</p>
<p>
	De la posici&oacute;n y aparici&oacute;n (<em>orto</em>) y desaparici&oacute;n o puesta (<em>ocaso</em>) de los astros en el firmamento dependen dos cuestiones fundamentales: una la determinaci&oacute;n del calendario, la posibilidad de organizar y comprender los ciclos de la naturaleza; la otra est&aacute; en relaci&oacute;n con la creencia en la influencia que los astros tienen en la vida de los hombres, sobre todo la posici&oacute;n de los astros en el momento del nacimiento.</p>
<p>
	Esta cuesti&oacute;n es lo que estudia desde hace de a&ntilde;os la &ldquo;<em>astrolog&iacute;a</em>&rdquo; y que por irracional que nos parezca, no ha dejado todav&iacute;a de tener una gran presencia en la vida actual.</p>
<p>
	Pues bien, para determinar la posici&oacute;n de los astros y sus apariciones y ciclos se realizaron durante miles de a&ntilde;os pacientes observaciones. Los primeros fueron los <em>mesopot&aacute;micos </em>y los <em>egipcios</em>; de ellos aprendieron los griegos, que incorporaron estos conocimientos a su mitolog&iacute;a y a su incipiente ciencia y los desarrollaron grandemente.</p>
<p>
	Una de las se&ntilde;ales que m&aacute;s impresionaron a los antiguos, y que nos sigue fascinando hoy, son los <em>eclipses</em>, en nuestra posici&oacute;n sobre todo los de sol, pero tambi&eacute;n los de luna.</p>
<p>
	La palabra <em>eclipse </em>proviene del griego ἔ&kappa;&lambda;&epsilon;&iota;&psi;&iota;&sigmaf;, <em>&eacute;kleipsis</em>, que&nbsp; significa &ldquo;<em>desaparici&oacute;n, que falta</em>&rdquo;.<br />
	<em>Estrab&oacute;n </em>(ca. 63 a.C.-19 a 24 d.C.) en su <em>Geograf&iacute;a, 1, 1, 12</em> define a los eclipses como &sigma;&upsilon;&gamma;&kappa;&rho;ί&sigma;&epsilon;&iota;&sigmaf; ἡ&lambda;ί&omicron;&upsilon; &kappa;&alpha;ὶ &sigma;&epsilon;&lambda;ή&nu;&eta;&sigmaf; (<em>syncr&iacute;seis hel&iacute;ou kay sel&eacute;nes</em>) , es decir, como <em>combinaciones, composiciones o alineaci&oacute;n del sol y la luna [con la tierra</em>]. Esta precisa definici&oacute;n sigue siendo v&aacute;lida hoy.</p>
<p>
	Seg&uacute;n el <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em>, en astronom&iacute;a un <em>eclipse </em>es la &ldquo;<em>Ocultaci&oacute;n transitoria total o parcial de un astro por interposici&oacute;n de otro cuerpo celeste</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Los eclipses pueden ser de luna o de sol. Son especialmente llamativos y dram&aacute;ticos los de sol, que pueden ser parciales, totales o anulares seg&uacute;n la parte de sol que quede oscurecida por la interposici&oacute;n de la luna.</p>
<p>
	Los eclipses de sol, sobre todo los totales, pueden producir temor e inquietud a las personas, incluso hoy d&iacute;a en que la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica, hace mucho tiempo establecida, es conocida por todo el mundo. En este tipo, llega la noche en mitad del d&iacute;a y pueden verse algunas estrellas y aunque no duren mucho tiempo, alteran el comportamiento de los animales e impresionan notablemente a las personas.</p>
<p>
	No puede extra&ntilde;arnos, pues, el inter&eacute;s que los eclipses suscitaron en los antiguos.</p>
<p>
	Los <em>babilonios </em>fueron observadores notables del firmamento y de ellos aprendieron egipcios y griegos. Fueron ya los babilonios los que se&nbsp; percataron de que los astros volv&iacute;an peri&oacute;dicamente a una misma posici&oacute;n y establecieron el llamado &ldquo;<em>ciclo de saros</em>&rdquo;, que naturalmente heredaron los griegos. Este ciclo es un periodo de 18 a&ntilde;os, 10 u 11 d&iacute;as y 1/3 de d&iacute;a (es decir, 6.585&iacute;as), ,32 dtiempo que transcurre entre dos eclipses de sol o de luna con condiciones semejantes, cuando la Luna y la Tierra est&aacute;n de nuevo en la misma posici&oacute;n aproximada en sus &oacute;rbitas: en la misma fase, en el mismo nodo y a la misma distancia.</p>
<p>
	El nombre de &ldquo;saros&rdquo;(griego &sigma;ά&rho;&omicron;&sigmaf;), lo utiliz&oacute; por primera vez <em>Edmond Halley </em>en 1691 tom&aacute;ndolo de la enciclopedia o l&eacute;xico bizantino del siglo XI &ldquo;<em>La Suda&rdquo;</em>, que dice:&nbsp;</p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>El saros es una medida y un n&uacute;mero entre los Caldeos. 120 saros hacen 2.222 a&ntilde;os seg&uacute;n el c&aacute;lculo de los caldeos, ya que el saros hace 222 meses lunares, que son 18 a&ntilde;os y 6 meses</strong></em>&rdquo; .</p>
<p>
	Los griegos a su vez parece que tomaron la palabra &ldquo;<em>saros</em>&rdquo; de la babil&oacute;nica &quot;<em>sāru</em>&quot;, que significaba al n&uacute;mero 3.600.</p>
<p>
	<em>Ptolomeo </em>y <em>Plinio </em>se refieren a este ciclo, aunque no le llamen as&iacute;. <em>Plinio </em>(23-79 d.C.) dedica todo el <em>cap&iacute;tulo 10 del Libro II</em> al an&aacute;lisis de la recurrencia de los eclipses de sol y de luna,&nbsp; tom&aacute;ndolo de <em>Hiparco</em>:</p>
<p>
	<em>Plinio, Naturalis Historia, II, 10 (56-57)</em> (En otras numeraciones coincide con II,17):</p>
<p>
	<em><strong>Es cierto que los eclipses vuelven a sus mismos c&iacute;rculos a los doscientos veintid&oacute;s&nbsp; meses; el eclipse de sol s&oacute;lo se produce con la luna nueva o primera (cuando la luna finaliza o comienza su curso, en el &uacute;ltimo cuarto de luna o en el primero) (que es lo que llaman la conjunci&oacute;n); en cambio, el de luna s&oacute;lo en luna llena (plenilunio) y siempre m&aacute;s ac&aacute; de donde ocurri&oacute; la &uacute;ltima vez. Ahora bien, todos los a&ntilde;os ocurren&nbsp; los eclipses de ambos astros en d&iacute;as y horas fijos; y sin embargo no son visibles en todas partes cuando se producen por debajo de la tierra (hemisferio austral) ni por encima de ella (hemisferio boreal),&nbsp; a veces por las nubes y m&aacute;s a menudo porque lo obstaculiza el globo&nbsp; terr&aacute;queo a causa de la convexidad del universo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hace doscientos a&ntilde;os se averigu&oacute;, gracias a la sagacidad de Hiparco, que el eclipse de luna ocurr&iacute;a a veces a los cinco meses del anterior, y el de sol, en cambio, a los siete, que &eacute;ste (el sol) se oculta dos veces en treinta d&iacute;as sobre las tierras (en nuestro lado de la tierra), pero que esto es visto por unos y&nbsp; otros (todos no ven las dos ocultaciones) y lo que es especialmente maravilloso en este fen&oacute;meno maravilloso, como quiera que&nbsp; ocurre que la luna se eclipsa por la sombra de la tierra, unas veces le cae por la parte del ocaso (occidental) y otras por la salida (oriental), y por alguna raz&oacute;n, aunque&nbsp; en la salida del sol esa sombra oscurecedora debe estar por debajo de la tierra, sin embargo ya ha ocurrido una vez, que la luna se ha eclipsado en el ocaso, vi&eacute;ndose uno y otro astro por encima de la&nbsp; tierra.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>En cuanto a los eclipses de los dos astros en quince d&iacute;as, esto se vio en nuestro tiempo siendo emperadores los dos Vespasianos, el padre y el hijo, siendo adem&aacute;s c&oacute;nsules, el padre por tercera vez.</strong></em></p>
<p>
	<em>defectus ccxxiii mensibus redire in suos orbes certum est, solis defectus non nisi novissima primave fieri luna, quod vocant coitum, lunae autem non nisi plena, semperque citra quam proxime fuerint; omnibus autem annis fieri utriusque sideris defectus statis diebus horisque sub terra nec tamen, cum superne fiant, ubique cerni, aliquando propter nubila, saepius globo terrae obstante convexitatibus mundi.<br />
	intra ducentos annos hipparchi sagacitate compertum est et lunae defectum aliquando quinto mense a priore fieri, solis vero septimo, eundem bis in xxx diebus super terras occultari, sed ab aliis hoc cerni, quaeque sunt in hoc miraculo maxime mira, cum conveniat umbra terrae lunam hebetari, nunc ab occasus parte hoc ei accidere, nunc ab exortus, quanam ratione, cum solis exortu umbra illa hebetatrix sub terra esse debeat, semel iam acciderit ut in occasu luna deficeret utroque super terram conspicuo sidere. nam ut xv diebus utrumque sidus quaereretur, et nostro aevo accidit imperatoribus vespasianis patre iii. filio consulibus.</em></p>
<p>
	Algo parecido nos dice <em>Ptolomeo</em>, en su <em>Almagesto</em>,<em> IV,2</em> en su versi&oacute;n latina:</p>
<p>
	<em>De periodicis lunae temporibus</em></p>
<p>
	<em><strong>Los&nbsp; antiguos consideraban pues que este tiempo era aproximadamente de 6585 d&iacute;as y un tercio de d&iacute;a, es decir, 8 horas, porque en ese tiempo ellos ve&iacute;an que se acababan aproximadamente 223 meses (lunares), o 239 revoluciones&nbsp; de la anomal&iacute;a, sin embargo 242 vueltas a la misma latitud</strong></em>, <em><strong>pero 241 revoluciones de longitud,&nbsp; y adem&aacute;s 10.40 grados en 18 revoluciones en&nbsp; el dicho tiempo.</strong></em></p>
<p>
	<em>Prisci ergo admodum tempus hoc esse putabant directum 6585 dies et tertiam unius diei partem utpote horas 8 in tanto enim tempore 223 menses proxime colligi videbant: Revolutiones aut inaequalitatis quidem 239. Latitudinis autem 242, longitudinis vero revolutiones 241 et ad haec gradus 10.40 quoque in 18 revoutionibus in praedicto tempore.</em></p>
<p>
	En el mundo grecolatino la <em>astronom&iacute;a </em>(actualmente definida como &ldquo;<em>Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos</em>&rdquo;) y la <em>astrolog&iacute;a</em> (definida actualmente como &ldquo;<em>Estudio de la posici&oacute;n y del movimiento de los astros, a trav&eacute;s de cuya interpretaci&oacute;n y observaci&oacute;n se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres</em>&rdquo;.)&nbsp; se confunden, son la misma ciencia. As&iacute; que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la raz&oacute;n y la ciencia va averiguando. Poco a poco la <em>astronom&iacute;a </em>fue expres&aacute;ndose en lenguaje matem&aacute;tico y geom&eacute;trico sin que por ello desapareciera la &ldquo;<em>astrolog&iacute;a</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Este largo proceso, en lo que se refiere a los eclipses,&nbsp; lo sintetizar&eacute; en unos pocos textos antiguos de los cientos interesantes que nos han quedado.</p>
<p>
	Ya <em>Homero </em>en su<em> Odisea, XX, versos 350 y ss</em>. hace referencia a un eclipse, que lo presenta como una premonici&oacute;n del terrible final de los pretendientes de <em>Pen&eacute;lope </em>a manos de <em>Odiseo </em>en su palacio de <em>Itaca</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Y Teocl&iacute;meno, a un dios semejante, tom&oacute; la palabra:<br />
	&ldquo;&iexcl;Desgraciados! &iquest;Qu&eacute; mal os aflige? Sumidos en noche<br />
	vuestros rostros est&aacute;n, las cabezas, las mismas rodillas;<br />
	el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto;<br />
	las paredes chorrean de sangre, las vigas hermosas;<br />
	el vest&iacute;bulo llenan y pueblan el patio fantasmas<br />
	que a las sombras se lanzan del &Eacute;rebo; el sol en el cielo<br />
	se ha eclipsado, una niebla funesta rec&uacute;brelo todo.&rdquo;</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Manuel Pab&oacute;n. Editorial Gredos)</p>
<p>
	Que los eclipses son obra de los dioses ya nos lo record&oacute; <em>Arqu&iacute;loco</em>, poeta griego que vivi&oacute; en el siglo VII a.C. Se refiere a un eclipse, probablemente el del a&ntilde;o 648, como obra de <em>Zeus</em>. Nos dice en el <em>fragmento 122 (West)</em>:</p>
<p>
	<em>Zeus y el Eclipse (fragmento 122 West)</em></p>
<p>
	<em><strong>Nada es inesperado, nada puede ser declarado como imposible<br />
	o maravilloso, desde que, Zeus, padre de los Ol&iacute;mpicos,<br />
	hizo la noche a mediod&iacute;a, manteniendo la espalda a la luz<br />
	del sol radiante; y el temor cay&oacute; sobre la humanidad.<br />
	A partir de ahora los hombres podr&aacute;n creer todas las cosas, podr&aacute;n esperar todas las cosas.&nbsp; Ninguno de vosotros deber&iacute;a sorprenderse en el futuro, ni siquiera al ver<br />
	que las bestias cambian su lugar con los delfines y van a pastar<br />
	en las profundidades, teniendo&nbsp; las olas resonantes del mar<br />
	en m&aacute;s aprecio que la tierra, mientras que a los delfines les encantan las colinas boscosas.</strong></em></p>
<p>
	Los hombres no conocen las causas de los eclipses, que como alteraci&oacute;n del orden natural del cielo les producen enorme temor. En algunas ocasiones creen que son causados por la propia acci&oacute;n m&aacute;gica de los hombres</p>
<p>
	Algunos autores, como<em> Dem&oacute;crito de Abdera</em> (450a.C. &#8211; ca. 370 a.C.) piensa que el sol o la luna se hacen invisibles cuando descienden de sus &oacute;rbitas. Los responsables de ese descendimiento son los magos o las brujas, seg&uacute;n la creencia popular.</p>
<p>
	<em>Plat&oacute;n </em>recoge la creencia, que pone en boca de <em>S&oacute;crates</em>, en <em>Gorgias, 513a</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Piensa si eso es ventajoso para ti y para m&iacute;, para que no nos pase, divino Calicles, lo que les ocurre, seg&uacute;n dicen, a las mujeres tesalias que tratan de hacer bajar la luna, o sea, que la conquista de ese poder en la ciudad vaya acompa&ntilde;ada de la p&eacute;rdida de las cosas m&aacute;s queridas.</strong></em></p>
<p>
	Seg&uacute;n la creencia popular quedaban ciegas, sufr&iacute;an quemaduras y quedaban con las piernas rotas por el esfuerzo.</p>
<p>
	<em>Arist&oacute;fanes </em>utiliza la creencia en <em>Las nubes, v.&nbsp; 750 ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Estreps&iacute;ades: Ya he encontrado un modo de no pagar los intereses.<br />
	S&oacute;crates: Ponlo de manifiesto<br />
	Estreps&iacute;ades:&nbsp;&nbsp; Ponlo de manifiesto<br />
	S&oacute;crates:&nbsp; Dime, si yo comprase una hechicera de Tesalia que hiciera bajar la luna de noche y la guardase con todo cuidado encerrada en una caja redonda, como si fuera un espejo&hellip;?<br />
	S&oacute;crates: &iquest;Y de qu&eacute; te servir&iacute;a eso? Te pregunto.<br />
	Estrps&iacute;ades:&nbsp; &iquest;De qu&eacute;? Si la luna no volviese a salir en ning&uacute;n sitio,&nbsp; yo no tendr&iacute;a que pagar m&aacute;s intereses.<br />
	S&oacute;crates:&nbsp; &iquest;Por qu&eacute;? Dime.<br />
	Estreps&iacute;ades: Porque los intereses se pagan cada m&eacute;s.</strong></em></p>
<p>
	<em>Plinio </em>tambi&eacute;n nos indica c&oacute;mo los hombres cre&iacute;an que los eclipses eran fruto de la brujer&iacute;a y les produc&iacute;an un enorme temor, que intentaban alejar produciendo gran ruido. Lo dice en un texto en el que valora la gran obra de quienes liberaron a los hombres del temor a estos fen&oacute;menos. Nos lo cuenta en <em>Naturalis Historia, II, 12 (54):</em></p>
<p>
	&nbsp;<em><strong>&hellip; Fueron hombres de enorme grandeza por encima de los mortales,&nbsp; quienes comprendieron la ley de tan grandes seres divinos, y libraron&nbsp; ya al esp&iacute;ritu de los hombres,&nbsp; que antes tem&iacute;an que&nbsp; en los eclipses habr&iacute;a alguna desgracia o la muerte de los astros,&nbsp; (sabido es que las sublimes bocas de los poetas Estes&iacute;coro y P&iacute;ndaro estuvieron con este miedo en un eclipse de sol), y que pensaban que en el oscurecimiento de la luna hab&iacute;a encantamientos&nbsp; y por eso ayudaban con un ruido disonante.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Con ese temor, desconocedor de las causas, Nicias, general de los atenienses, no se atrevi&oacute; a sacar la escuadra del puerto e hizo un gran da&ntilde;o a sus intereses.</strong></em></p>
<p>
	<em>viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente &#8211; quo in metu fuisse stesichori et pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis &#8211; aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante &#8211; quo pavore ignarus causae nicias atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n <em>Tito Livio</em>, al comentar el sitio por los romanos de la ciudad de <em>Capua</em>, ocupada por los cartagineses, y describir el ruido y griter&iacute;o de la batalla en la que tambi&eacute;n interviene <em>Anibal</em>, dice en <em>Ab Urbe condita libri), 26, 5, 9,:</em></p>
<p>
	<em><strong>Comenz&oacute; la batalla no s&oacute;lo con el acostumbrado griter&iacute;o y alboroto;&nbsp; sino que adem&aacute;s al ruido de los caballos, los hombres y las armas se a&ntilde;adi&oacute; el griter&iacute;o que hioz la poblaci&oacute;n no combatiente colocada en las murallas de Capua con sus objetos de bronce, como&nbsp; suele hacer en el silencio de la noche en un eclipse de Luna, para distgraer tambi&eacute;n el &aacute;nimo de los combatientes.</strong></em></p>
<p>
	&nbsp;<em>proelium non solito modo clamore ac tumultu est coeptum, sed ad alium virorum, equorum armorumque sonum disposita in muris Campanorum inbellis multitudo tantum cum aeris crepitu, qualis in defectu lunae silenti nocte cieri solet, edidit clamorem, ut averteret etiam pugnantium animos.</em></p>
<p>
	<em>Boecio </em>(480-ca.526), todav&iacute;a nos recuerda la pr&aacute;ctica arraigada en el pueblo de golpear objetos de bronce para ahuyentar el maleficio del eclipse de sol, en su <em>La consolaci&oacute;n de la Filosof&iacute;a, libro IV, M(etro)5, 7-12</em></p>
<p>
	<strong><em>Cuando palidecen los cuernos de la luna llena<br />
	invadida por los l&iacute;mites de la noche oscura,<br />
	y&nbsp; las estrellas que cubr&iacute;a con su cara luminosa,&nbsp;<br />
	cuando Febo descubre los astros eclipsados,<br />
	la p&uacute;blica ignorancia&nbsp; conmueve a las gentes<br />
	que baten los aires con sus constantes golpes.</em></strong></p>
<p>
	<em>palleant plenae cornua lunae<br />
	infecta metis noctis opacae,<br />
	quaeque fulgenti texerat ore,<br />
	10 confusa Phoebe detegat astra:<br />
	commouet gentes publicus error<br />
	lassantque crebris pulsibus aera.</em></p>
<p>
	Los textos que reflejan estos temores son numerosos. El historiador <em>Tuc&iacute;dides </em>(460-396) nos ofrece un texto interesante al comentar la magnitud de la <em>Guerra del Peloponeso</em>. <em>Tuc&iacute;dides </em>pone en relaci&oacute;n los desastres de la guerra con las desgracias de todo tipo acaecidas entonces.</p>
<p>
	<em>Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 23:</em></p>
<p>
	<em><strong>De los hechos anteriores el m&aacute;s importante fue la guerra contra los medos, a pesar de que &eacute;sta se decidi&oacute; r&aacute;pidamente en dos batallas navales y dos terrestres. La duraci&oacute;n de este guerra nuestra, por el contrario, ha ido mucho m&aacute;s all&aacute;, y hay ocurrido que en su transcurso se han producido en Grecia desastres sin parang&oacute;n en un per&iacute;odo igual. Nunca tantas ciudades fueron tomadas y asoladas, unas por los b&aacute;rbaros y otras por los mismos griegos luchando unos contra otros (algunas hay incluso que cambiaron de habitantes al ser conquistadas); nunca tampoco hab&iacute;a habido tantos destierros y tanta mortandad, bien en la misma guerra bien a causa de las luchas civiles. E historias que antes refer&iacute;a la tradici&oacute;n, pero que raramente encontraban una confirmaci&oacute;n en la realidad, dejaron de resultar inveros&iacute;miles: historias acerca de terremotos, que afectaron a la vez a extensas regiones y que fueron muy violentos; eclipses de sol, que ocurrieron con mayor frecuencia de lo que se recordaba en tiempos pasados; y grandes sequ&iacute;as en algunas tierras y hambres como secuela, y, en fin, la calamidad que no menos da&ntilde;o caus&oacute; y que destruy&oacute; a una parte de la poblaci&oacute;n, la peste. Todos estos males cayeron sobre Grecia junto con esta guerra. </strong></em><strong>(Traducci&oacute;n de Juan Jos&eacute; Torres Esbarranch. Editorial Gredos. 1990)</strong></p>
<p>
	<em>Nota</em>: <em>Tuc&iacute;dides </em>en su <em>Historia </em>hace menci&oacute;n a dos eclipses de sol , en<em> II, 28 y en IV,52,1</em>);&nbsp; Tambien se refiere a uno de luna en <em>VII,50,4</em>:</p>
<p>
	<strong><em>Todo estaba por fin listo, y estaban a punto de marchar lejos navegando lejos, cuando tuvo lugar un eclipse de luna, que estaba entonces en su pleno desarrollo.&nbsp; La mayor&iacute;a de los atenienses, profundamente impresionado por este hecho, insisten ahora a sus generales para esperar; y Nicias, que era un tanto aficionado a la adivinaci&oacute;n y a las pr&aacute;cticas de ese tipo, se neg&oacute; desde ese momento incluso a tomar en consideraci&oacute;n la cuesti&oacute;n de partida, hasta que esperaron los tres veces nueve d&iacute;as prescritos por los adivinos.</em></strong></p>
<p>
	<em>P&iacute;ndaro </em>utiliza tambi&eacute;n la misma idea y creencia de que los eclipses acarrean grandes desgracias en su <em>Pean 9, (Fragmento 52K Maehler, A1 Rutherford):</em></p>
<p>
	<em><strong>Rayo de sol, vig&iacute;a, &iquest;qu&eacute; intentar&aacute;s,<br />
	oh madre de la vista, astro supremo,<br />
	oculto en el d&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; has vuelto inoperante<br />
	para los varones la fuerza y el camino del saber,<br />
	recorriendo un sendero oscurecido?<br />
	&iquest;Conduces uno m&aacute;s nuevo que antes?<br />
	Pero a ti, que conduces r&aacute;pidos corceles, por<br />
	Zeus<br />
	te suplico, que conviertas<br />
	en una prosperidad sin pena para Tebas,<br />
	oh venerable, el prodigio com&uacute;n a todos.<br />
	[ . . .]<br />
	[ . . .]<br />
	[ . . .] &iquest;de qu&eacute; guerra traes el signo,<br />
	o la consunci&oacute;n del fruto, o la fuerza incre&iacute;ble<br />
	de una nevada, o la destructora sedici&oacute;n,<br />
	o el vaciamiento del mar en la llanura,<br />
	o el congelamiento del suelo, o un verano<br />
	ventoso<br />
	fluyendo con agua furiosa,<br />
	o tras inundar la tierra instalar&aacute;s<br />
	una nueva generaci&oacute;n de varones desde el<br />
	principio?<br />
	No temo nada que vaya a sufrir junto con todos.</strong></em><br />
	(faltan vv. 22&ndash;33 = ep.2&ndash;10, estr. B 1&ndash;3)<br />
	(Traduci&oacute;n de Daniel Alejandro Torres)</p>
<p>
	Algunos comentaristas aprecian precedentes de este pe&aacute;n en poemas egipcios al Sol.<br />
	S&eacute;neca, en un largo y ret&oacute;rico canto del coro en su tragedia &ldquo;Tiestes&rdquo; poetiza sobre la situaci&oacute;n de desorden c&oacute;smico y p&aacute;nico que generan los eclipses:</p>
<p>
	Ante el crimen de <em>Atreo </em>que ha matado a los hijos de <em>Tiestes </em>y se los ha ofrecido como alimento en un banquete terrible, el sol retrocede. El coro, estupefacto, teme que se venga abajo toda la estructura del mundo y vuelva todo al&nbsp; antiguo caos.</p>
<p>
	<em>El coro al final de su Tiestes, v. 789-884:</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;A d&oacute;nde, padre de las tierras y de los de aqu&iacute; arriba,<br />
	a cuyo nacimiento huye todo el ornato de la noche<br />
	opaca: a d&oacute;nde vas, torciendo tu camino<br />
	y terminando el d&iacute;a en medio del Olimpo?<br />
	&iquest;Por qu&eacute;, Febo, nos robas tu semblante?<br />
	de las llamas de Febo, no privar&aacute; a la noche<br />
	el mensajero de la tarde, H&eacute;spero;<br />
	a&uacute;n la curva hacia Hesperia de las ruedas<br />
	no manda desatar unos caballos que ya han cumplido;<br />
	a&uacute;n no ha dado, al declinar el d&iacute;a hacia la noche,<br />
	la tercera bocina su se&ntilde;al.<br />
	Se extra&ntilde;a ante la hora de esta s&uacute;bita cena el labrador,<br />
	cuando los bueyes a&uacute;n no est&aacute;n cansados.<br />
	&iquest;Qu&eacute; es lo que te ha apartado de tu curso celeste?<br />
	&iquest;Qu&eacute; causa ha desviado a tus caballos<br />
	de su sendero fijo? &iquest;Acaso abriendo<br />
	la c&aacute;rcel de Plut&oacute;n, los Gigantes vencidos<br />
	intentan otra guerra? &iquest;Acaso Titio<br />
	renueva con su herida viejas iras<br />
	en su pecho agotado? &iquest;Es que Tifeo<br />
	sus flancos ha librado echando a un lado el monte?<br />
	&iquest;Acaso se construye entre los enemigos<br />
	De Flegra un elevado camino y en Tesalia<br />
	el Pelio es aplastado bajo el Osa de Tracia?<br />
	Se han terminado los turnos regulares en el cielo:<br />
	no habr&aacute; ocaso ni tampoco oriente.<br />
	Estupefacta queda la madre Aurora,<br />
	estando acostumbrada a encomendar las riendas<br />
	al dios con el roc&iacute;o de la luz primera,<br />
	por haberse invertido las lindes de su reino:<br />
	no sabe ella ba&ntilde;ar los corceles cansados<br />
	ni sumir en el ponto sus rines humeantes de sudor.<br />
	Y el mismo sol, que es nuevo eneste inusitado alojamiento,<br />
	ve a la Aurora al ponerse<br />
	y manda levantarse a las tinieblas<br />
	sin estar preparada a&uacute;n la noche; no se alzan<br />
	las estrellas, ni brilla con resplandor alguno el firmamento;<br />
	no disipa la luna las densas sombras.<br />
	Sea esto lo que sea, &iexcl;ojal&aacute; se tratase de una noche!:<br />
	tiemblan, tiemblan los pechos sacudidos<br />
	por un gran miedo<br />
	de que, en fatal ruina,<br />
	todo se venga abajo y otra vez a los dioses<br />
	y a los hombres oprima el caos deforme,<br />
	y otra vez a las tierras y a los mares y al fuego<br />
	y a las estrellas, que vagan adornando el firmamento,<br />
	los confunda de nuevo la naturaleza.<br />
	El gu&iacute;a de los astros, que con la aparici&oacute;n de su perenne antorcha<br />
	va guiando los siglos, no indicar&aacute; el verano<br />
	ni el invierno; la luna, que sale al encuentro<br />
	de las llamas de Febo, no privar&aacute; a la noche<br />
	de sus terrores, ni vencer&aacute; las riendas<br />
	de su hemano corriendo por su curvo sendero<br />
	en menos trecho. A una misma fosa<br />
	ir&aacute;n a amontonarse una turba de dioses.<br />
	Aqu&iacute; el que, recorrido por sagradas estrellas,<br />
	corta en oblicua &oacute;rbita a las zonas,<br />
	modificando la longitud del a&ntilde;o con sus signos,<br />
	caer ver&aacute; a los astros mientras cae.<br />
	Aqu&iacute; el Carnero, que, sin ser apacible a&uacute;n del todo<br />
	la primavera, vuelve a confiar las velas<br />
	al tibio C&eacute;firo, se precipitar&aacute; sobre las olas<br />
	por las que transport&oacute; a al asustada Hele.<br />
	Aqu&iacute; el Toro, que en sus brillantes cuernos<br />
	lleva a las H&iacute;ades, arrastrar&aacute; consigo a los Gemelos<br />
	y a Cangrejo de brazos encorvados.<br />
	El Le&oacute;n de H&eacute;rcules ardiendo entgre las llamas del est&iacute;o,<br />
	otra vez desde el cielo caer&aacute;.<br />
	Caer&aacute;, sobre las tierras que un d&iacute;a dej&oacute; la Virgen<br />
	y caer&aacute;n los pesos de la exacta Balanza<br />
	y arrastrar&aacute;n consigo al punzante Escorpi&oacute;n.<br />
	Y el anciano Quir&oacute;n que en su arco hemonio<br />
	sostiene sus saetas emplumadas<br />
	perder&aacute; sus saetas, roto el arco.<br />
	El glacial Capricornio, que vuelve a traer<br />
	el perezoso invierno, caer&aacute; y destrozar&aacute; tu urna<br />
	cualquiera que t&uacute; seas. Contigo caer&aacute;n<br />
	las &uacute;ltimas estrellas del cielo, los Peces.<br />
	Y los monstruos que nunca ba&ntilde;&oacute; el mar<br />
	los tragar&aacute; el abismo que lo sepulta todo;<br />
	y la que, en medio de ellas, separa las dos Osas,<br />
	la Sierpe escurridiza que parece un r&iacute;o;<br />
	y, unida al gran Drag&oacute;n, la menor, Cinosura,<br />
	aterida de fr&iacute;o por el hielo;<br />
	y el perezoso guardi&aacute;n de su carro,<br />
	Artofilace, perder&aacute; el equilibrio y caer&aacute;.<br />
	&iquest;Nosotros solos entre tanta gente hemos parecido<br />
	merecedores de ser aplastados,<br />
	al derrumbarse el eje de los cielos? &iquest;Viene sobre nosotros<br />
	la &uacute;ltima era? &iexcl;Ah, con qu&eacute; dura suerte<br />
	hemos sido creados, bien hayamos perdido<br />
	el sol en nuestra desventura, bien lo hayamos echado!<br />
	Lejos las quejas; ap&aacute;rtate temor:<br />
	de vivir est&aacute; ansioso el que no quiere<br />
	morir cuando con &eacute;l perece el universo.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Moreno. Editorial Gredos. 1980)</p>
<p>
	<em>Chorus<br />
	Quo terrarum superumque parem,<br />
	cuius ad ortus noctis opacae<br />
	decus omne fugit, quo vertis iter<br />
	medioque diem perdis Olympo?<br />
	cur, Phoebe, tuos rapis aspectus?<br />
	nondum serae nuntius horae<br />
	nocturna vocat lumina Vesper;<br />
	nondum Hesperiae flexura rotae<br />
	iubet emeritos solvere currus;<br />
	nondum in noctem vergente die<br />
	tertia misit bucina signum:<br />
	stupet ad subitae tempora cenae<br />
	nondum fessis bubus arator,<br />
	quid te aetherio pepulit cursu?<br />
	&nbsp;quae causa tuos<br />
	limite certo deiecit equos?<br />
	numquid aperto carcere Ditis<br />
	victi temptant bella Gigantes?<br />
	numquid Tityos pectore fesso<br />
	renovat veteres saucius iras?<br />
	num reiecto<br />
	latus explicuit monte Typhoeus?<br />
	numquid struitur via Phlegraeos<br />
	alta per hostes et Thessalicum<br />
	Thressa premitur Pelion Ossa?<br />
	solitae mundi periere vices?<br />
	nihil occasus, nihil ortus erit?<br />
	stupet Eoos<br />
	assueta deo tradere frenos<br />
	genetrix primae roscida lucis<br />
	perversa sui limina regni;<br />
	nescit fessos<br />
	tinguere currus nec fumantes<br />
	sudore iubas mergere ponto.<br />
	ipse insueto novus hospitio<br />
	Sol Auroram videt occiduus,<br />
	tenebrasque iubet surgere nondum<br />
	nocte parata: non succedunt<br />
	astra nec ullo micat igne polus,<br />
	non Luna gravis digerit umbras.<br />
	Sed quicquid id est, utinam nox sit!<br />
	trepidant, trepidant<br />
	pectora magno percussa metu:<br />
	ne fatali cuncta ruina<br />
	quassata labent iterumque, deos<br />
	hominesque premat deforme chaos,<br />
	iterum terras et mare cingens<br />
	et vaga picti sidera mundi<br />
	natura tegat.<br />
	non aeternae facis exortu<br />
	dux astrorum saecula ducens<br />
	dabit aestatis brumaeque notas,<br />
	non Phoebeis obvia flammis<br />
	dement nocti Luna timores<br />
	vincetque sui fratris habenas,<br />
	curro brevius limite currens;<br />
	ibit in unum<br />
	congesta sinum turba deorum,<br />
	hic qui sacris pervius astris<br />
	secat obliquo tramite zonas<br />
	flectens longos signifer annos,<br />
	lapsa videbit sidera labens;<br />
	hic qui nondum vere benigno<br />
	reddit Zephyro- vela tepenti,<br />
	Aries praeceps ibit in undas,<br />
	per quas pavidam vexerat Hellen;<br />
	hic qui nitido Taurus cornu<br />
	praefert Hyadas, secum Geminos<br />
	trahet et curvi bracchia Cancri;<br />
	Leo flammiferis aestibus ardens<br />
	iterum e caelo cadet Herculens,<br />
	cadet in terras Virgo relictas<br />
	iustaeqne cadent pondera Librae<br />
	secumque trahent Scorpion acrem;<br />
	et qui nervo tenet Haemonio<br />
	pinnata senex spicula Chiron,<br />
	rupto perdet spicula nervo;<br />
	pigram referens hiemem gelidus<br />
	cadet Aegoceros frangetque tuam,<br />
	quisquis es, urnam; tecum excedent<br />
	ultima caeli sidera Pisces,<br />
	Plostraque numquam perfusa mari<br />
	merget condens omnia gurges;<br />
	et qui medias dividit Vrsas,<br />
	fluminis instar lubricus Anguis<br />
	magnoque minor iuncta Draconi<br />
	frigida duro. Cynosura gelu,<br />
	custosque sui tardus plaustri<br />
	iam non stabilis ruet Arctophylax.<br />
	Nos e tanto visi populo<br />
	digni premeret quos everso<br />
	cardine mundus?<br />
	in nos aetas ultima venit?<br />
	o nos dura sorte creatos,<br />
	seu perdidimus solem miseri,<br />
	sive expulimus!<br />
	abeant questus, discedo, timor:<br />
	vitae est avidus quisquis non vult<br />
	mundo secum pereunte mori.</em></p>
<p>
	<em>Virgilio </em>(70-19 a.C.), relaciona las se&ntilde;ales del sol (<em>Febo</em>) con el asesinato de <em>C&eacute;sar </em>y las guerras y desgracias que caer&aacute;n sobre <em>Roma </em>en sus <em>Ge&oacute;rgicas I, vv. 464-468:</em></p>
<p>
	<strong><em>El (el Sol) tambi&eacute;n nos avisa muchas veces de que est&aacute;n a punto de suceder revueltas secretas y de que se est&aacute;n gestando enga&ntilde;os&nbsp; y guerras ocultas. &Eacute;l tambi&eacute;n, compadecido de Roma una vez eliminbado C&eacute;sar, cubri&oacute; su brillante cabeza de obscura herrumbre, y los imp&iacute;os siglos temieron una noche eterna.</em></strong></p>
<p>
	<em>&hellip; Ille etiam caecos instare tumultus<br />
	saepe monet fraudemque et operta tumescere bella;<br />
	ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,<br />
	cum caput obscura nitidum ferrugine texit<br />
	impiaque aeternam timuerunt saecula noctem.</em></p>
<p>
	<em>Virgilio </em>tambi&eacute;n, al final del<em> Libro I de la Eneida</em>, cuando <em>Eneas </em>ha sido llevado por <em>Dido </em>a palacio, nos presenta al poeta de la corte cantando a los astros y sus movimientos. Lo hace en los<em> versos&nbsp; 736 y ss</em>.</p>
<p>
	<em>Eneida, I, 736-750</em></p>
<p>
	<em><strong>Dijo, y derram&oacute; sobre la mesa la libaci&oacute;n consagrada,<br />
	y ella la primera acerc&oacute; la copa al borde de su boca.<br />
	Luego se la dio a Bicias, invit&aacute;ndole;<br />
	Este decidido se bebi&oacute; la patera espumante,<br />
	y se remoj&oacute; en la copa de oro llena.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Despues bebieron los otros jefes. Canta<br />
	al son de su c&iacute;tara de oro el criado Jopas, a quien el gran Atlas ense&ntilde;&oacute;:<br />
	Canta este a la luna errante ylos eclipses del Sol;<br />
	el origen de donde vienen los hombres&nbsp; y a las bestias,<br />
	de d&oacute;nde viene la lluvia y&nbsp; los rel&aacute;mpagos,<br />
	y a la estrella Arturo y a las H&iacute;ades lluviosas y a las dos Osas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y por qu&eacute; el sol del invierno se da tanta prisa<br />
	en hundirse en el Oc&eacute;ano, o&nbsp; qu&eacute; retraso retiene a la noche tard&iacute;a.<br />
	Redoblan los tirios su aplauso, y les siguen luego los troyanos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mientras tanto la desgraciada Dido arrastraba la noche<br />
	con su larga conversaci&oacute;n y beb&iacute;a su gran amor,<br />
	pregunt&aacute;ndole&nbsp; muchas cosas sobre Priamo, muchas sobre H&eacute;ctor.</strong></em></p>
<p>
	<em>Dixit, et in mensam laticum libavit honorem,<br />
	primaque, libato, summo tenus attigit ore,<br />
	tum Bitiae dedit increpitans; ille impiger hausit<br />
	spumantem pateram, et pleno se proluit auro<br />
	post alii proceres. Cithara crinitus Iopas<br />
	personat aurata, docuit quem maximus Atlas.<br />
	Hic canit errantem lunam solisque labores;<br />
	unde hominum genus et pecudes; unde imber et ignes;<br />
	Arcturum pluviasque Hyadas geminosque Triones;<br />
	quid tantum Oceano properent se tinguere soles<br />
	hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.<br />
	Ingeminant plausu Tyrii, Troesque sequuntur.<br />
	Nec non et vario noctem sermone trahebat<br />
	infelix Dido, longumque bibebat amorem,<br />
	multa super Priamo rogitans, super Hectore multa;</em></p>
<p>
	El mismo <em>Virgilio </em>repite casi literalmente las mismas ideas si bien en otro contexto, ahora cantando las excelencias del viejo romano agricultor y trabajador feliz de su campo; curiosamente se repiten aqu&iacute; dos versos &iacute;ntegros del texto anterior correspondiente a la <em>Eneida</em>,&nbsp; en <em>Ge&oacute;rgicas, II, v. 475 y ss.</em>:</p>
<p>
	<strong><em>En primer lugar que me acojan las Musas, dulces sobre todas las cosas, cuyas insignias sagradas llevo, herido por un grande amor, y me muestren las estrellas y los caminos del cielo, y los eclipses del sol y los desfallecimientos de la luna; y de d&oacute;nde viene el temblor de las tierras, por qu&eacute; fuerza se hinchan los profundos mares, rotos los obst&aacute;culos y de nuevo se asientan sobre s&iacute; mismos; y por qu&eacute; el sol del invierno se da tanta prisa en hundirse en el Oc&eacute;ano, o&nbsp; qu&eacute; retraso retiene a la noche tard&iacute;a.</em></strong></p>
<p>
	<strong><em>Y si no pudiera tener acceso a estas partes de la naturaleza y la sangre helada en mi pecho lo impidiera, que al menos disfrute sin gloria de los campos y los arroyos que corren por los valles, de los r&iacute;os y los bosques.</em></strong></p>
<p>
	<em>Me vero primum dulces ante omnia Musae,<br />
	quarum sacra fero ingenti percussus amore,<br />
	accipiant caelique vias et sidera monstrent,<br />
	defectus solis varios lunaeque labores;<br />
	unde tremor terris, qua vi maria alta tumescant<br />
	480obicibus ruptis rursusque in se ipsa residant,<br />
	quid tantum Oceano properent se tinguere soles<br />
	hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.<br />
	Sin, has ne possim naturae accedere partis,<br />
	frigidus obstiterit circum praecordia sanguis:<br />
	485rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes,<br />
	flumina amem silvasque inglorius.</em></p>
<p>
	<em>Plutarco </em>(50-120d.C.) ofrece un texto interesant&iacute;simo sobre el temor que infund&iacute;an en el ej&eacute;rcito los eclipses, en este caso de <em>Luna</em>. Nos lo cuenta en la biograf&iacute;a del general romano <em>Paulo Emilio </em>(229-160 a.C.) describiendo un eclipse que tuvo lugar el 21 de junio del 168 a.C. inmediatamente antes de la batalla de <em>Pidna </em>con la que los romanos consolidan su dominio en <em>Macedonia</em>:</p>
<p>
	<em>Plutarco, Vida de Paulo Emilio, XVII, 3 ss.: (1821, II, 160)</em></p>
<p>
	<em><strong>Al hacerse de noche, y cuando despu&eacute;s del rancho se iban a dormir y a descansar, la luna, que estaba en su lleno y bien descubierta, empez&oacute; de pronto a ennegrecerse, y desfalleciendo su luz, habiendo cambiado diferentes colores, desapareci&oacute;. Los romanos, como es de ceremonia, la imploraban para que les volviese su luz, con el ruido de los bronces y alzando al cielo muchas luces con tizones y hachas; mas los macedonios a nada se movieron, sino que el terror y espanto se apoder&oacute; del campo, y entre muchos corri&oacute; secretamente la voz de que aquel prodigio significaba el eclipse de un rey.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>No era Emilio hombre enteramente nuevo y peregrino en las anomal&iacute;as ecl&iacute;pticas, las cuales a tiempos determinados hacen entrar la luna en la sombra de la tierra y la ocultan, hasta que pasando de la sombra vuelve otra vez a resplandecer con el sol. Mas, sin embargo, como daba mucha parte en todo a la divinidad, y era inclinado a los sacrificios y a la adivinaci&oacute;n, apenas vio a la luna recobrar su pureza, le sacrific&oacute; once novillos; y no&nbsp; bien se hizo de d&iacute;a, cuando inmol&oacute; bueyes a H&eacute;rcules, sin obtener buenos presagios, no parando entonces hasta veinte, pero al vig&eacute;simo primero se observaron prodigios que dijo adjudicaban la victoria a los que se defendiesen.&nbsp; Hizo, pues, voto al mismo dios de otros cien bueyes y de juegos sagrados, mandando a los oficiales ordenar el ej&eacute;rcito para la batalla; mas aguard&oacute; con todo a la inclinaci&oacute;n y desv&iacute;o del resplandor, para que el sol desde el Oriente no los deslumbrara en la pelea d&aacute;ndoles de cara; por lo que estuvo dando tiempo, sentado en su tienda, la que ten&iacute;a abierta por la parte de la llanura y del campo de los enemigos. (</strong>Traducci&oacute;n de Ranz Romanillos)</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n aparece el relato con alguna variante en<em> Livio XLIV, 37, 4 ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Aunque el rey estaba dispuesto a luchar sin dilaci&oacute;n&nbsp; aquel d&iacute;a, qued&oacute; tambi&eacute;n contento&nbsp; con que sus hombres supieran que el retraso se deb&iacute;a al enemigo y &eacute;l mismo llev&oacute; de vuelta las tropas al campamento.<br />
	Una vez fortificado el campamento, Cayo Sulpicio Galo, tribuno militar de la segunda legi&oacute;n,&nbsp; que hab&iacute;a sido pretor el a&ntilde;o anterior, con permiso del c&oacute;nsul y convocados los soldados a una asamblea, les dijo que nadie considerara como un portento que en la pr&oacute;xima noche, la luna tuviese un eclipse desde la segunda hora hasta la cuarta hora de la noche, porque esto ocurr&iacute;a en intervalos fijos seg&uacute;n el orden natural y por eso pod&iacute;a ser conocido con anterioridad y predecirse.&nbsp;<br />
	As&iacute; pues, del mismo modo que no se admiraban de que la salida y la puesta del Sol y de la Luna son seguros, o de que la luna brilla unas veces en toda su redondez, otras como si envejeciera en un peque&ntilde;o cuerno, as&iacute; no deb&iacute;an considerar como un prodigio que tambi&eacute;n se oscureciera cuando era tapada por la sombra de la tierra.<br />
	Cuando a la hora indicada tuvo lugar el eclipse de luna en la noche a la que sigui&oacute; el d&iacute;a anterior a las nonas de septiembre (del tres al cuatro de septiembre), la sabidur&iacute;a de Galo les pareci&oacute; casi divina a los soldados romanos.<br />
	A los macedonios en cambio les pareci&oacute; como un prodigio funesto que anunciaba la ca&iacute;da del reino y la desgracia de la gente, y su adivino no lo interpret&oacute; de otro modo. Hubo gritos y lamentos en el campamento de los Macedonios hasta que la Luna sal&iacute;o de nuevo con su propia luz.<br />
	Hab&iacute;a tantas ganas en los dos ej&eacute;rcitos de enfrentarse, que algunos de sus propios soldados acusaban no s&oacute;lo al rey sino tambi&eacute;n al c&oacute;nsul de haberse retirado sin combatir y as&iacute; el rey ten&iacute;a la inmediata justificaci&oacute;n, no solo por eso, de que el enemigo fue el primero que rechazando abiertamente el combate, retir&oacute; las tropas al campamento; y adem&aacute;s que hab&iacute;a situado las ense&ntilde;as en un lugar en el que la falange no pod&iacute;a avanzar porque hasta las peque&ntilde;as&nbsp; irregularidades del terreno la hac&iacute;an ineficaz.<br />
	Y el c&oacute;nsul en este asunto, parec&iacute;a que hab&iacute;a dejado escapar el d&iacute;a anterior la ocasi&oacute;n de luchar y que hab&iacute;a dado al enemigo la oportunidad de marcharse durante la noche y ahora tambi&eacute;n parec&iacute;a que perd&iacute;a el tiempo con el pretexto de hacer un sacrificio, cuando al amanecer deb&iacute;a haber dado la se&ntilde;al de salir al campo de batalla dispuesto a luchar.<br />
	Finalmente, una vez realizado el sacrificio de acuerdo con los ritos, convoc&oacute; a consejo a la tercera hora; y all&iacute;, hablando y consultando cosas sin sentido les parec&iacute;a a algunos que perd&iacute;a el tiempo que deb&iacute;a emplear en llevar a cabo el asunto. Entonces el c&oacute;nsul pronunci&oacute; este discurso contra aquellas habladur&iacute;as.</strong></em></p>
<p>
	<em>rex quoque, cum sine detractatione paratus pugnare eo die fuisset, contentus eo, quod per hostem moram fuisse scirent, et ipse in castra copias reduxit. castris permunitis C. Sulpicius Gallus, tribunus militum secundae legionis, qui praetor superiore anno fuerat, consulis permissu ad contionem militibus vocatis pronuntiavit, nocte proxima, ne quis id pro portento acciperet, ab hora secunda usque ad quartam horam noctis lunam defecturam esse.&nbsp; id quia naturali ordine statis temporibus fiat, et sciri ante et praedici posse.<br />
	itaque quem ad modum, quia certi solis lunaeque et ortus et occasus sint, nunc pleno orbe, nunc senescentem exiguo cornu fulgere lunam non mirarentur, ita ne obscurari quidem, cum condatur umbra terrae, trahere in prodigium debere.<br />
	nocte, quam pridie nonas Septembres insecuta est dies, edita hora luna cum defecisset, Romanis militibus Galli sapientia prope divina videri;</em></p>
<p>
	<em>Macedonas ut triste prodigium, occasum regni perniciemque gentis portendens, movit nec aliter vates. clamor ululatusque in castris Macedonum fuit, donec luna in suam lucem emersit.<br />
	postero die&mdash;tantus utrique ardor exercitui ad concurrendum fuerat, ut et regem et consulem suorum quidam, quod sine proelio discessum esset, accusarent&mdash; regi prompta defensio erat, non eo solum, quod hostis prior aperte pugnam detractans in castra copias reduxisset, sed etiam quod eo loco signa constituisset, quo phalanx, quam inutilem vel mediocris iniquitas loci efficeret, promoveri non posset.<br />
	consul ad id, quod pridie praetermisisse pugnandi occasionem videbatur et locum dedisse hosti, si nocte abire vellet, tunc quoque per speciem immolandi terere videbatur tempus, cum luce prima ad signum propositum pugnae exeundum in aciem fuisset.<br />
	tertia demum hora sacrificio rite perpetrato ad consilium vocavit; atque ibi, quod rei gerendae tempus esset, loquendo et intempestive consultando videbatur quibusdam extrahere. adversus eos sermones talem consul orationem habuit.</em></p>
<p>
	Al episodio hace tambi&eacute;n referencia <em>Plinio en su Historia Natural II, 9 (12) (53)</em></p>
<p>
	<strong><em>Y ciertamente el primero de los romanos que expuso al pueblo la teor&iacute;a de los dos eclipses (de Sol y de Luna) fue Sulpicio Galo, que fue c&oacute;nsul con M. Marcelo, pero entonces era tribuno militar, cuando liberado el ej&eacute;rcito&nbsp; de una derrota el d&iacute;a anterior a que el rey Perses fuera vencido por Paulo, fue llevado a la asamblea por el general para predecir un eclipse, y poco despu&eacute;s tambi&eacute;n lo hizo en un libro que escribi&oacute;.<br />
	Sin embargo, entre los griegos el primero de todos que lo investig&oacute; fue Tales de Mileto en el cuarto a&ntilde;o de la Olimpiada cuadrag&eacute;sima octava al predecir un eclipse de sol, que tuvo lugar siendo rey Alyates en el a&ntilde;o 170 de la fundaci&oacute;n de la ciudad.<br />
	Despu&eacute;s de ellos Hiparco anticip&oacute; para seiscientos a&ntilde;os, el recorrido de los dos astros (el sol y la luna), los meses de los pueblos y los d&iacute;as y las horas y la posici&oacute;n de los lugares y la visi&oacute;n de cada pueblo, siendo testigo el&nbsp; tiempo que no lo hizo de otro modo como si hubiera sido part&iacute;cipe de los consejos de la propia naturaleza.</em></strong></p>
<p>	<em>Et rationem quidem defectus utriusque primus Romani generis in vulgum extulit Sulpicius Gallus, qui consul cum M. Marcello fuit, sed tum tribunus militum, sollicitudine exercitu liberato pridie quam Perses rex superatus a Paulo est in concionem ab imperatore productus ad praedicendam eclipsim, mox et composito volumine. apud Graecos autem investigavit primus omnium Thales Milesius Olympiadis XLVIII anno quarto praedicto solis defectu, qui Alyatte rege factus est urbis conditae anno CLXX. post eos utriusque sideris cursum in sexcentos annos praececinit Hipparchus, menses gentium diesque et horas ac situs locorum et visus populorum complexus, aevo teste haut alio modo quam consiliorum naturae particeps.</em></p>
<p>
	Aparece tambi&eacute;n en <em>Frontino, Estratagemas, I, 12; Zonaras, 9,23., Valerio M&aacute;ximo , 8, 11,1</em></p>
<p>
	<em>Cicer&oacute;n </em>a&ntilde;ade alg&uacute;n matiza interesante en <em>De Rep&ugrave;blica I, 15, 23:</em></p>
<p>
	<em><strong>Escipi&oacute;n: &hellip;Mucho quer&iacute;a yo a Galo, y sab&iacute;a que mi padre Paulo le hab&iacute;a apreciado y estimado sobremanera. Recuerdo que en mi juventud, siendo mi padre c&oacute;nsul en Macedonia, encontr&aacute;ndonos acampados, invadi&oacute; una noche a todas nuestras legiones terror religioso, porque la Luna, que se encontraba en todo su esplendor, se oscureci&oacute; de repente. Entonces Galo, que era nuestro legado, un a&ntilde;o antes de ser nombrado c&oacute;nsul, no dud&oacute; en declarar a la ma&ntilde;ana siguiente en el campamento que no se hab&iacute;a realizado ning&uacute;n prodigio, que aquel fen&oacute;meno estaba en el orden de la naturaleza y se repet&iacute;a en periodos determinados, cuantas veces se encontrase situado el Sol de manera que su luz no pudiese iluminar la Luna.<br />
	Tuber&oacute;n: Mas, &iquest;c&oacute;mo puedo hacer comprender eso a hombres tan rudos y se atrevi&oacute; a hablar de tal manera a gentes tan ignorantes?<br />
	Escipi&oacute;n: H&iacute;zolo, y con grande&hellip;</strong></em><br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (Seg&uacute;n Mai,faltan aqu&iacute; dos p&aacute;ginas al menos)<br />
	<em><strong>(24)&nbsp; &hellip; sin vana ostentaci&oacute;n ni lenguaje indigno de var&oacute;n grave; y no consigui&oacute; poco desp&ograve;jando del temor y vanas supersticiones a aquellos hombres aterrados.</strong></em></p>
<p>
	<em>[23] 15. &#8230; fuit, quod et ipse hominem diligebam et in primis patri meo Paulo probatum et carum fuisse cognoveram. Memini me admodum adulescentulo, cum pater in Macedonia consul esset et essemus in castris, perturbari exercitum nostrum religione et metu, quod serena nocte subito candens et plena luna defecisset. Tum ille, cum legatus noster esset anno fere ante, quam consul est declaratus, haud dubitavit postridie palam in castris docere nullum esse prodigium, idque et tum factum esse et certis temporibus esse semper futurum, cum sol ita locatus fuisset, ut lunam suo lumine non posset attingere. Ain tandem? inquit Tubero; docere hoc poterat ille homines paene agrestes et apud imperitos audebat haec dicere? S. Ille vero et magna quidem cum &#8230; &#8230;<br />
	[24] neque insolens ostentatio neque oratio [p. 283] abhorrens a persona hominis gravissimi; rem enim magnam adsecutus est, quod hominibus perturbatis inanem religionem timoremque deiecerat.</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n <em>Polibio </em>recoge c&oacute;mo los conocimientos astron&oacute;micos de <em>Galo </em>sirvieron a los romanos para vencer a <em>Perseo </em>de <em>Macedonia </em>en <em>Pidna</em>; en <em>XXIX, 16 (6)</em></p>
<p>
	<em>Batalla de Pydna</em></p>
<p>
	<em><strong>Tuvo lugar un&nbsp; eclipse de Luna, la informaci&oacute;n corri&oacute; por todas partes&nbsp; y muchos creyeron que significaba el eclipse de un rey. Y esta circunstancia levant&oacute; los &aacute;nimos de los romanos y deprimi&oacute; los de los macedonios. Qu&eacute; cierto es&nbsp; el dicho de que &quot;la guerra produce m&aacute;s de un miedo sin fundamento.&quot; . . .</strong></em></p>
<p>
	<em>T&aacute;cito </em>(55-120 d.C.), tambi&eacute;n cuenta la reacci&oacute;n mucho m&aacute;s tarde de los legionarios romanos ante un eclipse. Cuenta c&oacute;mo <em>Druso Julio C&eacute;sar </em>se sirvi&oacute; del eclipse para aplacar una sublevaci&oacute;n. Lo narra en sus <em>Anales, I, 28:</em></p>
<p>
	<em><strong>La casualidad suaviz&oacute; aquella noche amenazadora y que estaba a punto de resolverse en un crimen. Pues la luna pareci&oacute; que se apagaba en un cielo que de repente era claro.&nbsp; Los soldados, ignorantes del motivo, lo interpretaron como un presagio del momento presente, relacionando el eclipse del astro con sus trabajos,&nbsp; y&nbsp; que las cosas les suceder&iacute;an y se inclinar&iacute;an favorablemente a sus intereses si volv&iacute;a de nuevo el resplandor y luz de la diosa (la luna). Por eso hicieron ruido con el sonido de los bronces y con el conjunto de trompetas y cuernos militares. Seg&uacute;n se hac&iacute;a m&aacute;s brillante o m&aacute;s oscura se alegraban o se entristec&iacute;an; y despu&eacute;s de que algunas nubes que aparecerieron la ocultaron a la vista y se crey&oacute; que hab&iacute;a desaparecido en las tinieblas, como suelen ser empujadas f&aacute;cilemente a la superstici&oacute;n las mentes d&eacute;biles, se anuncia un enorme sufrimiento para ellos y se lamentan de que sus cr&iacute;menes les hubieran puesto en contra a los dioses.<br />
	C&eacute;sar, pensando que deb&iacute;a servirse de aquella circunstancia y que deb&iacute;a volver en acierto lo que la casualidad le hab&iacute;a ofrecido, ordena rodear las tiendas; hace llamar al centuri&oacute;n Clemente y a los otros que cayeran bien al pueblo por su buen saber hacer. Todos estos se colocan con los vigilantes, con los puestos y con los defensores de las puertas, y unas veces les dan esperanza y otras les meten miedo. &iquest;Hasta cuando atacaremos al hijo del emperador? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el final de estos combates? &iquest;Prestaremos juramenteo a Percenio y Vibuleno? &iquest;Pagar&aacute;n Percenio y Vibuleno a los soldadeos el sueldo y las tierras que se han ganado? &iquest;o finalmente se apoderar&aacute;n ellos del imperio del pueblo romano en vez de los Nerones y Drusos? &iquest;Por qu&eacute; m&aacute;s bien, as&iacute; como somos los &ntilde;ultimos en la culpa, no somos los primeros en el arrepentimiento? Lo que se pide en com&uacute;n es lento de realizarse pero inmediatamente merecer&aacute;s y recibir&aacute;s el agradeciemiento particular. Afectados los &aacute;nimos por estas cosas y sospechando entre ellos, el novato se aparta del veterano y una legi&oacute;n se aparta de la otra. Entonces va volviendo poco a poco el deseo de obedecer, abandonas las puertas, llevan a su lugar las estandartes y ense&ntilde;as amontonadas en un lugar al principio de la sublevaci&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em>Noctem minacem et in scelus erupturam fors lenivit: nam luna claro repente caelo visa languescere. id miles rationis ignarus omen praesentium accepit, suis laboribus defectionem sideris adsimulans, prospereque cessura qua pergerent si fulgor et claritudo deae redderetur. igitur aeris sono, tubarum cornuumque concentu strepere; prout splendidior obscuriorve laetari aut maerere; et postquam ortae nubes offecere visui creditumque conditam tenebris, ut sunt mobiles ad superstitionem perculsae semel mentes, sibi aeternum laborem portendi, sua facinora aversari deos lamentantur. utendum inclinatione ea Caesar et quae casus obtulerat in sapientiam vertenda ratus circumiri tentoria iubet; accitur centurio Clemens et si alii bonis artibus grati in vulgus. hi vigiliis, stationibus, custodiis portarum se inserunt, spem offerunt, metum intendunt. &#39;quo usque filium imperatoris obsidebimus? quis certaminum finis? Percennione et Vibuleno sacramentum dicturi sumus? Percennius et Vibulenus stipendia militibus, agros emeritis largientur? denique pro Neronibus et Drusis imperium populi Romani capessent? quin potius, ut novissimi in culpam, ita primi ad paenitentiam sumus? tarda sunt quae in commune expostulantur: privatam gratiam statim mereare, statim recipias.&#39; commotis per haec mentibus et inter se suspectis, tironem a veterano, legionem a legione dissociant. tum redire paulatim amor obsequii: omittunt portas, signa unum in locum principio seditionis congregata suas in sedes referunt.</em></p>
<p>
	De nuevo <em>Plutarco </em>narra un episodio parecido referido ahora a un eclipse que tuvo lugar muchos a&ntilde;os antes en el a&ntilde;o 357 a.C., ocasi&oacute;n en la que cuenta tambi&eacute;n otros prodigios,&nbsp; en <em>Vida de Di&oacute;n, 24:</em></p>
<p>	<em><strong>Despu&eacute;s de las libaciones y de las solemnes plegarias se eclips&oacute; la luna, lo que ninguna maravilla caus&oacute; a Di&oacute;n, que sab&iacute;a calcular los per&iacute;odos de los eclipses y cu&aacute;ndo la sombra llega a oscurecer la luna, interponi&eacute;ndose la tierra entre &eacute;sta y el sol; pero siendo conveniente dar aliento a los soldados que se hab&iacute;an sobresaltado, p&uacute;sose en medio de ellos el adivino Miltas, dici&eacute;ndoles que tuvieran buen &aacute;nimo y formaran las mejores esperanzas, porque aquel portento lo que significaba era el oscurecimiento de cosas que entonces brillaban, y que no habiendo cosa m&aacute;s brillante que la tiran&iacute;a de Dionisio, apagar&iacute;an su esplendor en el momento que llegaran a la Sicilia. Esto fue lo que Miltas anunci&oacute; en p&uacute;blico a todos; pero en cuanto a las abejas que se vieron formar enjambre en la popa de una de las naves de Dion, dijo reservadamente a los amigos que esto le hac&iacute;a temer no fuera que, siendo desde luego brillantes sus sucesos, al cabo de haber florecido por un breve tiempo, se marchitasen. D&iacute;cese asimismo que a Dionisio le fueron enviadas muchas se&ntilde;ales prodigiosas de parte de los dioses; porque un &aacute;guila arrebat&oacute; la lanza de uno de los soldados estipendiarios, y levant&aacute;ndola y llev&aacute;ndola a grande altura, la dej&oacute; caer al abismo. El mar que bate en la ciudadela ofreci&oacute; un d&iacute;a agua dulce y potable, cosa que se hizo notoria a todos habi&eacute;ndola gustado. Naci&eacute;ronle unos lechoncillos que ten&iacute;an todos sus miembros cabales, falt&aacute;ndoles s&oacute;lo las orejas. Revelaban los adivinos que esto era indicio de rebeli&oacute;n y desobediencia, significando que los ciudadanos no se someter&iacute;an ya a su tiran&iacute;a, que la dulzura del agua del mar indicaba para los Siracusanos la mudanza de sus negocios de mal en bien, y, finalmente, que el &aacute;guila es ministro de Zeus, la lanza insignia de autoridad y poder, y con lo ocurrido denunciaba desaparecimiento y ruina a la tiran&iacute;a el mayor de los dioses. As&iacute; nos lo dej&oacute; escrito Teopompo.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Antonio Ranz Romanillos)</p>
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		<title>El episodio de Ayax de la Ilíada inspiró a Cervantes</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/ayax-iliada-cervantes-homero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2015 11:20:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el capítulo XVIII de la primera parte del Quijote, Cervantes nos narra, entre otras cosas, el episodio de los rebaños de ovejas alanceadas por D. Quijote que los vio en su locura como dos ejércitos poderosos de enemigos. El polvo que los mansos cuadrúpedos levantaban fu el detonante para su locura.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><b>En el capítulo XVIII de la primera parte del Quijote, Cervantes nos narra, entre otras cosas, el episodio de los rebaños de ovejas alanceadas por D. Quijote que los vio en su locura como dos ejércitos poderosos de enemigos. El polvo que los mansos cuadrúpedos levantaban fu el detonante para su locura.</b></p>
<p>
	Que los ej&eacute;rcitos en sus movimientos levantan nubes de polvo bien visibles a lo lejos, ya nos lo describe el propio <em>Homero </em>en<em> Iliada III,8-17</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Los aqueos, en cambio, iban respirando furor en silencio,<br />
	ansiosos en su &aacute;nimo de prestarse mutua defensa.<br />
	Como en las cimas del monte el Noto derrama la niebla,<br />
	para los pastores nada grata y para el ladr&oacute;n mejor que la noche,<br />
	y la vista s&oacute;lo alcanza lo que un tiro de piedra,<br />
	as&iacute; bajo sus pies se fue levantando una compacta polvareda<br />
	a medida que avanzaban; y con gran ligereza cruzaban la llanura.<br />
	Cuando ya estaban cerca avanzando unos contra los otros,<br />
	de la primera l&iacute;nea de troyanos se destac&oacute; el deiforme Alejandro<br />
	con una piel de leopardo en los hombros, el tortuoso arco<br />
	y la espada; y con dos lanzas encastradas de bronce,<br />
	que bland&iacute;a, desafiaba a todos los paladines de los argivos<br />
	A luchar hombre contra hombre en atroz lid.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Emilio Crespo G&uuml;emes. Edit. Gredos,1991)</p>
<p>
	Ya en una carta de <em>S&eacute;neca </em>a su amigo <em>Lucilio </em>(se conservan 124) se hace notar este posible motivo de confusi&oacute;n. Tal vez est&eacute; aqu&iacute; la fuente para la transformaci&oacute;n de la polvareda de las ovejas en polvareda de los ej&eacute;rcitos.</p>
<p>
	<em>S&eacute;neca, Epistola a Lucilio, 13,8:</em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; es, mi querido Lucilio;&nbsp; pronto cedemos a la opini&oacute;n y no sopesamos las cosas que nos llevan al miedo ni las examinamos, sino que temblamos y les volvemos la espalda, como aquellos (soldados) a los que el polvo levantado por la huida de un reba&ntilde;o les saca del campamento, o aquellos a quienes cualquier cuento propalado sin autor los aterroriza.</strong></em></p>
<p>
	<em>Ita est,mihi Lucili, cito accedimus opinioni; non coarguimus illa quae nos in metum adducunt, nec excutimus, sed trepidamus et sic vertimus terga,quemadmodum illi quos pulvis motus fuga pecorum exuit castris aut quos aliqua fabula sine auctore sparsa conterruit.</em></p>
<p>
	Muchos a&ntilde;os antes, hacia el 447 a.C., el gran autor griego de tragedias <em>S&oacute;focles</em>, escribi&oacute; una tragedia (la primera de las &uacute;nicas siete que de &eacute;l conservamos; la tradici&oacute;n le atribuye unas 123 piezas entre tragedias y dramas sat&iacute;ricos) que t&iacute;tulo <em>Ayax</em>, en las que dramatiza la locura y muerte del caudillo <em>Ayax</em>, notable por su valent&iacute;a, su fuerza y tambi&eacute;n por su cabezoner&iacute;a o persistencia.</p>
<p>
	A la muerte de <em>Aquiles</em>, cree que le corresponden sus armas por los servicios prestados en la lucha contra los troyanos; la herencia tambi&eacute;n la pretende el astuto <em>Odiseo </em>o <em>Ulises</em>, que es quien finalmente se hace con ellas. <em>Ayax </em>se enfada como s&oacute;lo pueden hacerlo los grandes h&eacute;roes y con furia incontenible se lanza decidido a acabar con la vida de los propios jefes aqueos o griegos,<em> Odiseo, Agamen&oacute;n, Menelao</em>&hellip; La diosa <em>Atenea</em>, siempre vigilante, canaliza la ira de <em>Ayax </em>hacia los reba&ntilde;os de corderos y otros animales tomados como bot&iacute;n a los troyanos, que se presentan a los ojos y mente de Ayax como los propios griegos que le han arrebatado el bot&iacute;n; <em>Ayax</em>, en su locura, se los lleva consigo y hace una enorme carnicer&iacute;a de muchos y encadena a otros para azotarles. Pero su locura es pasajera; cuando le cuentan lo realmente sucedido se aplaca su ira, como si la muerte de los animales fuera un sacrificio ritual, pero&nbsp; siente una enorme verg&uuml;enza porque sus compa&ntilde;eros de bando militar no han reconocido su colaboraci&oacute;n en la causa y ha de volver a su patria sin trofeos. Toma una &uacute;ltima y tr&aacute;gica decisi&oacute;n: se servir&aacute; precisamente de la espada que arrebat&oacute; al troyano <em>H&eacute;ctor </em>para acabar con su vida. Como si de un sacrificio ritual se tratara, la muerte de las ovejas hab&iacute;a aplacado la ira de <em>Ayax</em>.</p>
<p>
	Nos lo cuenta as&iacute;<em> S&oacute;focles: Ayax, 282 y ss</em>.</p>
<p>
	<em><strong>CORIFEO: &iquest;Qu&eacute; principio de locura se le present&oacute; s&uacute;bitamente? H&aacute;znoslo saber a los que compartimos sus sufrimientos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>TECMESA </strong></em>(esposa de Ayax<em><strong>): Vas a conocer todos los hechos, puesto que eres part&iacute;cipe.Aquel, en las altas horas de la noche cuando las hogueras vespertinas ya no ard&iacute;an, tom&oacute; la espada de doble filo y trataba de marcharse en una injustificada salida. Yo le increpo y le digo: &iquest;Qu&eacute; haces, Ayax, por qu&eacute; sin ser llamado ni convocado por mensajeros ni por trompeta alguna te lanzas a este ataque? Ahora todo el ej&eacute;rcito duerme.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El me dirigi&oacute; pocas palabras, de las siempre repetidas: &ldquo;Mujer, el silencio es un adorno de las mujeres&rdquo;. Cuando lo o&iacute; yo no prosegu&iacute; y &eacute;l sali&oacute; solo. No puedo contar lo que all&iacute; sucedi&oacute;. Lo cierto es que entr&oacute; trayendo atados juntamente toros, perros pastores y una presa de hermosa lana. A unos los desnucaba, a otros, haci&eacute;ndoles levantar sus cabezas, los degollaba y abr&iacute;a en canal. A otros, atados, los maltrataba como si de hombres se tratara, precipit&aacute;ndose sobre el ganado. Por &uacute;ltimo, saliendo fuera a trav&eacute;s de la puerta, a una sombra dirige sus palabras, en contra unas veces de los Atridas, otras hablando de Odiseo, a&ntilde;adiendo a grandes carcajadas, con cu&aacute;nta arrogancia se hab&iacute;a vengado de ellos en su ataque.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y despu&eacute;s de eso, irrumpiendo otra vez en su tienda con dificultad y a medida que pasa el tiempo, va volvi&eacute;ndose a su juicio. Y cuando observa su tienda llena de estragos, golpe&aacute;ndose la cabeza se pone a gritar y, hundido entre los despojos de los cad&aacute;veres de la matanza de corderos, se sent&oacute; y se arrancaba con fuerza los cabellos con la mano y con las u&ntilde;as.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Durante mucho tiempo se mantuvo si hablar; luego me amenaz&oacute; con terribles palabras, si no le manifestaba todo lo que hab&iacute;a sucedido, y me preguntaba en qu&eacute; aprieto se encontraba metido. Y yo, amigos, temerosa, le dije todo cuanto hab&iacute;a hecho que yo supiera. Al punto, &eacute;l prorrumpi&oacute; en penosos lamentos como nunca antes le hab&iacute;a yo escuchado &ndash;pues siempre consideraba que tales lamentos eran propios de un hombre cobarde y pusil&aacute;nime-. Se quejaba sordamente sin proferir agudos gritos, como cuando un toro muge. Y ahora, expuesto ese hombre a tan infausta suerte, sin comer, sin beber, postrado entre los reba&ntilde;os muertos por su espada, est&aacute; sentado inm&oacute;vil. Es evidente que algo aciago maquina, pues eso da a entender en sus palabras y lamentos&hellip;.</strong></em></p>
<p>
	El episodio de <em>Don Quijote</em> que nos cuenta <em>Cervantes </em>en el<em> cap&iacute;tulo XVIII de la primera parte</em> quiz&aacute;s no tenga que ver con el de <em>Ayax </em>nada m&aacute;s all&aacute; del hecho fundamental de ambos relatos: dos soldados furiosos confunden en su locura a unos mansos cordero y animales con fieros ej&eacute;rcitos contendientes, con la diferencia importante que la locura de <em>Ayax</em>, producida por los dioses, es pasajera y de funestas consecuencias; la de<em> D. Quijote</em> parece persistente y confirmada, porque acabado el episodio con Quijote malparado, insiste en que son los encantadores los que le han cambiado los soldados en ovejas para privarle de la victoria:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&laquo;este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que vio que yo hab&iacute;a de alcanzar desta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos en manadas de ovejas&raquo;</strong></em></p>
<p>
	As&iacute; que <em>Cervantes </em>y <em>D.Quijote</em> con la colaboraci&oacute;n de los malos esp&iacute;ritus, hacen de la realidad una fantas&iacute;a y de la fantas&iacute;a una realidad. <em>D.Quijote</em>, loco a ratos, impone donde es posible la visi&oacute;n del &ldquo;caballero&rdquo; seg&uacute;n sus lecturas a la visi&oacute;n de sus sentidos f&iacute;sicos. La verdad, que esta&nbsp; alternativa din&aacute;mica entre fantas&iacute;a y realidad, le sirve a Cervantes en varias ocasiones para situarnos en no se sabe qu&eacute; lugar, el real o el imaginado, porque en su perspectiva los dos son igual de veros&iacute;miles. Es decir,<em> D. Quijote</em>, y de paso todos nosotros, quedamos encerrados en un c&iacute;rculo vicioso sin salida: &iquest;son los reba&ntilde;os de ovejas ej&eacute;rcitos o son los ej&eacute;rcitos reba&ntilde;os de ovejas por arte de los encantamientos? &iquest;Qu&eacute; es lo real?</p>
<p>
	<em>Nota</em>:<em> Cervantes, Don Quijote</em>, hace una prolija enumeraci&oacute;n de los &ldquo;supuestos&rdquo; contendientes. Esto&nbsp; que Don Quijote realiza es imitaci&oacute;n de las enumeraciones que tradicionalmente se hace en las batallas desde la propia Iliada, y que como<em> Francisco Rico</em>, preciso comentarista del Don Quijote cervantino, es una pieza para el lucimiento literario desde <em>Homero</em>.</p>
<p>
	<em>Dice Cervantes, I, XVI:</em><br />
	<em><strong>&hellip;&hellip;.<br />
	En estos coloquios iban Don Quijote y su escudero, cuando vio Don Quijote que por el camino que iban ven&iacute;a hacia ellos una grande y espesa polvareda, y en vi&eacute;ndola se volvi&oacute; a Sancho, y le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Este es el d&iacute;a, oh Sancho, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; este es el d&iacute;a, digo, en que se ha de mostrar tanto como en otro alguno el valor de mi brazo, y en que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la fama por todos los venideros siglos. &iquest;Ves aquella polvareda que all&iacute; se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copios&iacute;simo ej&eacute;rcito que de diversas e innumerables gentes compuesto, por all&iacute; viene marchando.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-A esa cuenta, dos deben de ser- dijo Sancho, porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Volvi&oacute; a mirarla Don Quijote, y vi&oacute; que as&iacute; era la verdad; y alegr&aacute;ndose sobremanera, pens&oacute; sin dudaalguna que eran dos ej&eacute;rcitos que ven&iacute;an a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura, porque ten&iacute;a a todas horas y momentos llena la fantas&iacute;a de aquellas batallas, encantamientos, sucesos, desatinos, amores, desaf&iacute;os, que en los libros de caballer&iacute;a se cuentan; y todo cuanto hablaba, pensaba o hac&iacute;a, era encaminado a cosas semejantes, y a la polvareda que hab&iacute;a visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros, que por el mismo camino de dos diferentes partes ven&iacute;an, las cuales con el polvo no se echaron de ver hasta que llegaron cerca; y con tanto ah&iacute;nco afirmaba Don Quijote que eran ej&eacute;rcito, que Sancho le vino a creer, y a decirle:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Se&ntilde;or, &iquest;pues qu&eacute; hemos de hacer nosotros?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Qu&eacute;? dijo Don Quijote. Favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos; y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente lo conduce y gu&iacute;a el gran emperador Alifanfaron, se&ntilde;or de la grande isla Trapobana; este otro, que a mis espaldas marcha, es el de su enemigo el rey de los Garamantas, Pentapolin del arremangado brazo, porque siempre entra en las batallas con el brazo derecho desnudo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Pues &iquest;por qu&eacute; se quieren tan mal estos dos se&ntilde;ores? pregunt&oacute; Sancho.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Qui&eacute;rense mal- respondi&oacute; Don Quijote, porque este Alifanfaron es un<br />
	furibundo pagano, y est&aacute; enamorado de la hija de Pentapolin, que es una muy hermosa y adem&aacute;s agraciada se&ntilde;ora, y es cristiana, y su padre no se la quiere entregar al rey pagano si no deja primero la ley de su falso profeta Mahoma, y se vuelve a la suya.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; &iexcl;Para mis barbas- dijo Sancho, si no hace muy bien Pentapolin, y que le tengo de ayudar en cuanto pudiere!.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; En eso har&aacute;s lo que debes, Sancho&#8211; dijo Don Quijote, porque para entrar en batallas semejantes no se requiere ser armado caballero.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Bien se me alcanza eso -respondi&oacute; Sancho-; pero &iquest;d&oacute;nde pondremos a este asno, que estemos ciertos de hallarle despu&eacute;s de pasada la refriega, porque al entrar en ella en semejante caballer&iacute;a no creo que est&aacute; en uso hasta agora?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-As&iacute; es verdad, -dijo Don Quijote-; lo que puedes hacer d&eacute;l es dejarle a sus aventuras, ahora se pierda o no, porque ser&aacute;n tanto los caballos que tendremos despu&eacute;s que salgamos vencedores, que a&uacute;n corre peligro Rocinante no le trueque por otro ; pero est&aacute;me atento y mira, que te quiero dar cuenta de los caballeros m&aacute;s principales que en estos dos ej&eacute;rcitos vienen, y para que mejor los veas y los notes, retir&eacute;monos a aquel altillo que all&iacute; se hace, de donde se deben descubrir los dos ej&eacute;rcitos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hici&eacute;ronlo as&iacute; y pusi&eacute;ronse sobre una loma , desde la cual se ve&iacute;an bien las dos manadas que a Don Quijote se le hicieron ej&eacute;rcito, si las nubes del polvo que levantaban no les turbara y cegara la vista; pero con todo esto, viendo en su imaginaci&oacute;n lo que no ve&iacute;a ni hab&iacute;a, con voz levantada comenz&oacute; a decir:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Aquel caballero que all&iacute; ves de las armas jaldes, que trae en el escudo un le&oacute;n coronado rendido a los pies de una doncella, es el valeroso Laurcalco, se&ntilde;or de la Puente de Plata. El otro de las armas de las flores de oro, que trae en el escudo tres coronas de plata en campo azul, es el temido Micocolembo, gran duque de Quirocia. El otro de los miembros gigantes que est&aacute; a su derecha mano, es el nunca medroso Brandabarbar an de Boliche, se&ntilde;or de las tres Arabias, que viene armado de aquel cuero de serpiente, y tiene por escudo una puerta, que seg&uacute;n es fama, es una de las del templo que derrib&oacute; Sanson cuando con su muerte se veng&oacute; de sus enemigos. Pero vuelve los ojos a estotra parte, y ver&aacute;s delante y en la frente de estotro ej&eacute;rcito al siempre vencedor y jam&aacute;s vencido Timonel de Carcajona, pr&iacute;ncipe de la Nueva Vizcaya, que viene armado con las armas partidas a cuarteles azules, verdes, blancos y amarillos, y trae en el escudo un gato de oro en campo leonado con una letra que dice &quot;Miau&quot;, que es el principio del nombre de su dama, que seg&uacute;n se dice es la sin par Miaulina, hija del duque de Alfe&ntilde;iquen del Algarbe. El otro, que carga y oprime los lomos de aquella poderosa alfana, que trae las armas como nieve blancas, y el escudo blanco y sin empresa alguna, es un caballero novel, de naci&oacute;n franc&eacute;s, llamado Pierres Papin, se&ntilde;or de las baron&iacute;as de Utrique. El otro, que bate las hijadas con los herrados carca&ntilde;os a aquella pintada y lijera cebra, y trae las armas de los veros azules, es el poderoso duque de Nervia, Espartafilardo del Bosque, que trae por empresa en el escudo una esparraguera con una letra en castellano, que dice as&iacute;: &quot;Rastrea mi suerte&quot;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y desta manera fu&eacute; nombrando muchos caballeros del uno y del otro escuadr&oacute;n que &eacute;l se imaginaba, y a todo s les di&oacute; sus armas, colores, empresas y motes de improviso, llevado de la imaginaci&oacute;n de su nunca vista locura, y sin parar prosigui&oacute; diciendo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-A este escuadr&oacute;n frontero forman y hacen gentes de diversas naciones; aqu&iacute; est&aacute;n los que beben las dulces aguas del famoso Janto, los montuosos que pisan los masil&iacute;scos campos, los que criban el fin&iacute;simo y menudo oro en la felice Arabia, los que gozan las famosas y frescas riberas del claro Termodonte, los que sangran por muchas y diversas v&iacute;as al dorado Pactolo, los mumidas dudosos ensus promesas, los persas en arcos y flechas famosos, los partos, los medos, que pelean huyendo, los &aacute;rabes de mudables casas, los citas tan crueles como blancos, los et&iacute;opes de horadados labios, y otras infinitas naciones cuyos rostros conozco y veo, aunque de los nombres no me acuerdo. En estotro escuadr&oacute;n vienen los que beben las corrientes cristalinas del oliv&iacute;fero Betis, los que tersan y pulen con el licor del siempre rico y dorado Tajo, los que gozan las provechosas aguas del divino Genil, los que pisan los tartesios campos de pastos abundantes, los que se alegran en el&iacute;seos jerezanos prados, los manchegos ricos y coronados de rubias espigas, los de hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre goda, los que en Pisuerga se ba&ntilde;an, famoso por la mansedumbre de su corriente, los que su ganado apacientan en las extendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por su escondido curso, los que tiemblan con el fr&iacute;o del silboso Pirineo y con los blancos copos del levantado Apenino; finalmente, cuantos toda la Europa en s&iacute; contiene y encierra.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;V&aacute;lame Dios, y cu&aacute;ntas provincias dijo , cu&aacute;ntas naciones nombr&oacute;, d&aacute;ndole a cada una con maravillosa presteza los atributos que le pertenec&iacute;an, todo absorto y empapado en lo que hab&iacute;a le&iacute;do en sus libros mentirosos!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Estaba Sancho Panza colgado de sus palabras sin hablar ninguna, y de cuando en cuando volv&iacute;a la cabeza a ver si ve&iacute;a los caballeros y gigantes que su amo nombraba, y como no descubr&iacute;a a ninguno le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Se&ntilde;or, encomiendo al diablo, si hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos vuestra merced dice parece por todo esto, a lo menos yo no los veo; quiz&aacute; todo esto debe ser<br />
	encantamiento como las fantasmas de anoche.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;C&oacute;mo dices eso? &#8211;respondi&oacute; Don Quijote, no oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-No oigo otra cosa, -respondi&oacute; Sancho- sino muchos balidos de ovejas y carneros,</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y as&iacute; era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos reba&ntilde;os.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-El miedo que tienes, -dijo Don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas, porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos, y hacer que las cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, ret&iacute;rate a una parte y d&eacute;jame solo, que solo basto a dar la victoria a la parte a quien yo diere mi ayuda.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y diciendo &eacute;sto puso las espuelas a Rocinante, y puesta la lanza en el ristre baj&oacute; de la costezuela como un rayo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Diole voces Sancho, dici&eacute;ndole:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Vu&eacute;lvase vuestra merced, se&ntilde;or Don Quijote, que voto a Dios que son carneros y ovejas las que va a embestir: vu&eacute;lvase, desdichado del padre que me engendr&oacute;: &iexcl;qu&eacute; locura es &eacute;sta! Mire que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. &iquest;Qu&eacute; es lo que hace? Pecador soy yo a Dios.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ni por esasvolvi&oacute; Don Quijote, antes en altas voces iba diciendo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iexcl;Ea, caballeros, los que segu&iacute;s y militais debajo de las banderas del poderoso emperador Pentapolin del arremangado brazo, seguidme todos! &iexcl;Vereis cu&aacute;n facilmente le doy venganza de su enemigo Alifanfaron de la Trapobana!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Esto diciendo, se entr&oacute; por medio del escuadr&oacute;n de las ovejas, y comenz&oacute; de alanceallas con tanto con coraje y denuedo, como si de veras alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada ven&iacute;an, d&aacute;banle voces que no hiciese aquello; pero viendo que no aprovechaban, desci&ntilde;&eacute;ronse las ondas, y comenzaron a saludarle los o&iacute;dos con piedras como el pu&ntilde;o. Don Quijote no se curaba de las piedras; antes discurriendo a todas partes, dec&iacute;a:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; &iquest;Ad&oacute;nde est&aacute;s, soberbio Alifanfaron? Vente a m&iacute;, que un caballero solo soy, que desea de solo a solo probar tus fuerzas y quitarte la vida en pena de la que das al valeroso Pentapolin Garamanta.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lleg&oacute; en &eacute;sto una peladilla de arroyo, y d&aacute;ndole en un lado, le sepult&oacute; dos costillas en el cuerpo. Vi&eacute;ndose tan maltrecho, crey&oacute; sin duda que estaba muerto o mal ferido, y cord&aacute;ndose de su licor, sac&oacute; su alcuza, y p&uacute;sosela a la boca, y comenz&oacute; a echar licor en el estomago; mas antes que acabase de envasar lo que a &eacute;l le parec&iacute;a que era bastante lleg&oacute; otra almendra, y di&oacute;le en la mano y en la alcuza tan de lleno, que se la hizo pedazo s, llev&aacute;ndole de camino tres o cuatro dientes y muelas de la boca, y machuc&aacute;ndole malamente dos dedos de la mano.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tal fue el golpe primero, y tal el segundo o, que le fue forzoso al pobre caballero dar consigo del caballo abajo. Lleg&aacute;ronse a &eacute;l los pastores, y creyendo que le hab&iacute;an muerto, y as&iacute; con mucha priesa recogieron su ganado, y cargaron de las reses muertas, que pasaban de siete, y sin averiguar otra cosa se fueron.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Est&aacute;base todo este tiempo Sancho sobre la cuesta, mirando las locuras que su amo hac&iacute;a, y arranc&aacute;base las barbas, maldiciendo la hora y el punto en que la fortuna se le hab&iacute;a dado a conocer. Vi&eacute;ndole, pues, ca&iacute;do en el suelo, y que ya los pastores se hab&iacute;an ido, baj&oacute; de la cuesta y lleg&oacute;se a &eacute;l, y hall&aacute;ndole de muy mal arte, aunque no hab&iacute;a perdido el sentido, y d&iacute;jole:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;No le dec&iacute;a yo, se&ntilde;or Don Quijote, que se volviese, que los que iba a acometer no eran ej&eacute;rcitos, sino manadas de carneros?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Como &eacute;so puede desaparecer y contra hacer aquel ladr&oacute;n del sabio mi enemigo, respondi&oacute; Don Quijote: s&aacute;bete, Sancho, que es muy f&aacute;cil cosa a los tales hacernos parecer lo que quieren, y este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que v&iacute;o que yo hab&iacute;a de alcanzar desta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos en manadas de ovejas. Si no haz una cosa, Sancho, por mi vida, porque te desenga&ntilde;es y veas ser verdad lo que te digo: sube en tu asno y s&iacute;guelos bonitamente, y ver&aacute;s c&oacute;mo, en alej&aacute;ndose de aqu&iacute; alg&uacute;n poco, se vuelven en su ser primero, y dejando de ser carneros, son hombres hechos y derechos, como te los pint&eacute; primero, pero no vayas ahora, que he menester tu favor y ayuda; ll&eacute;gate a m&iacute;, y mira cu&aacute;ntas muelas y dientes me faltan, que me parece que no me ha quedado ninguno en la boca.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lleg&oacute;se Sancho tan cerca, que casi le met&iacute;a los ojos en la boca, y fue a tiempo que ya hab&iacute;a obrado el b&aacute;lsamo en el est&oacute;mago de Don Quijote, y al tiempo que Sancho lleg&oacute; a mirarle la boca, arroj&oacute; de s&iacute;, m&aacute;s recio que una escopeta, cuanto dentro ten&iacute;a, y le di&oacute; con todo ello en las barbas del compasivo escudero.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; &iexcl;Santa Mar&iacute;a!-dijo Sancho-. &iquest;Y qu&eacute; es &eacute;sto que me ha sucedido? Sin duda este pecador est&aacute; herido de muerte, pues vomita sangre por la boca.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero reparando un poco m&aacute;s en ello, ech&oacute; de ver en la color, sabor y olor, que no era sangre, sino el b&aacute;lsamo de la alcuza que &eacute;l le hab&iacute;a visto beber; y fu&eacute; tanto el asco que tom&oacute;, que revolvi&eacute;ndosele el est&oacute;mago, vomit&oacute; las tripas sobre su mismo se&ntilde;or, y quedaron entrambos como de perlas. Acudi&oacute; Sancho a su asno para sacar de las alforjas con qu&eacute; limpiarse y con qu&eacute; curar a su amo, y como no las hall&oacute;, estuvo a punto de perder el juicio; mald&iacute;jose de nuevo; y propuso en su coraz&oacute;n de dejar a su amo y volverse a su tierra, aunque perdiese el salario de lo servido y las speranzas del gobierno de la prometida &iacute;nsula.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lev&aacute;ntose en esto Don Quijote, y puesta la mano izquierda en la boca, porque no se le acabasen de salir los dientes, asi&oacute; con la otra las riendas de Rocinante, que nunca se hab&iacute;a movido de junto a su amo (tal era de leal y bien acondicionado), y fuese a donde su escudero estaba, de pechos sobre su asno, con la mano en la mejilla en guisa de hombre pensativo, adem&aacute;s, y vi&eacute;ndole Don Quijote de aquella manera, con muestras de tanta tristeza, le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-S&aacute;bete, Sancho, que no es un hombre m&aacute;s que otro si no hace m&aacute;s que otro: todas esta borrascas que nos suceden son se&ntilde;ales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aqu&iacute; se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien est&aacute; ya cerca, as&iacute; que no debes congojarte por las desgracias que a m&iacute; me suceden, pues a ti no te cabe parte de ellas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;C&oacute;mo no? -respondi&oacute; Sancho-; &iquest;Por ventura el que ayer mantearon era otro que el hijo de mi padre? &iquest;y las alforjas que hoy me faltan son de otro que del mismo?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Qu&eacute;, te faltan las alforjas, Sancho? -dijo Don Quijote.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-S&iacute; que me faltan, -respondi&oacute; Sancho.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;De ese modo, no tenemos que comer hoy? -replic&oacute; Don Quijote.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Eso fuera, -respondi&oacute; Sancho- cuando faltaran por estos prados las yerbas que vuestra merced dice que conoce, con que suelen suplir semejantes faltas los tan mal aventurados caballeros andantes, como vuestra merced es.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Con todo eso, -respondi&oacute; Don Quijote- tomara yo m&aacute;s aina un cuartel de pan, o una hogaza y dos cabezas de sardinas arenques, que cuantas yerbas describe Diosc&oacute;rides, aunque fuera el ilustrado doctor Laguna; mas con todo &eacute;sto, sube en tu jumento, Sancho el bueno, y vente tras mi, que Dios, que es proveedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, y m&aacute;s andando tan en su servicio como andamos, pues no falta a los mosquitos del aire, ni a los gusanillos de la tierra, ni a los renacuajos del agua, y es tan piadoso, que hace salir su sol sobre los buenos y malos, y llueve sobre los injustos y justos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-M&aacute;s bueno era vuestra merced, -dijo Sancho-, para predicador que para caballero andante.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>De todo sab&iacute;an y han de saber los caballeros andantes, Sancho, -dijo Don Quijote-, porque caballero andante hubo en los pasados siglos, que as&iacute; se paraba a hacer un serm&oacute;n o pl&aacute;tica en un camino real, como si fuera graduado por la universidad de Par&iacute;s, de donde se infiere, que nunca la lanza embot&oacute; la pluma, ni la pluma la lanza.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Ahora bien, sea as&iacute; como vuestra merced dice, -respondi&oacute; Sancho-; vamos ahora de aqu&iacute; y procuremos donde alojar esta noche, y quiera Dios que sea en parte donde no haya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros encantados, que si los hay, dar&eacute; al diablo el hato y el garabato.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-P&iacute;deselo t&uacute; a Dios, -dijo Don Quijote-, y gu&iacute;a t&uacute; por donde quisieres, que esta vez quiero dejar a tu elecci&oacute;n el alojarnos; pero dame ac&aacute; la mano, y ati&eacute;ntame con el dedo, y mira bien cu&aacute;ntos dientes y muelas me faltan deste lado derecho de la quijada alta, que all&iacute; siento el dolor.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Meti&oacute; Sancho los dedos, y est&aacute;ndole atent&aacute;ndo le dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iquest;Cu&aacute;ntas muelas sol&iacute;a vuestra merced tener en esta parte?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Cuatro -respondi&oacute; Don Quijote- fuera de la cordal todas enteras y muy sanas.<br />
	-Mire vuestra merced bien lo que dice, se&ntilde;or, -respondi&oacute; Sancho.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211; Digo cuatro, si no eran cinco, -respondi&oacute; Don Quijote-, porque en toda mi vida me han sacado diente ni muela de la boca, ni se me ha ca&iacute;do, ni comido de neguijon, ni de reuma alguna.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Pues en esta parte de abajo, -dijo Sancho-, no tiene vuestra merced m&aacute;s de dos muelas y media, y en la de arriba, ni media ni ninguna, que toda est&aacute; rasa como la palma de la mano.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Sin ventura yo! -dijo Don Quijote-, oyendo las tristes nuevas que su escudero le daba, que m&aacute;s quisiera que me hubieran derribado un brazo, como no fuera el de la espada; porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como el molino sin piedra, y en mucho m&aacute;s se ha de estimar un diente que un diamante; mas a todo esto estamos sujetos los que profesamos la estrecha orden de la caballer&iacute;a. Sube, amigo, y gu&iacute;a, que yo te seguir&eacute; al paso que quisieres.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>H&iacute;zolo as&iacute; Sancho, y encaminose hacia donde le pareci&oacute; que pod&iacute;a hallar acogimiento, sin salir del camino real, que por all&iacute; iba muy seguido.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y&eacute;ndose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quijadas de Don Quijote no le dejaba sosegar, ni atender a darse priesa, quiso Sancho entretenelle y divertirle dici&eacute;ndole alguna cosa, y entre otras que le dijo, fue lo que se dir&aacute; en el siguiente cap&iacute;tulo.</strong></em><br />
	&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La guerra  lo destruye todo, incluida la cultura y el arte</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/la-guerra-destruye-la-cultura-corinto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Feb 2015 02:50:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La guerra consiste en el dominio del adversario mediante la destrucción, en primer lugar de las personas, a las que mata sin piedad, y luego de todo lo que se pone (aunque no se oponga) a su paso. Las pérdidas más valiosas son las de las personas, naturalmente. Luego una pérdida irreparable es la del arte y de la cultura a veces acumulada durante siglos y milenios, que algunos “guerreros” califican eufemísticamente de “daños colaterales”.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>La guerra consiste en el dominio del adversario mediante la destrucción, en primer lugar de las personas, a las que mata sin piedad, y luego de todo lo que se pone (aunque no se oponga) a su paso. Las pérdidas más valiosas son las de las personas, naturalmente. Luego una pérdida irreparable es la del arte y de la cultura a veces acumulada durante siglos y milenios, que algunos “guerreros” califican eufemísticamente de “daños colaterales”.</b></p>
<p>
	Asistimos en estos d&iacute;as al expolio a que est&aacute;n siendo sometidos territorios arqueol&oacute;gicamente tan ricos como <em>Siria </em>o <em>Iraq </em>aprovechando la violencia de la guerra. <em>Egipto </em>lo viene siendo sistem&aacute;ticamente desde hace cientos de a&ntilde;os. Siempre ha sido igual desde que el &ldquo;<em>homo necans&rdquo;, &ldquo;el hombre que mata</em>&rdquo; descubri&oacute; su capacidad de violencia con los iguales. Todos los fastuosos museos de la culta Europa se han surtido del fruto de la guerra y del expolio colonialista. Esto es bien conocido y bien doloroso.</p>
<p>
	En la <em>Antig&uuml;edad </em>las guerras fueron&nbsp; tan frecuentes y destructivas como hoy y los ejemplos de destrucci&oacute;n y expolio de obras de arte son bien numerosos. Citar&eacute; dos o tres textos que ponen de manifiesto la falta de sensibilidad del &ldquo;<em>legionario</em>&rdquo; romano con el arte griego, que es sistem&aacute;ticamente expoliado.</p>
<p>
	Tal vez el caso m&aacute;s famoso de destrucci&oacute;n de un bien cultural inmenso sea la adjudicaci&oacute;n de la quema del incendio de la <em>Biblioteca de Alejandr&iacute;a</em> al ej&eacute;rcito de <em>Julio C&eacute;sar </em>en el a&ntilde;o 48 o 47&nbsp; a.C. en la guerra de <em>C&eacute;sar </em>con <em>Ptolomeo XIII,</em> hermano de <em>Cleopatra</em>.&nbsp; En realidad la confusi&oacute;n de los textos y la pervivencia posterior de la <em>Biblioteca </em>no permiten afirmar que fuera quemada y destruida la Biblioteca como tal; parece m&aacute;s bien que el incendio se limit&oacute; a los paquetes de rollos de papiro preparados en los muelles del puerto para su exportaci&oacute;n, que era parte de la pujanza econ&oacute;mica de <em>Alejandr&iacute;a</em>. V&eacute;ase <a href="http://www.antiquitatem.com/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria">http://www.antiquitatem.com/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria</a></p>
<p>
	Es en cambio muy curioso lo que ocurri&oacute; con la conquista de <em>Grecia </em>por los romanos. <em>Corinto&nbsp; </em>es una de las ciudades antiguas m&aacute;s famosas por su creatividad art&iacute;stica. Sus figuras y objetos de bronce son deseados y demandados en todo el mundo antiguo. Corinto fue conquistada y saqueada por los romanos en el a&ntilde;o 146 antes de Cristo. Bien, los textos que reproduzco&nbsp; a continuaci&oacute;n son bien significativos de la valoraci&oacute;n de la obra maestra de arte por parte de los profesionales de la milicia y del ej&eacute;rcito.</p>
<p>
	<em>Estrab&oacute;n, Geograf&iacute;a 8.6.23</em></p>
<p>
	<em><strong>Los corintios, cuando se sometieron a Filipo, defendieron su causa con todo celo, y se comportaron por su cuenta siempre con tanto desprecio hacia los romanos que las personas&nbsp; se atrevieron a tirar la suciedad desde lo alto encima de sus embajadores al pasar por sus casas. Inmediatamente fueron castigados por estas y otras ofensas e insultos. Los romanos enviaron un gran ej&eacute;rcito al mando de Lucio Mummio, que arras&oacute; la ciudad, mientras otros generales sometieron el resto del pa&iacute;s, Grecia, hasta Macedonia. Sin embargo la mayor parte del territorio de Corinto fue entregada a los Siconios. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Polibio relata&nbsp; con tristeza lo que ocurri&oacute; en la toma de la ciudad, y habla de la indiferencia con que los soldados observaron las obras de arte maestras, y las ofrendas sagradas de los templos de las que la ciudad estaba llena. &Eacute;l dice, que estuvo presente, y vio en las calles de Corinto pinturas tiradas en el suelo, y soldados jugando a los dados encima de ellas. Entre otras, cita el cuadro de Baco pintado por Aristides (al que se dice que se le aplicaba el dicho &ldquo;nada como el Baco&rdquo;), y el de H&eacute;rcules consumido por la t&uacute;nica que le regal&oacute; Deyanira. Esta &uacute;ltima no la he visto yo personalmente, pero s&iacute; he visto la pintura de Baco colgada en el templo de Dem&eacute;ter de Roma, una obra de arte realmente hermosa, que hace poco fue consumida por el fuego juntamente con el templo.&nbsp; El mayor n&uacute;mero y desde luego las&nbsp; m&aacute;s hermosas&nbsp; de las otras ofrendas que hay en Roma (en los templos) fueron tra&iacute;das de Corinto. Algunas de ellas est&aacute;n en posesi&oacute;n de las ciudades cercanas a Roma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Siendo Mummio m&aacute;s valiente y generoso que admirador de las artes, se las ofrec&iacute;a&nbsp; sin dudarlo a quienes le&nbsp; preguntaban por ellas. L&uacute;culo, que construy&oacute; el templo de la Buena Fortuna y un p&oacute;rtico, pidi&oacute; a Mummio el uso de algunas estatuas, con el pretexto de adornar con ellas el templo con ocasi&oacute;n de su dedicaci&oacute;n y prometiendo devolverlas. Sin embargo no las devolvi&oacute;, sino que las present&oacute; como ofrendas sagradas y le dijo a Mummio que las retirase si quer&iacute;a. Mummio no se quej&oacute; por esta conducta, despreocup&aacute;ndose de las estatuas, pero obtuvo m&aacute;s honor que L&uacute;culo, que las hab&iacute;a presentado como ofrendas sagradas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Corinto estuvo mucho tiempo abandonada, hasta que al final fue restaurada&nbsp; por sus ventajas naturales por el &ldquo;divus C&eacute;sar&rdquo; (el divino C&eacute;sar), que&nbsp; envi&oacute; colonos all&aacute;, que&nbsp; en su mayor parte eran los descendientes de hombres libres. Al remover las ruinas, y al abrir en la excavaci&oacute;n los sepulcros, aparecieron gran cantidad&nbsp; de obras de cer&aacute;mica con figuras pintadas en ellas, y muchas tambi&eacute;n de metal. Su maestr&iacute;a era admirable, as&iacute; que todos los sepulcros fueron examinados con el mayor cuidado. Se obtuvo as&iacute; una gran cantidad de cosas, que pusieron a la venta por su&nbsp; gran precio, y Roma se llen&oacute; de &ldquo;Necro-Corintios&rdquo;; con este nombre se conoc&iacute;an los art&iacute;culos sacados de los sepulcros, sobre todo la cer&aacute;mica.&nbsp;&nbsp; Al principio estas &uacute;ltimas se estimaron&nbsp; tanto como las obras en metal de los artistas de Corinto, pero este af&aacute;n de poseerlas desapareci&oacute; pronto, no s&oacute;lo porque fall&oacute; la oferta, sino tambi&eacute;n porque&nbsp; la mayor parte de ellas no estaban bien ejecutadas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La ciudad de Corinto fue grande y opulenta en todas las &eacute;pocas, y produjo un gran n&uacute;mero de hombres de estado y de artistas. Aqu&iacute;, en particular, y en Sici&oacute;n, florecieron la pintura y la escultura y todas las artes de este tipo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La tierra no era muy f&eacute;rtil; su superficie era irregular y &aacute;spero, por lo que todos los escritores describen Corinto llena de escarpados y colinas, y le aplican el dicho:&nbsp; &quot;Puntillosa&nbsp;&nbsp; y arrastrada como Corinto&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<em>Notas</em>:<br />
	&#8211; <em>Ar&iacute;stides de Tebas</em>, el pintor de &ldquo;<em>El Baco</em>&rdquo; famoso, fue contempor&aacute;neo de <em>Alejandro Magno</em>. En una subasta p&uacute;blica del bot&iacute;n de Corinto, el rey <em>Atalo </em>ofreci&oacute; una cantidad de dinero tan grande por este&nbsp; &ldquo;Baco&rdquo;, que <em>Mummio</em>, que no sab&iacute;a nada de arte y desconociendo su valor, pens&oacute; que el cuadro ten&iacute;a alg&uacute;n poder m&aacute;gico que &eacute;l desconoc&iacute;a, y lo envi&oacute; a Roma a pesar de las protestas de Atalo. En otro texto de este art&iacute;culo pongo en evidencia la ignorancia de este rudo Mummio.</p>
<p>
	&#8211; La historia de <em>H&eacute;rcules y Deyanira</em> es el tema de la tragedia <em>Las Tarquinias</em> de <em>S&oacute;focles</em>.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n nos lo comenta <em>Veleyo Paterculo</em> en su <em>Historia Romana I,13</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Tres a&ntilde;os antes de que Cartago fuera destrudia, muri&oacute; Marco Cat&oacute;n, incansable instigador de su destrucci&oacute;n, durante el consulado de Lucio Censorino y Manio Manilio. El mismo a&ntilde;o de la ca&iacute;da de Cartago L. Mumio arras&oacute; Corinto, novecientos cincuenta y dos a&ntilde;os despu&eacute;s de que fuera fundada por Aletes, hijo de H&iacute;potes. Los dos generales recibieron el honor de unir a su nombre el de la naci&oacute;n que hab&iacute;an vencido: uno fue llamado Africano y el otro Acaico; ning&uacute;n hombre sin antepasados nobles consigui&oacute; un apelativo por su valor antes que Mumio. Tanto las costumbres como los intereses de los dos generales eran muy diferentes; pues Escipi&oacute;n fue un promotor y admirador de las artes liberales y de la cultura en general tan elegante que tuvo a su lado tanto en tiempos de paz como en campa&ntilde;a a Polibio y a Panecio, destacad&iacute;simos talentos. En efecto, nadie como este Escipi&oacute;n fue capaz de alternar con mayor elegancia el ocio con sus obligaciones y sirvi&oacute; a las artes en todo momento, durante la guerra y en la paz, con un esfuerzo constante en la milicia y en las letras, puso a prueba su cuerpo en los peligros y su inteligencia en el saber.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mumio ten&iacute;a tan poca cultura que tras la toma de Corinto, cuando ajustaba el precio para que llevaran a Italia las pinturas y los objetos realizados por los mejores artistas, ordenaba que se advirtiera a los adjudicatarios que si dejaban que se perdieran, tendr&iacute;an que reemplazarlas por otras nuevas. No obstante no creo que dudes, Marco Vinicio, que m&aacute;s le habr&iacute;a servido a la rep&uacute;blica que se siguiera desconociendo el valor de las obas de arte corintias y no que se supiera demasiado y que aquella falta de comprensi&oacute;n ser&iacute;a m&aacute;s conveniente para el esplendor de la rep&uacute;blica que este refinamiento nuestro.</strong></em></p>
<p>
	<em>Veleyo Paterculo,&nbsp; Historia Romana I, 13</em></p>
<p>
	<em>13&nbsp; Ante triennium quam Carthago deleretur, M. Cato, perpetuus diruendae eius auctor, L. Censorino M&#39;. Manilio consulibus mortem obiit. Eodem anno, quo Carthago concidit, L.43 Mummius Corinthum post annos nongentos quinquaginta duos, quam ab Alete Hippotis filio erat condita, funditus eruit. 2 Uterque imperator devictae a se gentis nomine honoratus, alter Africanus, alter appellatus est Achaicus; nec quisquam ex novis hominibus prior Mummio cognomen virtute partum vindicavit.<br />
	3 Diversi imperatoribus mores, diversa fuere studia: quippe Scipio tam elegans liberalium studiorum omnisque doctrinae et auctor et admirator fuit, ut Polybium Panaetiumque, praecellentes ingenio viros, domi militiaeque secum habuerit. Neque enim quisquam hoc Scipione elegantius intervalla negotiorum otio dispunxit semperque aut belli aut pacis serviit artibus: semper inter arma ac studia versatus aut corpus periculis aut animum disciplinis exercuit. 4 Mummius tam rudis fuit, ut capta Corintho cum maximorum artificum perfectas manibus tabulas ac statuas in Italiam portandas locaret, iuberet praedici conducentibus, si eas perdidissent, novas eos reddituros. p345 Non tamen puto dubites, Vinici, quin magis pro re publica fuerit manere adhuc rudem Corinthiorum intellectum quam in tantum ea intellegi, et quin hac prudentia illa imprudentia decori publico fuerit convenientior.</em></p>
<p>
	La consideraci&oacute;n final del texto de <em>Veleyo Pat&eacute;rculo</em> se debe al car&aacute;cter moralizante de su obra, que rechaza el lujo e influjo oriental que se ha impuesto en <em>Roma </em>y tal vez a que pretenda ser un elogio a la pol&iacute;tica de austeridad de <em>Tiberio</em>.</p>
<p>
	De este <em>Mumio</em>, tan rudo, que se utilizaba como prototipo en los ejercicios de ret&oacute;rica, nos da tambi&eacute;n informaci&oacute;n <em>Plinio en su Historia Natural, XXXV, (8), 24.</em></p>
<p>
	(24) VIII.<em><strong> [1] El primero que dio popularidad a las pinturas&nbsp; extranjeras en Roma, fue L Mummius,&nbsp; a quien su victoria en Acaya le proporcion&oacute; el sobrenombre de &ldquo;el Acayo&rdquo;.&nbsp; En la subasta del bot&iacute;n, el Rey Attalus compr&oacute; por&nbsp; 600.000 sestercios el cuadro de Ar&iacute;stides del &ldquo;Padre Liber&rdquo; (Baco); Mummius, sorprendido por el precio y sospechando que en &eacute;l se escond&iacute;a alguna virtud que &eacute;l no conoc&iacute;a, rompi&oacute; el trato. A pesar de lo mucho que se quej&oacute; Attalo, se coloc&oacute; el cuadro en el templo de Ceres: creo que fue&nbsp; la primera pintura extranjera, que se mostr&oacute; en p&uacute;blico en Roma. Veo que luego se colocaron com&uacute;nmente en el Foro.</strong></em></p>
<p>
	<em>Tabulis autem externis auctoritatem Romae publice fecit primus omnium L. Mummius, cui cognomen Achaici victoria dedit. namque cum in praeda vendenda rex Attalus VI emisset tabulam Aristidis, Liberum patrem, pretium miratus suspicatusque aliquid in ea virtutis, quod ipse nesciret, revocavit tabulam, Attalo multum querente, et in Cereris delubro posuit. quam primam arbitror picturam externam Romae publicatam, deinde video et in foro positas volgo.</em></p>
<p>
	<em>Corinto </em>es un famoso centro de arte. De su producci&oacute;n art&iacute;stica son especialmente buscados sus bronces, sus trabajos de orfebrer&iacute;a, los famosos &ldquo;<em>vasos corintios&rdquo;</em> (vasos, bandejas, jarras, flores y otros objetos) , que ten&iacute;an un color y olor caracter&iacute;sticos que los hac&iacute;an muy apreciados por los romanos, que los coleccionaban como signo de riqueza.</p>
<p>
	El liberto y nuevo rico <em>Trimalci&oacute;n</em>, protagonista de gran parte del <em>Satiric&oacute;n </em>de <em>Petronio</em>, no tiene ning&uacute;n pudor en dar una versi&oacute;n disparatada del origen de estos famosos vasos, aunque para ello tenga que cometer el mayor anacronismo haciendo coet&aacute;neos la ca&iacute;da de <em>Troya </em>y el cartagin&eacute;s <em>Anibal</em>. Nos lo cuenta <em>Petronio </em>en su <em>Satiric&oacute;n, 50</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s de este prodigio toda la servidumbre rompi&oacute; a aplaudir y grit&oacute;:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iexcl;Viva Gayo!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El cocinero fue honrado con un trago y con una corona de plata; el vaso se lo presentaron en una bandeja de Corinto.&nbsp;&nbsp; . Agamen&oacute;n la examin&oacute; atentamente muy de cerca, y entonces dijo Trimalci&oacute;n:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-&iexcl;Soy el &uacute;nico que tiene verdaderos Corintios!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Esperaba yo que de conformidad con su insolencia anterior dijera que le llevaban la vajilla desde Corinto. Pero &eacute;l con una salida mejor nos dijo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>-Y quiz&aacute;s quieres saber por qu&eacute; soy el &uacute;nico en poseer leg&iacute;timos Corintios; pues porque el broncista a quien se los compro se llama Corinto. Y &iquest;qu&eacute; puede ser Corintio sin quien tiene a Corintio? Y no me teng&aacute;is por un paleto: &acute;se pero que muy bien de d&oacute;nde salieron en su comienzo los bronces de Corinto. Cuando fue tomada Troya 2 , Anibal, tipo taimado y gran lagart&oacute;n, todas las estatuas de bronce y oro y de plata las amonton&oacute; en una hoguera y les prendi&oacute; fuego; se hicieron una sola masa amalgamada. Y de esta masa cogieron los artesanos e hicieron platos y fuentes y figuritas. As&iacute; nacieron los bronces de Corinto, de todos los metales mezclados, ni uno ni otro. Perd&oacute;name lo que voy a decir; yo prefiero para m&iacute; las cosas de cristal, por lo menos no huelen. Y si no se rompieran, las preferir&iacute;a al oro; pero la realidad es que andan por el suelo</strong></em>. (Traducci&oacute;n de Manuel C.D&iacute;az y D&iacute;az. Ediciones AlmaMater,1968)</p>
<p>
	<em>Plausum post hoc automatum familia dedit et &quot;Gaio feliciter!&quot; conclamavit. Nec non . cocus potione honoratus est, etiam argentea corona poculumque in lance accepit Corinthia. Quam cum Agamemnon propius consideraret, ait Trimalchio: &quot;Solus sum qui vera Corinthea habeam.&quot; Exspectabam ut pro reliqua insolentia diceret sibi vasa Corintho afferri. Sed ille melius: &quot;Et forsitan, inquit, quaeris quare solus Corinthea vera possideam: quia scilicet aerarius, a quo emo, Corinthus vocatur. Quid est autem Corintheum, nisi quis Corinthum habeat? Et ne me putetis nesapium esse, valde bene scio, unde primum Corinthea nata sint. Cum Ilium captum est, Hannibal, homo vafer et magnus stelio, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit; factae sunt in unum aera miscellanea. Ita ex hac massa fabri sustulerunt et fecerunt catilla et paropsides &lt;et&gt; statuncula. Sic Corinthea nata sunt, ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Ignoscetis mihi quod dixero: ego malo mihi vitrea, certe non olunt. Quod si non frangerentur, mallem mihi quam aurum; nunc autem vilia sunt.</em></p>
<p>
	Resulta chocante el anacronismo de hacer coet&aacute;neos la ca&iacute;da de <em>Troya </em>y&nbsp; <em>Anibal</em>, pero no menos chocante es que <em>Isidoro de Sevilla</em> recoja de <em>Petronio </em>esta an&eacute;cdota, bien es cierto que eliminando el anacronismo,&nbsp; en sus <em>Or&iacute;genes o Etimolog&iacute;as 16, 20,4:</em></p>
<p>
	<em><strong>El &ldquo;bronce de Corinto&rdquo; es una aleaci&oacute;n de todo tipo de metales que el azar mezcl&oacute; por primera vez durante el incendio de Corinto, cuando la ciudad fue conquistada. En efecto, al apoderarse An&iacute;bal de ella levant&oacute; una pira con todas las estatuas de bronce, de oro y de plata, y les prendi&oacute; fuego: de esta mezcla resultante tomaron material los orfebres y fabricaron bandejas. De esta manera se descubri&oacute; el bronce de Corinto, logrado a base de todos y no s&oacute;lo de este o de aquel metal. Por esto, hasta el d&iacute;a de hoy se conoce como &ldquo;bronce de Corinto&rdquo;, o &ldquo;vasos de Corinto&rdquo;, el que se obtiene a partir de la misma aleaci&oacute;n o de una imitaci&oacute;n de &eacute;sta.</strong></em></p>
<p>
	<em>Corintheum&nbsp; est commistio &oacute;mnium metallroum, quod casus primum miscuit, Corintho, cum caperetur, incensa. Nam dum hanc civitatem Hannibal cepisset, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit: ita ex hac commistione fabri sustulerunt et fecerunt parapsides. Sic Corinthea nata sunt ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Unde et usque in hodiernum diem sive ex ipso sive ex imitation eius aes Corintheum vel Corinthea vasa dicuntur.</em></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Octavio Augusto estuvo tres veces en  Hispania</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/augusto-guerras-cantabras-hispania-fasti/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Oct 2014 07:38:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por fin el cálido verano ha dado paso al más dulce otoño. El verano se extiende de Junio, el mes de la diosa Juno, la homóloga romana de la griega Hera, a Septiembre, el més séptimo de un inicial año de diez meses. Entre el mes inicial y el final del verano se desgranan día a día los meses de Julio y Agosto. Julio se llamó primeramente “quintilis”, es decir, el mes quinto y Agosto “sextilis”, es decir, el mes sexto. El general o “imperator” Julio César dio su nombre al quinto y su sobrino y primer emperador Octavio Augusto dio el nombre al sexto.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Por fin el cálido verano ha dado paso al más dulce otoño. El verano se extiende de Junio, el mes de la diosa Juno, la homóloga romana de la griega Hera, a Septiembre, el més séptimo de un inicial año de diez meses. Entre el mes inicial y el final del verano se desgranan día a día los meses de Julio y Agosto. Julio se llamó primeramente “quintilis”, es decir, el mes quinto y Agosto “sextilis”, es decir, el mes sexto. El general o “imperator” Julio César dio su nombre al quinto y su sobrino y primer emperador Octavio Augusto dio el nombre al sexto.</b></p>
<p>
	<em>Octavio</em> naci&oacute; en septiembre del a&ntilde;o 63 a.C.&nbsp; y muri&oacute; en agosto del a&ntilde;o 14 d.C., (prescindiendo de la&nbsp; exactitud cronol&oacute;gica dificultada por los cambios, adaptaciones y reajustes del calendario, que su t&iacute;o <em>Julio C&eacute;sar</em> ya reform&oacute;, hasta el d&iacute;a de hoy). As&iacute; que acaban de cumplirse 2.000 a&ntilde;os y puede ser esta una buena ocasi&oacute;n para comentar alg&uacute;n detalle.</p>
<p>
	<em>&quot;Augusto&quot;</em> fue uno de los numerosos t&iacute;tulos honor&iacute;ficos que C&eacute;sar Octavio acumul&oacute; en su persona. La palabra est&aacute; relacionada con &ldquo;<em>augeo</em>&rdquo; que significa aumentar, crecer, ganar fuerza y &ldquo;<em>augurio</em>&rdquo; u &ldquo;observaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los mensajes favorables de los dioses&rdquo;, por lo que &ldquo;<em>augusto</em>&rdquo; viene a significar&nbsp; &ldquo;<em>consagrado por los augurios, con augurios favorables,santo, venerable, el elegido o favorecido por la divinidad</em>&rdquo;. Todav&iacute;a hoy en italiano se emplea la palabra&nbsp; &ldquo;<em>auguri&rdquo;</em> para expresar &ldquo;<em>los mejores deseos</em>&rdquo; para alguien. Hasta Octavio,el t&eacute;rmino &ldquo;<em>augustus</em>&rdquo; s&oacute;lo se aplicaba a las cosas y no a las personas.</p>
<p>
	El poeta <em>Ovidio</em> nos ilustra sobre el significado&nbsp; del t&eacute;rmino. Al cantar la festividad y las ceremonias del d&iacute;a 13 de Enero dedicadas a Augusto, nos dice&nbsp; en sus<em> Fastos 1. 607 y ss</em>.</p>
<p>
	<em><strong>Sin embargo todos son celebrados con honores humanos;<br />
	S&oacute;lo &eacute;ste (Augusto) tiene un nombre asociado al supremo J&uacute;piter.<br />
	Los patricios a las cosas sagradas las llaman augustas; augustos son llamados<br />
	los templos dedicados ritualmente por la mano de los sacerdotes.<br />
	Tambien &ldquo;augurio&rdquo;&nbsp; tiene su origen en esta palabra,<br />
	y&nbsp; todo lo que J&uacute;piter engrandece con su poder.<br />
	&iexcl;Que engrandezca el imperio de nuestro gu&iacute;a, que aumente sus a&ntilde;os<br />
	y proteja vuestro umbral con la corona de encina.<br />
	Y que el heredero de tan gran apellido con los auspicios de los dioses<br />
	cargue con el peso del mundo con el mismo favor divino que su padre!</strong></em></p>
<p>
	<em>sed tamen humanis celebrantur honoribus omnes:<br />
	hic socium summo cum Iove nomen habet,<br />
	sancta vocant augusta patres, augusta vocantur<br />
	templa sacerdotum rite dicata manu;<br />
	huius et augurium dependet origine verbi,<br />
	et quodcumque sua Iuppiter auget ope.<br />
	augeat imperium nostri ducis, augeat annos,<br />
	protegat et vestras querna corona fores,<br />
	auspicibusque deis tanti cognominis heres<br />
	omine suscipiat, quo pater, orbis onus&nbsp;</em></p>
<p>
	Seg&uacute;n las fuentes, al menos las que yo conozco, <em>Augusto</em> estuvo tres veces en <em>Hispania</em> y de las tres quedan algunos hechos relevantes y&nbsp; alguna an&eacute;cdota.</p>
<p>
	<em>El primer viaje</em> tuvo lugar el a&ntilde;o 45 a.C., cuando apenas contaba 18 a&ntilde;os. Deb&iacute;a haber viajado antes con su t&iacute;o, pero una enfermedad le impidi&oacute; la marcha. As&iacute; que vino s&oacute;lo para encontrarse en <em>Tarragona</em> con <em>Julio C&eacute;sar</em>. En el viaje&nbsp; naufrag&oacute; y cuando lleg&oacute;, su t&iacute;o ya no estaba all&iacute; por lo que hubo de marchar por terreno enemigo y hostil hacia la <em>B&eacute;tica </em>en donde se encontraba luchando en la guerra civil contra los hijos de <em>Pompeyo</em>.</p>
<p>
	Nos lo cuenta <em>Nicol&aacute;s de Damasco</em> en su&nbsp; <em>Vida de Augusto, FGrH F 127, &hellip;(10-11)</em></p>
<p>
	<em><strong>(10) &hellip;Hab&iacute;a muchos que quer&iacute;an acompa&ntilde;arle porque ya era una gran promesa, pero rechaz&oacute; a todos, incluida su propia madre. Seleccion&oacute; al&nbsp; m&aacute;s r&aacute;pido y m&aacute;s fuerte de sus siervos e inici&oacute; r&aacute;pidamente&nbsp; su viaje y cubriendo el largo camino con una incre&iacute;ble marcha&nbsp; lleg&oacute; junto a C&eacute;sar, que ya hab&iacute;a completado toda la guerra en el espacio de siete meses.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>(11) Cuando Octavio lleg&oacute; a Tarraco, pareci&oacute; dif&iacute;cil creer que hab&iacute;a logrado llegar en medio de tantas dificultades propias de la guerra. Al no encontrar a C&eacute;sar all&iacute;, tuvo que afrontar&nbsp; m&aacute;s problemas y peligros. Alcanz&oacute; a C&eacute;sar en Espa&ntilde;a, cerca de la ciudad de Calpi&aacute;. C&eacute;sar lo abraz&oacute; como a un hijo y le dio la bienvenida, porque &eacute;l lo hab&iacute;a dejado en casa, enfermo, y ahora lo ve&iacute;a inesperadamente a salvo de tantos enemigos y&nbsp; bandidos. De hecho, ya no le dej&oacute; apartarse de &eacute;l, sino que lo acogi&oacute;&nbsp; en sus propias dependencias militares. Elogi&oacute; su celo e inteligencia, ya que &eacute;l fue el primero en llegar de los que hab&iacute;an salido de Roma . Conversaba con &eacute;l y le hac&iacute;a preguntas porque quer&iacute;a hacerse una opini&oacute;n correcta de su entendimiento. Se dio cuenta de&nbsp; que era sagaz, inteligente y conciso en sus respuestas, que&nbsp; siempre contest&oacute; inmediatamente, y aument&oacute;&nbsp; su estima y afecto por &eacute;l. Despu&eacute;s de esto tuvieron que navegar hasta Carthago Nova (Cartagena) para hacer acuerdos.&nbsp; Octavio se embarc&oacute; en el mismo barco que C&eacute;sar, con cinco esclavos, pero, adem&aacute;s de los esclavos eligi&oacute; a tres de sus compa&ntilde;eros a bord&oacute; y tem&iacute;a&nbsp; que C&eacute;sar se enfadara al descubrirlo. Sin embargo, curri&oacute; todo lo contrario, y a C&eacute;sar&nbsp; le agrad&oacute; que Octavio sintiera&nbsp; cari&ntilde;o por&nbsp; sus compa&ntilde;eros y lo elogi&oacute; porque a &eacute;l tambi&eacute;n&nbsp; le gustaba tener siempre&nbsp; con &eacute;l hombres atentos y deseosos de de alcanzar la excelencia; y porque &eacute;l ya daba no poca importancia a ganar una buena reputaci&oacute;n en su patria.</strong></em></p>
<p>
	La rapidez y valent&iacute;a con la que acudi&oacute; el joven <em>Octavio </em>y el sentido com&uacute;n y responsabilidad con la que actu&oacute; durante la estancia en Hispania impresionaron favorablemente a <em>Julio C&eacute;sar</em>, que probablemente comenz&oacute; a pensar en &eacute;l como su heredero, como luego se descubri&oacute; en la apertura de su testamento que hab&iacute;a custodiado la sacerdotisa vestal <em>M&aacute;xima</em>.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n recoge esta informaci&oacute;n&nbsp; <em>Suetonio </em>en su <em>Vida de Augusto VIII</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Poco despu&eacute;s march&oacute;&nbsp; a Hispania junto a su t&iacute;o materno, que luchaba contra los hijos de C. Pompeyo, apenas recuperado de una grave enfermedad, marchando a trav&eacute;s de caminos infestados de enemigos, con unos pocos acompa&ntilde;antes incluso despu&eacute;s de haber naufragado. Por todo esto se gan&oacute; su gran agradecimiento (C&eacute;sar) y tambi&eacute;n por la sobriedad de sus costumbres, que pronto demostr&oacute;, adem&aacute;s de por su actuaci&oacute;n durante el viaje.</strong></em></p>
<p>
	<em>profectum mox auunculum in Hispanias aduersus Cn. Pompei liberos uixdum firmus a graui ualitudine per infestas hostibus uias paucissimis comitibus naufragio etiam facto subsecutus, magno opere demeruit, approbata cito etiam morum indole super itineris industriam.</em></p>
<p>
	Y tambi&eacute;n <em>Veleyo Pat&eacute;rculo, 2.59.3</em>&nbsp; nos recuerda c&oacute;mo su t&iacute;o C&eacute;sar se lo llev&oacute; a Hispania con dieciocho a&ntilde;os y lo mantuvo con &eacute;l, montandolo incluso su carro.</p>
<p>
	<em><strong>Aunque se hab&iacute;a criado en la casa de su padrastro, Filipo, Cayo C&eacute;sar, su t&iacute;o abuelo, amaba a este ni&ntilde;o como su propio hijo. A la edad de dieciocho a&ntilde;os se lo llev&oacute; como compa&ntilde;ero a la guerra de Hispania, y nunca tuvo otro hospedaje que el suyo ni vaij&oacute; en otro veh&iacute;culo,&nbsp; y aunque todav&iacute;a un ni&ntilde;o, lo honr&oacute; con el sacerdocio del pontificado</strong></em></p>
<p>
	<em>Quem C. Caesar, maior eius avunculus, educatum apud Philippum vitricum dilexit ut suum, natumque annos duodeviginti Hispaniensis militiae adsecutum se postea comitem habuit, numquam aut alio usum hospitio quam suo aut alio vectum vehiculo, pontificatusque sacerdotio puerum honoravit.</em></p>
<p>
	<em>El segundo viaje </em>lo realiz&oacute; entre los a&ntilde;os 27 y 24 a.C. y acudi&oacute; a Hispania para dirigir personalmente la <em>guerra contra los</em> <em>c&aacute;ntabros y astures</em>. En el a&ntilde;o 26 se retir&oacute; enfermo a <em>Tarraco</em>, habiendo sufrido antes un percance de enorme importancia para un romano.</p>
<p>
	Durante una marcha nocturna, (Augusto prefer&iacute;a viajar por la noche) se desencaden&oacute; una fuerte tormenta y un rayo, lanzado sin duda por el poderoso <em>J&uacute;piter</em>, mat&oacute; a uno de los porteadores de su litera, dejando tal vez inconsciente o gravemente afectado al propio <em>Octavio</em>. Este ray&oacute; le dej&oacute; para siempre secuelas, al parecer una especie de tembleque que de vez en cuando se le hac&iacute;a presente.<br />
	<em>Suetonio </em>nos informa de c&oacute;mo consagr&oacute; un templo a <em>J&uacute;piter Tonante</em> en el Capitolio por haberle librado de este rayo. <em>Tonante </em>es precisamente el adjetivo que expresa el terror supersticioso que J&uacute;piter produc&iacute;a en los romanos con sus truenos y rayos.</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Consagr&oacute; un templo a J&uacute;piter Tonante, porque le&nbsp; libr&oacute; del peligro, cuando en una expedici&oacute;n contra los c&aacute;ntabros, durante la noche, un ray&oacute; roz&oacute;&nbsp; ligeramente su litera y mat&oacute; a un esclavo que iba delante para alumbrarle&rdquo;</strong></em>. (Vida de Augusto, 29, 3)</p>
<p>
	<em>Tonanti Iovi aedem consecravit liberatus periculo,cum&nbsp;&nbsp; expeditione Cantabrica per nocturnum iter lecticam eius fulgur praestrinxisset servumque praelucentem exanimasset.</em></p>
<p>
	A la enfermedad que le apart&oacute; a <em>Tarraco</em>, consecuencia tal vez del rayo que estuvo a punto de matarlo, hace referencia <em>Suetonio</em> en <em>Vida de Augusto, 81, 1</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;A lo largo de toda su vida sufri&oacute; un buen&nbsp; n&uacute;mero de enfermedades graves y peligrosas. Sobre todo una, despu&eacute;s de dominar Cantabria, cuando los flujos del h&iacute;gado enfermo le llevaron a la desesperaci&oacute;n y le obligaron necesariamente a recurrir a un tratamiento m&eacute;dico contrario e incierto: como los tratamientos&nbsp; calientes no surt&iacute;an efecto, se vio obligado a tratarse con&nbsp;&nbsp; fr&iacute;os, siguiendo la indicaci&oacute;n de Antonio Musa (su m&eacute;dico)&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Graues et periculosas ualitudines per omnem uitam aliquot expertus est; praecipue Cantabria domita, cum etiam destillationibus iocinere uitiato ad desperationem redactus contrariam et ancipitem rationem medendi necessario subiit: quia calida fomenta non proderant, frigidis curari coactus auctore Antonio Musa</em></p>
<p>
	<em>Dion Casio</em> en <em>Historia de Roma 53, 25</em> nos recuerda la venida de Augusto a Hispania desde la Galia &ldquo;<em>para restablecer el orden</em>&rdquo; en el a&ntilde;o 27 a.C. y c&oacute;mo dirigi&oacute; personalmente la guerra:</p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>Llev&oacute; a cabo el censo de los Galos y regul&oacute; su estado civil y pol&iacute;tico. Desde all&iacute; pas&oacute; a Hispania e igualmente organiz&oacute; esta provincia.<br />
	&hellip;.<br />
	Augusto, en el momento de marchar con su ej&eacute;rcito a Breta&ntilde;a (los bretones no hab&iacute;an querido aceptar sus condiciones), fue retenido por los Salassos, que se levantaron contra &eacute;l, y por los c&aacute;ntabros y Asturias que le hicieron la guerra.&nbsp; El primero de estos dos pueblos vive al pie de los Alpes, como he dicho antes; los otros dos, a los pies de los Pirineos, en la parte m&aacute;s fuerte de la costa de Hispania y en la llanura debajo de la monta&ntilde;a.<br />
	&hellip;.<br />
	Augusto en persona march&oacute; contra los Astures y contra los c&aacute;ntabros a la vez; como quiera que rechazaban rendirse por la seguridad que les inspiraba la fuerza de sus posiciones y tampoco entablaban combate porque eran inferiores en n&uacute;mero; como por otra parte la mayor&iacute;a estaban armados con jabalinas y le hostigaban en cuanto hac&iacute;a alg&uacute;n movimiento, siempre situados delante en los lugares elevados y emboscados en lugares escondidos y en los bosques, Augusto se encontr&oacute; en gran aprieto</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La fatiga y las preocupaciones hab&iacute;an alterado su salud y se retir&oacute; a Tarraco, donde cay&oacute; enfermo; entretanto, C.Antistio combati&oacute; a estos pueblos y obtuvo muchos &eacute;xitos, no porque fuera mejor general que Augusto, sino porque los b&aacute;rbaros, despreci&aacute;ndole, se lanzaron en masa contra los Romanos y fueron derrotados. As&iacute; que &eacute;l se apoder&oacute; de unos pocos lugares y luego T.Carisio se apoder&oacute; de Lancia, la ciudad m&aacute;s fuerte de los Astures, que hab&iacute;a sido abandonada y redujo a un gran n&uacute;mero de otras a su poder.</strong></em></p>
<p>
	Otros historiadores como <em>Floro</em>, en su <em>Epitome Rerum Romanorum 2,33,12, 46 ss</em>.&nbsp; y <em>Orosio </em>en su &ldquo;<em>Historia adversus paganos&rdquo;&nbsp; 6, 20-21</em> recuerdan tambi&eacute;n las <em>Guerras C&aacute;ntabras</em> y c&oacute;mo una vez finalizadas, a criterio de Augusto en el a&ntilde;o 24 aunque se prolongaron hasta el 19 a.C., se cerraron despu&eacute;s de doscientos a&ntilde;os las puertas del templo de <em>Jano </em>en Roma, que deb&iacute;an permanecer abiertas en tiempos de guerra. Comenzaba as&iacute; la llamada &ldquo;<em>paz de Augusto</em>&rdquo; (<em>pax augusta</em>)..</p>
<p>	Precisamente durante este viaje nos cuenta <em>Dion Casio</em> c&oacute;mo el a&ntilde;o 25 a.C. licenci&oacute; a los soldados veteranos y fundo <em>Augusta Emerita</em>, la actual ciudad de <em>M&eacute;rida</em>.</p>
<p>
	<em>Dion 53, 26, 1</em></p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>Una vez acabada esta guerra, Augusto licenci&oacute; a los soldados de m&aacute;s edad y les permiti&oacute; fundar en Lusitania una ciudad llamada Augusta Emerita; a los que todav&iacute;a estaban en edad en edad de servir en el ej&eacute;rcito les ofreci&oacute; en el propio campo algunos espect&aacute;culos bajo la direcci&oacute;n de Tiberio y Marcelo, como si fueran los ediles&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em>El tercer viaje</em> tuvo lugar entre los a&ntilde;os 16 y 13 a.C..&nbsp; Primero fue a la <em>Galia </em>y dese all&iacute; a <em>Hispania</em>.<br />
	En <em>Narbona</em>, en febrero del a&ntilde;o 15 a.C. public&oacute; los edictos referidos a los &ldquo;<em>Paemeiobrigenses</em>&rdquo; y a los &ldquo;<em>Aiiobrigiaecinos&quot;</em>, ambos en el <em>Bierzo</em>, que aparecen en la&nbsp; llamada &ldquo;<em>tessera Paemeiobrigensis</em>&rdquo; o <em>Edicto del Bierzo.</em> En ellos se recompensa a los pueblos que le permanecieron fieles en las guerras c&aacute;ntabras. Sin duda estos decretos y otras muchas medidas referidas a la promoci&oacute;n del estatus de numerosas ciudades de Hispania en estos a&ntilde;os est&aacute;n en relaci&oacute;n con el hecho de que viniera a Hispania por tercera vez, aunque las fuentes no lo atestiguan directamente.&nbsp;</p>
<p>
	Precisamente a la vuelta a Roma, el <em>Senado </em>decidi&oacute; construir un <em>altar a la paz,</em> la&nbsp; famosa <em>Ara Pacis</em>, a la que&nbsp; parece referirse <em>Dion Casio en su Historia de Roma, 54, 25</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s de poner todo en orden en&nbsp; la Galia, en Germania y en Hispania, gastando mucho para algunas ciudades por separado,&nbsp; recibiendo mucho de otras,&nbsp; dando a unas la libertad y el derecho de ciudadan&iacute;a y privando de &eacute;l a otras, Auguste dej&oacute; a Druso en Alemania y regres&oacute; a Roma en el consulado de Tiberio y&nbsp; Quintilio Varo. La noticia de su llegada, extendida por toda Roma, coincidi&oacute; con los d&iacute;as en que Cornelio Balbo ofrec&iacute;a unos espect&aacute;culos por la dedicaci&oacute;n del teatro que todav&iacute;a hoy lleva su nombre; Balbo se sinti&oacute; tan orgulloso como si hubiera sido &eacute;l el que hab&iacute;a hecho volver a&nbsp; Augusto,&nbsp; aunque el agua desbordada del T&iacute;ber le&nbsp; impidi&oacute; llegar a su teatro sino en barco,&nbsp; y tambi&eacute;n porque, en honor a su teatro, Tiberio le dio el primer turno de palabra. El Senado, de hecho, se reuni&oacute; a continuaci&oacute;n, y, entre otros acuerdos, decidi&oacute; que, con motivo del regreso de Augusto, fuera erigido un altar en la propia Curia, en el que los suplicantes, cuando el pr&iacute;ncipe estuviera&nbsp; en el interior del&nbsp; Pomoerium, deb&iacute;an encontrar&nbsp; impunidad.</strong></em></p>
<p>
	El propio <em>Augusto </em>hace referencia&nbsp; en sus <em>Res Gestae divi Augusti</em> (<em>Monumnetum Ancyranum), 12</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Cuando desde Hispania y la Galia regres&eacute; a Roma, despu&eacute;s de haber realizado felizmente mis acciones en esas provincias, bajo el consulado de Tiberio Ner&oacute;n y de Publio Quintilio, el senado decret&oacute; que se deb&iacute;a consagrar en honor de mi regreso el &ldquo;Ara pacis de Augusto&rdquo;&nbsp; junto al Campo de Marte, y orden&oacute; que los magistrados, sacerdotes y v&iacute;rgenes Vestales celebrasen en ella cada a&ntilde;o un sacrificio.</strong></em></p>
<p>
	<em>Cum ex Hispania Gallaque, rebus in iis provincis prospere gestis, Romam redi Ti. Nerone P. Quintilio consulibus, aram Pacis Augustae senatus pro reditu meo consacrandam censuit ad campum Martium, in qua magistratus et sacerdotes et virgines Vestales&nbsp; anniversarium sacrificium facere iussit.</em></p>
<p>
	<em>Ovidio </em>tambi&eacute;n se hace eco de la fundaci&oacute;n del <em>Ara pacis</em> en <em>Fasti 1, 709 ss</em>. Se refiere a los fastos del d&iacute;a 30 de Enero. Estos versos finales del libro son un canto a la paz, que me permito reproducir:</p>
<p>
	<em><strong>El propio poema nos ha llevado al altar de la Paz.<br />
	Este ser&aacute; el pen&uacute;ltimo d&iacute;a del mes.<br />
	Con tus cabellos peinados y rodeada de las ramas de Accio,(1)<br />
	acude, Paz, y qu&eacute;date dulce en todo el orbe.<br />
	Mientras falten enemigos, faltar&aacute; tambi&eacute;n motivo para el triunfo,<br />
	pero t&uacute; ser&aacute;s mayor motivo de gloria que la guerra para los generales.<br />
	Que s&oacute;lo el soldado lleve las armas con las que vencer a las armas,<br />
	y&nbsp; que la fiera trompeta no resuene sino en el desfile.<br />
	Que el mundo cercano y el m&aacute;s lejano se asuste de los hijos de Eneas;<br />
	Si alguna tierra tem&iacute;a un poco a Roma, que ahora la ame.<br />
	Vosotros, sacerdotes, echad inciensos en las llamas de la paz.<br />
	Y que una blanca v&iacute;ctima caiga muerta golpeada en su frente<br />
	y rogad a los dioses, favorables a las peticiones piadosas,<br />
	que la casa que trabaja por la paz, perdure en paz.</strong></em></p>
<p>
	<em>(1) Se refiere a las ramas de laurel de la victoria de la batalla de Accio frente a Marco Antonio.</em></p>
<p>
	<em>Ipsum nos carmen deduxit Pacis ad aram.<br />
	haec erit a mensis fine secunda dies.<br />
	frondibus Actiacis comptos redimita capillos,<br />
	Pax, ades et toto mitis in orbe mane.&nbsp;<br />
	dum desint hostes, desit quoque causa triumphi:<br />
	tu ducibus bello gloria maior eris.<br />
	sola gerat miles, quibus arma coerceat, arma,<br />
	canteturque fera nil nisi pompa tuba.<br />
	horreat Aeneadas et primus et ultimus orbis:<br />
	si qua parum Romam terra timebat, amet.<br />
	tura, sacerdotes, pacalibus addite flammis,<br />
	albaque percussa victima fronte cadat,<br />
	utque domus, quae praestat eam, cum pace perennet<br />
	ad pia propensos vota rogate deos.</em></p>
<p>
	Pod&iacute;a ser esta frase, <em>utque domus, quae praestat pacem, cum pace perennet</em>, la versi&oacute;n cl&aacute;sica y antigua de la m&aacute;xima: &ldquo;<em>si quieres la paz, trabaja por la paz</em>&rdquo;.<br />
	&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Biblioteca de Alejandría (5) ¿Desapareció la Biblioteca de Alejandría en un grandioso incendio?</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Apr 2014 01:44:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://es.elgourmetdelbosque.es/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Según la tradición mil veces repetida,  la famosa Biblioteca de Alejandría desapareció en un grandioso incendio. Parece ser este el trágico final al que tarde o temprano están condenadas todas las bibliotecas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Según la tradición mil veces repetida,  la famosa Biblioteca de Alejandría desapareció en un grandioso incendio. Parece ser este el trágico final al que tarde o temprano están condenadas todas las bibliotecas.</b></p>
<p>
	Pero el asunto de la destrucci&oacute;n de la <em>Biblioteca de Alejandr&iacute;a</em> ha generado gran controversia entre los autores modernos, que analizan las fuentes, en gran parte confusas.</p>
<p>
	Desde luego no es ninguna operaci&oacute;n gloriosa para nadie destruir una biblioteca; as&iacute; que nadie lo reivindica. Pero probablemente la causa mayor fue la decadencia y desidia cultural que fue invadiendo el mundo antiguo desde el siglo V, aunque tambi&eacute;n las guerras y los enfrentamientos ideol&oacute;gicos entre cristianos y paganos.</p>
<p>
	Son numerosos los textos que hacen referencia a la destrucci&oacute;n de la&nbsp; Biblioteca, en general de cuestionable valor hist&oacute;rico&nbsp; por la lejan&iacute;a de los hechos que narran y por ser en ocasiones meras reproducciones y contaminaciones de unos y de otros; incluso algunos son contradictorios entre s&iacute;. En todo caso puede ser interesante reproducir algunos porque son expresi&oacute;n de la atenci&oacute;n que al asunto se concedi&oacute; en la propia antig&uuml;edad.</p>
<p>
	Hay dos cuestiones previas que conviene dejar claras. En primer lugar no existe un edificio exento y grandioso como lugar en el que se coleccionan, almacenas y se leen los libros como las grandes bibliotecas actuales. La palabra &ldquo;<em>biblioteca</em>&rdquo; procede de la latina&nbsp; <em>bibliothēca</em>, y esta de la griega &beta;&iota;&beta;&lambda;&iota;&omicron;&theta;ή&kappa;&eta;, compuesta de &beta;&iota;&beta;&lambda;ί&omicron;&nu; ,<em>bibl&iacute;on</em>, <em>libro </em>y &theta;ή&kappa;&eta; <em>th&eacute;ke</em>, que significa &ldquo;<em>caja, dep&oacute;sito, recept&aacute;culo, armario</em>&hellip;&rdquo;.&nbsp; &beta;&iota;&beta;&lambda;ί&omicron;&nu;&nbsp; o &beta;ί&beta;&lambda;&omicron;&sigmaf; tambi&eacute;n significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre &eacute;l, de donde procede el significado de &ldquo;<em>libro</em>, escrito, documento, carta&hellip;&rdquo;. As&iacute; que en realidad &ldquo;biblioteca&rdquo; designa a las estanter&iacute;as o anaqueles en los que se colocan los vol&uacute;menes.</p>
<p>
	En segundo lugar en Alejandr&iacute;a en realidad hab&iacute;a dos bibliotecas, la conocida como &ldquo;<em>la biblioteca real</em>&rdquo; (propiedad real; el escritor hebreo <em>Aristeas </em>los llama &ldquo;<em>libros regios</em>&rdquo; o &ldquo;<em>libros del rey</em>&rdquo; (Carta de Aristeas, 38))&nbsp; o <em>gran biblioteca</em> (&nbsp; &mu;&epsilon;&gamma;ά&lambda;&eta;&nbsp; &beta;&iota;&beta;&lambda;&iota;&omicron;&theta;ή&kappa;&eta; , de &mu;έ&gamma;&alpha;&sigmaf;, <em>megas</em>, <em>grande</em>), que formaba parte del complejo del palacio y del <em>Museo</em>, sin edificio propio, en el barrio del <em>Bruqi&oacute;n </em>(en realidad el palacio, que era una fortaleza,&nbsp; ocupaba todo el barrio);&nbsp;&nbsp; y la biblioteca anexa al&nbsp; <em>Serapeion </em>, en el barrio de <em>Rakhotis </em>a la que algunas fuentes, como el obispo <em>Epifanio</em>, del siglo IV,&nbsp; la llaman &ldquo;<em>hija</em>&rdquo; de la otra m&aacute;s grande.</p>
<p>
	De acuerdo con los textos las bibliotecas de Alejandr&iacute;a sufrieron varios percances e incendios a lo largo de la historia.</p>
<p>
	Probablemente el incendio m&aacute;s famoso y conocido es el que se produjo en el a&ntilde;o 48 o 47 a.C., en la guerra de <em>C&eacute;sar </em>con <em>Ptolomeo XIII</em>, en el que se quemaron un buen n&uacute;mero de libros o vol&uacute;menes, sin que pueda afirmarse que sean libros de la Biblioteca que estaba en el Museum. Como el incendio se produjo en los almacenes de los muelles del puerto, se considera que se trataba de paquetes de libros o rollos preparados para la exportaci&oacute;n, actividad muy importante en Alejandr&iacute;a.</p>
<p>
	Los hechos parece ser que ocurrieron as&iacute;:&nbsp; C&eacute;sar quiso mediar en el conflicto entre los hermanos hijos de Ptolomeo Auletes, entre Cleopatra y PTolomeo XIII. Durante la celebraci&oacute;n de un fest&iacute;n en palacio, el general Aquila y el tutor del rey Potino intentaron un atentado contra C&eacute;sar que fue descubierto. Aquila consigui&oacute; escapar y preparar la insurrecci&oacute;n de Alejandr&iacute;a, en la que C&eacute;sar se sinti&oacute; acorralado en el palacio. Fue entonces cuando los hombres de C&eacute;sar quemaron las naves de Ptolomeo para romper el cerco por mar. De los barcos el incendio se propag&oacute; a los almacenes y de all&iacute; a parte de la ciudad. Acabada la guerra, que gan&oacute; C&eacute;sar, coloc&oacute; en el trono a Cleopatra y su otro hermano Ptolomeo xiv como su marido.</p>
<p>
	Nos dice <em>Plutarco </em>(entre ca. 46 y el 120) en&nbsp; <em>Vida de Julio C&eacute;sar, 49,6</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Interceptaron despu&eacute;s la escuadra y (C&eacute;sar) tuvo que&nbsp; superar este peligro provocando&nbsp; un incendio,&nbsp; que luego se propag&oacute; desde los almacenes&nbsp; a la gran biblioteca y la consumi&oacute;.</strong></em></p>
<p>
	Y <em>Aulo Gelio</em>, que naci&oacute; hacia el a&ntilde;o 130), el mismo que nos dice que ten&iacute;a 700.000 (en algunos manuscritos leemos 70.000) vol&uacute;menes,&nbsp; nos dice tambi&eacute;n que desaparecieron en un incendio con ocasi&oacute;n de la guerra de <em>C&eacute;sar</em>, aunque ocurri&oacute; por accidente, carg&aacute;ndolo adem&aacute;s a las tropas auxiliares:</p>
<p>
	<em>Gelio, Noct. Attic. VII, 17,3:</em></p>
<p>
	<em><strong>pero todos ellos (los libros)&nbsp; fueron quemados en la primera guerra Alejandrina por las tropas auxiliares, mientras se conquistaba la ciudad, no espont&aacute;nea ni premeditadamente, sino casualmente.</strong></em></p>
<p>
	<em>sed ea omnia bello priore Alexandrino, dum diripitur ea civitas, non sponte neque opera consulta, sed a militibus forte auxiliaris incensa sunt.</em></p>
<p>
	Pero el poeta <em>Lucano</em>, que se entretiene un poco en describir el incendio como buen poeta, nos dice en su <em>Bellum Civile (o Farsalia) , X, 486-505</em>, que fue C&eacute;sar quien orden&oacute; incendiar las naves:</p>
<p>
	<em><strong>Se atacan tambi&eacute;n con las naves las dependencias reales, por donde se proyecta en medio de las aguas la lujosa mansi&oacute;n con un soberbio dique. Pero en todas partes est&aacute; C&eacute;sar defendiendo: estos accesos los defiende con la espada, estos otros con el fuego, y siendo atacado lleva a cabo el trabajo de un atacante. &iexcl;Tan grande es la firmeza de su mente! Ordena que se arrojen antorchas empapadas en viscosa pez a las velas de las naves amarradas juntas; y no era lento el fuego en las maromas de estopa ni en las tablas chorreando cera, y al mismo tiempo ardieron los bancos de los remeros y las altas maromas. Ya las naves semiquemadas se hunden en las aguas y ya flotan los enemigos y sus dardos. Pero el incendio no cay&oacute; solo en las naves, sino que los edificios al lado del mar acogieron el fuego con sus grandes llamaradas y los Notos (viento) favorecieron el desastre, y la llama,empujada por el torbellino se propag&oacute; por las casas con un movimiento no distinto del que acostumbra el sol a deslizarse en el surco celeste aun careciendo de materia pero ardiendo con el solo aire. Aquella desgracia apart&oacute; un poco del palacio cerrado a las gentes para (ir) en auxilio de la ciudad.</strong></em></p>
<p>
	<em>nec non et ratibus temptatur regia, qua se<br />
	protulit in medios audaci margine fluctus<br />
	luxuriosa domus. sed adest defensor ubique<br />
	Caesar et hos aditus gladiis, hos ignibus arcet,<br />
	obsessusque gerit, tanta est constantia mentis,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 490<br />
	expugnantis opus. piceo iubet unguine tinctas<br />
	lampadas inmitti iunctis in uela carinis;<br />
	nec piger ignis erat per stuppea uincula perque<br />
	manantis cera tabulas, et tempore eodem<br />
	transtraque nautarum summique arsere ceruchi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 495<br />
	iam prope semustae merguntur in aequora classes,<br />
	iamque hostes et tela natant. nec puppibus ignis<br />
	incubuit solis; sed quae uicina fuere<br />
	tecta mari longis rapuere uaporibus ignem,<br />
	et cladem fouere Noti, percussaque flamma&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 500<br />
	turbine non alio motu per tecta cucurrit<br />
	quam solet aetherio lampas decurrere sulco<br />
	materiaque carens atque ardens aere solo.<br />
	illa lues paulum clausa reuocauit ab aula<br />
	urbis in auxilium populos.</em></p>
<p>
	<em>Amiano Marcelino</em> ( 325/330&ndash;despu&eacute;s de 391) , <em>Historias, XXII, 16, 12</em>&nbsp; tambi&eacute;n da la cifra de 700.000&nbsp; vol&uacute;menes quemados en esta guerra:</p>
<p>
	<strong><em>Se suman a estos los templos orgullosos de sus altos tejado, entre los que sobresale el Serapeo,&nbsp; para el que no hay palabras adecuadas, magn&iacute;fico con sus atrios de columnas, y con estatuas de retratos que casi respiran y que est&aacute; hasta tal punto adornada por la cantidad de obras, que, despu&eacute;s del Capitolio, con el que la venerable Roma se alza para la eternidad, nada m&aacute;s ambicioso se puede ver en el orbe de las tierras. En este estuvieron bibliotecas sin precio; la informaci&oacute;n que nos habla de los monumentos antiguos dice que en la guerra de Alejandr&iacute;a, mientras se conquistaba la ciudad por el dictador C&eacute;sar, ardieron setecientos mil vol&uacute;menes, recopiladas por los reyes Ptolomeos con su vigilante atenci&oacute;n.</em></strong></p>
<p>
	<em>His accedunt altis sufflata fastigiis templa, inter quae eminet Serapeum, quod licet minuatur exilitate verborum, atriis tamen columnatis amplissimus, et spirantibus signorum figmentis, et reliqua operum multitudine ita est exornatum, ut post Capitolium, quo se venerabilis Roma in aeternum attollit, nihil orbis terrarum ambitiosius cernat.&nbsp;&nbsp; In quo bybliothecae fuerunt inaestimabiles: et loquitur monumentorum veterum concinens fides, septingenta voluminum milia, Ptolomaeis regibus vigiliis intentis composita, bello Alexandrino, dum diripitur civitas, sub dictatore Caesare conflagrasse.</em></p>
<p>
	Tanto <em>Dion Casio</em> como <em>Orosio </em>y <em>Lucano</em>, las fuentes m&aacute;s extensas, parece que&nbsp; se basan en <em>Tito Livio</em>.</p>
<p>
	<em>Di&oacute;n Casio </em>(155 &ndash; despu&eacute;s del 235) , <em>Historia romana, XLII, 38, 2.</em></p>
<p>	<strong><em>Despu&eacute;s de esto se produjeron muchas batallas entre las dos fuerzas, tanto de d&iacute;a como de noche, con el resultado de que fueron quemados los muelles y los almacenes de grano entre otros edificios, y tambi&eacute;n la biblioteca, de la que se dice que sus vol&uacute;menes eran los m&aacute;s numerosos y de gran calidad. Aquilas dominaba la parte continental, excepto lo que C&eacute;sar ten&iacute;a amurallado, y&nbsp; el mar excepto el puerto.</em></strong></p>
<p>
	Este mismo <em>D&iacute;on Casio</em> tambi&eacute;n nos refiere en&nbsp; <em>LXXVIII,7</em>&nbsp; la loca amenaza de <em>Caracalla </em>de quemar el Museo para vengar a <em>Alejandro Magno</em>, al que seg&uacute;n &eacute;l hab&iacute;a mandado envenenar <em>Arist&oacute;teles</em>. Caracalla era un loco entusiasta de Alejandro.</p>
<p>
	<em><strong>Mostr&oacute; un odio amargo hacia los fil&oacute;sofos llamados aristot&eacute;licos en todos los sentidos, incluso yendo tan lejos como para desear quemar sus libros; en concreto les suprimi&oacute; en Alejandr&iacute;a los comedores comunes y todos los privilegios de que gozaban. El agravio contra ellos ven&iacute;a porque se supon&iacute;a que Arist&oacute;teles hab&iacute;a estado interesado en la muerte de Alejandro. Este fue su comportamiento en estos asuntos; incluso hizo m&aacute;s, se hizo con numerosos elefantes de manera que parec&iacute;a que estaba imitando a Alejandro, o tal vez mejor, a Dionisos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Seneca </em>(4-65), sin duda m&aacute;s ajustado en el n&uacute;mero y todav&iacute;a fantasioso sin duda,&nbsp; nos dice en <em>De tranquillitate animi, 9,9,4 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>En Alejandr&iacute;a ardieron cuarenta mil libros. Alguno alab&oacute; este monumento a la opulencia de los reyes, como T.Livio, que dijo que esta egregia obra fue fruto de la elegancia y preocupai&oacute;n de los reyes.</strong></em></p>
<p>
	<em>Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt ;&nbsp; pulcherrimum regiae opulentiae monimentum alius laudaverit, sicut T. Livius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse.</em></p>
<p>
	Obs&eacute;rvese que S&eacute;neca aduce la fuente de Livio.</p>
<p>
	&nbsp;<em>Orosio</em> (c.383-c.420), <em>Historias contra los paganos, VI, 15, 31</em>. dice cuatrocientos mil (cero m&aacute;s cero menos&hellip;)</p>
<p>
	<em><strong>En la misma batalla se orden&oacute; que se quemase la flota real, que casualmente estaba atracada. Las llamas, que alcanzaron tambi&eacute;n parte de la ciudad, quemaron cuatrocientos mil libros que casualmente estaban almacenados en un edificio cercano. En verdad que era un monumento especial fruto del celo e inter&eacute;s de nuestros antepasados que hab&iacute;an reunido tantas y tan grandes obras de mentes tan ilustres. Por ello, aunque todav&iacute;a hoy queden en los templos, que tambi&eacute;n nosotros hemos&nbsp; visto, los armarios de los libros, y se nos recuerde&nbsp; que fueron vaciados en nuestro tiempo por nuestros hombres, lo que ciertamente es verdad, sin embargo se cree que con m&aacute;s acierto&nbsp; se buscaron otros libros, que hubo quienes imitaron el antiguo inter&eacute;s por los estudios, y que hubo entonces otra biblioteca adem&aacute;s de la de los cuatrocientos mil libros que por eso se escap&oacute; (de la destrucci&oacute;n)</strong></em></p>
<p>
	<em>in ipso proelio regia classis forte subducta iubetur incendi. ea flamma cum partem quoque urbis inuasisset, quadringenta milia librorum proximis forte aedibus condita exussit, singulare profecto monumentum studii curaeque maiorum, qui tot tantaque inlustrium ingeniorum opera congesserant.</em> <em>unde quamlibet hodieque in templis extent, quae et nos uidimus, armaria librorum, quibus direptis exinanita ea a nostris hominibus nostris temporibus memorent &#8211; quod quidem uerum est -, tamen honestius creditur alios libros fuisse quaesitos, qui pristinas studiorum curas aemularentur, quam aliam ullam tunc fuisse bibliothecam, quae extra quadringenta milia librorum fuisse ac per hoc euasisse credatur.</em></p>
<p>
	Es interesante que varios autores, que coinciden en dar la cifra de 40.000 vol&uacute;menes quemados, como <em>S&eacute;neca, Orosio,&nbsp; Lucano</em>, parecen depender del texto de <em>Livio </em>que&nbsp; se ha perdido, pero el contenido se conserva en&nbsp; <em>Floro: Ep&iacute;tome de Tito Livio, II, 13, 59</em>:</p>
<p>
	&ldquo;Y<em><strong> en primer lugar alej&oacute; los proyectiles de los enemigos atacantes con el incendio de los edificios pr&oacute;ximos y de los almacenes navales&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	&ldquo; <em>ac primum proximorum aedificorum atque navalium incendio infestorum hostium tela submovit&rdquo;</em></p>
<p>
	As&iacute; que a <em>Livio </em>se deber&iacute;an los detalles de quema de los arsenales o almacenes del puerto, quema de rollos que eran mercanc&iacute;a en el puerto y estaban all&iacute; por casualidad; no eran, pues, libros del <em>Museo</em>; tambi&eacute;n ser&iacute;a de Livio la referencia a que el incendio apart&oacute; a los enemigos de palacio y permiti&oacute; la defensa del pueblo que acudi&oacute; (Lucano)</p>
<p>
	As&iacute; que el incendio del a&ntilde;o 48 a. C. por las tropas de <em>Julio Cesar</em> quiz&aacute;s no fue tan grave como reflejan algunas fuentes: se trataba de mercanc&iacute;as que por casualidad estaban en los almacenes del puerto destinadas sin duda al mercado exterior (algunos int&eacute;rpretes modernos han interpretado que tal vez el destino fuera Roma, donde los ricos creaban sus aparatosas bibliotecas, como cuenta S&eacute;neca). Es la interpretaci&oacute;n m&aacute;s coherente con los textos:</p>
<p>
	Luego, m&aacute;s tarde, en el enfrentamiento entre <em>Octavio y Marco Antonio</em> se hizo correr el rumor interesado de que <em>Marco Antonio</em> intent&oacute; reparar el da&ntilde;o del incendio ocasionado por C&eacute;sar, reglando a <em>Cleopatra </em>200.000 vol&uacute;menes de la Biblioteca de <em>P&eacute;rgamo</em>;&nbsp; en realidad es una calumnia, entre otras,&nbsp; para desacreditar al ignorante Marco Antonio. Nos dice <em>Plutarco </em>en <em>Vida de Antonio, LVIII</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&hellip;y Calvisio, amigo de C&eacute;sar, a&ntilde;adi&oacute;, como cr&iacute;menes de Antonio en sus amores con Cleopatra, los siguientes: que hab&iacute;a cedido y donado a &eacute;sta la biblioteca de P&eacute;rgamo, en la que hab&iacute;a doscientos mil vol&uacute;menes simples;&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	porque poco despu&eacute;s al comienzo del <em>cap. LIX</em>&nbsp; el propio <em>Plutarco </em>nos dice:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Pero se cree que la mayor parte de estas inculpaciones hab&iacute;an sido inventadas por Calvisio&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	En fin, no deja de ser curioso que <em>C&eacute;sar </em>que se refiere a esta guerra en su&nbsp; <em>Guerra Civil, III, 111.</em> no mencione el incendio de la Biblioteca o de cierta cantidad de libros, del que l&oacute;gicamente no se sentir&iacute;a muy orgulloso.</p>
<p>
	Como dec&iacute;a al principio, parece que el fat&iacute;dico final de toda biblioteca es un incendio, que a veces se intenta paliar con medidas de reconstrucci&oacute;n. As&iacute;, seg&uacute;n <em>Suetonio</em>, tambi&eacute;n <em>Domiciano </em>colabor&oacute; en la reposici&oacute;n de obras de la <em>Biblioteca de Alejandr&iacute;a:</em></p>
<p>
	<em>Suetonio (c.70-126), Domi. 20, 1</em></p>
<p>
	<em><strong>Al principio de su mandato descuid&oacute; los estudios liberales, aunque con grandes gastos se preocup&oacute; de reparar las bibliotecas afectadas por el incendio, busc&oacute; por todas partes los ejemplares (perdidos) y envi&oacute; a Alejandr&iacute;a a quienes los copiaran y corrigieran.</strong></em></p>
<p>
	<em>Liberalia studia imperii initio neglexit, quanquam bibliothecas incendio absumptas impensissime reparare curasset, exemplaribus undique petitis missisque Alexandream qui describerent emendarentque.</em></p>
<p>
	El golpe m&aacute;s duro a la <em>Biblioteca </em>pudo tener lugar en el siglo III, cuando&nbsp;&nbsp; <em>Aureliano</em>, en el a&ntilde;o 272 d.C. durante su guerra con <em>Zenobia</em>, la reina de <em>Palmira</em>, arras&oacute; la ciudad y destruy&oacute; el <em>Bruqui&oacute;n</em>, en donde se encontraba la Biblioteca&nbsp; . <em>Amiano </em>nos dice en <em>XXII,16,15:</em></p>
<p>
	<em><strong>Pero Alejandr&iacute;a,no poco a poco&nbsp; como otras ciudades, sino desde el principio fue adornada con espaciosos bulevares. Pero destrozada muchas veces por peleas internas, finalmente, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, siendo emperador Aureliano, drivadas las querellas intestinas en luchas mortales y destruidas sus murallas, perdi&oacute; la mayor parte de su territorio, que se llamaba el Bruqi&oacute;n, el domicilio durante muchos a&ntilde;os de las personas m&aacute;s importantes.</strong></em></p>
<p>
	<em>Sed Alexandria ipsa non sensim, ut aliae urbes, sed inter initia prima aucta per spatiosos ambitus, internisque seditionibus diu aspere fatigata, ad ultimum multis post annis Aureliano imperium agente, civilibus iurgiis ad certamina interneciva prolapsis dirutisque moenibus amisit regionis maximam partem, quae Bruchion appellabatur, diuturnum praestantium hominum domicilium.</em></p>
<p>
	En &eacute;poca de <em>Diocleciano</em>, en el a&ntilde;o 296, la ciudad fue otra vez saqueada al reprimir una sublevaci&oacute;n.<br />
	Desde luego la Biblioteca alojada en el Serapeion debi&oacute; sufrir un golpe definitivo en el a&ntilde;o 391 cuando <em>Teodosio </em>ordena la destrucci&oacute;n de los templos pagano y el patriarca <em>Te&oacute;filo </em>los cierra en Alejandr&iacute;a y muchos sabios abandonan&nbsp; la ciudad de la ciencia y la cultura. Desde la &eacute;poca de Teodosio la Biblioteca se ir&iacute;a degradando poco a poco y los libros desapareciendo.</p>
<p>
	En el a&ntilde;o 415&nbsp; tiene lugar el asesinato por los cristianos de la hija de <em>Te&oacute;n</em>, <em>Hipatia</em>, fil&oacute;sofa, music&oacute;loga, matem&aacute;tica que estudi&oacute; las curvas c&oacute;nicas, astr&oacute;noma, en el marco de la decadencia del paganismo y de las luchas internas de grupos cristianos.</p>
<p>
	El cristiano <em>Orosio&nbsp; </em>visit&oacute; Alejandr&iacute;a precisamente el a&ntilde;o 415 y recoge en su obra la destrucci&oacute;n de la biblioteca o de lo que de ella quedase por&nbsp; los cristianos como m&aacute;s arriba hemos citado.</p>
<p>
	<em><strong>Por ello, aunque todav&iacute;a hoy queden en los templos, que tambi&eacute;n nosotros hemos&nbsp; visto, los armarios de los libros, y se nos recuerde&nbsp; que fueron vaciados en nuestro tiempo por nuestros hombres, lo que ciertamente es verdad, sin embargo se cree que con m&aacute;s acierto&nbsp; se buscaron otros libros, que hubo quienes imitaron el antiguo inter&eacute;s por los estudios, y que hubo entonces otra biblioteca adem&aacute;s de la de los cuatrocientos mil libros que por eso se escap&oacute; (de la destrucci&oacute;n)</strong></em></p>
<p>
	<em>unde quamlibet hodieque in templis extent, quae et nos uidimus, armaria librorum, quibus direptis exinanita ea a nostris hominibus nostris temporibus memorent &#8211; quod quidem uerum est -, tamen honestius creditur alios libros fuisse quaesitos, qui pristinas studiorum curas aemularentur, quam aliam ullam tunc fuisse bibliothecam, quae extra quadringenta milia librorum fuisse ac per hoc euasisse credatur.</em></p>
<p>
	Entre otras cosas, los libros habr&iacute;an cambiado de forma, ahora pergaminos y no rollos de papiro copiados con muchos errores porque el griego se iba olvidando.</p>
<p>
	El siglo IV desde luego fue un mal siglo para las bibliotecas, que fueron desapareciendo, algunas destruidas por guerras o incendios y otras simplemente cerradas por la desidia cultural que se va extendiendo.</p>
<p>
	<em>Amiano</em>, varias veces citado,&nbsp; ((325/330&ndash;after 391) (lo que se conserva de su obra se refiere a lo ocurrido entre los a&ntilde;os 353 y 378), como nos recuerda Luciano C&aacute;nfora,&nbsp; dice en <em>XIV,6, 18</em>:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	&ldquo;<em><strong>(bibliotecas) cerradas como tumbas para toda la eternidad&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Siendo esta la situaci&oacute;n, las pocas casas antes famosas por el af&aacute;n serio de los estudios, ahora est&aacute;n repletas de las bromas de una vergonzosa indolencia, resonando con el sonido de las canciones y con el tintineo a&eacute;reo de las flautas. As&iacute; en lugar del fil&oacute;sofo se busca al cantor y en lugar del orador al profesor de juegos, y con las bibliotecas cerradas para siempre como sepulcros, se fabrican grandes &oacute;rganos hidr&aacute;ulicos y liras tan grandes como carros, y pesadas flautas e instrumentos para las pantomimas de los payasos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Quod cum ita sit, paucae domus studiorum seriis cultibus antea celebratae, nunc ludibriis ignaviae torpentis 1 exundant, vocabili sonu, perflabili tinnitu fidium resultantes. Denique pro philosopho cantor, et in locum oratoris doctor artium ludicrarum accitur, et bibliothecis sepulcrorum ritu in perpetuum clausis, organa fabricantur hydraulica, et lyrae ad speciem 2 carpentorum ingentes, tibiaeque et histrionici gestus instrumenta non levia.</em></p>
<p>
	As&iacute; ocurri&oacute; en Alejandr&iacute;a, P&eacute;rgamo, Antioqu&iacute;a, Roma, Atenas, Bizancio.</p>
<p>
	En &eacute;poca <em>&aacute;rabe </em>la Biblioteca habr&iacute;a dejado de existir, pero los &aacute;rabes conocieron muchas obras griegas, porque algunas de ellas fueron conocidas en el Occidente medieval a trav&eacute;s de traducciones al &aacute;rabe y luego del &aacute;rabe al lat&iacute;n. En la Espa&ntilde;a de entonces se hicieron algunas, en la famosa <em>Escuela de Traductores de Toledo</em> entre otros lugares.</p>
<p>
	S&oacute;lo se conserv&oacute; lo que se guard&oacute; en los monasterios y conventos&hellip;</p>
<p>
	En todo caso&nbsp; no deja de ser interesante y curioso el episodio y la frase atribuidos al califa <em>Omar</em>, que estaba en Constantinopla, que gobern&oacute; entre el 634 y 644, y contest&oacute; a la pregunta que le hizo <em>Amr ibn al-As</em>, conquistador de la ciudad de Alejandr&iacute;a en el a&ntilde;o 642, sobre el destino de los libros de la Biblioteca.</p>
<p>
	Se hace referencia&nbsp; a este episodio en <em>Eutiquio, Anales, II</em> (p&aacute;g. 316 de la edici&oacute;n de Pococke). El n&uacute;cleo del di&aacute;logo est&aacute; en el libro de <em>Ibn al-Quifti &ldquo;Ta&rsquo;rikh al-Hukama (La Cr&oacute;nica de hombres sabios),</em> del siglo XIII</p>
<p>
	El conquistador pregunt&oacute; al califa ante la cuesti&oacute;n que le plante&oacute; <em>Juan Filop&oacute;n</em>, conocido como el &quot;Infatigable&quot;, comentarista de <em>Arist&oacute;teles</em>, qu&eacute; deb&iacute;a hacer con los libros de la biblioteca.&nbsp; El episodio, ficticio sin duda, circul&oacute; ampliamente por oriente e incluso&nbsp; ha perdurado&nbsp; hasta tiempos recientes entre los coptos egipcios,&nbsp; sin fundamento racional e hist&oacute;rico alguno .&nbsp; El califa contest&oacute;:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Si la Biblioteca&nbsp; no contiene m&aacute;s que lo que hay en el Cor&aacute;n, es in&uacute;til y debe ser quemada; si contiene algo m&aacute;s que el Cor&aacute;n, entonces es mala y tambi&eacute;n hay que quemarla&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	Reproduzco la traducci&oacute;n al lat&iacute;n que en 1650 hace <em>Pococke </em>de la obra de <em>Bar Hebraeus</em>, tambi&eacute;n conocido como <em>Abu&rsquo;l Faraj</em>, que escribi&oacute; en <em>Siriaco </em>su <em>Chronicum Syriacum</em>,&nbsp; en el siglo XIII.</p>
<p>
	<em><strong>Por lo tanto, despu&eacute;s de haber escrito una carta a Omar, le comunic&oacute; lo que hab&iacute;a dicho&nbsp; Juan, y se le trajo a &eacute;l mismo una carta&nbsp; de Omar, en la que (Omar) escribi&oacute;: &quot;En cuanto a&nbsp; los libros de los que me has hecho&nbsp; menci&oacute;n: si en ellos se contiene lo que est&aacute; de acuerdo con el libro de Dios, en el libro de Dios est&aacute; lo que es suficiente&nbsp; sin ellos, pero si&nbsp; en ellos est&aacute; lo que repugna al libro de Dios, de ninguna manera nos es necesario y en consecuencia ordena que sea quitado de en medio. Por tanto, Amr ibn al-As orden&oacute; que se repartieran por&nbsp; los ba&ntilde;os de Alejandr&iacute;a, y se quemaran para calentarlos;&nbsp; as&iacute; fueron consumidos durante el espacio de un semestre. Escucha lo que se hizo, y marav&iacute;llate.</strong></em></p>
<p>
	<em>Scriptis ergo ad Omarum literis, notum ei fecit, quid dixisset Johannes, perlataeque sunt ad ipsum ab Omaro literae, in quibus scripsit,&nbsp; &ldquo;Quod ad libros quorum mentionem fecisti: si in illis contineatur, quod cum libro Dei conveniat, in libro Dei [est] quod sufficiat absque illo; quod si in illis fuerit quod libro Dei repugnet, neutiquam est eo [nobis] opus, jube igitur e medio tolli.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jussit ergo Amrus Ebno&rsquo;lAs dispergi eos per balnea Alexandriae, atque illis calefaciendis comburi;&nbsp; ita spatio semestri consumpti sunt. Audi quid factum fuerit et mirare.</em></p>
<p>
	Lo curiosos es que esta frase no es sino una copia de lo dicho dos siglos y medio antes por <em>San Agust&iacute;n</em> en su obra &ldquo;<em>Sobre la doctrina cristiana, Libro II, cap. XLII,63</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Comparaci&oacute;n de la Sagrada Escritura con los libros profanos</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;As&iacute; como es mucho menor la riqueza del oro, de la plata y de los vestidos que el pueblo de Israel sac&oacute; de Egipto, en comparaci&oacute;n de los bienes que despu&eacute;s consigui&oacute; en Jerusal&eacute;n, lo que de un modo especial se manifest&oacute; en el reinado de Salom&oacute;n, as&iacute; tambi&eacute;n es mucho menor toda la ciencia recogida de los libros paganos, aunque sea &uacute;til, si se compara con la ciencia de las Escrituras divinas. Porque todo lo que el hombre hubiese aprendido fuera de ellas, si es nocivo, en ellas se condena; si &uacute;til, en ellas se encuentra. Y si cada uno encuentra all&iacute; cuanto de &uacute;til aprendi&oacute; en otra parte, con mucha m&aacute;s abundancia encontrar&aacute; all&iacute; lo que de ning&uacute;n modo se aprende en otro lugar, sino &uacute;nicamente en la admirable sublimidad y sencillez de las divinas Escrituras. No siendo ya un obst&aacute;culo los signos desconocidos para el lector dotado de esta instrucci&oacute;n, manso y humilde de coraz&oacute;n, sometido con suavidad al yugo de Cristo y cargado con peso ligero, fundado y afianzado y formado en la caridad, a quien no puede ya hinchar la ciencia, ac&eacute;rquese a considerar y discutir los signos ambiguos que en las Escrituras se hallan, sobre los cuales me propongo hablar en el libro tercero lo que Dios se digne concederme</strong></em>. (Traducci&oacute;n: Balbino Mart&iacute;n P&eacute;rez, OSA)</p>
<p>
	<em>Sacrae Scripturae cum profana scientia comparatio.<br />
	42. 63. Quantum autem minor est auri, argenti vestisque copia, quam de Aegypto secum ille populus abs tulit, in comparatione divitiarum quas postea Hierosolymae consecutus est, quae maxime in Salomone rege ostenduntur 72, tanta fit cuncta scientia quae quidem est utilis, collecta de libris Gentium, si divinarum Scripturarum scientiae comparetur. Nam quidquid homo extra didicerit, si noxium est ibi damnatur, si utile est, ibi invenitur. Et cum ibi quisque invenerit omnia quae utiliter alibi didicit, multo abundantius ibi inveniet ea quae nusquam omnino alibi, sed in illarum tantummodo Scripturarum mirabili altitudine et mirabili humilitate discuntur. Hac igitur instructione praeditum cum signa incognita lectorem non impedierint, mitem et humilem corde, subiugatum leniter Christo et oneratum sarcina levi, fundatum et radicatum et aedificatum in caritate quem scientia inflare non possit, accedat ad ambigua signa in Scripturis consideranda et discutienda, de quibus iam tertio volumine dicere aggrediar, quod Dominus donare dignabitur.</em></p>
<p>
	Pero lo realmente curioso y llamativo es que m&aacute;s de milenio y medio despu&eacute;s de San Agust&iacute;n y poco menos del Califa, haya personas, y no son pocas, que sigan considerando los libros religiosos sagrados como enciclopedias cient&iacute;ficas con el mismo razonamiento: todo est&aacute; en la <em>Biblia</em>, en el <em>Cor&aacute;n </em>o en la <em>Tor&aacute; </em>o en cualquier otro libro dictado por la divinidad; y lo que en ellos no est&aacute; es falso y rechazable y su autor o poseedor es merecedor de los mayores castigos en la tierra y en el m&aacute;s all&aacute;&hellip;</p>
<p>
	Desde luego las guerras y la intransigencia y fanatismo son los mayores enemigos de los libros. A veces el fuego es el instrumento m&aacute;s eficaz en su destrucci&oacute;n y desde luego existe una especie de tradici&oacute;n t&oacute;pica de que el fin de las bibliotecas es siempre el fuego. En la historia de la cristianizaci&oacute;n de Europa no han faltado episodios de la quema de libros.</p>
<p>
	El papel (no s&eacute; si el papiro tambi&eacute;n aunque estar&aacute; en ese par&aacute;metro) arde a una temperatura no excesivamente elevada, a 451 grados Fahrenheit o&nbsp; 233 grados&nbsp; cent&iacute;grados. &ldquo;<em>Fahrenheit 451</em>&rdquo;&nbsp; es precisamente el t&iacute;tulo de una novela del estadounidense <em>Ray Bradbury </em>y de una famosa pel&iacute;cula de <em>Fran&ccedil;ois Truffaut</em> del a&ntilde;o 1966.</p>
<p>
	La destrucci&oacute;n de la <em>Biblioteca de Alejandr&iacute;a</em> por el fuego o los fuegos sucesivos es el m&aacute;s llamativo s&iacute;mbolo de la destrucci&oacute;n de la cultura, las artes y las ciencias por el fanatismo, casi siempre religioso,&nbsp; que con demasiada frecuencia se apodera de los hombres.&nbsp;</p>
<p>
	As&iacute; si en la historia de la cristianizaci&oacute;n de Europa no han faltado episodios de la quema de libros, los recientes episodios de la destrucci&oacute;n de la biblioteca de <em>Sarajevo</em>, la destrucci&oacute;n de restos arqueol&oacute;gicos e hist&oacute;ricos en <em>Afganist&aacute;n</em>, en <em>Irak</em>, en <em>Siria</em>, en <em>Mali</em>&hellip; no hacen sino alimentar desgraciadamente la tradici&oacute;n.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Las cuentas del Gran Publio Cornelio Escipión Africano el Mayor</title>
		<link>http://www.antiquitatem.com/escipion-caton-gran-capitan-guerra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Mar 2014 12:28:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conocida y frecuente es la expresión “las cuentas del Gran Capitán” para referirnos a una falta de justificación o justificación exageradamente ridícula  de unos cuantiosos gastos.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Conocida y frecuente es la expresión “las cuentas del Gran Capitán” para referirnos a una falta de justificación o justificación exageradamente ridícula  de unos cuantiosos gastos.</b></p>
<p>
	Se basa la frase en la an&eacute;cdota ap&oacute;crifa, tal vez real, tal vez&nbsp; posible y probablemente falsa, que le sucedi&oacute; a <em>Gonzalo Fern&aacute;ndez de C&oacute;rdoba</em> (el Gran Capit&aacute;n)&nbsp; cuando tras la campa&ntilde;a de N&aacute;poles que puso Italia pr&aacute;cticamente a disposici&oacute;n del rey de Arag&oacute;n, <em>Fernando el Cat&oacute;lico </em>le pidi&oacute; cuentas de los enormes gastos ocasionados. Pronto corrieron coplas y versos que glosaban&nbsp; la actitud orgullosa del noble, seg&uacute;n algunos tan acorde con el car&aacute;cter espa&ntilde;ol. El verso sin duda m&aacute;s conocido, de una larga retah&iacute;la de explicaciones ir&oacute;nicas o chulescas es:</p>
<p>
	<em><strong>en picos, palas y azadones, cien millones&hellip;</strong></em></p>
<p>
	Pues bien, en la guerra parece que lo importante es ganarla, sin reparar en gastos. Hay en el mundo antiguo una an&eacute;cdota referida al gran <em>Escipi&oacute;n el Africano</em>, vencedor de <em>Anibal</em>, no exactamente coincidente pero s&iacute; con alguna semejanza.</p>
<p>
	Nos lo cuenta <em>Aulo Gelio</em> en sus <em>Noctes Atticae, lib. IV, 18,7</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Existe tambi&eacute;n otra an&eacute;cdota c&eacute;lebre de Escipi&oacute;n. Unos Petilios, tribunos de la plebve, predispuestos, seg&uacute;n dicen, y azuzados contra &eacute;l por M.Porcio Cat&oacute;n, rival de Escipi&oacute;n, solicitaban insistentemente en el Senada que rindiera cuentas del dinero de Antioqu&iacute;a y del bot&iacute;n conquistado en aquella guerra, pues en tal expedici&oacute;n hab&iacute;a sido legado de L. Cornelio Escipi&oacute;n el Asi&aacute;tico, hermano suyo y general en jefe. Entonces Escipi&oacute;n se levant&oacute; y, sandando de entre los pliegues de lo toga un libro, dijo que en &eacute;l estaban registradas las cuentas de todo el dinero y de todo el bot&iacute;n; que los hab&iacute;a tra&iacute;do para que se leyera p&uacute;blicamente y fuera depositado en el erario p&uacute;blico. Y a&ntilde;adi&oacute;_ &ldquo;Pero ya no lo har&eacute;, no voy a infligirme una afrenta a m&iacute; mismo&rdquo;. Y al punto despedaz&oacute; el libro con sus propias manos, molesto porque se le ped&iacute;an cuentas del dinero del bot&iacute;n a quien se le deb&iacute;a agradecer la obtenci&oacute;n de la salvaci&oacute;n del gobierno y del Estado.</strong></em></p>
<p>
	<em>Item aliud est factum eius praeclarum. Petilii quidam tribuni plebis a M., ut aiunt, Catone, inimico Scipionis, comparati in eum atque inmissi, desiderabant in senatu instantissime ut pecuniae Antiochinae praedaeque in eo bello captae rationem redderet; [8] fuerat enim L. Scipioni Asiatico, fratri suo, imperatori in ea provincia legatus. [9] Ibi Scipio exsurgit et, prolato e sinu togae libro, rationes in eo scriptas esse dixit omnis pecuniae omnisque praedae; [10] illatum, ut palam recitaretur et ad aerarium deferretur. [11] &ldquo;Sed enim id iam non faciam,&rdquo; inquit, &ldquo;nec me ipse afficiam contumelia,&rdquo; [12] eumque librum statim coram discidit suis manibus et concerpsit, aegre passus quod cui salus imperii ac reipublicae accepta ferri deberet rationem pecuniae praedatae posceretur.</em></p>
<p>
	Ya antes, este <em>Escipi&oacute;n </em>ya dio muestras de su respeto por las cuentas claras. All&aacute; por el a&ntilde;o 204 a.C. fue acompa&ntilde;ado a Africa por <em>Cat&oacute;n el Viejo</em>, <em>Cat&oacute;n el Censor</em>. La suntuosidad y chuler&iacute;a del <em>Escipi&oacute;n</em> casaba mal con la frugalidad y rigidez del censor. Cat&oacute;n&nbsp; le pidi&oacute; cuentas y Escipi&oacute;n le contest&oacute; seg&uacute;n <em>Plutarco: Vida de Cat&oacute;n el Viejo, 3:</em></p>
<p>
	<em><strong>&laquo;Escipi&oacute;n le contest&oacute; (&#8230;) que no necesitaba un cuestor tan severo, porque de lo que hab&iacute;a de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero&raquo;.</strong></em></p>
<p>
	Cat&oacute;n volvi&oacute; a Roma y propicio una acci&oacute;n en el Senado para que enviara una legaci&oacute;n que investigara los gastos de Escipi&oacute;n. La &ldquo;<em>comisi&oacute;n investigadora</em>&rdquo;&nbsp; no encontr&oacute; pruebas del derroche del general Escipi&oacute;n, que gan&oacute; batallas.</p>
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	Dice el texto de Plutarco en la traducci&oacute;n al castellano que&nbsp; <em>Ranz Romanillos</em> hizo a principios del siglo XIX:</p>
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	&ldquo;<em><strong>Hubo tambi&eacute;n otro motivo, y fue que yendo de cuestor con Escipi&oacute;n a la guerra de &Aacute;frica, como advirtiese que &eacute;ste usaba de su acostumbrada profusi&oacute;n y permit&iacute;a que en el ej&eacute;rcito se gastara sin medida, le habl&oacute; francamente, dici&eacute;ndole que lo de menos era el gasto, y el mal principalmente estaba en que estragase la antigua frugalidad del soldado, acostumbr&aacute;ndole para en adelante al regalo y a los deleites; y como Escipi&oacute;n le contestase que no necesitaba un cuestor tan severo, cuando pon&iacute;a toda la atenci&oacute;n en desempe&ntilde;ar cumplidamente su deber con respecto a la guerra, porque de lo que hab&iacute;a de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero, se retir&oacute; de Sicilia. Hablaba frecuentemente en el Senado con Fabio de la inmensa cantidad de dinero que gastaba Escipi&oacute;n, y desacreditaba en los circos y en los teatros su porte fastuoso, como si hubiera ido a celebrar fiestas y no a mandar un ej&eacute;rcito; tanto, que oblig&oacute; a que se enviaran cerca de &eacute;ste tribunos de la plebe para que le hicieran venir a Roma, si estas acusaciones eran ciertas. Mas Escipi&oacute;n, habiendo hecho ver que la victoria estaba en los preparativos de la guerra, y convencido a los tribunos de que si usaba de humanidad y condescendencia, en los gastos esto en nada perjudicaba a la diligencia y a las dem&aacute;s grandes prendas militares, parti&oacute; de Sicilia para la guerra</strong></em>&rdquo;.</p>
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	<em>Ratio et numeri&nbsp; cedant armis</em>, &ldquo;<em>que las cuentas (claras) cedan ante las armas</em>&rdquo;, parece ser el comportamiento ayer y hoy, a juzgar por la oscuridad y falta de transparencia con la que suelen ocurrir las &ldquo;haza&ntilde;as b&eacute;licas&rdquo;.&nbsp; Este famoso Escipi&oacute;n vivi&oacute; hace tan s&oacute;lo 2.220 a&ntilde;os.<br />
	&nbsp;</p>
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